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Molintonia

Sobre Mujeres que llenan mis noches

Sobre Mujeres que llenan mis noches

La idea para crear este libro de relatos surgió en 2008, mientras leía "Museo de la soledad", de Carlos Castán, quien recrea en ese libro perfiles nostálgicos de novias perdidas.  Desde ese excelente trampolín literario me llené de intención para buscar entre mi historia vericuetos amorosos o amatorios que, más o menos biográficamente, surcaran caminos literarios a modo de relatos.

Tardé, como es habitual en mi vena creadora para pulir una historia, varios años en concretar la idea, nada menos que cinco.  Antes, ya le puse título, inspirado en la canción de Sabina "19 días y 500 noches".

 Tanto la quería
que tardé en aprender
a olvidarla diecinueve días
y quinientas noches.

Han quedado siete relatos, siete cuentos de amor, con pinceladas autobiográficas, algunas de brocha gorda, otras de trazo fino, que transitan por la España de mis años de transición desde la adolescencia a la juventud, mientras me iba sumergiendo en aconteres externos que no rimaban ni en asonante con los míos.  Pura Historia que transcurre a tu lado como la tuya y sin querer.

De 1974 a 1981, recorro el septenio con miradas a esa sociedad que renació a la libertad sobrevenida con una madurez que ahora echamos de menos, y así, cada episodio relatado se mueve por los interiores de personajes que sufren heridas por el amor incomprendido.

 "La mora" es el primer relato.  Es Cristina, y Cristina existió en mi historia, sea entonces un homenaje a ella, a quien no he vuelto a ver más, como tampoco he vuelto a ver a Eva ni a “Rita”, los desamores de iniciación romántica que se incluyen en el texto.  Existió el restaurante Fujiyama, en la avenida de San José.

En “Un mechón rebelde”, el protagonista se enfrenta a la iniciación en el amor, a la iniciación abrupta en la política, satinada de la percepción de la muerte y la supervivencia.  Acaba de morir Franco.

En la España aún pacata, rancia, llena de pasado con olor a podrido, existen liberaciones que pocos conocen como una tentación hacia el abismo del placer, y quizá del poder.  Hay un paso para llegar hasta allí, se trata de traspasar o no la línea roja.  Sexo, drogas y rock and roll salpican a “Las tentaciones”, envolviendo una pérdida de la virginidad algo más que la genital.

“…cuando pierdes el miedo”. ¿Quién no ha vivido un amor de verano, un amor de playa, tan sentido en la entraña que sirve como refugio del recuerdo en los momentos donde la vida te sacude con el dolor de las ausencias? Pero un amor de verano también puede hacernos descubrir otros mundos más allá de los cálidos de nuestro terruño, más allá de nuestra supuesta robustez familiar.  Ella, Denisse, vence al temor, vence al terror.

El servicio militar dejó de ser obligatorio para los quintos del Mundial.  Comencé la mili tres años antes, en 1979, en Aviación, que así llamábamos al Ejército del Aire.  En ese ambiente envuelvo la historia de Tania, una mujer que logra superar el drama familiar dejando atrás en su madurez al protagonista, que se debate ante la petición de responsabilidad que le hace la vida… “Suena el sliencio” como título en referencia al toque cuartelero para irse a dormir.

¿Existen los amores que esperan a otros amores en otras vidas? ¿Puede saberse quién es tu alma gemela… o uno sí y otro no?  “El marfil y sus dedos” une a una pianista madura con un joven que huye del dolor.  Magia. Misterio. Ritual.

En 1981, el veintitrés de febrero, la España democrática descubrió que guardaba demasiados restos de militarismo en su seno que no congeniaban con las libertades civiles que se atisbaban. En “La chica de Montemolín”, dos muchachos viven el acercamiento a su noviazgo desde lo formal, en la tradición que aún vivían los nacidos en los años 60.  Recreo mi barrio de origen, el barrio de Montemolín en Zaragoza, y el título del relato nació inspirado en la canción “La chica de Ipanema”.

Niña de cuerpo dorado
por el sol de Ipanema,
con su balanceo
es todo un poema,
la chica más linda
que he visto pasar.

Hay claves ocultas, unas son intrascendentes, otras intencionadas, que están y no están en todos o casi todos o pocos o uno de los relatos.  ¿Hay uno o siete protagonistas? ¿Cuál es su nombre? ¿Qué significa el amonites? ¿Es Sofía un personaje real? ¿Qué frase se repite en los relatos?  ¿Cuántas veces se menciona Montemolín? ¿Por qué se repite el nombre de una mujer?

He querido describir amores en pareja haciendo un viaje al pasado para liberar unas sensaciones y unos sentimientos que se enquistan si no los revives y que pasan de tumores a humores con más facilidad si los compartes en una cancha abierta, aunque sea con un solo espectador que actúe como contrapunto de tanta fantasía, el recuerdo. Los versos de cada encabezado fueron algún día invitados en mi mesita de noche.

Aquí van historias de amor que miran atrás sin añoranzas, son intentos de explicación.

Leerlas te puede sanar.

"Mujeres que llenan mis noches", Editorial Certeza, Zaragoza, 2014, 89 páginas.

 

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22º Bocadito de cine - Los desastres de la guerra: Los girasoles

22º Bocadito de cine - Los desastres de la guerra: Los girasoles

En este día que brilla en el calendario como un lucero en el alba, hablaremos, con la visión profunda de Alfredo Moreno, de una de esas películas cuyo visionado te deja tocado, con una fórmula narrativa absolutamente efectiva desde lo emocional que hace pasar por alto las pequeñeces técnicas e interpretativas más discutibles, que atrapa, arrastra, conmueve y te suelta en un estado de desequilibrio anímico difícilmente subsanable, que propicia la reflexión, con argumentos no solo racionales, sobre cómo los grandes conflictos (reales o ficticios, entiéndase aquí nacionalismos de cualquier signo) alteran, siempre para mal, las vidas cotidianas de la gente corriente. Vittorio De Sica, antaño genio del neorrealismo italiano, ofrece un buen exponente de lo que puede llegar a significar la forma en el cine, de cómo una determinada estructura narrativa puede edificar una historia que contada de manera lineal podría seguramente hacer aguas.

Los girasoles (I girasoli, 1970), convenientemente fragmentada, cuenta distintas fases de la relación sentimental de Giovanna (Sophia Loren) y Antonio (Marcello Mastroianni), que se extiende desde los primeros tiempos de la intervención italiana en la Segunda Guerra Mundial, hasta finales de los años sesenta. Con maestría, De Sica, construye un relato a saltos que nos lleva del primer encuentro amoroso de la pareja, entre unas barcas en una playa idílica, hasta el doloroso peregrinaje de Giovanna por oficinas y registros militares en busca de noticias sobre el paradero de Antonio, desaparecido en el duro invierno del frente ruso. A medida que el inicio y el aparente final de su matrimonio, a cada cual más repentino, se va entrelazando en la narración, se van cubriendo los huecos que permiten aventurar un desenlace al enigma que representa el destino de Antonio: reclutado a la fuerza para formar parte de las tropas italianas de apoyo al Afrika Korps de Rommel en Libia, conoce a Giovanna unos días antes de incorporarse a filas. Dándole vueltas a la cabeza para escurrir el bulto, encuentran una forma adecuada y oportuna de, al menos, retrasar lo inevitable: si se casan, el permiso por matrimonio evitará de momento la entrada en combate. De modo que en la relación de Giovanna antes es el sexo, luego el matrimonio y, por último, el amor. Sobrevenido para ambos después de la boda y de la noche de bodas, con una divertidísima secuencia la de la gigantesca tortilla de decenas de huevos, remedio familiar de Antonio para recuperarse de las resacas, los diversos medios que emplean para disfrutar de su amor sin que la guerra se interponga en su camino resultan fallidos, especialmente los intentos de Antonio por fingirse demente, así que el remedio termina siendo peor que la enfermedad: el ejército italiano lo destina a Rusia, y no a Libia, y allí, en el crudo invierno, Antonio desaparece junto a miles, decenas de miles de camaradas, tragado por el hielo, la nieve y el olvido. Aunque Giovanna, que no cree en su muerte hasta poder contemplar el cadáver, se empeña una y otra vez en averiguar qué ha sido de él, pregunta en las oficinas, habla con veteranos, aguarda a los trenes que retornan cargados de tropas derrotadas, sigue los historiales de los prisioneros retenidos por los rusos y, finalmente, viaja a la Unión Soviética para visitar los lugares que Antonio frecuentó, a recorrer los cementerios militares italianos en busca de su sepultura (impresionantes son las imágenes de interminables llanuras sembradas de cruces), hasta toparse con un desenlace sentido, deseado, y al tiempo esperado, inesperado y desesperado.

La virtud de la cinta radica principalmente en el guion y en la sabia forma en que De Sica y sus colaboradores humanizan a los protagonistas, una de las más gloriosas parejas de hecho de la historia del cine, les dan dimensión, cuerpo, sentimientos, para luego subsumirlos en el caos de la guerra y en el catálogo de desesperaciones que provoca (desde las privaciones del frente hasta el peso de la ausencia y la viudedad de hecho). El amor de Giovanna nace y crece en la ausencia; el de Antonio se cubre de nieve hasta quedar diluido, con contornos apenas distinguibles, enterrado. Ambos comparten carencias, afectivas y materiales, cada uno a su modo, y sufren una situación de abandono a su suerte que confían que acabe con la guerra, pero que continúa tras ella. Algo más descuidada en lo visual, con tomas cargadas de fuerza y simbolismo, otras de una profunda y sutil riqueza plástica, una mezcla no del todo bien engarzada de imágenes de archivo de combates y bombardeos en el frente ruso, introducidas, seguramente, para paliar una precariedad de medios que hacía imposible la recreación dramática de las batallas en las que interviene Antonio, imágenes documentales de la realidad contemporánea de la Unión Soviética en el momento del rodaje, y unas cuantas apoteosis románticas y dramáticas, algunas no exentas de alta comedia, como la inicial en la playa o la mencionada de la tortilla; otras emotivamente devastadoras, como el clímax junto a la vía del tren o el epílogo ya de vuelta en Italia), el poder de la historia vuela con soltura y suficiencia por encima del acabado técnico y artístico, constituyendo, junto a El jardín de los Finzi Contini (l giardino dei Finzi-Contini, 1971), la cima de la última época de De Sica como cineasta, una imprescindible dupla sobre los efectos de la contienda mundial en Italia y los italianos, que viene subrayada por la magistral, conmovedora, inolvidable, partitura compuesta por el gran Henry Mancini.

Además, la película se erige como toda una lección de cine, el poder de una narración fragmentada excepcionalmente bien construida, que no decae en ningún momento, que crece continuamente hasta un estallido final que solo es un pico para la auténtica conclusión real. Una película importante, devastadora, significativa, obligatoria, que te congela la sonrisa en el rostro, y cuyo dramatismo no resulta incompatible, a la vista de la foto, con los buenos ratos.

Muchas gracias a Alfredo Moreno por su colaboración

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

 

 

21º Bocadito de cine - La leyenda española de Ava Gardner: Pandora y el holandés errante

21º Bocadito de cine - La leyenda española de Ava Gardner: Pandora y el holandés errante

En este día que brilla en el calendario como la estrella roja Antares, con la visión de Alfredo Moreno, hablaremos de la leyenda española de Ava Gardner, en la película Pandora y el holandés errante. Dirigida en 1950 por el británico Albert Lewin supone el pistoletazo de salida al vínculo de Ava Gardner con España, incluye todos los elementos que resumen lo que tradicionalmente se asocia a la relación de la actriz con este país: ambientes sofisticados, compañías elitistas, juergas nocturnas hasta altas horas, tablaos flamencos, poderosas resacas, escarceos amorosos, matadores (en especial Mario Cabré, que actúa en la cinta interpretando a un torero, cómo no), corridas de toros, fiestas populares… Lewin adapta y realiza una fantasía de corte onírico sobre la famosa leyenda del holandés errante y la sitúa en la Costa Brava, caracterizada para la ocasión con los típicos atributos de lo español que se percibían por entonces -y aun hoy- en el extranjero (omnipresencia de la bandera rojigualda, aires andaluces, relevancia del mundo taurino). La película posee una atmósfera a caballo entre el sueño y la locura, acrecentada por el aire de fábula en la narración en off y en flashback por uno de los personajes, un escritor amante de las antigüedades, y nos zambulle de lleno en un cuento de tintes romántico-trágicos.

Pandora Reynolds (Ava Gardner) está maldita. Su belleza arrebatadora no le proporciona el éxito con los hombres, la felicidad que tanto ansía. Enloquecidos por su hermosura, pero completamente alejados de lo que constituyen los sueños y anhelos de la mujer, sus ansias de realizarse “románticamente” aspiran a convertirla en su posesión, a satisfacer su obsesivo deseo más que a amarla. Incapaces de lograr saciar sus arrebatos de atracción, todos los hombres que se enamoran de ella terminan por dilapidar su vida, sus matrimonios, sus profesiones, su propia conciencia. Esta capacidad de jugar con los hombres seduce a Pandora hasta el punto de que los maneja a su antojo; solo aprecia a aquellos que quedan a salvo de su influjo y termina por tratar con desdén a todo aquel que se confiesa su vasallo y se comporta con sumisión, lo cual la convierte en auténtica y cruel dominadora de sus destinos. Lo mismo es capaz de prometerse en matrimonio con un pobre iluso simplemente por torturarle, que conseguir que un famoso piloto de carreras, que ha construido trabajosamente un bólido supersónico con el que pretende batir un récord, lo arroje sin miramientos por un acantilado solo porque ella se lo pide como egoísta demostración de amor, de que la desea por encima de cualquier otra cosa en el mundo. Esto es así hasta que conoce a un hombre misterioso que parece sustraerse a sus encantos, Hendrick Van der Zee, interpretado por James Mason, que ha fondeado con su velero en la bahía, y que no es otra cosa que un espíritu atormentado, condenado a vagar por los siete mares hasta que consiga que una mujer muera de amor por él…

Tanto el carácter de la narración, como la planificación, la puesta en escena, la música y la fotografía de Jack Cardiff subrayan desde el comienzo la atmósfera fantástica del relato, su carácter de elegía romántica exacerbada. El hallazgo y estudio por el narrador de un antiguo manuscrito en holandés arcaico que trata de la leyenda del marino maldito abre la puerta a uno de los extractos del film que revelan explícitamente esa condición de fantasía a medio camino de la maldición y del sueño, las secuencias que presentan la caída en desgracia del navegante, su locura, su crimen y su castigo eterno. Paralelamente, el tono general, en particular las escenas que comparten Mason y Gardner a bordo del velero, comparten ese clima onírico e irreal, magníficamente plasmado en el uso del color y en la luz, permanentemente filtrada por una neblina, por una gasa, que confiere a la película de una textura quimérica, imaginaria, fantástica. Al mismo tiempo, esa confusión entre realidad e imaginación, entre cielo y mar, entre noche y pesadilla, tiene su contrapunto en la vida en el pueblo de la costa, sus calles, plazas, tabernas, tradiciones y, sobre todo, en la plaza de toros, en la que el matador dejará clara muestra de su sometimiento a los dictados de la belleza maldita de Pandora. El desenlace de esta lucha de maldiciones, la del holandés y la de Pandora, no tiene otro camino que el amor, un amor trágico, una catarsis liberadora que les conduzca a estar juntos eternamente dejando de hacerlo en la vida real.

Lewin conduce una historia compleja, en la que probablemente lo literario pesa en exceso, con cierta artificiosidad en diálogos y situaciones, y sin que encaje del todo el juego entre fantasía y realidad, completamente entregado a sus dos estrellas protagonistas. Ava parece interpretarse a sí misma, se maneja con soltura y convicción en el personaje de mujer letal por su belleza; Mason se mueve como pez en el agua en un personaje contemplativo que le permite declamar frases solemnes, jugar a los acertijos del lenguaje, dejar puertas abiertas a la interpretación de su significado, al enigma que queda en el aire. El tono trágico general viene complementado con el filtro igualmente trágico que Lewin imprime a algunas tradiciones españolas, desde los toros a las relaciones familiares y la estética del culto católico (esas mujeres de oscuro y con mantilla, casi espectros en un pueblo que descansa en la estrellada bahía entre sombras amenazantes) y, aunque la película se le pasa de duración (125 minutos), logra plasmar instantes de gran belleza, incluso sin Ava presente.

Así, la película se erige casi en un relato premonitorio sobre ciertos aspectos del futuro de su protagonista femenina, proporciona momentos estimables de preciosismo visual y dramatismo desbocado que, si bien con algo de artificio, conforman una adecuada atmósfera a lo que exige esta inmortal leyenda romántica.

Muchas gracias a Alfredo Moreno por su colaboración

Te deseo paz y alegría serena

Hasta pronto.

 

20º Bocadito de cine - Boyhood, momentos para una vida

20º Bocadito de cine - Boyhood, momentos para una vida

En este día que brilla en el calendario más que una luna llena de verano, hablaremos de una película excepcional, Boyhood, subtitulada como “Momentos de una vida”.  En ella se narra un viaje por 4.200 días, de julio de 2002 a octubre de 2013, en la vida de Mason y su familia. Desafiando a los productores, Richard Linklater filmó durante 39 días repartidos durante 12 años con los mismos actores, dejando así que los protagonistas envejecieran como sus personajes. El principal, Mason, comienza el rodaje con  siete años, y lo culmina con dieciocho, con su salida hacia la Universidad.  Este planteamiento tan original tiene precedentes similares, que no idénticos, con el Antoine Doinel de Truffaut, un proyecto de Kubrik que no se llevó a efecto, en el que pretendía filmar doce años de la vida de Napoleón en doce años de la vida de Al Pacino, y una serie de documentales de Michael Apted, que se agrupan bajo el título de The Up Series.  Linklater se desmarca de todos estos antecedentes y defiende su propuesta.  Merece que se le etiquete de original, como así se le etiquetó con su trilogía “Antes del amanecer”, “Antes del atardecer” y “Antes de anochecer”, en la cual filmó con dos actores una historia de amor y desamor a lo largo de varios años, aunque todas funcionan como guiones independientes, lo que no es el caso de Boyhood.

Esta película ha recibido dos grandes premios en festivales de culto como son el de Berlín, el Sundance y el de San Sebastián, y se postula como seria candidata a los Óscar.

Richad Linklater nació en 1960.  Tiene por tanto 54 años y 23 películas en su haber, siempre como director, en varias como guionista también y en otras pocas como productor.  En Spy Kids se dio el gusto de participar como actor. Es vegetariano. En 1985 fue confundador de la Sociedad Cinematográfica de Austin.  Su hija Lorelai da vida a Samantha, la hermana de Mason.

 

Parece increíble que los mimbres previos para filmar Boyhood, es decir, un guión que transcurre y se filma en doce años y solamente 3,9 millones de dólares de presupuesto hayan culminado en lo que la mayoría de los críticos han calificado como obra maestra con expresiones como

-     Una epopeya sobre lo ordinario, una película que puede resultar normal momento a momento, pero que se convierte en algo muy especial en su totalidad, nos dice Todd MacCarthy en The Hollywood Reporter.

-     Inquebrantable, ingeniosa y muy sentida, la película va a estar pagando dividendos emocionales durante mucho, mucho tiempo, nos dice Joshua Rothkopt, en Time Out.

  • Luis Martínez en El Mundo, nos dice de ella que es una película sin precedentes, tan descomunal e inquietante como conmovedora.  Magnética e irrenunciable. 
  • En El País, Gregorio Belinchón, la califica como “bella obra maestra. 164 minutos hipnóticos. 

Y si increíbles son los antecedentes del guión y el presupuesto, igualmente increíble parece que unos recursos fílmicos tan adrede usados en la mínima expresión nos lleven al encantamiento que supongo entrar al cine para dos horas y tres cuartos y salir creyendo que sólo ha transcurrido la mitad.

Es una historia sencilla, terriblemente sencilla, tan sencilla que nos puede haber pasado a cada uno de nosotros o, como mucho, seguro que conocemos a alguien cercano que va pasando por cada uno de los trances, más o menos cotidianos y triviales, por los que pasa la familia.

Algunos críticos han visto en esta película la búsqueda proustiana del tiempo perdido, en este caso el tiempo perdido de Linklater, ese tránsito de la infancia a la juventud, desde el primer día de colegio hasta su entrada en la Universidad, el divorcio de sus padres, sus siguientes parejas y su relación con ellas, los primeros amores, la caída en la libertad o en la rebeldía; hay sutiles entradas en aspectos escabrosos que se resuelven con la misma sencillez y encanto de los que se cubre todo el desarrollo.

Alejandro Calvo no puede expresarlo mejor: Boyhood no es una película, sino un espejo que devuelve la mirada al espectador, una obra que muestra la vida de otros para que entendamos cómo es en realidad la propia.

Vaya una reverencia también al reparto, con Ellan Coltrane, a quien Linklater le hizo prometer que terminaría la película fuera como fuera en caso de que él falleciera en los doce años previstos de rodaje.  Su actor fetiche Ethan Hawke, excepcional como adulto inmaduro, y Patricia Arquette, que nos transmite nuestra querencia como madre coraje que deja su juventud para criar a sus hijos para terminar con el síndrome de nido vacío.

Hay un momento en la película en el que Mason habla con una de sus chicas.  Ella le pregunta “¿nosotros atrapamos el momento o “el momento es el que nos atrapa a nosotros?. Mason le contesta después de unos titubeos “es como si siempre fuera ahora mismo…”, queriendo simbolizar lo que toda la película es capaz de hacer: disminuir la sensación del tiempo y quizá dejarnos en un solo instante viviendo a la vez todos nuestros acontecimientos.

Sólo me queda hablar de la banda sonora, tan excepcional como todo lo demás, amplia y variada como los acontecimientos que ilustra con gran acierto:

La película nos propone una amplia banda sonora en la que podemos disfrutar tanto de grupos de punk pop como indie del momento  hasta clásicos inolvidables. Algo así como cuando en la infancia y pasábamos casi sin quererlo de escuchar punk a escuchar el pop más bobo y facilón. En el film Ethan Hawke es un loco de la música, y por ello son varios los momentos en el film en el que se mencionan, suenan (o se interpretan) temas de The Beatles, Pink Floyd y similares.  Destacan un momento especialmente, en el que Sam, hermana de Mason, se lanza a realizar su propia interpretación del baile de ‘Oops I Did It Again’ de Britney Spears. La belleza de esa variedad de instantes memorables culmina a mi parecer con el tema ‘Hero’, modesto pero titánico tema de Family Of The Year que refleja perfectamente el espíritu de la película.

Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine "Un perro andaluz" y la colaboración de la tertulia "Habladores de cine".

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto

19º Bocadito de cine - Alfredo Moreno y su blog de cine 39 escalones

19º Bocadito de cine - Alfredo Moreno y su blog de cine 39 escalones

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18º Bocadito de cine - La mirada tabú, con Vicky Calavia

18º Bocadito de cine - La mirada tabú, con Vicky Calavia

Entrevista con Vicky Calavia sobre el certamen La Mirada Tabú 2014

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17º Bocadito de cine - Marlon Brando, el otro animal más bello del mundo

17º Bocadito de cine - Marlon Brando, el otro animal más bello del mundo

En este día que brilla con el calendario como un sol en la noche, hablaremos de una estrella, esta vez masculina, y de alto impacto, como fue Marlon Brando, el mayor icono sexual masculino de su época y quizá el mejor actor de todos los tiempos.

Como la anterior protagonista de nuestro Bocadito, Marilyn Monroe, tuvo una infancia difícil que le marcó para toda la vida.  Sus padres conformaron un matrimonio repleto de riñas e incompatibilidades que llevaron a su madre, en plena ley seca, a sufrir de alcoholismo agudo y a los hijos a emanciparse muy pronto. Su padre fue un agente comercial, por lo que vivieron en diferentes ciudades, antes de establecerse finalmente en una granja de Illinois.  Su madre, actriz aficionada, impulsó en sus hijos el amor por la interpretación.  De la inestabilidad infantil, Marlon, pasó a la rebeldía adolescente, y así, en contra de su voluntad, lo ingresaron a los 16 años en  una academia militar de la que fue expulsado dos años después por insubordinación.  Desde ese momento, tuvo varios empleos de baja cualificación.  Sus hermanas probaron fortuna con el teatro en Nueva York, y así, en 1943, Marlon se fue a vivir con su hermana Joselyn con la misma meta. 

Consiguió ingresar en una escuela de interpretación que sería el embrión del Actor’s Studio, donde aprendió el famoso método Stanislawski, del que se convirtió en el principal valedor.  Este método propugna que los actores deben interpretar el personaje como si ellos mismos fueran ese personaje, profundizando en sus motivaciones, en sus intereses, en sus fantasmas y en sus realidades para que, durante la interpretación, nadie pueda notar la diferencia entre actor y personaje.

El mito nace en 1951 con su excepcional puesta en escena de Kowalski en la obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo, por la que fue nominado por primera vez al Óscar.  Y su última actuación se produce en El golpe maestro, estrenada en 2001, en cuyo rodaje exigió, como capricho personal, que no le dirigiera Frank Oz, lo que fue permitido por los productores y tuvo que ser Robert de Niro, que tenía el papel protagonista, quien asumió la dirección de las escenas en las que aparecía Brando; y llegó a presentarse desnudo en el rodaje, signo culminante de su deriva mental.

Además de seis nominaciones, obtuvo dos Óscar en su carrera, el primero por La ley del silencio, en 1954, y el segundo, y con mayor repercusión, dieciocho años más tarde por su magistral interpretación de don Vito Corleone en El padrino, considerada por muchos cineastas la mejor película de la historia.   Y eso que no era el preferido de la Paramount para ese personaje, sino que fue por el empeño de Coppola que consiguió ese papel protagonista, para el cual se inventó esa forma rota de hablar y esa mandíbula pronunciada que improvisó en una humillante prueba de casting metiéndose papel higiénico en la boca. 

Después, Brando continuó una carrera salpicada de grandes éxitos y grandes escándalos.  Se convirtió en objeto sexual, dicen que de hombres y mujeres, incluso algunos biógrafos afirman que llegó a declararse bisexual públicamente y le asignan aventuras con Anna Magnani, Ava Gardner, Edith Piaf, Ingrid Bergman o Marilyn Monroe, así como con Leonard Bernstein, Tennessee Williams, Montgomery Clift, James Dean, Tyrone Power, Burt Lancaster o Rock Hudson. Lo cierto es que Brando tuvo una personalidad atormentada, posesiva y violenta en contraposición a otro lado suyo sensible y en ocasiones casi femenino.  Estas dualidades quizá le atrajeron a su vida una serie de incidentes que alimentaron su personalidad excéntrica.  Se casó tres veces y tuvo once hijos reconocidos. Su tercera mujer, tahitiana, que fue gracias a quien se enamoró de su país de origen y adquirió una isla en ese archipiélago, reveló, una vez separados después de diez años de matrimonio, las intimidades del matrimonio, donde presentaba a su exesposo como una persona egocéntrica, egoísta, celosa e infiel.

Marlon Brando  participó en acciones a favor de las etnias indígena y afroamericana y, para recibir el Óscar otorgado por su personaje de Vito Corleone, envió a una actriz de origen indígena como forma de protesta por unos incidentes que en aquel momento ocurrían sobre las persecuciones a los antiguos pobladores de América del Norte.

Una vez obtenido ese Óscar, la carrera del mítico actor se llenó de altibajos, con pocas actuaciones como protagonista, de las que podrían destacarse la del psiquiatra que trata a don Juan de Marco y algunas apariciones de pocos minutos tan bien pagadas que se llegó a hablar de salarios obscenos, como en Superman, donde encarnó a Sorel, el padre del superhéroe, o en Apocalypsis Now, haciendo de coronel Kurtz, o interpretando al inquisidor Torquemada en una de la múltiples versiones que se rodaron para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento de América.

Quizá este declive artístico pueda tener su motivo en el episodio familiar tan trágico que sufrió en 1990, cuando su hijo Christian fue acusado de matar al novio de su hermana Cheyenne e ingresó en prisión. Cinco años después, la propia Cheyenne se suicidó.

Pero según su biógrafo Darwin Porter, esas inestabilidades que le llevaron a sus vaivenes emocionales y a su obesidad mórbida, vendrían provocados por otro hecho mantenido en secreto durante más de cuarenta años.

Lo que cuenta Porter es lo siguiente:

Cuando Brando falleció, el 1 de julio de 2004 en Los Ángeles, a los 80 años, a consecuencia de una fibrosis pulmonar, sus cenizas se repartieron entre Tahití y el Valle de la Muerte, en California.  Pero lo que pocos conocen es que, antes de ser esparcidas, habían sido mezcladas con las de Wally Cox, un actor prácticamente desconocido, cuya urna guardaba Marlon Brando en su habitación desde que aquél falleció. 

Y ese motivo sería que Wally Cox fue el gran amor de Marlon Brando. 

Precisamente es hasta 1973, cuando vemos a un Brando pletórico en lo artístico, en lo personal e incluso en lo familiar, lo que culminaría con su participación protagonista en El último tango en París, el clásico de Bertolucci, cuando el actor vive su progresión meteórica para después, con el fallecimiento de Cox, caer en esa frenética montaña rusa. 

Dice Porter en su libro “Brando al descubierto” que Walix Cox pronunció estas palabras en su lecho de muerte: “Lo único que voy a echar de menos realmente de esta vida será caminar entre los árboles con Marlon.”

Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine Un perro andaluz y la colaboración de la tertulia Habladores de cine.

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

16º Bocadito de cine - Aragón rodado, gran cine en Aragón

16º Bocadito de cine - Aragón rodado, gran cine en Aragón

Documental de Vicky Calavia sobre lugares de Aragón en los que se han rodado grandes películas.  Intervienen algunos de sus protagonistas, actores y directores...

 

http://aragonrodado.com/

http://www.ivoox.com/bocadito-cine-n-15-aragon-rodado-audios-mp3_rf_3686091_1.html

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