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Sobre Armugán, el último acabador, de Jo Sol

Sobre Armugán, el último acabador, de Jo Sol

Si quieres ver una película diferente, busca Armugán, el último acabador, rodada en Aragón con participación aragonesa, dirigida por Jo Sol.

Amor y muerte.

Casi sin diálogo, sin apenas acción, sin color (rodada en blanco y negro), repleta de grises y primeros planos, paisajes rudos que se adivinan preciosos... y personajes difíciles, que transmiten en silencio secuencias amargas que no traen amargura. 

Simbólica, poética desde los dos temas citados, con reminiscencias a Buñuel y Sender, incluso a Rulfo, y hasta me atrevo a nombrar a Dreyer y siendo valiente, a Truffaut. 

Quizá aún esté pegado a la butaca y no sea objetivo. Compruébalo, por favor, y me lo cuentas. 

El acabador es un acompañante del tránsito a la muerte, con un cuerpo deformado y movilidad reducida que acude a sus citas a corderetas (permíteme el término aragonés) de un hombre que se ha escapado al Pirineo huyendo de una unidad de cuidados paliativos. Viven en una cabaña de lajas en un monte próximo a un pueblo abandonado... un pantano casi seco... naturaleza en bruto, plantas, barro, agua...

Lo dicho: una película, diferente,  especial... y más en esta época, y no por el covid.

Sobre Antes del atardecer, de Richard Linklater

Sobre Antes del atardecer, de Richard Linklater

En esta tarde de inefable bochorno, al abrigo del aire acondicionado (permíteme estas licencias literarias), comienzo a disfrutar de la película Antes del atardecer, la segunda de esa trilogía de encantamientos que nos regaló Richard Linklater. Es la quinta vez.

Te explico por qué la veo y reveo tanto, y así aprovecho para anticiparte una bonita noticia, al menos para mí. En la primera de la serie, Antes del amanecer, dos muchachos, del género chico y del género chica, se conocen y pasan juntos toda la noche en un vaivén maravilloso de diálogos, miradas y sonrisas. En la segunda citada, se reencuentran diez años después, cuando el chico va a París a presentar una novela en la que ha contado aquello que pasó aquella noche. Y para cerrar la corta reseña, en la tercera película, están casados y con hijos otros tantos años después. Disculpad si hay espoiler, pero no es precisamente la trama lo importante de la trilogía.

¿Y por qué pongo la segunda? Casi es obvio, por lo de la novela, porque además está teniendo éxito... Y también por esa noticia. Estoy revisando por enésima vez Nadine, l'amour, una novela muy especial para mí, comenzada a escribir en 2004 en un mano a mano epistolar con una amiga, en la que contamos, con toques autobiográficos, una profunda historia sentimental, a lo largo de cuarenta años, de dos seres sensibles que se separan y se reencuentran tantas veces como los personajes de la trilogía.

Tengo la imagen en pausa justo cuando por ¿casualidad? se reencuentran.

Nadine, I'amour estará publicada al año que viene, el de los tres doses.

Nota: hay publicada posteriormente (2025) una versión revisada de esta novela, titulada La princesa de Viola

Sobre Titane, de Julia Ducournau

Sobre Titane, de Julia Ducournau

Titane es una película diferente, arriesgada y victoriosa (creo).

Quizá en un taller de guion, clase de creatividad, nunca le hayan dado a los alumnos un implante de titanio, asesinatos en serie, sexo lésbico, baile, un cuerpo de bomberos, una suplantación de personalidad y un parto casi esotérico. De todo y algo más, se nutre la directora para crear una historia que puede parecer ridícula, pero no; patética, pero no; fantástica, pero no (un poco sí,  con pincelada biónica de ciencia ficción).

Discurre por caminos resbaladizos y siempre termina de pie, con excelente caracterización de la protagonista, gran acompañamiento musical, a veces tan extraño como el guion, y muy buenas interpretaciones.

Tiene secuencias duras, algunas tarantinescas, no son para estómagos sensibles (mucho cuidado). Y se desliza por el desarraigo adolescente, la negación de la pérdida de un hijo, la búsqueda del amor paterno-filial y la generación de vida a través de la muerte.

Nada convencional, muy bien construida, ha ganado la Palma de Oro en Cannes. Merecida.

Digna de ver. No es de un gusto clásico ni fácil.

Sobre Maixabel, de Icíar Bollaín

Sobre Maixabel, de Icíar Bollaín

Maixabel es una película escalofriante, en especial para quien ha vivido en la época que narra y se revolvió con cada atentado de ETA. Desempolva recuerdos que se van quedando escondidos en esa historia que, traicioneramente, tantos, y tantas, quieren reescribir. Menos mal que nos quedan personas como Bollaín, o Aramburu, que mantienen esa historia en la superficie del tiempo. Para que no se olvide... ni se repita.

Me ha recordado a Missing, de Costa Gravas, con el mejor Jack Lemon y el imponente Vangelis, o a las argentinas La historia oficial o Kamchatka. Estremece.

Bollaín nos cuenta en un tono austero el episodio esporádico de petición individual de perdón de asesinos de ETA a algunas víctimas, en este caso la viuda de Juan Mari Jáuregui, tiroteado por la banda en el año 2000.

Excelentes las interpretaciones de Blanca Portillo, Luis Tosar y Maria Cerezuela. Fría adrede la puesta escena, mínima la música, y entre líneas (o entre secuencias) el terrorífico currículum de la organización independentista ETA.

Sólo por tres secuencias merecen acompañarse los 115 minutos: dos entrevistas y un homenaje.

Silencios que hablan, diálogos que conmueven, duros recuerdos que se evocan con elipsis o leves referencias que remueven las tripas y el corazón. Y sin estridencias,  con el punto de vista de los inocentes, sin equidistancia, entrando en entrañas de seres humanos de uno y otro lado, seres humanos todos al fin y al cabo.

Sobre Lunana: un yak en la escuela, de Pawo Choyning Dorji

Sobre Lunana: un yak en la escuela, de Pawo Choyning Dorji

Bután, en la esquina oriental del Himalaya, tiene unos pocos habitantes más que Zaragoza ciudad. Su capital, más o menos como el barrio de las Delicias, y Lunana, como Puertomingalvo, aunque a 5000 metros de altitud.

Alguien lo llamaría el Bután vaciado... y nada que ver, ni siquiera con Teruel o Cuenca o Palencia.

Lunana es una película con encanto, con un guion tierno y emocionante que coloca a la educación, a la unión con la naturaleza, al deseo de servicio con amor, a un nivel cinematográfico por encima de la violencia, el sexo, la ciencia ficción e incluso la magia.

Desvela brutalmente la diferencia entre Oriente y Occidente, pero también nos informa de que el amor por el ser humano nace y se desarrolla por igual proceso en el entorno de cualquier comunidad.

Son 110 minutos para ir pegándote más y más a la butaca con ligeras, inteligentes y profundas muestras de ternura.

Fue candidata al Óscar a la mejor película extranjera. No lo consiguió.

No te la pierdas. Es otro cine.

Sobre La virgen roja, de Paula Ortiz

Sobre La virgen roja, de Paula Ortiz

Los diez últimos minutos valen por toda la película. Brillantes y vibrantes. Una excelente canción como banda sonora.

También brilla la producción, la técnica, esos planos, esa luz, y el mensaje de la historia, con los matices que quiere destacar: el autoritarismo y el dogmatismo no están justificados aunque el objetivo sea loable.

Me ha desconcertado un inicio flojo en lo narrativo, demasiado rápido, justo le falta el poso que la directora ha destacado en sus otras películas, el resto hasta ese final se compone de secuencias unidas con cierta desarmonía. No es para mí lo mejor de la directora.

Muy buena interpretación de Pepe Viyuela. Namja no entra a fondo en su papel, tiene momentos brillantes, pero no me ha convencido, quizá porque llego contaminado de Amparo Soler Leal. Alba, la protagonista, aún novel, promete a ratos, sobre todo en su último monólogo.

En resumen, notable.

Sobre La habitación de al lado, de Pedro Almodóvar

Sobre La habitación de al lado, de Pedro Almodóvar

Tiene secuencias brillantes, una gran interpretación, sobre todo la de Tylda Swinton, de premio, y una excelente banda sonora.

Introduce otras secuencias banales que sobran, como una relación gay entre religiosos y las de Turturro, hay monólogos impecables junto con diálogos discursivos que dan un tono artificial a la trama.

Buenas tomas de Nueva York.

El final merecía más metraje.

En resumen, muy irregular, aunque mejor que sus madres paralelas o sus amantes pasajeros.

Sobre Madres paralelas, de Pedro Almodóvar

Sobre Madres paralelas, de Pedro Almodóvar

Madres paralelas es una película irregular y valiente. No es el mejor Almodóvar ni la mejor Penélope, aunque brillan a golpes intermitentes secundados por una Aitana Sánchez-Gijón con su perfil más teatral que cinematográfico,  aquí quizá justificado por su personaje.

Milena Smit está brillante.

Me ha dado la sensación de que ha habido prisa en esta película, como si el director no haya prestado la atención requerida para hacer una película redonda. Hay momentos que rechinan, que parecen impostados tanto en el guion como en la interpretación,  incluso en el montaje. No mantiene el ritmo y las implicaciones en los personajes de Israel, flojo, y Pe, entre notable y aprobadillo raspado según secuencias, van y vienen en credibilidad dudosa. Es también oportunista, u oportuna en razón de quien valore las referencias del guion a la diversidad sexual o a la memoria histórica. Me empezó a interesar a la mitad, y a emocionar, unos diez minutos después. Creo que hay demasiados temas y tocados de una forma superficial que los deja cojos. Podría decirse que la obra comenzó con ambición y terminó con desidia.

Reitero mi admiración por Milena Smit, que quizá debió haber estado mejor dirigida, siendo ésta  la mayor habilidad del manchego. Excelente Julieta Serrano en una breve y emotiva participación. Llena la pantalla Rossy de Palma en varias secuencias. En conclusión,  el valor temático se atenúa por esa dispersión de calidad entre diferentes partes, lo que no resta méritos a una obra de autor, pero que no aumentará su currículum. Atención a la última toma, unos tres segundos cenitales con breve zoom. Llamativa.