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Párrafos de Nadine, l'amour

Párrafos de Nadine, l'amour

Me arrebataron mi libertad y aquello quizá fue lo peor que me ha tocado vivir. Gracias a Dios, si en París aprendí a llorar y curarme del desamor, en mil novecientos ochenta, en Irlanda recobré el dorado rincón donde saludar al cielo sobre aquellas verdes praderas entre azules y grisáceos paisajes, donde pasaba las tardes enteras paseando con un libro en las manos, para terminar sentada sobre el impermeable en lo alto del camino divisando el mar, quince años después. 

***

Una poderosa carga de sensualidad atrae hacia mí lo más lujoso. La gente habla mucho del sexo, del morbo, de lo erótico y algunos se atreven a hablar de la sensualidad. Me río en su cara, porque son deseos que tienen como si fuesen animales irracionales. La sensualidad empieza por uno mismo y se prolonga horas e incluso días intensamente y jamás desaparece. Se percibe a través de los sentidos, de todos los sentidos conocidos y algunos más. No tiene verjas ni muros infranqueables, llega hasta el límite del infinito, al menos para mí. La conocí muy joven y he aprendido a acrecentarla. La sensualidad está en todo, desde el primer paso con el que amaneces en el suelo, un pie desnudo que te trae un escalofrío apasionante de deseo hacia no sé qué parte alta de tu cuerpo, pasando por una barra de labios y una sonrisa ante las cosquillas que el vaporizador de tu perfume favorito hace vibrar en tu pecho; está en introducir la llave con dulzura en la cerradura de la puerta del despacho, en levantar las persianas para que se ilumine la estancia; en la sonrisa de tus manos cuando bebes acariciando la copa; en la caricia a una muñeca de trapo en la estantería de la sección de juguetes, en el tacto de la tapa suave de ese libro que compras y huele a tinta; en la mirada de la noche cuando llegas a casa y enciendes las velas para darte un largo y cálido baño, en la esencia del detalle cuidado; en la paciencia, en la danza, en el vestido suave, incluso en el vientre del cemento: la Tierra. 

No quiero aprender a vivir como tú, es imposible. Quiero aprender a sentir como tú, que es una forma de vida, pero para vivir como tú se necesita ser como tú, con tu pasado, con tus circunstancias, con tu cuerpo, con tu alma. Quiero aprender a leer tus detalles, a mirar y ver, a tocar y sentir, a no pensar en pasados ni futuros cuando miras un velero. Quiero aprender a recordar como recuerdas tú, con sensaciones que sobrepasan la memoria, con tu mirada lúcida. 

***

Solo si vas sin nada eres capaz de sentir gusanitos en tu vientre. Sentir que el metrónomo de tu corazón se acelera hasta vivir sin más hora que la existente fuera del reloj de aquellos "tiempos modernos" que un cómico genial dejó para los que viven el primer segundo en el sonido de una gota de agua.  

Yo también te quiero, David, pero ¿estás seguro de que puedes entenderme? ¿Quieres seguir? Carpe diem, los poetas muertos, ¿no volverás a tener miedo?, ¿podrás volar sobre mis alas?  

¿Estás seguro de amarme?  

*** 

Hace años, una amiga me dijo que estaba hecho de algodón.

***

Una amapola azul emana incienso 

bajo la tentación de los frutos 

sobre la ultratumba, 

donde Babel suplica 

que no hurtemos de la vida 

el amor de los mortales. 

Tus alas cubren mi sombra 

en el camino del álamo  

y siento dolor en la espina, 

olor a mi propia sangre 

que se ahoga en mi desmayo 

bajo tu manto de ángel. 

Son mis alas 

que brotan del tuétano, 

y me elevan, redimida,  

sobre el crepúsculo de los huesos. 

 

***

 

El viento puede ser la magia  

donde la realidad semeja irreal  

y la luz se convierte en nube. 

 

Busco palabras para subirme al viento,  

pero como ya será magia,  

me obliga a unirme a ti una y otra vez como la orquídea a la tierra,  

aunque la fingida placidez,  

la traidora calma del pasado que se ancla hoy en los miedos y en las rutinas 

te lleve de regreso al penal del desamor. 

 

Y me uno a ti porque el amor es invencible,  

como la pura esencia de los dioses,  

la que llevas dentro  

para entender que tu libertad mira hacia los valles de la ventura,  

donde me he alojado para esperarte  

como a un rayo que ilumine de golpe las quimeras,  

y que solo brilla cuando te has cambiado de ropa y sonríes al mundo. 

 

Ninfa mágica,  

musa de la armonía, 

carisma de los mortales que acarician la muerte  

hasta dominarla en un ritual de vida, 

tanta savia como inunda tu cuerpo cuando la unión está cerca, 

tanta humedad suculenta que nace de la presencia,  

de la presencia. 

 

Los tactos de los cuerpos enteros, 

las vibraciones del deseo en los instantes, 

cada momento de fuerza como caballo desbocado, 

y tú buscándome como amada, 

como quien ama, 

oculta en la penumbra del miedo, 

aparecida en el mundo tras entornar la puerta de la farsa. 

Ciérrala contigo fuera, 

arroja la llave al foso incandescente de Mordor, 

gira sin volver atrás 

...sin volver atrás, 

y arrójate dulce y tierna en el amparo del sentimiento. 

Reseña de Nadine, l'amour - Sophi Kara

Reseña de Nadine, l'amour - Sophi Kara

La lectura de “Nadine L´Amour” es un placer poco usual. No recuerdo haber disfrutado tanto de un Canto al Amor tan sincero y exquisito como el que nos propone José Antonio Prades en su última novela.

Cautivadora, sensible, emocionante…, a través del género epistolar José Antonio nos introduce de forma delicada e intimista en la historia de Nadine y David.  Salpicada con muchísimas y variadas referencias literarias, musicales, cinematográficas, pictóricas, asistimos a una historia con un escenario cultural prolífico y variado, a su vez localizado en el escenario de una ciudad emblemática y mágica como lo es Zaragoza. Los que la conocen somos invitados a volver a pasear por sus calles, plazas, parques, a recrear el ambiente de sus locales, hoteles, templos, teatros..., despertar incluso memorias de adolescencia, vivencias siempre felizmente añoradas. Para quiénes no tienen la suerte de conocerla, seguro que esta lectura les incita a visitarla y sin remedio, enamorarse del encanto que desprende. 

Romanticismo y sensualidad, erótica y sensibilidad, poesía e inocencia en todo su esplendor, espiritualidad perfectamente engarzada con lo cotidiano, lo tangible. Todo es posible cuando la delicadeza se alía a la pasión, a ese anhelo incontenible de belleza que a todos nos anima y que en José Antonio se ha revelado magistralmente en esta novela cautivadora e imprescindible para todos aquellos que estamos enamorados del Amor.

Nadine, l'amour. La novela

Nadine, l'amour. La novela

Mañana presentamos Nadine, l’amour, una novela muy especial en la que he participado como coautor.  Somos dos autores, hombre y mujer.  Ella quiere permanecer en el anonimato. 

Comenzamos a escribirla casi en broma, con unas salidas de tono intercambiadas por correo electrónico, a ver quién de los dos podía ser más romántico.  Corría el año 2004, y desde entonces hasta 2018, fueron surgiendo paso a paso, con etapas prolíficas y etapas en silencio, unos textos que iban configurando una historia de amor, la mayor jamás contada, según dice Nadine en el propio texto de la novela.  Por motivos diversos, la historia quedó inconclusa, pidiendo a gritos salir del abandono.  En el confinamiento de 2020, me surgió el impulso de reanudarla.  La completé en cuatro meses en un trabajo precioso de organizar, recortar, ampliar y finalizar la novela, tal como ahora la puedes leer.  

La intención de ambos no fue más que la de divertirnos en un juego competitivo de embelesamiento romántico.  Pero no se quedó ahí, porque ambos, con nuestras historias a cuestas, trabajamos esos personajes de Nadine y David para darles más consistencia que la de meros amantes que transitan por un enamoramiento enardecido que quieren comunicar al mundo.

David y Nadine son dos personajes de carne y hueso, de cuerpo y alma, con espíritu y corazón, que se alargan por la vida como ha podido hacer cualquiera de nosotros, mientras, en su caso, un amor de pareja permanece latente, surge y resurge a lo largo de los años.

A modo de presentación en el blog, añado aquí la sinopsis, que te dará un preludio de lo que encontrarás cuando abras sus páginas:

“Me gustaría escribir nuestra historia de amor y que traspase los límites mortales de nuestro tiempo”, le dice Nadine a David.  Ambos vivirán una historia apasionada desde 1976 a 2020, y nos regalan con ella su visión poética del amor y de la vida.

Nadine es pianista, modelo y empresaria a lo largo del tiempo que recorre la novela.  David se convierte en un directivo de éxito que se debate entre el amor a Nadine y su carrera profesional.  Corazones sensibles habitan en sus cuerpos, corazones que les llevan a disfrutar del cine, de la música y de la literatura, a crear con poesía una historia de amor perpetuo e inquebrantable que les impone sacrificios y renuncias, desidias, traiciones y desencantos que se funden en armonía para llenarnos de ternura y sensibilidad.

Nadine nos cuenta la relación con sus padres, idílica; con su marido, maltratador, a quien sabe enfrentarse con valentía y nobleza; su paso por el mundo de la moda; su pasión por la música..  David relata su soledad, envuelta por la mentira del triunfo profesional, sus tormentosas relaciones amorosas, sus escapadas, la reflexión y la búsqueda, de nuevo, de Nadine.

Dos mansiones para el cobijo del amor, viajes a París y Dublín, a monasterios templarios, a castillos medievales, consultas a nigromantes, premoniciones que se cumplen al pie de la letra, lágrimas y dolor, erotismo y sensualidad... un recorrido por lugares emblemáticos del amor en Zaragoza, su ciudad de origen, donde todo nació y termina... con un final exquisitamente tierno, bello, en el que Nadine ha cumplido sus sueños de princesa junto a su amor eterno.

“Nadine, l’amour” es una novela para quien está o quiere estar enamorado, que nos presenta la intimidad emocional y sensual de una pareja que se busca, se encuentra, se separa y se une a lo largo de toda una vida, que nos da un testimonio del interior de cada miembro de la pareja y nos muestra lo movedizo y entrañable que pueden ser el recuerdo, el sexo o el amor.

Reseña de El silencio resquebrajado (Carlos Manzano)

Reseña de El silencio resquebrajado (Carlos Manzano)

Hay quien puede escapar libremente de los fantasmas de su vida y hay quien lo logra de una forma tan fluida que pareciera que el destino alfombrara el devenir para premiarle, o. quizá confirmarle, con la obtención del premio merecido, después de haber expiado cualquier culpa o haber superado (o escondido bajo sa alfombra) cualquier dolor.

Antonio es el nombre de varón más habitual en España.  El protagonista de El silencio resquebrajado, novela de Carlos Manzano, se llama Antonio, primera señal para conseguir el paso de puntillas por algún lugar, o como por ejemplo en el tránsito de la madurez a la tercera edad.  Así expone el narrador, el propio Antonio, la intención que le mueve al huir de su vida anterior tras una jubilación anticipada, después de una trayectoria laboral como cajero en un banco.  Le aparece de pronto, por encantamiento, una posibilidad de comprar una casa alejada del mundanal ruido, incluso del pequeño pueblo que la alberga en su municipio, y se lanza a por ella para cumplir ese sueño de vivir en paz, con sus libros, su música y su cine, fuera de cualquier contacto humano no deseado.

Tras conocer en la voz de Antonio su visión tan doliente de lo que pretende asumir, casi como eremita, para proyectar sus años venideros, aparece otra casita allá a lo lejos que empieza a tomar protagonismo, o mejor dicho, antagonismo, frente a las horas tranquilas llenas de Yoshimatsu, Mahler, Chaikovski, Bruckner, Beethoven, Shostakovich... o con las letras de Graham Green, de Bryce Echenique, de Stanislav Lem... soledad buscada que se trunca por los diferentes ocupantes de esa casa, especialmente una mujer misteriosa arrebatadoramente atractiva por la que cualquier hombre sería capaz de traer la Luna a la Tierra. Natalia.

Aparecen personajes que se acercan y se alejan de aquella casa y de Antonio, dejando y trayendo velada información que nos crea inquietud hasta confabularnos con el insulso protagonista para ponerle algo de sal a su vida, para empujarle a saborear lo desconocido, para sacarle de su insípido anonimato que termina haciéndose mentecato y cansino.

Es Carlos Manzano hábil en crear historias con protagonistas despreciables, de los que en lugar de crearte la imagen de héroe, la trastocas con deseos de meterte en las páginas para baquetearlo, ya sea estimularlo o abofetearlo o escupirle a la cara o pegarle un tiro. Y en torno a ellos, se incardinan otras historias de personajes que profundizan en aspectos humanos que nos desestabilizan.  Aquí Antonio se relaciona con jóvenes adolescentes que viven al límite, con un empresario pedante y prepotente, con integrantes del lumpen.

Pero toda novela que se precie contiene giros, a veces tiernos, a veces duros, a veces detestables, y aquí El silencio resquebrajado se precia atrapándote con sorpresas de trama o de voces nuevas, o de una historia que te moviliza emociones que se han ido al otro extremo de las anteriores. 

Manzano estructura su novela en capítulos que saltan en el tiempo sin avisar, que piden al lector un apreciado esfuerzo para reiniciar la acción o rellenar el hueco con la propia imaginación.  Al usar siempre la primera persona, nos convertimos en acompañantes cercanos de Antonio, como amigos, amantes, hijos... y con sus correspondientes conflictos en los que deseamos intervenir, valor que sólo puede dar un buen escritor.

El personaje más deleznable se llama Josán.  Me permito contar algo de mi historia personal, y es que en mi adolescencia mis primos me llamaron así, y así siguen llamándome.  No ha habido nada peor para el estremecimiento en la boca de mi estómago que leer y vivir cómo un tal Josán puede resultar tan infame.

Esta novela resultó finalista en el VIII premio Onuba de novela en 2012, y qué bien que La Fragua del Trovador la edite tan cuidadosamente nueve años después.

 

Noviembre 2021

José Antonio Prades

 

El silencio resquebrajado

Carlos Manzano

237 páginas

La Fragua del Trovador, 2021

Reseña de Volar alto (Jorge Sanz Barajas)

Reseña de Volar alto (Jorge Sanz Barajas)

“Esta es la historia de un hombre y una mujer que se refugian tras la derrota en una ciudad donde aún se puede volar alto si sabes con quién saltar al vacío.

...

Cuando las cartas vienen mal dadas, lo mejor es volar alto”.

—En la nota final de Jorge Sanz Barajas—

 

Probablemente, la dictadura franquista (1939-1975) sea el tema más tratado por los españoles en los últimos cuarenta y seis años.  Y lo seguirá siendo, creo, mientras no consigamos exorcizar el espíritu de una época que creó un abismo entre las dos Españas, una de las cuales ha de helarte el corazón, don Antonio Machado dixit.  Si asumes este verso, estás colocado en una de las orillas.  Y en una de ellas, quizá por convicción, quizá por casualidad o causalidad, Ciriaco Párraga y Amaya Hidalgo (nombre impostado no por razones del guion, sino de la persecución política con amenazas de torturas y muerte) se abren a la vida de nuevo, después de la Guerra Civil y la represión que les tocó, en Zaragoza.

Basada en hechos y personajes verídicos, Jorge Sanz Barajas, instigado por el olfato del periodista y escritor Antón Castro, se sumerge casi literalmente en la historia de amor y dolor de estos dos protagonistas: él, pintor especializado en retratos; ella, modista de buen estilo.  Unidos por ese azar que debemos llamar destino, escapados ambos de las vejaciones que los vencedores de la guerra aplicaron a quienes no les bailaban el agua según su ritmo, se instalan en la capital aragonesa con el miedo a las espaldas y todo un futuro por construir.

Bucea el autor con una observación proclive a los derrotados, pero siempre respetuosa con los hechos y personajes, por los primeros meses de la década de los 40, haciendo protagonista no sólo a los personajes sino a la Historia misma que comenzaba a marcar los años más duros vividos en la época contemporánea de España.  Con referencias a las tristemente famosas 13 rosas (13 jóvenes mujeres fusiladas el 5 de agosto de 1939 con una excusa inverosímil que escondía el deseo de instaurar el terror como forma de gobierno), inicio de la escapada de la “Tellito” (diminutivo del verdadero apellido de Amaya) desde Madrid a Zaragoza, y las innumerables cárceles que hacinaron a los vencidos y perseguidos, la de Bilbao, por ejemplo, desde donde llega Ciriaco, recomendado a un fotógrafo, Jalón Ángel, para ayudarle en su cometido como forma de ganarse la (nueva) vida...  Pero la buena relación de este fotógrafo con dirigentes del régimen y la fama que cobra Ciriaco como excelente retratista, coloca en una difícil tesitura al dueño de los pinceles: pintar unos retratos de Franco.

Y ese es el impacto psicológico que deja la huella para que el autor, más que en una biografía, abunde en miradas profundas a cada una de las heridas que se desprenden de esa infamante existencia a la que fueron sometidos quienes etiquetaron los franquistas como enemigos suyos, “rojos de mierda”.  Con excelente traza literaria, llena de frases y párrafos que se acercan a una prosa poética que logra encandilar, se van entretejiendo hechos reales y ficticios para atraparnos con la magia extendida de un escritor con oficio como Jorge Sanz Barajas.  Aunque amarra la historia con firmeza, aprovecha los resquicios argumentales para crear “Soy tan delgada como la tenue silueta de mi sombra”, “Amaya siente que está viva a contracorriente”, “...un rescoldo de vida aún turbia, los cuerpos encendidos de muerte fresca...”.

Y además de esas perlas salpicadas, terminaremos la novela con un buen conocimiento de las técnicas pictóricas y fotográficas, regalo provechoso que se agradece para ir encuadrando a los personajes que desfilan: el citado Jalón Ángel, el polifacético José Camón Aznar, Pilar Bayona, Federico Torralba, Antonio Mompeón Motos, Pepín Bello, Pilar Franco... y su hermano Paco, “culón, pequeñito y feo”.

Como una premonición de que finalmente todo pasa, o quizá como el refrán ‘no hay mal que cien años dure (cuarenta en este caso)’, la novela concluye en un momento propicio para la esperanza, un nacimiento, Gregorio, bautizado en la iglesia de San Miguel de los Navarros, donde sonaba “la campana de los perdidos” hacia los descampados del barrio de Montemolín, bajo la protección del arcángel Miguel pisoteando al demonio, representado por la cara del liberal Jerónimo Borao (qué anécdota tan ocurrente).

 “...los estorninos... danzan una música callada hecha de polvo, niebla, viento y sol...

—Nunca sabes adónde van o por qué giran de esa manera, pero saben que hay que acercarse a la tierra para tomar impulso.

—Son unos pájaros bastante feos.

—Quizá, pero cuando vuelan juntos, son hermosos.”

 

Parte 3, página 259

 

5 de noviembre de 2021

José Antonio Prades

Reseña de Un cuento para Petronila (Cris Bernadó)

Reseña de Un cuento para Petronila (Cris Bernadó)

ARAGÓN NACIENTE PARA SU PRIMERA REINA 

El subgénero novela histórica une dos términos que marcan un contenido especializado, a veces de trazo gordo para alguno de los dos.  Un cuento para Petronila, de Cris Bernadó, usa el nombre de la primera reina que tuvo la unificación del reino de Aragón con varios condados catalanes bajo un mismo gobierno monárquico que más adelante se dio por denominar Corona de Aragón.  Nos situamos en el Medievo, a lo largo del siglo y medio inicial de la llamada Baja Edad Media, cuando en el hoy territorio europeo salíamos del oscurantismo que siguió a la caída del Imperio Romano, 600 años nada menos.  En ese inicio, año 1035, por dar la fecha en que Ramiro I, considerado como primer rey aragonés, toma el liderazgo de tierras y gentes del condado de Aragón, agregándole los de Sobrarbe y Ribagorza por la muerte de su hermano Gonzalo sin herederos, podemos localizar el comienzo temporal de la novela de Cris Bernadó, aunque le dedica más atención a los hechos que suceden desde el reinado Sancho I (1063-1094), sucesor del anterior nombrado, en adelante (hasta 1157).  Es decir, la trama se desarrolla en los cien años anteriores a su reinado; el título precisamente hace referencia a la narración que Petronila pudo recibir como parte de su formación para vivir el difícil rol que el destino le puso por delante.  Petronila matrimonió con el conde de Barcelona, Ramón de Berenguer IV, intitulado por ello Príncipe de Aragón, de tal manera que se produjo esa unión territorial, expandida durante casi seis siglos (hasta la guerra de Sucesión finalizada en 1711) por el Este peninsular llegando más allá de la actual Grecia (esos dominios mediterráneos se repartieron entre las naciones que ayudaron a Felipe V de Borbón para ganarle el trono al archiduque Carlos).

La novela que nos ocupa es esencialmente una narración de intrigas palaciegas, disputas, guerras y conquistas en ese tiempo del Medievo, con el inusual hecho histórico en la Iberia del enfrentamiento entre cristianos y musulmanes en la llamada Reconquista.  Este argumento narrativo ha sido habitualmente protagonizado por hombres: los reyes, nobles y señores, dirigentes y dominantes de los territorios en aquella sociedad feudal.  En esta novela, siguen siendo los hombres los protagonistas oficiales de esas peripecias porque así se contó en los documentos y, probablemente, así fuera en realidad.  Además, Cris demuestra fidelidad a esa Historia para confirmar esa segunda pata del sintagma ‘novela histórica’.  Pero cuando entramos en la primera, los hombres se quedan en un segundo plano, y salen a cumplir un rol predominante las mujeres, en especial Sancha y Talesa, de existencia auténtica, y Orosia y Ava, de configuración ficticia, licencia que esa palabra de ‘novela’ concede a la autora para llenar huecos en la intrahistoria no contados en los oficialismos y que se nutren del imaginario de quien dibuja la narración.  Ahora bien, todos los personajes, incluso los supuestos antagonistas, incluso los hombres también, son tratados con un respeto máximo y delicado, estableciendo perfiles que responden, paralelamente, a investigaciones y apuntes creativos, tal cual hacen los buenos ejemplos del género.

Entrando en materia, recorremos desde una visión escrupulosamente femenina el crecimiento de los hombres que fueron llamados a protagonizar esa incipiente historia de Aragón, con sus avatares familiares, vividos como hijos, maridos y padres, y personales, más psicológicos, que siempre son mejor observados desde un balcón de mujeres, ya que saben encontrar con más profundidad las ternuras, los dolores y los amores, sin que por ello muestren ninguna de las protagonistas cobardía o distancia ante los duros hechos de gobierno o guerra que son contados en sus páginas.

Utiliza Cris Bernadó una estructura combinada de voces, principalmente de Talesa y Orosia, con una narración delicadamente omnisciente que muestra a los personajes sin dominarlos.  Talesa es sobrina carnal del rey Sancho Ramírez, y Orosia, su amiga, una dama de la Corte.  Sus puntos de vista detallados nos van relatando especialmente las intrigas de Sancha, viuda, también tía de Talesa por ser hermana del rey, que parece ser quien verdaderamente gobierna en el interior del reino, protegiendo los intereses familiares con uniones matrimoniales y ciertos actos nada glamurosos.  Acompañamos episodios de amor, maternidades truncadas y atenciones personales entre los protagonistas, que demuestran la sensibilidad de la autora para encontrar entre esos hechos bélicos y oscuros una muestra de que los seres humanos siempre somos regidos por las emociones y sentimientos hacia los allegados.

Demuestra la autora gran pericia en el manejo de los recursos narrativos que utiliza para dejar la huella que pretende: una visión diferente, propia, de un pedazo de la Historia de su tierra que ha sido contado muchas veces, pero nunca como ella nos lo presenta.

Las últimas cincuenta páginas, en voz de la entonces ya viuda Petronila, recluida en ese hoy idílico enclave gerundense de Besalú cuando su hijo Alfonso había tomado las riendas del reino, contienen una reflexión sentida y sutil  puesta en boca de aquella mujer que a los trece años se convirtió en una reina y se supo fiel cumplidora de su destino.

Noviembre de 2021

José Antonio Prades

Reseña de Ciudades dormidas (Amparo Sanz Abenia)

Reseña de Ciudades dormidas (Amparo Sanz Abenia)

Ciudades dormidas y una mujer poética

“Dentro del espíritu de nuestra poeta hay un silencio en llamas aislándola de las trampas del ruido.  Ella sabe muy bien que lejos de tráfago mundano se ponen en pie el misterio.”

—Ángel Guinda, en el prólogo a Ciudades dormidas

 

Qué delicado es equiparar la muerte a un sueño, un sueño plácido y eterno que se configura con los panteones, monumentos funerarios, nichos y losas, como ciudades dormidas, así emerge la metáfora que Amparo Sanz Abenia nos ofrece de los cementerios. Es reconfortante y tranquilizadora, circunda y sana temores, enciende esperanzas...

Es Amparo una mujer poética o, mejor dicho, un ser poético, que vive en la poesía como quien habita en un palacio o un castillo, entre esos poemas en lo que cada verso es como una ventana al sentimiento o a la comprensión del mundo, al descubrimiento de los arquetipos a través del verbo elevado, al aumento sutil de la vibración de las cosas con la declamación de las inspiraciones.  Bajando a la tierra, en la presidencia de su Asociación literaria, trabaja lo imposible para expandir la esencia de cada poema, alentando presentaciones de libros, recitales, creaciones conjuntas, viajes poéticos...  Cree ella, no sé si por razón o intuición, que la poesía hace mejor al mundo porque promueve personas libres, más sensibles, más conscientes. Me adhiero.

Regresando a las Ciudades dormidas, ahora como título de ese singular poemario que Amparo nos ofrece, con sus fotografías transidas de una naturaleza muerta que pretende envolver a los vivos, y no para llevárselos con ella, sino para darles vida, porque son naturaleza, como la Tierra, como la tierra, misma.

Pasea la autora por cinco cementerios, Torrero (Zaragoza), Salzburgo (Austria), Maguncia (Alemania) y Linz (Austria), todas ellas unidas por el reguero de grandes ríos: Ebro, Danubio y Rin, analogía imponente de los versos de Jorge Manrique:

 

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir:

...

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.

 

Además del proemio, van veintidós (número maestro) poemas de siete (número mágico) versos, cada cual con una dedicatoria, varias a sus familiares dormidos, y otras tan sentidas y profundas como ‘a los suicidas’ (Abismo, pág 37, ...En ascensión eres vapor de alma...), ‘a los ultrajados por el fanatismo’ (Holocausto, pág. 51, ...en este valle de lágrimas arden las guerras...), ‘a los que esperan en la otra orilla’ (Aleluya, pág. 57, ...brotan / en desordenadas sepulturas de aleluya... ).  Transitamos por la música de Mozart en Salzburgo, por el horror del Holocausto en Maguncia y por la cercanía de las almas propias en Torrero.

Mariana Enríquez, escritora argentina, en su libro Alguien camina sobre tu tumba, también como el de Amparo inspirado en sus visitas a los cementerios, dice que les ha dicho a sus amigos que arrojen sus cenizas sobre una tumba del elitista cementerio de La Recoleta, en pleno centro de la capital porteña.  Intuyo que lo pide para desquitarse de que la belleza funeraria de los suntuosos mausoleos sólo pueda ser de visión perpetua para una clase social, refiriéndose, quizá, a los últimos versos de aquella estrofa de Manrique.  Ciudades dormidas nos iguala en procedencia, en geografía, en alma y corazón.

Zaragoza, 31 de octubre de 2021

José Antonio Prades

Frases y párrafos seleccionados de Nada es como tu nombre

Frases y párrafos seleccionados de Nada es como tu nombre

  • Entonces la hice Cleopatra y comenzó a suicidarse poco a poco.
  • Solamente he tenido amantes imberbes.  Imberbes por inmaduros, locos de corazón, o ni siquiera locos, más bien idos o dominados por la turbia querencia de poseerme.
  • Tantos penes he tenido...  cientos, no llevo muescas como aquel Ricardo, pero supero las tres cifras en mi currículum libidinoso.  ¿Habré sido ninfómana?  ¿Lo soy todavía?  Confieso que renuncio al sexo, ya lo he agotado.  El horizonte de la ternura se ha quedado lejos, no lo he sabido alcanzar por los caminos de los besos obscenos, las pieles transpiradas, los jugos expandidos y orgasmos, orgasmos, orgasmos como alaridos de una entraña sangrante.  Penes, labios, nalgas, dedos, lenguas, flujo, saliva, semen y ellos, hombres sin nombre, rostros insulsos, siempre bellos, perfectos como yo porque mi artificio se anclaba en la búsqueda del alma gemela por la belleza, así me engañaba mi ego mientras mi alma quería llenarse de esencias equivocadas.  No existe el amor.  No existe.
  • Estaba vaciándose, arrojando sus deshechos envueltos en detritus emocionales de cada una de sus novelas anteriores, de cada uno de sus amantes utilizados, de cada uno de sus viajes interiores hacia la oscuridad. 
  • Las hechiceras del amor eterno no siempre son afables, aplican métodos que llegan a desanimar a los amantes, incluso a veces juegan con las debilidades del corazón para enseñar lecciones inesperadas.  ¡Qué crueles a veces!  Sus pócimas y encantamientos pueden atravesar la piel y alojarse en ese lugar donde no es posible alcanzar el discernimiento, y llegas a sentir dolor y pasión, tristeza y alborozo, pena y deleite, con segundos de pausa en el vacío.  Sortilegios, así es.
  • Esas hechiceras del amor eterno pueden llevarte hasta la sugestión.  Pueden hacerte pasar el dintel de la mentira, de la ofuscación o de la impostura.  Te creerás que es la verdad, que tus sentidos reciben aromas y sonidos que adornan tu camino.  Pero, ¿tienes la seguridad de que estás viviendo fuera de la cueva?  ¿No le dices a Platón que te lo explique?  Ellos dos han tardado miles de días, o de años, en darse cuenta de qué resorte les abre la puerta de esos espacios ocultos donde se acariciaban tal como soñaron en sueños de noches alegres.
  • La vida te oculta tantas cosas, nos llenamos de esas corazas porque no entendemos que el daño, si lo acaricias y lo comprendes, no regresa.  Pero ¿quién es capaz de amar el dolor para que se diluya y desaparezca?
  • Mi padre es valiente y silencioso; dicen que me parezco a él, pero no creo que precisamente lo sea por estos rasgos.  Mi padre también cree en la magia, de lo que me he enterado hace poco y ese descubrimiento me lleva a escribir estas páginas.  Mi padre merodea ahora por la antesala del limbo, esperando a la muerte, como si ya supiera el momento de la cita en el que ascienda, exento de equipaje y libre de pecados, al lugar que me ha descrito tan lúcidamente.
  • Mi madre se ancló en mi memoria amorosamente, como una mujer de muy pocas palabras, de muy pocas caricias y de un enorme cuidado con todos los seres de su alrededor.
  • Los dolores emocionales se hacen quistes en la transmisión de las sensaciones.  Colocarte frente al espejo puede provocar una catarsis, no cuando valoras tu peinado, tu piel o tu ropa, sino cuando allí detrás del cristal empiezas a buscar tu alma, y cuando la encuentras, para ver cómo está, y cuando te entiendes, para intuir su esencia. 
  • A los dieciséis años, en aquella sociedad cerrada, oscura, repleta de símbolos militares que te marcaban disciplinas y adhesiones forzadas, te queda poco espacio para sentir y pensar.  Es su estrategia para mantenerte el espíritu encarcelado, al que no logran dominar porque sólo pueden esclavizar la mente.
  • Y me siento como una piedra rota que busca el corazón entre sus despojos, que no son sino otras piedras de las que nacerán otras piedras hasta que seamos capaces de entender que todo es dolor, y piedra, y frío, porque no hemos sabido encontrar el amor. ¿Cómo puedo llegar allí?
  • ¡Mi piel se hará de llagas, se deshará en polvo enamorado para suplicarte.   El dolor es la muerte, me corroe hasta diluirme y me salva el recuerdo de tus besos o de un simple aleteo de tus cabellos.
  • El enamoramiento, así vivido, es el ingrediente de felicidad más intensa que puede disfrutar un ser humano.
  • Somos entes en busca del amor. Y de ahí ese errar a ciegas para encontrar a quien nos proporcione el hallazgo, a veces encontronazo.
  • Por eso también se sufre en el enamoramiento.  ¡Y cómo se sufre!  Sobre todo cuando aún no has alcanzado la comprensión de que tu enamorado no está solamente para llenarte de idilio y asentimiento, sino para compartir ensayos que vivimos con dolor y rendir así el examen que nos habíamos impuesto.
  • Me lo quiero contar a mí misma.  Quiero ese recorrido de memoria por mi médula.  Revivir los pasajes conscientemente desde el amor y el aprendizaje antes que por el miedo y el padecimiento.  Y no reniego de ellos.  
  • En el mundo físico, tu fortaleza mental era capaz de sobreponerse a las emociones y sabías desplegar tu ternura innata para acogerme, pero esa incomprensión que no me permitía mirar a la muerte a la cara era tu espejo para reflejar el apagón espiritual en el que aún andaba tu alma y, en cambio, mi luz en el otro plano me permitía acompañarte en esa desorientación.  Fuimos faro el uno del otro para acompañarnos en la ruta que habíamos pactado.