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Entrevista en blog Ed. Adarve sobre Los últimos catorce años

Entrevista en blog Ed. Adarve sobre Los últimos catorce años

¿Cuándo y por qué decides crear tu novela?
Generalmente, mis lecturas me ayudan a encontrar inspiración para la creación literaria.  En este caso, ocurrió con El mundode Juan José Millás, novela que recibió el premio Planeta de 2007 y que contiene, sobre todo en su primera parte, referencias autobiográficas a sus primeros años de vida.  Leerla me movió algo por dentro, que se fue confirmando después por otras lecturas y otras vivencias personales hasta que a fines de 2013 me puse definitivamente a escribirla.
¿Es entonces autobiográfica?
 Así es.  Y no solo de sucesos, sino de pensamientos y sensaciones.  Describiendo los hechos, pretendí dar conocimiento de cómo vivía una gran parte de España en esa época, he querido dejar un documento ‘intrahistórico’ que abarca desde 1936 a 1975.  Por otro lado, va salpicada de reflexiones muy íntimas sobre temas que me asaltaron en una  lectura posterior varios meses después de la primera versión.  Esas reflexiones van referidas a visiones de los personajes, otras son preguntas sin responder sobre la vida, o sobre la muerte, o sobre la espiritualidad, o sobre el amor... que, después de escribirlas, ya que no la creé con esta intención, creo que ayudarán a quienes las lean en la búsqueda interior del sentido de su existencia.
¿Por qué elegiste ese título?
La dictadura de Franco nos marcó, y todavía nos marca, a todos los españoles.  Llevamos unos meses en que ha vuelto a ser noticia, y lo seguirá siendo durante muchos años.  ‘Los últimos catorce años’ van de 1961 a 1975, los dos septenios finales de esa dictadura, que coinciden con los catorce primeros años de mi vida. 
¿Cómo reuniste la información para poder escribirla?
El proceso creativo, con dos etapas diferentes, duró más de tres años.  Al ser su contenido autobiográfico, la información venía del recuerdo, a impulsos, a veces tan fuertes, que no podía parar.  Aprendí a utilizar la aplicación de Notas del teléfono móvil, y ahí iba apuntando lo que me llegaba desde el fondo de mi memoria, o de mi nostalgia, para ir desarrollando después. Pregunté a mis hermanos, a mis primos, tíos y amigos y, sobre todo, a mi padre, con el cual me fui a recorrer sus lugares de infancia y adolescencia.  Ese viaje nos devolvió sensaciones de mucho tiempo atrás, tanto por evocar su historia como por palpitar los dos juntos, solos, por horas y horas, en una cercanía que se llenaba de sensaciones amorosas que antes no nos atrevimos a mostrar.  Ese viaje marcó el tono de la novela.  Así terminó la primera etapa.  En la segunda, varios meses después de darla por culminada, una relectura me llevó a escribir los párrafos de reflexiones que he citado, y que surgieron como borbotones y que apenas tuve que corregir. 
¿En qué ingrediente reside la fuerza de esta historia?
Me atreveré a decir que la ternura y la calidez son las sensaciones más duraderas que ha provocado la novela, incluso aún bastante tiempo después de su lectura.  Al ser una novela con testimonios personales de época y lugares muy concretos, quienes lo vivieron se sienten identificados y reciben impactos de su propio recuerdo.  Y los más jóvenes seguro que reconocen las andanzas que les han contado sus padres o abuelos, y se sienten con más datos de esas experiencias vitales que, en realidad, han influido, y no poco, en ser como son ahora. Por otra parte, las píldoras de pensamiento íntimo pueden ser disparadores de un propio camino del lector para dentro de sí mismo, como así lo fue para mí en el momento de su creación.
¿Cómo describirías tu estilo?
Soy muy ecléctico, mezclo, diluyo, añado, cambio...  Creo que no tengo un relato o novela que se parezca a otro u otra, porque siempre he buscado renovarme, disfrutar creando en diferentes entornos literarios: estructuras, argumentos, tramas, recursos, intenciones...  En el caso de ´Los últimos catorce años’ apliqué un estilo absolutamente intuitivo, no hubo racionalidad, salvo en las correcciones (que fueron muchas o, mejor dicho, muchas fueron sus relecturas, algunas sin cambiar una coma).  Y ese estilo se basa en una encadenación de hechos muy veloz, incluso vertiginosa, que pretende fijar en el papel esos movimientos de la mente cuando se nos va de una lugar a otro, buscando no sé sabe bien que ruta seguir. Recuerdo que un profesor de técnicas de estudio nos enseñó un modo de potenciar la memoria: parar los pensamientos y recorrer hacia atrás cómo habíamos llegado al último.  Cuando lo hacíamos, nos reíamos con gana porque la conexión era precisamente inconexa, sin razón aparente alguna, y podía ser infinita, sobre todo en quienes disfrutaban de esa cualidad en forma destacada.  Pues bien, cada párrafo de la novela lleva ese movimiento, en cierto modo circular.  Además, está escrito en segunda persona, es decir, la voz que narra se dirige a quien quiere recordar (yo, con perdón de la autorreferencia), a modo de Pepito Grillo, o ser interior que te ofrece tu propia película.  En cambio, los párrafos de reflexión están redactados en primera persona porque no necesitan esa distancia, nacen desde dentro hacia afuera, sin necesidad de un notario interpuesto que suavice las emociones.  Otro aspecto algo llamativo es el uso del punto y coma, que actualmente se está perdiendo por esa tendencia a la frase corta y directa, oraciones simples que no obliguen a pensar demasiado.  Como esta novela pretende estimular, entre otras sensaciones, el pensamiento, he usado mi recurso favorito, que es la frase larga y rítmica, casi a modo de mantra.
¿Qué parte te resultó más complicada de escribir?
Todo y nada.  En realidad, su elaboración escrita surgió muy fluida...  Pero no es fácil vivir la creación de una autobiografía, y mucho menos en el momento personal en que me encontraba.  Esther, mi mujer, a quien dedico la novela, estaba enferma de cáncer.  Mi acompañamiento y su propio proceso, no el de la enfermedad, sino el personal que envuelve a la presencia de la muerte, abrieron unas puertas que difícilmente podrían haberse abierto de otra manera.  En el caso de la creación de la novela, supuso ese camino al interior que se suele iniciar por un episodio duro en tu vida y que vas jalonando de vivencias que pretenden poner luz en el tránsito.  Puedo decir que lo conseguí, y que me sentiría muy feliz si puedo despertarlo igualmente en quien lo lea, porque no hay nada más reconfortante en nuestro proceso vital que saber quién eres, sobre todo dando la mano a ese niño interior que, en mi caso, volví a revivir al escribir esas páginas
¿Quién o quiénes fueron los primeros en leer este libro? ¿Cuál fue la primera impresión?
Primero fue mi familia, que la valoró muy emotivamente, se sintieron muy reconocidos y se permitieron algún que otro lloro. Luego la pasé a leer a amigos y conocidos ajenos a la historia, y me hicieron unas devoluciones muy reconfortantes, me sentí muy bien con esa repercusión.  Por ejemplo, un lector muy ‘leído’ me dijo que le había recordado a ‘Nada’, de Carmen Laforet, y a los primeros capítulos de ‘La ciudad de los prodigios’, de Eduardo Mendoza.  Otro dijo que le parecía haberse sentado a la mesa de esos personajes, de esa familia, y haber vivido personalmente todos los acontecimientos narrados.
Si tuvieras que presentar este libro a nuestros lectores, ¿con qué palabras lo harías?
Es una historia que te hará vibrar de dos maneras, por el recuerdo o conocimiento desde dentro de la historia española del siglo XX, y por otro lado, con unas reflexiones que van a parar directo al corazón y te harán pensar sobre sentimientos profundos.
¿Por qué crees que nuestros lectores debiesen leer tu libro?
Para no perderse una experiencia diferente por varias razones; por el contenido, que te lleva de la mano en un paseo testimonial; por el estilo, que te transporta suavemente por los hechos sin casi darte cuenta; y por el fondo emotivo, que remueve sensaciones sólidas y extraordinarias.

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Mi nueva web, joseantonioprades.com

Mi nueva web, joseantonioprades.com

Hoy inauguramos mi nueva web, con un diseño esplendoroso, obra de Luis del Valle, con su empresa e-main espacio creativo.  

Hemos incluido información sobre mi faceta comunicativa, especialmente la creación literaria, con amplias referencias a mis publicaciones, una por una en el caso de los libros editados, y con links para poder adquirir todos ellos en formato digital o en papel, ya que he podido preparar reediciones en tres plataformas de red: Bubok, Lulu y Amazon, además de las propias de las editoriales, Lacre para el caso de Silvana, la puta, y Adarve para Los últimos catorce años.

Iremos actualizándola con novedades, tanto a través de cada sitio de la web, como del blog, que de momento sigue residiendo aquí, en Blogia.

Muchas gracias por tu atención y espero que disfrutes con alegría serena.

Desde el taller del escritor (sobre Los últimos catorce años)

Desde el taller del escritor (sobre Los últimos catorce años)

¿De qué va la novela?

El argumento se nutre de los recuerdos de la voz narradora, que cuenta sus vivencias de los primeros catorce años de vida, y que coinciden con los catorce últimos de la dictadura en España del general Franco.  No obstante, sus evocaciones a la vida de sus padres y abuelos le lleva hasta la Guerra Civil de 1936/39.

Los personajes pertenecen a una familia de clase baja, que llegó a Zaragoza, la capital de Aragón, entonces cercana al medio millón de habitantes, proveniente del mundo rural, y que, gracias al esfuerzo personal, lograron avanzar social y económicamente en esos últimos años del franquismo.

Con los antecedentes de sus padres y abuelos, aparecen sucedidos durante la contienda bélica, pinceladas de las relaciones sentimentales reprimidas incluso por la presión policial y relatos de una emigración temporal buscando nuevos horizontes en otros lares.

El padre fue carnicero, por lo que gran parte de la novela transcurre en torno a ese oficio y a sus características, presentando la interpretación de un muchacho que va creciendo en ese entorno con una madre disconforme con la profesión, pero conformada con el papel que le ha tocado vivir.

Aparecen las relaciones familiares de aquella época, los comienzos colegiales, los apodos a los profesores, y las anécdotas que van diseñando la apertura que se produciría en la Transición.  Se describe el ambiente propio de alguien que observa importantes limitaciones, que se las toma con cierto tono irónico y que dejan preparado el terreno para superarlas en un futuro próximo.

Destacan entre sus líneas:

  • la descripción de la carnicería y del oficio de carnicero: la visita al Matadero, el sacrificio de un conejo, el corte de la carne con diferentes herramientas.
  • el entorno sombrío, cerrado, que se dibuja en torno a un barrio pequeño, con el agobio de sentir un territorio que no da de sí para la inquietud que el protagonista despliega.
  • los perfiles educativos en los colegios, con los castigos físicos y las formas de enseñar, en las que se aprecia el cambio evolutivo que marcaba el nuevo sistema.
  • los juegos infantiles y sus lugares, que son característicos de esa época y que van avanzando en la muestra de crecimiento del protagonista.
  • las relaciones con los primeros amigos y su entrañable compañerismo; amistad de infancia y adolescencia, vista desde un sentimiento de compartir la vida.
  • los avances sociales de la familia y su crecimiento gracias al esfuerzo, ejemplo de un momento histórico que permitía avanzar a pasos grandes
  • el despertar paulatino a la libertad de unas formas que ya no se van a repetir: la infancia en los 60, la adolescencia en los 70, épocas con costumbres y formas que quedarán como únicas y de las que es necesario dar fe.
  • los sentimientos de un adolescente que quiere mirar por encima del muro; aparece un muchacho con miras que superan a su ecosistema, y que, con timidez, va elevando en la búsqueda de un ideal palpable.

 

¿Cómo se estructura?

Se divide en tres capítulos, que corresponden cada una a un tercio aproximadamente de los años narrados.  Cada una, si bien no se produce un salto abrupto, viene marcada por el punto de cambio hacia más autonomía y libertad de un muchacho que crece. 

En la primera parte, la acción depende siempre de los padres o familiares mayores. 

En la segunda, queda enmarcada por el ambiente colegial de primaria, junto con los juegos en la calle. 

En la tercera, surge la autonomía y se atisba la evolución adolescente en mentalidad y relaciones; terminará con la primera novia.

Cada uno de los párrafos, sin puntos y aparte, comienza narrando un hecho concreto y después avanza o retrocede en el tiempo hasta reencontrar el hilo del comienzo.  No obstante, los hechos iniciadores surgen de forma cronológica. 

Entre párrafos, la propia voz, ahí en primera persona, comparte reflexiones que fluctúan entre los hechos narrados, la onírica del pensamiento, o las visiones filosóficas de la existencia, con incursiones en lo emocional y espiritual.

 

¿Cuál es su estilo?

Comienza con un guiño a Antonio Machado, específicamente a su poema “Retrato”.

Está narrada en segunda persona.  He querido utilizar este recurso con el fin de generar cierta distancia de la voz a los hechos, sin llegar a la lejanía de la tercera persona.  La posición ha sido como si el protagonista se hablara a sí mismo, como si se contara su propia historia figurándose otra persona.  Este recurso plasma la continua búsqueda del otro yo, el que esa voz fue en el pasado, para indagar así en el origen de quién es en el momento de escribir esos párrafos, con todos los dolores y alegrías que provoca mirar atrás. 

Presenta una prosa ágil y directa que provoca una lectura absorbente.  Los hechos están contados con la intención de despertar recuerdos y sensaciones con la mera narración, sin descripciones extensas, basándose en una exposición de hechos elegidos y relacionados en función de cómo observa el narrador.  Ese tipo de observación es fundamental para darle el tono a la novela, que transita por la ternura, la nostalgia, la denuncia, la ironía y la fidelidad a un origen familiar, emocional y geográfico.

Es preponderante la frase larga, a veces muy larga, e incluso con enumeraciones que transmiten una sensación de mantra para envolver aún más con la lectura.  No se trata de una forma secuencial de contar.  Se concatenan los hechos -también sensaciones, aunque no son dominantes-, que van y vienen en el tiempo dentro del mismo párrafo, creando derivaciones narrativas que se incluyen así adrede, imitando al fluir de la mente en procesos de pensamiento, fluir que es fácilmente observable en las diferentes técnicas de meditación pasiva.  Personalmente, denomino esta técnica como de ‘pensamientos encadenados’.  Este uso es mayor en la primera parte; se atempera en la segunda; y es menos vertiginoso en la tercera.

Otra característica de estilo es la puntuación, utilizando signos poco habituales actualmente.  Predomina el punto y coma, con el deseo de reivindicar su uso.  También son numerosos los paréntesis y guiones.  Apenas se producen diálogos y las literalidades se indican entre comillas.

Existen algunos toques estilísticos que dan novedad y frescura a la narración.  Hay toques irónicos referidos con socarronería aragonesa.  Aparecen aragonesismos cuyo significado se indica en notas a pie de página.  Igualmente, algunas expresiones coloquiales propias de la época o del lugar también son explicadas en otras notas.

Esta novela está creada desde la exposición personal a un espejo interno, sobre el cual se han ido proyectando recuerdos a modo de catarsis, con lo cual el protagonista encuentra un conocimiento, un reconocimiento, una aceptación y una remisión al futuro.  Se adivina una búsqueda de respuestas, cuyo hallazgo se convierte en una terapia literaria que se trasluce en cada párrafo, con su reflexión correspondiente y, más aún, al terminar la lectura.

 

 Los personajes

Dada la situación biográfica del protagonista, cobra especial relevancia el entorno típico de relación: familiar, colegial y amigos.

 

  • Edmunda, Isidra, José y Bernardo, los abuelos, de los que destaca la presencia matriarcal de ellas, y la ausencia de ellos, a modo de inspiradores nostálgicos.
  • Josefina y Gregorio, los padres, con la breve narración de su  historia personal, así como la de su noviazgo.  Van cediendo protagonismo conforme crece el protagonista.
  • Los profesores, con un tratamiento diferenciado en razón del propio avance cronológico de la época y de madurez del protagonista.
  • Los amigos, desde los primeros contactos de mero juego, hasta los compañeros de ligue, pasando por los compinches de aventuras excepcionales.
  • Las amigas, que dado el entorno de la época aparecen como relaciones iniciáticas de pareja antes que como amistad o compañía.

 

También los lugares tienen su parte protagonista: el propio barrio, sus edificios emblemáticos -el Matadero Municipal, el palacio de Larrinaga y la estación de Utrillas, con su plaza-, la carnicería y los edificios de los colegios.

Reseña de contraportada de 'Los últimos catorce años'

Reseña de contraportada de 'Los últimos catorce años'

Los últimos catorce años de la dictadura franquista son los primeros del narrador de esta historia; su voz entrañable te sumergirá en la vida de los familiares y amigos que influyeron en su crecimiento. Entraremos de su mano en habitaciones que quisieron ser iluminadas con un sol de ida y vuelta, llenos de esperanzas que le llevaron al lugar donde no hay tiempo, sino horas... y horas...

Con esta obra en tus manos, estás invitado a sentarte a la mesa de unos personajes que, inconscientes de su relevancia,  tejieron el devenir de un país; serás testigo de un documental intrahistórico que te convertirá en acompañante de un testimonio notarial de cuarenta años de la historia español; asistirás, desde el propio escenario, a la representación de la realidad social de una época, desde ese barrio pequeño cuyos límites quiere superar el protagonista para conquistar el exterior con la aventura.  Vivirás los juegos infantiles, los sistemas educativos, las relaciones con los amigos, los avances de la familia... es decir, el despertar paulatino a la liberación con unas condiciones que ya no se van a repetir:  la guerra civil, los años del racionamiento, la infancia en los años 60, la adolescencia en los 70... épocas irrepetibles que quedaron como únicas y que es necesario contar.

Acepta la invitación, entra al recuerdo y a la reflexión en estas páginas salpicadas con perlas de un pensamiento de ternura y sensibilidad que aspira a cambiar las cosas.

El proceso creativo de 'Los últimos catorce años'

El proceso creativo de 'Los últimos catorce años'


Leyendo la reseña de contraportada de la novela ‘El mundo’, de Juan José Millás, sentí por dentro una llamada inhabitual.  Dice así:


“Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo. Me habían encargado un reportaje sobre mí mismo, de modo que comencé a seguirme para estudiar mis hábitos. En ésas, un día me dije: «Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina.» Entonces se me apareció el taller, conmigo y con mi padre dentro. Él estaba probando un bisturí eléctrico sobre un filete de vaca. De súbito, me dijo: «Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento mismo de producirla.» Comprendí que la escritura, como el bisturí de mi padre, cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e intuí por qué era escritor. No fui capaz de hacer el reportaje: acababa de ser arrollado por una novela.”


 La compré, inevitablemente, bajo esa ínfula de un premio Planeta, y la disfruté con paciencia, sobre todo su primera parte.  Corría el mes de diciembre del año 2007 y acababa de reconvertirme en habitante de Zaragoza después de catorce años residiendo lejos, en Buenos Aires y en Madrid. Volver a casa remueve aguas profundas, cuya claridad depende de los aconteceres, o más bien de las sensaciones, que te provocaron la salida y el regreso.  En lo referente al germen de la novela, pretendí hacer luz en un pasado que volvía -que debía volver- para fijar mi nueva posición en mi antiguo entorno desde un mirador que no era tan conocido como yo creía.  Ni aquella Zaragoza ni aquellas gentes eran las mismas de tantos años atrás.  Y yo quería que lo fueran.  O eso sentía, que no es garantía de verdad irrefutable.Entré en vaivenes interiores movidos por acontecimientos inesperados y sobre todo indeseados.  Y esos vaivenes fueron aprendizajes que marcaron mis caminos dejando muescas muy reconocibles.

Pero no me puse de inmediato a redactar lo que aquellas páginas de Millás me inspiraron.  Pasó mucho tiempo y corrieron varias influencias para llegar a la novela a la que se refieren estos párrafos. A los meses, cayó en mis manos, como por ensalmo, ‘Autos de choque’, de Rodolfo Notivol, con quien comparto edad, orígenes y recuerdos aventureros de barrio.  ‘Autos de choque’ es una reunión de relatos relacionados casi a modo de novela, ambientados en el entorno de ese barrio que Rodolfo y yo compartimos, y en el que había localizado mis ‘Fábulas de Montemolín’ (nuestro barrio) como fogonazo de nostalgia desde mi Buenos Aires querido.  Por medio de Rodolfo conocí a Félix Romeo, un incansable agitador cultural, algo más joven, pero perteneciente a nuestra generación, originario del barrio de Las Fuentes, allí donde se ubicaba mi club de fútbol de toda la vida, Santo Domingo de Silos, en cuyo colegio Félix estudió y en torno al cual ambienta su novela ‘Dibujos animados’.  La leí. Otro aviso para navegantes de mi barco.

Atravesé una crisis creativa de más de tres años que ocupé en reunir mi obra escrita. Esa inmersión en mi pasado literario removió dulzuras y amargores en el recuerdo de quién había sido, esa persona que había decidido escribir por tantos motivos y por tantas intenciones.Mientras tanto, mi entorno familiar iba llenándose de una necesidad de fortaleza que sólo puedes encontrar si la iluminas con amor.  Y amor tuve caminando por un sendero repleto de maravillas dolorosas que seguían orientándome hacia un destino incierto.  Es decir, la introspección fue imprescindible y substancial.

Visto desde hoy, el camino se ilustraba de hitos y etapas que dejaban pistas de lo que alguien, no supe quién, quizá el universo, me señalaba como objetivo: escribir esta novela.La confirmación llegó consistente cuando asistí a la presentación de ‘Entresuelo’, una autobiografía del escritor aragonés Daniel Gascón.  Más o menos, diciembre de 2013.  Y se precisó con la lectura de ‘Informe del interior’, de Paul Auster.  En ambas obras, los autores hacen su recorrido personal por la memoria del propio crecimiento que marcó sus vidas.No había vuelta atrás.Comencé a escribir la novela a principios de 2014, con la intención de mostrarme y mostrar qué hubo en mis años de infancia.  Antes, había buceado en tono autobiográfico con ‘Jugué al fútbol’, con ‘Fábulas de Montemolín’ y con ‘Mujeres que llenan mis noches’, ejercicios prodigiosos que no llegaron a ser plenos.  Revisar esas tres experiencias creadoras me ayudó a visualizar lo que en su momento no supe, o no pude, o no quise, reflejar del todo, porque las encontré cubiertas de esa pátina de ocultamiento que a veces nuestra mente nos obliga a colocar en la expresión de la memoria para evitar dolores del ego o del corazón.  Comprendí y descubrí todas mis excusas y quise enjugarlas con ‘Los últimos catorce años’.

Elegí pronto el título, que nació de varias influencias muy diferentes entre sí.  Las dos más relevantes fueron: una por mimetismo con ‘El último encuentro’, de Sandor Marai, que leí en esos días, y otra por enlace con el primer cuento (La mora) de ‘Mujeres...’, que termina con la muerte del dictador Franco, en 1975, con mis catorce años de edad, hito que siempre mis padres marcaban como clave para otorgarme autonomía y responsabilidades.  Relacioné ambos hechos y así surgió esa mixtura entre el período final del régimen y mis años de acercamiento hacia la madurez.

El contenido debía partir de mi memoria, ese almacén maldito que juega a iluminar más o menos sus estanterías, según criterios que algunos llaman el inconsciente.  Hubo compulsión creativa, como debe ser cuando quieres narrar desde las entrañas, y aprendí a usar el bloc de notas de mi teléfono móvil, donde apuntaba esos recuerdos que aparecían con escasa angulación y movimiento giratorio.

Di a leer esas secuencias y sensaciones a mi familia cercana, indagué más en hechos que no conocía al detalle, viajé con mi padre a sus lugares de infancia... Escribí el primer capítulo sin entender de dónde me llegaba esa composición estilística que los párrafos desprenden: continuas idas y vueltas en el tiempo, con un movimiento elástico que dispara los recuerdos, que los repliega después hasta ese centro del momento, intemporal que se va gestando desde el pasado y el futuro.  Llegué a creer que el tiempo es biunívoco, que quizá no es lineal, o no existe, o se condensa, o nos lo inventamos nosotros para poder ordenar lo que debemos vivir.  Puede ser debido a que en aquella época había comenzado mis prácticas de meditación, en las que aprendes a leer tu mente y concluyes que toda su vorágine es absolutamente innecesaria.  Llamé a mi herramienta aplicada como de ‘pensamientos encadenados’.

Y en esas estaba cuando llegó a mis manos el ‘Informe del interior’ citado.  Paul Auster remarcó el uso de la segunda persona para escribirse a sí mismo en ese trayecto para adentro, usando esa voz casi ajena, casi propia -de su otro yo parece ser-, desde la que construye su observación reflexiva.  Rehíce  el primer borrador de mi novela de principio a fin y quedé satisfecho de la impresión que supuse provocaría a quien se atreviera a leerla.

A 17 de noviembre de 2014, cumpleaños de mi padre, di por finalizada esa versión inicial.

Reposó. La leyeron algunos familiares y amigos más, recibí varias sugerencias y benevolentes críticas, algunas muy agradecidas, como la de quien le recordó a ‘Nada’, de Carmen Laforet, o los primeros capítulos de ‘La ciudad de los prodigios’, de Eduardo Mendoza.

Casi un año después de aquella primera culminación, falleció Esther, a quien le dedico esta novela, porque la leyó con un interés lleno de cariño y me dio los mejores consejos para hacerla, y hacerme, más comprensible.  Hay revoluciones del destino que son acicates para entender que estamos aquí con una misión ineludible, y que nuestra felicidad depende de que, consciente o inconscientemente, la descubras y la lleves adelante.  No me importa la duda, no sé si lo que sigue nació de ahí o de un retortijón de mis intestinos... la cuestión es que cuando la releí para enviarla a una editorial, cada párrafo me inspiraba una reflexión que surgía como lava que pugnaba por salir al exterior.  De ahí nacen esas líneas tan intimistas, llenas de mis preguntas o respuestas que pueden ser duda, mentira o verdad, no me importa, y que se derramaron ineludiblemente entre cada punto y aparte de mi historia para nutrirla, o nutrirme, de una percepción más consciente del mundo, o de mi mundo.

Ça y est.  Es para ti.

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Sobre No es cierto que las madres son maravillosas

Sobre No es cierto que las madres son maravillosas

Preparé este libro en el verano de 2014, con la única meta de tener a mano los relatos que leo en los recitales de narrativa. Los revisé, los pulí, los podé... y me gustó el resultado. Posteriormente, quise dar alguna forma conjunta a los más que variados y eclécticos relatos que componen este libro.  Pensé en agruparlos por estilos o temas o sensaciones o entornos…  Trabajé varios días sobre el asunto y resultó difícil porque no responden ni a un patrón ni a una idea ni a una época en común. Finalmente, me quedaron cuarenta relatos de alrededor de mil palabras cada uno, unas tres páginas, que agrupé en cinco unidades temáticas, tituladas: Caricias, Desgarros, Ensueños, Añoranzas y Alegorías. 

Abriendo la tapa nos vamos a encontrar con cuarenta relatos agrupados de a cinco, según las unidades temáticas indicadas.  En cada una de ellas he querido incluir una cita de entrada; son versos de poemas o de canciones, frases destacadas de personajes relevantes o un diálogo de película.  Quizá cada relato pudiera pertenecer a más de una unidad, pero no se trata de clasificar, sino de unir para dar más fuerza a los impactos que suponen cada narración.


1.- El análisis transaccional nos dice que una caricia es cualquier tipo de manifestación de una persona, ya sea verbal o no verbal, que implique el darse cuenta de la existencia de otra. Son formas de reconocimiento de los demás y son vitales para sobrevivir. 

El prefacio de las Caricias se compone de dos versos del poeta mexicano Jaime Sabines,  de su poema Entresuelo, incluido en el libro Horal (1950), como preludio de una fuerza que sólo se puede transmitir como un tacto sutil. 

Mi corazón desde hace días quiere hincarse

bajo alguna caricia, una palabra.

Incluyo aquí los siguientes relatos: 

  • Que corto se me hace el viaje

  • El aura del bosque

  • A la vez que tú

  • Después de los negocios asiáticos

  • El estanque dorado

  • En San Siro

  • Esfumato

  • Sólo mira la paloma 

Esencialmente, son cuentos de amor, de un amor reencontrado, o perdido, o imposible, o raro, o surrealista.  Transitan desde el regreso del novio de la adolescencia hasta la caricia poética de una paloma; o el amor que mata, o el amor que espera la muerte, o el amor que tergiversa los sentidos.


2.- Hablando de personas, se dice que es un desgarro el efecto de dolor provocado por el apartamiento, separación o huida de la compañía de otros.  Hablando de sucesos se dice que es desgarrado aquello que causa gran pena o compasión.

El bloque dos se titula Desgarros y se ilustra con estos versos de la canción “Calles de Filadelfia”, una obra maestra del Boss, Bruce Springteen, premiada con el Óscar a la mejor canción original en 1993, ya que es el tema principal de la película “Filadelfia”.

Por la noche yo podía oír la sangre en mis venas

Así negra y susurrante como la lluvia

 

En este segundo bloque van estos ocho relatos: 

  • No es cierto (en el que se incluye la frase que da título al libro)

  • El supervisor

  • A mesa puesta

  • A tiro fijo

  • El diamante

  • El lápiz de labios

  • Pasan cosas, ya sabes

  • Ramón Luna Gutiérrez    

Estos relatos nos traen personajes que nos piden compasión porque están desgarrados: un hijo dolido con su madre, un operario explotado, una madre que sufre a un hijo violento, una muchacha destrozada por la droga, una anciana en una residencia, una novia maltratada, un muchacho dominado por su hermano y un asesino que renuncia a su condición antes de morir.

 

3.- Ensueño es la palabra que describe el proceso de soñar, y es sinónimo de sueño. Se ha comprobado que sólo sueñan los seres humanos.  Desde la mitología griega tenemos noticias del interés de la humanidad por los sueños.  Hipnos, dios del sueño, es el gemelo de la muerte no violenta, Tánatos, así como hermano de la muerte violenta, Keres, y de las diosas del destino, las Moiras.  También se le creía el hijo de la noche, Nyx, que a su vez nace del Caos.  Todo un preludio del viaje que en la historia humana nos lleva por los sueños a mundos fantásticos. Soñar es misterioso, hay tantas interpretaciones sobre el proceso de soñar.  Tiene que ver algo con lo irreal, o con lo surrealista.  ¿Qué nos quieren decir los sueños? 

Cito a Kafka en el prefacio de los Ensueños, una anotación en su tercer cuaderno en octava (apuntes encontrados tras su muerte):

La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.

Los ocho integrantes de la inmersión en los Ensueños son: 

  • El caballo de la Luna

  • ¡Qué genio!

  • Sin reflejo

  • El pajar de las afueras

  • El señor H

  • La madre

  • Los guardaba por casualidad

  • Pepa es mi amor 

Vamos a viajar por ocho itinerarios de ensueño, desde un entorno rural para el caballo de la Luna, hasta la casa de Pepa, que vive ahí encima.  Los sueños que confunden lo que los sentidos nos enseñan nos van a llevar por historias que se alejan de la razón porque ya la razón sirve cada vez menos para encontrar la realidad, la sabiduría o la verdad.

 

4.- La memoria puede ser una traidora porque nace de la mente, esa grandiosa fabricante de trampas que aceptamos para vivir la vida que queremos. La memoria mira al pasado y nos llena de añoranzas, otro dolor como los desgarros, otro dolor que sólo se cura con la redención de penas, con el carpe diem, con la sabiduría de entender que estamos inmersos en el gran teatro del mundo.

Una de las mejores películas de los últimos tiempos es “La gran ilusión”, en la que Jep es un escritor caústico y vividor, que tiene como amante ocasional a Ramona, una streaper hija de un antiguo amigo suyo y que regenta el local de prostitución donde ella actúa.  De ahí extraigo este diálogo (el guión es de Paolo Sorrentino y Umberto Contarello):

Ramona: ¿Qué tenéis en contra de la nostalgia, eh?

Jep: Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.

 

Éstas son las ocho Añoranzas que elijo para el libro: 

  • Por una esperanza

  • Niñas con abrigo

  • El grito de un milano

  • El regreso

  • Querida yaya

  • Severiano, el tenor

  • Mirando atrás

  • Volver al adiós 

Echar de menos con dolor en el alma es lo que cada voz de estos relatos siente cuando nos presenta su caso.  Una añoranza sobre tiempos mejores, o diferentes; una añoranza sobre estados de las cosas o de las cualidades que antes tuvimos y ahora ya no…  Dolor porque ellos no están o porque no los tengo… y algunos dolores tontos con una pizca de humor a modo de mejor medicamento, antes que el Prozac o el Diazepam. 

 

5.- Una alegoría es una metáfora continuada; Aristóteles dice  que una metáfora es la transferencia del nombre de una cosa a otra.  Y de su maestro, Platón, del diálogo Timeo, elijo una frase que contiene una analogía o comparación que se podría convertir en metáfora.

 El tiempo es una imagen móvil de la eternidad

Una alegoría busca generar enseñanza a través de una estimulación creativa.  No te lleva directamente al aspecto, sino que te recrea una situación que favorece su visualización. Pretende dar un encuadre diferente al concepto expresándolo en un entorno narrativo,  más didáctico.

Los relatos que califico como alegóricos son: 

  • La Casa Digna

  • Eros equivocado

  • La metamorfosis de un capullo

  • Animals

  • Cuando la Luna no quiso reinar

  • El árbol y Raúl

  • Indecisión

  • Sobre tu tumba   

Dentro de cada uno de ellos se encierra una alegoría como forma de parábola que incita a la reflexión mediante lo que se esconde entre líneas.  Puede navegarse desde una referencia a las ‘puertas giratorias’ del poder hasta la obsesión por una filia sexual, transitando por el amor, la pederastia, los símbolos psicoanalíticos de un sueño, la renuncia al esfuerzo, la cárcel en la tecnología… uuuuuu

 

Me siento cómodo en la forma literaria que supone el relato, sobre la que he indagado para buscar las diferentes maneras de acercamiento que a ella han tenido los autores universales, entre ellos Kafka y, sobre todo, Gabriel García Márquez, a quienes doy homenaje con un relato dedicado al primero y dos al segundo.  Fueron mis primeros maestros. Luego, en su tierra natal, me imbuí de Borges, Cortázar y Bioy Casares. Últimamente me he llenado de Javier Tomeo, este paisano de Quicena que unos cuantos entusiastas llegaron a proponer para el premio Nobel…

Aquí van cuarenta de mis aportaciones al relato breve, que desde la asociación 3d3, con Pilar Aguarón y Anabel Consejo, delimitamos con una extensión entre 333 y 999 palabras (no somos estrictos).  Ya después pasaríamos a los relatos cortos… y largos…  Van enmarcados en el más puro eclecticismo porque son producto de una búsqueda que aún continúa, o porque son productos de mi irredento objetivo de tender a la variedad donde me lleva la intuición, o porque no soporto la rutina.  ¿Quién sabe?  Doy cabida a un amplio abanico de gustos y recomiendo que no leas más de uno cada día, son aperitivos, no comidas copiosas, aunque alguno es denso y muy consistente.

 Estoy a tu disposición…

Sobre Mujeres que llenan mis noches

Sobre Mujeres que llenan mis noches

La idea para crear este libro de relatos surgió en 2008, mientras leía "Museo de la soledad", de Carlos Castán, quien recrea en ese libro perfiles nostálgicos de novias perdidas.  Desde ese excelente trampolín literario me llené de intención para buscar entre mi historia vericuetos amorosos o amatorios que, más o menos biográficamente, surcaran caminos literarios a modo de relatos.

Tardé, como es habitual en mi vena creadora para pulir una historia, varios años en concretar la idea, nada menos que cinco.  Antes, ya le puse título, inspirado en la canción de Sabina "19 días y 500 noches".

 Tanto la quería
que tardé en aprender
a olvidarla diecinueve días
y quinientas noches.

Han quedado siete relatos, siete cuentos de amor, con pinceladas autobiográficas, algunas de brocha gorda, otras de trazo fino, que transitan por la España de mis años de transición desde la adolescencia a la juventud, mientras me iba sumergiendo en aconteres externos que no rimaban ni en asonante con los míos.  Pura Historia que transcurre a tu lado como la tuya y sin querer.

De 1974 a 1981, recorro el septenio con miradas a esa sociedad que renació a la libertad sobrevenida con una madurez que ahora echamos de menos, y así, cada episodio relatado se mueve por los interiores de personajes que sufren heridas por el amor incomprendido.

 "La mora" es el primer relato.  Es Cristina, y Cristina existió en mi historia, sea entonces un homenaje a ella, a quien no he vuelto a ver más, como tampoco he vuelto a ver a Eva ni a “Rita”, los desamores de iniciación romántica que se incluyen en el texto.  Existió el restaurante Fujiyama, en la avenida de San José.

En “Un mechón rebelde”, el protagonista se enfrenta a la iniciación en el amor, a la iniciación abrupta en la política, satinada de la percepción de la muerte y la supervivencia.  Acaba de morir Franco.

En la España aún pacata, rancia, llena de pasado con olor a podrido, existen liberaciones que pocos conocen como una tentación hacia el abismo del placer, y quizá del poder.  Hay un paso para llegar hasta allí, se trata de traspasar o no la línea roja.  Sexo, drogas y rock and roll salpican a “Las tentaciones”, envolviendo una pérdida de la virginidad algo más que la genital.

“…cuando pierdes el miedo”. ¿Quién no ha vivido un amor de verano, un amor de playa, tan sentido en la entraña que sirve como refugio del recuerdo en los momentos donde la vida te sacude con el dolor de las ausencias? Pero un amor de verano también puede hacernos descubrir otros mundos más allá de los cálidos de nuestro terruño, más allá de nuestra supuesta robustez familiar.  Ella, Denisse, vence al temor, vence al terror.

El servicio militar dejó de ser obligatorio para los quintos del Mundial.  Comencé la mili tres años antes, en 1979, en Aviación, que así llamábamos al Ejército del Aire.  En ese ambiente envuelvo la historia de Tania, una mujer que logra superar el drama familiar dejando atrás en su madurez al protagonista, que se debate ante la petición de responsabilidad que le hace la vida… “Suena el sliencio” como título en referencia al toque cuartelero para irse a dormir.

¿Existen los amores que esperan a otros amores en otras vidas? ¿Puede saberse quién es tu alma gemela… o uno sí y otro no?  “El marfil y sus dedos” une a una pianista madura con un joven que huye del dolor.  Magia. Misterio. Ritual.

En 1981, el veintitrés de febrero, la España democrática descubrió que guardaba demasiados restos de militarismo en su seno que no congeniaban con las libertades civiles que se atisbaban. En “La chica de Montemolín”, dos muchachos viven el acercamiento a su noviazgo desde lo formal, en la tradición que aún vivían los nacidos en los años 60.  Recreo mi barrio de origen, el barrio de Montemolín en Zaragoza, y el título del relato nació inspirado en la canción “La chica de Ipanema”.

Niña de cuerpo dorado
por el sol de Ipanema,
con su balanceo
es todo un poema,
la chica más linda
que he visto pasar.

Hay claves ocultas, unas son intrascendentes, otras intencionadas, que están y no están en todos o casi todos o pocos o uno de los relatos.  ¿Hay uno o siete protagonistas? ¿Cuál es su nombre? ¿Qué significa el amonites? ¿Es Sofía un personaje real? ¿Qué frase se repite en los relatos?  ¿Cuántas veces se menciona Montemolín? ¿Por qué se repite el nombre de una mujer?

He querido describir amores en pareja haciendo un viaje al pasado para liberar unas sensaciones y unos sentimientos que se enquistan si no los revives y que pasan de tumores a humores con más facilidad si los compartes en una cancha abierta, aunque sea con un solo espectador que actúe como contrapunto de tanta fantasía, el recuerdo. Los versos de cada encabezado fueron algún día invitados en mi mesita de noche.

Aquí van historias de amor que miran atrás sin añoranzas, son intentos de explicación.

Leerlas te puede sanar.

"Mujeres que llenan mis noches", Editorial Certeza, Zaragoza, 2014, 89 páginas.

 

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Las ninfas de Montemolín

Las ninfas de Montemolín

(reseña en Artes&Letras, suplemento cultural del Heraldo de Aragón, hoy, sobre Mujeres que llenan mis noches)

PRADES Y LAS NINFAS DE MONTEMOLÍN

Hace poco, José Antonio Prades recopilaba su obra completa en el volumen “En medio de la vida”, donde había cuentos, novelas y artículos. Ahora, en la colección Cantela del sello Certeza que coordina Javier Aguirre, publica ‘Mujeres que llenan mis noches’, siete piezas que contienen una aventura sentimental y de conocimiento, el tránsito de la adolescencia a la juventud, los años de la rebeldía y de los sueños, desde el barrio de Montemolín. Es un libro que indaga en los secretos de familia, que narra algunas tardes de gesta en La Romareda con ‘los zaraguayos’, es un libro en el que se revela la proximidad de la droga y la fuerza del amor, que significa exactamente la energía del sexo, del deseo, la búsqueda de experiencias, de cuerpos de noches interminables, aquí o en la playa. Los cuentos también son retratos de mujeres inolvidables como Sofía, Gema, Karen, Denisse, Alicia. Y a la vez son fantasías de verano, delirios, la verdad de las mentiras.

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