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Beatriz, de Anabel Consejo - Reseña

Beatriz, de Anabel Consejo - Reseña

 

 Entre las aves, el águila es la que vive más tiempo, cerca de 70 años. Pero para alcanzar esta edad, debe tomar una difícil decisión; nacer de nuevo. A los 40 años sus uñas se encogen y se ablandan. El pico se encorva. Las alas se le doblan sobre el pecho. Si quiere vivir, debe pasar por una dura prueba a lo largo de 150 días, recluida dentro de un nido cavado en la peña más oculta. Allí golpeará el pico viejo contra la piedra hasta quebrarlo. Y esperará hasta que le crezca el nuevo y pueda con él arrancarse las uñas. Cuando despunten las uñas nuevas, el águila extirpará las plumas viejas y después de cinco meses, con su nuevo plumaje, arrancará a volar de nuevo, decidida a vivir otros 30 años.


(Anónimo)

 

 

“Beatriz” es más que un librito de 44 páginas, más que sus 16 relatos y 2 poemas, es una suma de emociones que se han conjugado por encima de todas las oraciones posibles para dar entrada a una auténtica historia de reconstrucción interna.

 

Beatriz se va de viaje a Galicia.  Beatriz se va de viaje hacia dentro.  Tal como nos evoca a Ulises, tal como quiso en un tiempo ser arqueóloga en Ítaca, esta mujer hastiada por una relación de pareja emocionalmente carcomida, inicia un proceso interior para transmutar los recuerdos ácidos en una visión ilusionada de su futuro.

 

Está contado en tercera persona con salvadora distancia, porque si Anabel Consejo hubiera elegido el monólogo interior habría sido muy difícil llegar hasta el final del libro con ese poema esperanzador que coloca la autoestima de Beatriz en su sitio sin renegar de las experiencias de su pasado, en las que se atreve cuando llega al replano de la escalera a mirar hacia atrás con cierto atisbo de deseo por si ha perdido algún relámpago entre peldaño y peldaño.

 

Esta mirada penetrante a las entrañas de una mujer nos deja un libro mixto que se centra en un personaje, sin apenas acción ni siquiera argumento más allá de ese viaje a Galicia, quizá al faro del fin del mundo, desde cuya atalaya se mira al infinito con extremo afán de aventura, o más allá de un encuentro con Lara, compañera en emociones para compartir dolor y reflejar que aunque sentido en soledad, no es la única ni la última en ese pesar profundo.  Con Beatriz nos vamos de la mano a un viaje que transita hacia el porvenir desde miradas intermitentes al pasado, donde, con la belleza del desgarro, con la tensión de reconocernos en su desengaño, va mirando sin temor, elegante, incluso con arrogancia, para desgranarnos, ya liberada de cadenas y preparada para volver a soñar, cuál es su interpretación de tanto sufrimiento sin sentido. 

 

Una mañana, Beatriz tuvo la certeza de que estaba sola, de que se habían perdido al final de una autopista con sabor a puertoy empezó a acotar el dolor, a poner diques al infinito, a delimitar su camino, a reorganizar el armario y a lavar todas las sábanas.  Beatriz le quita el polvo a los álbumes de fotografía con ánimo de verlos por última vez y dejar luego que el fuego los destruya, pero se guarda algunos porque no quiere dar tanta autoridad a su calvario como para que le deshaga su identidad.

 

Anabel Consejo dota a la historia de enérgicas imágenes llenas de pureza que no deja sin reflexión…. Viajó a la otra mitad de la cama y la conquistó marcándola con su sudor, haciéndola suya como una perra que sabe cuál es su territorio (…) Había goce en ese acto de reconquista, de apoderarse de lo que tuvo tan cerca y nunca le perteneció.  Anabel hace que Beatriz se transmute dentro del mar y que busque más liberación junto a su amiga Lara en una canción que nos deja elegir como lectores. Es sutil cuando nos cuenta que su protagonista superó la sombra del suicidio, y nos regala paralelismos como el viaje al mar o a Ítaca o esas convulsiones del mundo que son también las del mundo de Beatriz.

 

Pero la autora no deja su historia en un limbo creativo, no pretende que sea sólo un desgarro al viento, nos la sitúa con delicadeza en diversos momentos reales, cercanos, con fecha y lugar, como la victoria de la selección española en el mundial de fútbol, y así nos quiere decir que Beatriz no quiere volar en reflexiones improductivas, que todo debe concretarse con planes de acción en la vida personal para que podamos caminar pegados a la tierra, aunque debamos llevar piedras en los bolsillos.  Y es muy clara para mostrárnoslo: Beatriz se percató de que había aceptado la decrepitud y la soledad por la forma en la que cogía las gafas: con naturalidad.

 

El capítulo o relato titulado “¿Dónde estabas, vida?”, título tan sugerente para vacilar en darle uno u otro significado, se encabeza con el grabado de un corazón latiente lleno de cicatrices que precede a la única cita del libro: “La felicidad es la conciencia de la propia mejora  - Alexander Lowen”, acertadamente escogida para marcar el horizonte que se aprecia en los otros dos tercios que nos quedarán por leer.   Y ese corazón, ese grabado, no es único, porque para abundar en que “Beatriz” es más que un libro, Anabel Consejo nos ha regalado su iniciación en el arte del grabado, y así cada capítulo o relato nos anticipa la vegetación que lo arropa con unas imágenes reveladoras.

 

No sólo esto, no solo. Este libro tiene su edición digital en Literatúrame.net, pero también tiene una edición en papel, muy especial, igualmente de iniciación de la autora, porque se colocó el traje de encuadernadora y, tal como indica en los créditos De este libro se ha hecho una edición artesanal y limitada de 35 ejemplares numerados (¡tengo el número 5!), los fabricó con sus manos en un proceso de puro cariño.  En la propia web donde se ofrece el libro digital puede disfrutarse de una presentación fotográfica que describe el proceso de elaboración.

 

Pero volviendo al texto para terminar, me pido el botiquín de Beatriz: belleza, amigos y fe, para salir del letargo en la cueva de los sacrificios baldíos.

 

 

 

 

 

Beatriz, de Anabel Consejo

 

Autoedición limitada: Lleida, 2013

 

Edición digital en Editorial Sabara, (literaturame.net), Zaragoza, 2014

 

44 páginas

 

 

 

 

 

José Antonio Prades

 

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