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Entrevista de Antón Castro por 47. El regreso, en Heraldo de Aragón

Entrevista de Antón Castro por 47. El regreso, en Heraldo de Aragón

José Antonio Prades: "Me he reencontrado en el amor con Nines, 47 años después de ser novios"

El escritor de Montemolín publica ’47. El regreso’, dedicado a una musa real e identificada, tras consolidar su relación sentimental.

18/3/2025 A LAS 05:00

¿Cuál sería la idea general que alimenta el libro? De entrada, ‘47. El regreso’ (Cuadranta editorial) es claramente un poemario de amor. Lo presenta en el IAACC ‘Pablo Serrano’ el martes 18 con Adolfo Burriel y María Otal, en el salón de actos, a las 19.30.

Es un poemario amoroso, con una musa real e identificada, Nines, mi pareja. El poemario responde al impacto de habernos reencontrado cuarenta y siete años después, de ahí el título. Es decir, fuimos novios en 1975, con catorce años, y, después de seguir trayectorias paralelas, en algunos aspectos casi idénticas, nos volvimos a encontrar y consolidamos una relación sentimental sólida. Pero antes de llegar a esto, las circunstancias movieron sensaciones agitadoras, como el enamoramiento, el desconcierto, el temor y la esperanza, que fueron nutriendo el yo poético para crear esos poemas.

Hombre, la historia es bella y evocadora.

Pero antes de llegar a esto, las circunstancias movieron sensaciones agitadoras, como el enamoramiento, el desconcierto, el temor y la esperanza, que fueron nutriendo el yo poético para crear esos poemas.

Vayamos con la estructura.

Se divide en seis partes. Las tres primeras forman el cuerpo de la obra, y nacen de otro poemario, más personal, extenso e íntimo, que fue creado como regalo para la musa y que incluso está transcrito a mano. La primera parte habla del desconcierto mirando atrás, que evoluciona hasta la certeza del encuentro. La segunda parte refleja un contacto íntimo, casi erótico. Y la tercera, nace de la consolidación y la esperanza hacia el amor maduro, sin dejar de mirar a los momentos de inicio de la relación. Después siguen dos codas: la número 1 surgió de una visita y recital colectivo al Monasterio de San Juan de la Peña, y contiene poemas que comparan aspectos de ese lugar con la relación sentimental; la número 2, toma el cuadro de ‘La primavera’, de Botticelli, para hacer otra comparación similar. Y finalmente, un colofón repasa los temas fundamentales de todos los poemas.

Opta por el verso corto, depurado e incluso por poemas no muy extensos.

Se componen de versos libres, generalmente cortos, que buscan libertad en la expresividad, sin olvidar la obligación del ritmo que, a mi juicio debe presentar toda composición poética. Presentan ciertos toques surrealistas, con licencias gramaticales, de puntuación, e incluso de figuras retóricas que juegan con la categorización de los símbolos usados para crear las metáforas y las imágenes expresando los sentimientos. He intentado reflejar en cada poema ese sentimiento puntual que lo inspira, con la fijación en determinadas constantes que reflejan significados dispares, pero que en unión alcanzan un significado común: el amor de pareja. Así está presente el misticismo, la instrospección, los pájaros como las golondrinas, águilas y colibríes, el túnel, el miedo y, sobre todo, el agua.

¿Cómo entiende la poesía? Va y viene por ella. La alterna con la narrativa. , ¿qué líneas poéticas te atraen más?

Creo que cada poeta tiene su significado y aplicación de la poesía. Incluso cada cual puede cambiarlos a lo largo de su trayectoria creadora. En mi caso, la poesía es compulsión, nace de un proceso intuitivo, muy enérgico, que traduce en palabras un deseo para expresarlo a mí mismo, y luego comunicarlo. Es decir, siguiendo al maestro Manuel Martínez Forega, poeta, traductor y editor, viene creada de dentro hacia afuera, hay una elaboración interna, profunda, que pasa por el filtro intelectual solo para convertirlo en palabras, frases, signos, incluso composición visual, y que por eso, hasta se salta reglas gramaticales o de coherencia de construcción. Quizá lleve un camino parecido al de los pensamientos en la meditación, ese ir y venir, ese fluir, aparecer y desaparecer de ideas que emergen y se sumergen. Podría también tener como fuente el inconsciente y así revelarlo en un maremágnum de desconexiones sobre lo correcto, ya sea de fondo o de forma.

"En mi caso, la poesía es compulsión, nace de un proceso intuitivo, muy enérgico, que traduce en palabras un deseo para expresarlo a mí mismo, y luego comunicarlo"

¿Qué líneas poéticas le atraen más?

Mi querencia hacia la poesía viene desde mis clases de literatura en COU, con mi profesora Alicia, que me hizo profundizar en la generación del 27, especialmente, Lorca, y del cual pasé a Salinas y Aleixandre. Por citar tres obras, nombro el ‘Romancero Gitano’, ‘La voz a ti debida’ (el libro de Pedro Salinas es una influencia esencial en este poemario) y ‘La destrucción o el amor’, de Vicente Aleixandre.

Bueno, va sobre seguro, ja, ja, ja...

Como más o menos he indicado antes, prefiero no ser totalmente fiel a una estructura planificada de pensamiento y acción, sino que, como marcó André Breton, hay que dejar libre a la mente para que se conecte con otras realidades y podamos plasmarlas en su forma literaria o artística. Luego, mis lecturas han sido hacia estilos muy variados, desde Gustavo Adolfo Bécquer hasta Rosendo Tello, especialmente Las revelaciones del silencio de este último. Hago citas en cada parte del poemario a otras referencias como Jaime Sabines, Safo o Quevedo. Tomé modelos de Miguel Labordeta, sobre todo de sus dos primeras obras, ‘Sumido 25’ y ‘Violento idílico’. Pero ahora mismo, desde hace pocos años, leo casi exclusivamente a poetas de nuestra tierra.

¡Hombre! ¿En quiénes está pensando?

En el citado Forega, Luisa Miñana, Fran Picón, Inés Ramón, Nacho Escuín, Fernando Sarría, Carmen Aliaga, Joaquín Sánchez-Vallés, Adolfo Burriel y tengo encima de la mesa ‘La cicatriz de la selva’, de Almudena Vidorreta. Frecuento la veterana tertulia Van Gogh, donde nos nutrimos de “poesía en vena”, como expresa con vehemencia su organizadora, Amparo.

¿Dónde está ambientado? ¿Cómo ayuda este libro a matizar y enriquecer su mundo zaragozano y, más aún, su barrio de Montemolín?

El entorno quizá siempre es más relevante en la narrativa que en la poesía, donde tiende a ser más onírico, menos preciso. No obstante, este poemario tiene un lugar de inicio muy concreto y, precisamente, esta vez sin buscarlo adrede, porque surge de base real, es el barrio de Montemolín, donde vivíamos Nines y yo aquella adolescencia. Es decir, tanto implícita como explícitamente, ese entorno limita y contiene la parte del poemario que se ciñe al recuerdo.

O sea, que todo viene un poco dado por esa pasión recobrada...

Mi forma de escribir es muy intuitiva, soy escritor de brújula, uso poco los mapas, también, o más aún, en poesía, y no busco, pero tampoco eludo, esa constante en mi obra literaria, mi Macondo particular, Montemolín y sus barrios aledaños, Las Fuentes y San José, la ciudad de Zaragoza, con quien no dejo de sentirme en deuda desde que, en 1993, salí de aquí. Así rumié la nostalgia durante catorce años, hasta que volví, y aún sigo en ese proceso digestivo de aceptación y disfrute de mis orígenes.

"Es el barrio de Montemolín, donde vivíamos Nines y yo aquella adolescencia. Es decir, tanto implícita como explícitamente, ese entorno limita y contiene la parte del poemario que se ciñe al recuerdo"

 

Antón Castro

Redactor de Cultura de HERALDO DE ARAGÓN

acastro@heraldo.es

Prólogo de 47. El regreso

Prólogo de 47. El regreso

Para Angelines, 47 años después

 

Escribí este poemario en 2022, cuarenta y siete años después del inicio de lo que ahora es El Regreso, y de ahí el título.  El regreso al amor extraviado es posible y cuando lo consigues irrumpe con la fuerza insólita que lleva a la poesía más profunda.

Guiomar con Manrique, Laura con Petrarca, Beatriz con Dante, Teresa con Espronceda, Alfred con Óscar, Rimbaud con Verlaine, Juana con María Luisa, Calíope, Erato, Polimnia… deidades.

Se trata aquí adentro de Angelines como musa para un nuevo mañana.

Cómo se hizo 47. El regreso

Cómo se hizo 47. El regreso

47. El regreso es producto de un arrebato compulsivo por una atracción que viene de 47 años atrás, cuando dos adolescentes iniciábamos la vida amorosa con ingenuidad y esperanza.  Aquella vez se quebró y en 2022 se renovó la historia de amor.  Así creció un derramamiento de poemas que, tras un trabajo de finura, ya sin aquella compulsión, desembocó en este poemario, un canto al reencuentro, a la incertidumbre y a la creencia en el sentimiento latente.

Cómo se hizo Vestigios de un extraño

Cómo se hizo Vestigios de un extraño

Mi primera composición que recuerdo con consciencia de haber finalizado con deseo literario fue una descripción en pareados del Cantar del Mío Cid para un ejercicio de Lengua en el curso 6º de la EGB.  Irradiaba entonces once años.  Volví a la poesía cuatro años después en un poema casi de suspense y que no ha pasado de mi cuaderno adolescente, como la mayoría de las poesías que en él se alojan.  Desde ese momento hasta una gran edad (cerca de los 60) iba escribiendo poemas más por impulso que por motivación para sumergirme en el género.  Y en ese momento citado, decidí revisar todos los que había escrito y preparé una selección ordenada bajo criterio cronológico y temático.  Me había dado cuenta de que esos impulsos hacia la poesía se nutrían del amor o del dolor, y que tenía dos épocas de escritura, los de la veintena y los de la cuarentena, así que los reuní bajo esos epigrafes, manteniendo algunos de los títulos iniciales:

Así quedaron:

En el amor… de los veintitantos

  • Color de hoja

En el amor… de los cuarenta y tantos

  • Márgenes en la memoria

En el dolor… de los veintitantos

  • Un desencanto frustrado

En el dolor… de los cuarenta y tantos

  • Crujen los corazones

Epílogo de Vestigios de un extraño

Epílogo de Vestigios de un extraño

Un poeta podría volver a ser humano después de crear sus poemas, los del mundo, que son los míos.  Es difícil buscar entonces el tiempo como brújula para desembarcar en la certidumbre. 

Sigo queriendo regresar a ser humano. 

Ya utopía. 

Lánguido deseo en el proceloso mar de la angustia que rastrea la esperanza.  Y a veces llega, casi siempre, me dice esa consciencia que me irrita porque parece inconsciente.  

Ya no quiero ser humano. 

El frío en hielo y esa mirada pétrea que aprendo a macerar en un blando atardecer, para qué, para morir y amar en única respuesta a ti, la única, no busques más, estoy lamiendo la esquina que no me atrevo a cruzar.

Prólogo de Vestigios de un extraño

Prólogo de Vestigios de un extraño

Dicen que hay demostraciones científicas de que el tiempo no existe, de que los momentos encadenados son invenciones de quien rige ese mundo virtual que nunca aprendemos a vivir completamente.

Si el tiempo no existe, no sé cómo mirar atrás, o adelante, ¿existe el Aleph borgiano?, ¿o nos conquista el carpe diem?, ¿y si el poder del ahora nos hiciera eludir el poder del reloj?

La poesía también es duda, no sé si es tiempo o espacio, esencia o expansión, un todo o la nada.  Quizá esta incertidumbre, que no reposa en mi alma, me haga renacer de entre estos poemas que una vez fueron pasado.  Pero, ¿y si no existe el tiempo?  Aquí recibo la condena de Sísifo y vuelvo a leer desde la primera línea.

Epílogo de Filosofía parda en Recursos Humanos

Epílogo de Filosofía parda en Recursos Humanos

La vida da tantas vueltas… tantas y tantas… que si no estás entrenado, puedes sufrir un mareo, o dos, o tres, o perder la consciencia, incluso.  Algo de esto me ocurre ahora, y por esa razón: por las vueltas que da la vida.

¿Se imagina usted, después de leer estos capítulos, que yo me hubiera dirigido a usted no siendo lo que decía ser, es decir, usurpando una personalidad que le diera más atractivo a mis escritos?  No, yo tampoco me lo perdonaría.

Empecé y terminé las letras hasta el punto final de la página anterior ejerciendo el cargo de jefe de sucursal comercial, no le he mentido a usted.  ¿Pero es que mi tarjeta dice: Jefe de Recursos Humanos Área Sur!  Que sí, que sí, que me sigo asombrando tanto como espero que usted se esté asombrando ahora mismo; porque si no lo hace, me sentiré tocado en la honestidad.

Le contaré cómo fue la historia.  Andaba yo por el capítulo del desarrollo, cuando me visitó un consultor de la central, del área de Organización y Recursos Humanos, para interesarse por la repercusión que estaba teniendo el nuevo sistema de Gestión por Objetivos.  La cosa es que el chaval me cayó bastante bien y me lo llevé a comer con cargo a mi bolsillo, con el fin de tener la conciencia tranquila cuando le preguntara mis dudas regulares sobre la fiabilidad de los nuevos socios.

La conversación iba por buen cauce, pues él no tenía pelos en la lengua, pero sí muy buen criterio, y además no dejaba de ser un mercenario que vendía al mejor postor su currículum con Máster en USA, así que le daba bastante igual cómo pudiera tomarme yo sus comentarios, a pesar de ser un rango jerárquico algo superior al suyo.  Es decir, no tenía ningún miedo de que lo que yo pudiera transmitir después a la central sobre él, su labor, o sus comentarios sobre el Presidente.

A los postres, me pedí mi acostumbrado coñac, a lo que no me acompañó, y con los efluvios del Torres 5, me vi con confianza para contarle lo que estaba escribiendo.  Se interesó por su contenido, y comenzó a preguntarme más y más sobre lo que yo le narraba, casi hasta el punto de que se fue conociendo mejor que el autor lo que había escrito.  Volví a la oficina pasadas las seis, con tres coñacs y muchas dudas sobre si había hecho bien en contarle todo aquello a aquel muchachote con alto nivel de inglés y con un título muy universitario.

A la semana, recibí una llamada de la secretaria del director de Organización y Recursos Humanos para España y Portugal, instándome a realizar una visita a su jefe en los próximos días para una entrevista de unas dos horas de duración, con comida subsiguiente, para lo cual no era necesario que cursara parte de viaje, ya que se encargaban ellos de asumirlo a través de su centro de coste.

“¿En dónde me he metido?”, me pregunté.  Tardé en darme cuenta de que la llamada en cuestión tenía que ver con esa visita del consultor.  Llamé a mi jefe, el director Comercial, para comunicarle el asunto y aprovechar para preguntarle si sabía algo.  Sí, sabía algo, pero me dijo que no.  Un zorro como yo, veterano y con muchas cicatrices de batallas sufridas, se da cuenta cuando el otro lado del auricular miente.  Mi jefe mintió.  Ya había hablado con el director de Recursos Humanos sobre lo que me iba a encontrar en aquella entrevista.

No le voy a enredar a usted más con la conclusión.  Dicho director me sondeó durante un buen rato, que incluyó comida prometida, y por la tarde me volvía a mis dominios con una propuesta para ser lo que le he dicho al principio: jefe de Recursos Humanos para el área Sur, es decir, para Andalucía y Extremadura.

Quizá mis motivos para decir que sí puedan ser fundamento para otro librito como éste, que me he sentido muy bien haciendo de articulista, pero no voy a incluírselos aquí porque quiero ya poner punto final.  Sólo me habría sentido mal si estas páginas llegaban a sus manos y usted no sabía lo que ya han causado… porque sí, eso se lo anticipo, son la causa del susodicho nombramiento.  Algún día entenderá la razón.

Prólogo de Filosofía parda en Recursos Humanos

Prólogo de Filosofía parda en Recursos Humanos

Ceferino es un hombre curtido, veterano, hecho a sí mismo gracias a una inteligencia instintiva con profunda puesta a tierra que él reconoce y achaca a los años que vivió en el medio rural, entre los mineros, los agricultores y los pastores, unos de agujeros oscuros y otros de cielo abierto. Dice que tiene aún la filosofía parda de entonces. Transmite bondad y, sobre todo, honestidad, es de esos hombres que si te da la mano para sellar un pacto, no necesitas papeles firmados. Usa un lenguaje llano y directo, probablemente porque no conozca ni le importe conocer otro; además, desconfía de todo lo nuevo hasta que no se ha probado su efectividad. Comenta que su apóstol preferido es Santo Tomás. Se declara cristiano, que no del todo católico, aunque va a misa, y repite mucho la máxima de “haz el bien y no mires a quién”.  Es como si quisiera tener una moral, quizá basada en la religión que le enseñaron, pero sobre la que no se atreve a reflexionar para afianzar su propio criterio. 

En sus 28 años andaluces, aunque repite machaconamente que sigue igual, ha pasado de un quehacer monótono y rutinario gestionando pólizas administrativamente a ser el jefe comercial de zona que mejores resultados obtiene, especialmente en la retención de clientes (a pesar de las crisis sobrevenidas cada vez que sonaba una fusión) y en el aumento de negocio individual por fidelización. Sus empleados lo respetan y admiran, él los sigue llamando de usted aunque tengan veintipocos años, y todos destacan que siguen su modelo de gestión, con pocas palabras vanas y muchos actos de verdad.  Si le nombras la palabra ´líder’ se le erizan los pelos y te mira en silencio frunciendo el ceño.

Habitualmente, podríamos verlo en su despacho acristalado con las mangas de la camisa remangadas en pliegues casi hasta el codo, con el primer botón de la camisa desabrochado de tal manera que le salen algunos recios pelitos por encima de la corbata desencajada… y si es ya última hora del día, los cabellos rebeldes de su cogote han vencido a la gomina y sobresalen como unos finos talles enhiestos sobre la coronilla… la mesa llena de papeles… y con el cigarrillo en los labios, que a esas horas ya no aguanta la Ley Antitabaco y se enciende uno tras otro para compensar la abstinencia de toda la jornada laboral. Ah, pero no le ven fumar sus empleados.

Dice que no le importaría que le jubilaran para volver a su Zaragoza, que visita al menos cuatro veces al año, pero cuando lo ves en su puesto de trabajo transmite la misma ilusión que cualquier jefe recién nombrado. No quiere ni oír hablar de un traslado, aunque supusiera ascenso y gratificación, que estima mucho a sus chavales de ahora, que al fin ha conseguido un equipo a su gusto y que ellos aún lo necesitan. Cuando habla de la gente de su equipo se le pone tono y cara de padre.