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29º Bocadito - Luis Buñuel: el cine es un sueño dirigido

29º Bocadito - Luis Buñuel: el cine es un sueño dirigido

En este día que brilla en el calendario más que la luna llena hablaremos de Luis Buñuel, de la mano de Vicky Calavia.

 El cine es un sueño dirigido. Esta frase tan visionaria como cierta es del director turolense don Luis Buñuel, nacido en Calanda con el siglo XX, un 22 de febrero de 1900, y que desarrolló su obra entre España, México y Francia.

Alabado y admirado a partes iguales por directores de la talla de Woody Allen o David Lynch, Buñuel es el maestro de los mundos oníricos, el mago de los sueños hechos cine, el demiurgo de las fantasías del inconsciente humano plasmadas en un haz de luz y de misterio.

Para Buñuel el cine es también un instrumento de poesía, una alternativa moral, un medio de expresión de los sueños y de sus códigos éticos.

Obsesionado y fascinado por la muerte, la religión y sus restricciones, la noción de erotismo unida indisolublemente al pecado, el fetichismo de los pies femeninos, la frustración de los deseos, los celos, el universo filosófico y moral de Sale, el comportamiento de los insectos, los celos elevados a psicosis, sus amigos surrealistas, el dadaísmo, Ramón Gómez de la Serna, el anticlericalismo, la libertad y el azar, la fe y la duda…

De costumbres monacales, don Luis es también un puritano, a quien le horroriza mostrar sexo explícito en sus películas y le produce un profundo asco ver un beso apasionado en la pantalla; un “macho español”, amante del vino y de las largas tertulias, rodeado siempre de sus amigos, mientras Jeanne, su mujer, come sola en la cocina sin piano…

Sin embargo Buñuel siente el amor como la mayor fuerza creativa y destructiva del hombre, ante la imposibilidad del auténtico sentimiento amoroso, inalcanzable, sólo plasmado en ese amor fou que lleva a la muerte o al suicidio…

Su legendaria sordera es su arma personal para aislarse del mundo cuando prefiere no saber, o hacer oídos sordos a comentarios desafortunados de periodistas y colegas, a quienes gasta bromas marca de la casa, quizás para evadirse de la monotonía y la zafiedad que a veces nos rodea. Es lo irracional e inesperado irrumpiendo en la vida cotidiana, bienpensante y burguesa, poniendo todo patas arriba y en tela de juicio nuestras costumbres sociales, políticas, religiosas, familiares y morales.

Trabajador incansable, llega a realizar a ritmo frenético hasta tres películas al año, abarcando una filmografía entre 1929 y 1977 de 33 títulos. Todos ellos en colaboración con grandes figuras de la historia del cine, desde el productor Gustavo Alatriste, el director de fotografia Gabriel Figueroa, las actrices Silvia Pinal, Caterine Deneuve o Jeanne Moureau, los actores Paco Rabal o Fernando Rey, los guionistas Julio Alejandro y Jean Claude Carriere... hasta amigos anarquistas y productores ocasionales como Ramón Acín…

Si me dijeran: te quedan veinte años de vida, ¿qué te gustaría hacer durante las veinticuatro horas de cada uno de los días que vas a vivir?, yo respondería: dadme dos horas de vida activa y veinte horas de sueños, con la condición de que luego pueda recordarlos.

El 29 de julio de 1983 fallece Luis Buñuel Portolés en Ciudad de México. Su último suspiro es una confesión al oído a Jeanne: Ahora sí que muero.

Simón en el desierto predica mientras una devota Viridiana reza subida al cielo, donde la espera Nazarín, que camina hacia abismos de pasión con la mutilada Tristana, acompañados por un perro andaluz, de edad de oro. En el gran casino el gran calavera confiesa que Susana es la hija del engaño, una mujer sin amor que ilusionada viaja en tranvía hacia Las hurdes, esa tierra sin pan, donde los olvidados del mundo ensayan un crimen de muerte en el jardín. La joven ungida por el angel exterminador se adentra en la via láctea al caer la aurora, soñada por Robinson Crusoe y leída por Belle de jour en el diario de una camarera, con ese aroma inconfundible del discreto encanto de la burguesía. La libertad es un fantasma, un oscuro objeto del deseo... ese deseo, Él, siempre el deseo…

Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine Un perro andaluz y la colaboración de la tertulia Habladores de cine.

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

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28º Bocadito - El culto a lo vacío / El retrato de Dorian Grey

28º Bocadito - El culto a lo vacío / El retrato de Dorian Grey

En este día que brilla en el calendario más que la constelación de Orion, de la mano de nuestro buen amigo Alfredo Moreno, hablaremos de la película El retrato de Dorian Gray, del director Albert Lewin, que realizó solamente dos películas, ambas sobresalientes.   La otra es Pandora y el holandés errante, comentada en un bocadito anterior. 

Albert Lewin escribió y realizó en 1945 la que, hasta la fecha, es la mejor adaptación de la inmortal novela de Oscar Wilde. Se ha dicho a menudo que se limita a copiar fielmente los diálogos de la novela y a mutilar diversos fragmentos y reflexiones. Injusta valoración propia de quien critica el cine según un modelo meramente literario y no cinematográfico, por no mencionar el hecho de que sería estúpido pretender adaptar la obra, como han hecho todas y cada una de las versiones posteriores, sin incluir las magistrales conversaciones que escribió Wilde, en las cuales reposa la mayor parte de la carga filosófica, moral e intelectual de una obra maestra de la literatura.

La historia es bien conocida: Dorian Gray (interpretado por Hurd Hatfield) es un elegante y sofisticado joven de la alta sociedad londinense cuya belleza angelical no pasa desapercibida para las mujeres y cuya fortuna permite que su futuro matrimonial sea objeto de interminables polémicas en los salones de té de las damas de la aristocracia. Esa belleza no le pasa inadvertida a Basil Hallward, un pintor en horas bajas que descubre en el rostro de Dorian el vehículo para la realización de un retrato perfecto. Dorian, complacido en su vanidad, accederá a ello y acudirá con frecuencia al estudio del pintor, donde conocerá a un cínico y sarcástico lord llamado Henry Wotton (interpretado por un impecable, absorbente, magnético George Sanders), que se ve inmediatamente atraído por la personalidad de Gray y por el efecto que una belleza tan perfecta ejerce en él mismo y a su alrededor. La amistad (o mejor dicho, dependencia) que surge entre ambos les lleva a compartir innumerables veladas.  La vanidad de Dorian, su propia frustración al comprender que su éxito social se debe a su belleza y no a quien realmente es él bajo la capa de piel que lo cubre, le hará formular en voz alta el deseo de permanecer siempre hermoso, pacto implícito con el diablo que se cumplirá y que hará que durante más de veinte años sea el retrato de Basil, y no él, quien sufra las consecuencias del paso del tiempo, pero también de la decadencia moral en que se sumirá el propio Dorian en su lucha por conservar a la fuerza los efectos de una belleza que no era tan exterior.

La relación entre ambos, esa homosexualidad latente con tendencia a la dominación, sirve para la introducción de todas esas píldoras de sabiduría de las que la novela es una interminable fuente de la que extraer aforismos. Experiencia es la palabra con la que llamamos al conjunto de nuestras equivocaciones.  En especial, el personaje de George Sanders es un continuo altavoz de genialidad del que a cada momento emanan axiomas metafísicos y existenciales.  Lord Henry, cual Pepito Grillo del averno, es la voz de la conciencia del propio Dorian que lo inclina al mal camino de la explotación sin límites de su narcisismo, y a la persecución continua de una acumulación de satisfacciones con la belleza exterior como única raíz.

Así, Wilde nos habla de la perversión del culto a la belleza como único ingrediente de la vida o del arte… de la belleza o más bien de la superficialidad.  Critica la vanidad y la autocomplaciencia, no ya de quienes son tan débiles de dejarse arrastrar por tales valores, sino de quienes dejamos que sean los que gobiernan una sociedad corrupta y podrida donde se exalta lo vulgar, lo feo y lo vacío, que Lewin traslada acertadamente con esa atmósfera entre gótica y onírica que salpica toda la película y que está emparentada con los ambientes de horror de los cuentos de Edgar Allan Poe.

En particular, la habilidad de Lewin para la utilización de los escenarios como acertado complemento del retrato interior de cada personaje resulta notable, así como la pormenorización en determinados objetos que sirven para marcar pautas narrativas, ya sea, por ejemplo, el propio retrato, en el que, sobre todo al principio, se sugieren las primeras mutaciones en su constitución moral con la utilización de distintos ángulos de cámara, como en el uso del color y su contraposición al blanco y negro predominante en la cinta, o esa estatuilla de un ídolo egipcio cuyo plano de detalle aparece siempre que se invoca el pacto diabólico que Gray ha urdido con la providencia y el paso del tiempo.

La recreación de la atmósfera y de la tensión narrativa nos hace pasar sucesivamente del terreno del drama de época al suspense criminal y de ahí al cuento de terror gótico precursor de otras cinematografías más recientes, al mismo tiempo que en esencia conserva los parámetros críticos que Wilde plantea en su novela, su agudo retrato de las debilidades del ser humano, de sus ambiciones, anhelos e imperfecciones, de su moral a la carta, todo adornado con un ingenio que inquieta a la vez que hace sonreír tanto por el poder y la fuerza irreprochable de sus argumentos como por la sutil ironía que suele acompañarlos, una vez más, gracias a la magnífica interpretación de Sanders, muy por encima en su papel de cualquier otro actor de la cinta.

Una magnífica película, estupenda adaptación de una todavía mejor novela, imprescindibles ambas para mirarnos al interior de nosotros mismos y reflexionar acerca de conceptos tan vigentes hoy en día como la hipocresía, la moral colectiva, los valores y costumbres inducidos a través de la llamada “aceptación social” y la superficialidad utilizada como anestesia a través de la cual confundir la falta de reflexión, de duda, de pensamiento, con la ansiada felicidad.

Bocaditos de cine recomienda el blog de Alfredo Moreno 39escalones.

Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine Un perro andaluz y la colaboración de la tertulia Habladores de cine.

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

27º Bocadito - BLADE RUNNER, el replicante rebelado

27º Bocadito - BLADE RUNNER, el replicante rebelado

En este día que brilla en el calendario tanto como Marilyn Monroe, nos iremos con Alfredo Moreno al año 2019 para encontrarnos con Ridley Scott y Harrison Ford en un mundo delirante con Blade Runner.

En 1968 el reputado autor de novelas de ciencia ficción, Philip K. Dick publicó ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Catorce años después apareció una mente cinematográfica y un bolsillo con 28 millones de dólares para adaptar a la pantalla esa obra, si bien la acción en la película no se situó en 1992 como en la novela, sino en 2019, como quien dice, pasado mañana. El resultado fue una de las obras maestras, quizá la mayor, del género de la ciencia ficción.

En una futurista Los Ángeles, habitada en su mayoría por asiáticos, repleta de publicidad electrónica (verdadera publicidad, pues fue incluida en la película para financiar en parte los enormes costes) y donde no se ve ya la luz natural del día a causa de la extrema polución y la contaminación lumínica, la empresa Tyrrel Co. ha desarrollado una nueva especie de androides, llamados replicantes, la más perfecta ideada hasta entonces. Sus prestaciones son magníficas, resultan absolutamente humanos en todas sus acciones y formas de razonar. Para prever errores y sobresaltos ante posibles ansias de autonomía de estas máquinas, el fabricante les ha instalado una vida máxima de cuatro años. Sin embargo, este robot ha alcanzado tal grado de perfección que muchos expertos consideran que su cerebro artificial es tan exacto al humano que las máquinas son capaces de elaborar sus propias respuestas emocionales.

Un grupo de seis replicantes se fuga de una colonia especial y creen que han vuelto a la Tierra.  Deckard es un antiguo policía de una brigada destinada a la eliminación de los replicantes que cometían actos no programados por errores de funcionamiento.  El nombre de esta brigada es el título de la película: Blade Runners. Sus jefes lo reclaman para capturar a los fugados.

El dilema de Deckard por eliminar a unos androides con emociones y sentimientos plenamente humanos y que luchan por su supervivencia es la premisa del drama de la película.

Abundan los libros y artículos dedicados al turbulento rodaje de esta gran obra, a las malas relaciones de Harrison Ford y la insípida Sean Young (de hecho, en la escena de amor entre ambos, el forcejeo entre ellos es auténtico, real, no fingido), las protestas de los técnicos por el agotador ritmo de trabajo, o la falta de química entre el director y el propio Harrison Ford. Ello, unido al fracaso económico del estreno y al desconcierto que causó en la crítica, hizo crecer la rumorología y la mitomanía acerca de esta película, que pasó a engrosar las filas de las llamadas películas malditas. Sólo para un reducido grupo de críticos y aún más reducido grupo de espectadores la película era valorada en su justa medida, pero la aparición en 1992 de un nuevo montaje dirigido por Ridley Scott, en el que se añaden algunas escenas, se completan explicaciones y se da una nueva versión del final, colocaron por fin a la película en el lugar que le corresponde en la cinematografía mundial.

Como mayor virtud de la cinta podemos destacar el formidable diseño de producción para ofrecernos una ciudad futura completamente desolada, iluminada artificialmente, repleta de gases, vapores, atestada de gente y sumida en la lluvia ácida. La riqueza de la simbología de la película ha dado pie a multitud de literatura, incluso más que sobre los pormenores del rodaje. Para muchos se trata de una película que habla de la religión, ocupando Tyrrell el lugar de Dios, que crea las máquinas a su imagen y semejanza humanas, con una vida limitada, un valle de lágrimas como el anunciado por los monjes medievales, y con un contador temporal limitado, mientras a lo largo de esa vida limitada él observa desde su promontorio tecnológico el discurrir de sus tristes e insignificantes vidas.

Igualmente, la película tiene la virtud de aunar sin que chirríen dos géneros en apariencia incompatibles, el cine negro y la ciencia ficción, creando un efecto sensacional. Ford se quejó de su mera presencia como monigote en los magníficos decorados de Scott, y su desconcierto, tampoco fingido sino real al no entender cómo y dónde debía moverse en cada escena, le confieren un matiz de desorientación y presencia atormentada a su personaje difícilmente conferibles de otro modo.

Varios cabos sueltos del guión contribuyen a acrecentar el tema de la película: el verdadero sentido de la vida, el por qué: ¿cuál es nuestra naturaleza? ¿por qué y para qué estamos aquí? ¿por qué tenemos que morir? ¿por qué hemos nacido? ¿cuál es nuestra función en el paso por la vida? Aparecen la ciencia ficción y unas máquinas para plantear cuestiones existenciales que son profundamente humanas, a las que se ha intentado dar respuesta con la ciencia, la filosofía y sobre todo a través de la religión, y que a día de hoy, siguen suponiendo una frustración imposible de solventar,

Una explicación al éxito en vídeo y DVD es que la cantidad y calidad de las imágenes que ofrece la película es tanta que muy pocos suelen conformarse con verla sólo una vez.  Rodada en decorados humedecidos por la lluvia y la neblina que caracterizan esta película en la que apenas se ve el sol, “Blade Runner” unió el alma caótica de Nueva York, Londres, Bangkok y Hong Kong en un diseño visual mil y una veces imitado desde entonces y bautizado como ciberpunk, mezcla de tecnología y marginalidad existencialista.

La película es una experiencia visual sensacional, pero también musical. A destacar la hermosa música del compositor griego Vangelis. Al final de la película se solapan el tema de amor que sirve de motivo a lo largo de toda la cinta y la famosa sintonía de un programa de documentales de La 2.

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Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine Un perro andaluz y la colaboración de la tertulia Habladores de cine.

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

 

Reseña de El refugio de las golondrinas, de Paula Figols

Reseña de El refugio de las golondrinas, de Paula Figols

El refugio de las golondrinas, de Paula Figols

Ediciones Anorak (2014 y 2017)

210 páginas

Uno de los libros que he leído últimamente y que más me ha envuelto en esa burbuja mágica de la buena literatura es ‘El refugio de las golondrinas’, de Paula Figols, periodista zaragozana, editado por Anorak en 2014 y del que aparece una segunda edición.

Es una novela delicada, dulce, salpicada de matices que he apreciado con profundidad porque el conocimiento del entorno, la plaza de San Felipe en Zaragoza, me ha llevado a imaginar con solidez en los recuerdos.  En sus descripciones he revivido establecimientos como los que describe, y he vivido su desaparición tal como la describe.  También he coincidido en esos gustos de los protagonistas que aparecen a modo de mies en el campo: por ejemplo, la primera novela de Benedetti que leí fue ‘Primavera con esquinas rotas’, y también considero ‘La tregua’ como la más tierna historia de amor jamás contada.  Fui lector de Los Cinco, aunque me gustaban más los Siete Secretos y Los Cinco Pesquisidores de la misma autora.  Soy adicto a Casablanca, la película (‘Siempre nos quedará París’), volé con Atreyu (’La historia interminable’) y estoy enamorado de esa plaza de San Felipe (me casé en su iglesia), voy a menudo por la Hipólita, qué ricas tartas, y quise ser ese muchacho que mira al infinito sentado en el suelo. Ah, tengo como referencia de personaje a miss Lunatic (que ‘actúa’ en Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite) para incluirla en mi proxima novela.

Llegué a esa novela a través de Inma Ceamanos, la bibliotecaria de Alfamén, quien me prestó el libro tras una tertulia especial, con cierto privilegio porque no tuve que rellenar la ficha obligada y no me dio plazo de devolución.  Me lo recomendó fervientemente, recordando otra tertulia que hizo por allí la autora. 

He disfrutado del encantamiento de la obra por varias causas, algunas mágicas, pero sobre todo porque me subyugó la voz narradora.  En realidas, son varios personajes los que cuentan, y se dan el testigo para cada capítulo... pero la voz es la misma, tan sugerente con ese cándido deambular por las historias.  Tiene un poso nostálgico y, como alguien puso en su blog, quizá podría haberse cambiado el final... pero no, cada cosa termina como termina, y no añado más para no destripar los cierres (me niego a escribir el palabrejo inglés de moda).

La plaza de San Felipe se quedó con ese chico con gorra, de tacto frío y mirada ausente, con la veleta oscura allá arriba, mientras cerraba el libro y lo acariciaba contra mi pecho, queriendo que su aura se uniera con la mía para sentir juntos el universo que habíamos creado en estos meses.  Éste es mi termómetro para calibrar la buena literatura.

 

El sentido común de los recursos humanos

El sentido común de los recursos humanos

Seguro que usted pertenece o ha pertenecido a un grupo o equipo del que, con su actuación, se espera obtener un resultado tangible.  ¿Se ha preguntado alguna vez si ese resultado habría sido mejor, peor, o simplemente distinto, si hubiera estado dirigido de otra manera?

Los métodos de motivación para implicar a las personas en una tarea han evolucionado a lo largo de los tiempos en función del avance de cada sociedad.  Desde el esclavismo hasta las teorías actuales sobre la gestión del talento, hemos pasado por muchas prácticas encaminadas a conseguir de las personas su mayor aportación.

Hoy, para quien pertenezca a una organización empresarial, la principal referencia sobre su contrato laboral, que es la fijación del entorno jurídico donde implícitamente se aloja su motivación, aparece en las Jefaturas de Personal, en algunos casos llamadas Direcciones de Relaciones Laborales, o de Relaciones Industriales, o de Recursos Humanos.

Desde la década de los 50, como consecuencia de prácticas desarrolladas en la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente con desarrollos de la psicosociología industrial, comenzó a estudiarse la motivación en el trabajo como una cuasidisciplina independiente, con tratamientos y análisis que llenarían varios metros de librerías.

¿Está usted motivado en su trabajo?  Si ahora pudiera escuchar su respuesta, seguiría preguntándoles ¿por qué?  Sé que recibiría respuestas dispares, porque cada persona tiene objetivos diferentes.  En la mayoría de los casos, las razones no responden al contrato legal que le une a la organización.  Permítame encuadrarlas en el contrato psicológico, que viene a significar el pacto tácito que cada persona realiza con su empresa (sea representada por la Dirección, por el Jefe de Personal o por cada Jefe) sobre lo que esperan obtener el uno del otro de la implicación individual en el proyecto.

Casi todo el mundo trabaja para sobrevivir.  Esencialmente, la motivación para trabajar es la recompensa económica por estar disponible unas horas al día ante el empleador.  Esa disponibilidad es administrada por el empresario o sus representantes para conseguir un resultado… pero ¿pensando sólo en la nómina de fin de mes puede conseguirse el mejor resultado?  Claro que no.

Volvamos al contrato psicológico.  Puesto que cada persona es un ser social, al incluir sus objetivos en un grupo, busca metas de socialización: sentir la propia valía, pertenecer a un equipo triunfador, realizar mayor aportación…  En la medida en que esos objetivos sean cumplidos, la identificación con el grupo y con sus resultados crece y, con ella, el deseo de trabajar para él.  Cuanto mayor sea el cumplimiento del contrato psicológico, mayor satisfacción y mayor productividad.

Tradicionalmente, las empresas han basado sus políticas para las personas en normas y procedimientos cuya lectura subliminal trasluce la mayor probabilidad de que casi nadie quiere trabajar, o que quien quiere hacerlo sólo desea ganar más.  Por lo tanto, es necesario asustar con el posible castigo.  Así sería lo explícito, pero lo implícito también existe…  Seguro que cada uno sabe cómo debe comportarse para caer bien a quien decide sobre él, ya sea para que no le despidan, que le renueven el contrato, para promocionarlo, para encomendarle un trabajo más cómodo o para darle un bonito lugar con vistas al parque. 

Estamos en un período de cambio, donde las nuevas generaciones han crecido en un entorno social cada vez más distinto.  Centrándonos en nuestro país, los actuales dirigentes de empresa crecieron en entorno autoritarios, donde la disciplina, el silencio y la sumisión eran los valores implícitos imperantes.  Pero los nuevos actores del mercado de trabajo han crecido en la libertad, la protesta y la autonomía.  Ahora, los primeros haces de jefes… los segundos, de subordinados.  Me pregunto: ¿es posible entenderse entre un elefante y un tigre?

Son necesarias nuevas prácticas para los nuevos tiempos.  Cada vez más, los jóvenes prometedores tendrán más posibilidades de elegir a qué organización quieres pertenecer según les satisfagan las cláusulas del contrato psicológico.  Y ¿quién no quiere tener a los mejores en su equipo?  Entonces, quien quiera ser empresa puntera (o quizá quien sólo quiera sobrevivir) deberá proponer cláusulas que se ajusten a los valores de esta generación que no tiene miedo a la inseguridad laboral, que quiere autonomía y no un jefe pesado, que espera aprender y crecer… además de conjugarlo con una adecuada calidad de vida…

Lo que se llama “función de Recursos Humanos” debería dedicar cada día mayores esfuerzos a esta tipología de contrato.  Hoy existen muy pocas empresas que entran de lleno en estas prácticas de gestión de las personas.  Y digo entran de lleno, porque de vacío son muchas más, aquéllas que incluyen en los discursos de las Juntas de Accionistas en boca de un gran Presidente, o Vicepresidente o Consejero Delegado: “…porque nuestro principal activo son las personas…”, para a continuación anunciar lo que ha aumentado la productividad de los empleados, encubriendo maliciosamente que la plantilla ha disminuido en tantas o cuantas personas.

Estas técnicas se llaman Liderazgo, Trabajo en Equipo, Comunicación Efectiva, Motivación, Coaching, Mentoring…  combinadas con herramientas como la Evaluación del Desempeño, la Evaluación 360 grados, la Identificación del Potencial, el Assessment Center… todo ello al alcance de los expertos en la materia que, generalmente, se encuentran en la consultoría o en las grandes empresas.  Pero la mayoría de nuestra actividad económica se realiza a través de las PYMES, donde estas palabrejas son rara avis, y donde en más de una ocasión provocan grandes carcajadas.  Tienen su parte de razón… pero sólo parte.  Resulta evidente que estas técnicas y herramientas conforman un sistema de gestión que sólo es operativo para trabajar con grandes volúmenes de datos.  En una empresa con 50 personas es habitual que el gerente conozca obra y milagros de cada una de ellas.  Pero no es óbice para que su contenido, quizá me atrevo a decir que su filosofía, no se aplique.

Me gustaría que este artículo pudiera dar una modesta aportación a esa aplicación en ámbitos más pequeños que los habituales… aunque antes creo necesario indicar el principal motivo por el que estimo imprescindible esa aplicación.  Desde hace más de cuarenta años se ha estudiado la función social que cumple la empresa, y no sólo referida a la de dar subsistencia y ocupación efectiva a las personas de un colectivo.

A través de la pertenencia a una empresa se socializa la gran mayoría de la población y, en muchos casos, es la única agrupación organizada a la que un individuo pertenece.  Además de la labor de creación de riqueza, la empresa tiene la responsabilidad de la creación de una cultura que nunca se sabe si es causa o efecto de la del ámbito geográfico al que pertenece.

Es innegable que las prácticas de gestión (de mando, organizativas, de relación interpersonal) que se aplican en su seno son transmitidas, casi siempre inconscientemente, al ámbito social externo de sus componentes.  Quiero decir que quien tenga un jefe déspota tiene muchas más posibilidades de ser sumiso cuando en la calle ejerza de “subordinado” o de ser tirano cuando en su entorno ejerza de “jefe”.  Se necesitarían muchas líneas para analizar las interrelaciones de estas influencias en la sociedad, grupo o individuo, pero para que sirva la argumentación me basta con que usted esté conforme conmigo en que existen ciertas posibilidades de que se cumpla la premisa.  He aquí mi justificación para lo que sigue a continuación: si en las empresas se adoptan tratamientos de gestión que enriquezcan personalmente a sus componentes, la sociedad en general saldrá enriquecida como suma sinérgica de la mayor riqueza de los ciudadanos.

¿Cuál sería mi propuesta para aplicar sencillamente aquellas técnicas y herramientas?  Hay un principio en Derecho del Trabajo que sirve para analizar los comportamientos de los trabajadores: el de buena fe.  Ahora me pregunto: ¿cuál es la buena fe del empleador respecto al empleado?  No sólo dar ocupación y recursos para efectuar adecuadamente la tarea encomendada.  Como un buen tutor, debe crear un entorno en el cual pueda desarrollarse una labor que dignifique la tarea y los resultados de las personas que trabajan bajo su responsabilidad… que, bajo el respeto, no sólo permita, sino que incentive y apoye el deseo que todo el mundo tiene de sentirse útil.  Se trataría de premiar y no castigar, de encauzar y no imponer, de felicitar y no abroncar, de unir y no desunir… Quizá sea valentía para tratar a sus empleados como personas iguales que han hecho la elección de invertir su cualificación y su talento en esa empresa para que le dé sus frutos, tanto económicos como de desarrollo personal.  ¿Cómo trataría usted a un socio suyo, a alguien que le ha prestado un bien suyo para colaborar en conseguir un resultado?  Si un empleado, de la jerarquía que sea, recibe ese tratamiento de su jefe o gerente, le garantizo que será muchas menos las veces en que tendrá que recurrir al Estatuto de los Trabajadores o al Convenio Colectivo para resolver un conflicto.  Ya sólo por eso, merece la pena: ese ahorro de tiempo es dinero.

Actuando así, podría entenderse que aplica técnicas modernas de gestión de los Recursos Humanos… cuando en realidad sólo estaría aplicando reglas de sentido común.

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Reseña 'La vida que vendrá', de Pilar Aguarón

Reseña 'La vida que vendrá', de Pilar Aguarón

Reseña de ’La vida que vendrá’  - Pilar Aguarón Ezpeleta - Editorial La fragua del trovador, 2017

Las respuestas que damos a la vida se pueden filtrar por la mente, por las  emociones o por el corazón.  Cuando queremos contarlo en modo literario, hay que combinar esos tres filtros con sabiduría.  Me dejo adrede uno que considero fundamental para entender más de una profundidad, el espiritual, pero creo que no ha llegado el momento para exigirlo en esa acción de montaje.  No obstante, creo que aún inconscientemente, como efecto de una energía basada en el amor, Pilar Aguarón tamiza a sus personajes de una textura sensible, que incluso salta el concepto espiritual.

Así lo viví con mi aventura lectora de sus obras anteriores, especialmente en las dos últimas, que se acercan a ese redondeo culminante en el devenir literario de la autora, La casa de los arquillosLas verdaderas historias de amor son pasajeras, ambas publicadas en su sello de preferencia La fragua del trovador, con quien repite ahora en la edición de esta novela tan especial.

En La vida que vendrá, el personaje principal, Irina, inmigrante bielorrusa, es una asesina.  Y sin embargo, no me desdigo de lo escrito en párrafos anteriores.  Incluso otros personajes, como Julio, el marido asesinado, o su padre, con un perfil odioso que a la autora le gusta recrear en su mundo literario, se tiñen de un aura con rasgos de ternura.

Antes de pasar a más anclajes argumentales, es necesario hablar de la estructura de la novela, donde volvemos a apreciar el oficio de Pilar Aguarón para generar el imán de lectura y el ejercicio de imaginación y memoria que es necesario para que el lector se sitúe en el entorno de la historia. Presenta once capítulos, más un epílogo, que se titulan con el nombre de quien narra, decisión que muestra el deseo de que la atención de la trama se dirija tanto hacia las personas tanto como hacia los hechos.  Elegida la primera persona como canal narrativo en todos los capítulos, cada pedazo que forma el rompecabezas argumental, menos complejo que el de La casa de los arquillos, nos sumerge en las historias personales de cada cronista, que se entrecruzan para ir dibujando ese mapa que nos lleve hasta averiguar el móvil del asesinato.

Nos envuelven ingredientes perfectos para actuar con el magnetismo que requiere esta narración, configurada por un cóctel de amoríos, enamoramientos, secretos familiares, juego, prostitución, herencias inesperadas... con la sazón de las referencias históricas, que tan bien maneja la autora, y que nos van situando en los momentos cronológicos de los hechos narrados.

No hay parafernalia en la literatura de Pilar Aguarón, ni en la historia, ni en los protagonistas, ni en el entorno, todo es austero, incluso la ampulosidad cuando aparece se llena de sencillez, como si se escurriera para no entorpecer la descripción del dolor o de la resignación, del amor o de la esperanza, que sabiamente aparecen en la trama sin que la situación social de quien lo vive signifique alegría o sufrimiento.  De esta manera, como surgida de un control de costes en una empresa con riesgo de quiebra (la autora es economista), su creación sólo emite lo necesario para experimentar la historia de arriba abajo, con poca anchura, con ningún ribete ni adorno, vestida de lo imprescindible para navegar con garantías (o no) de llegar a puerto.

Entremos algo en detalle.

La capacidad de síntesis se hace puntera ya en el primer párrafo, donde recorremos de golpe veinticinco años. Y en ese primer capítulo, cuando volvamos a leer la novela para conseguir encajes, comprobaremos que nos íbamos de un salto a aconteceres que se rematan en el último capítulo, en el desenlace.  Así, comenzamos a saber que en una región frutera, adonde llegan inmigrantes cada año, aparece Irina, mujer bielorrusa de extrema belleza, que cautiva a Julio, un electricista perezoso y juerguista, jugador y pendenciero que, a la sombra de su padre, frecuenta ambientes sórdidos.  A las pocas líneas de comenzar, ya sabremos que Irina ha matado a su marido. Y diez protagonistas, siempre con su voz personal e intransferible, nos van contando su historia en un suave vaivén temporal, a través de la cual tejemos el tapiz completo de la historia de Irina, hija de un matemático, churrera por elección propia, hermosa por razón genética y creadora de su propio destino sin una queja. 

Al mejor modo de David Lynch, la autora nos introduce en sórdidas y trágicas historias de familias que aparentan normalidad mientras esconden secretos, y entre todas ellas volamos vertiginosamente hacia la justificación del crimen, que, como hacía esperar la descripción dulce de Irina, nos hace perdonar semejante acción e incluso hasta nos llevaría quince años atrás para salvarla en el juicio y, como propone Paulina, una ninfa de altos vuelos que entregó su virginidad dos veces al mejor postor por el precio de un potosí, cargarle el muerto a un bosnio infame sin escrúpulos que hubiera merecido morir sodomizado en la cárcel.

Habla la familia del asesinado, la hermana y la madre, que dejan atisbar un trasfondo de envidias y dolores que se trasladan desde otras generaciones como una maldición encubierta. Hablan prostitutas, madamas y proxenetas, con una voz que se viste incluso de inocencia y dulzura, como si la obscenidad, la lascivia y el delito encontraran personajes que lavaran su imagen para hacerla llevadera, quizá desde la verdad de que las cosas no son ni blancas ni negras, que nadie es malo porque sí, que todo tiene un sentido y al final sobreviven los buenos, como Irina, haciéndose cargo de una churrería, desde donde empieza a tejerse una bonita historia de amor y un próspero negocio de pastelería.  Antes, a modo de penitencia o pago por servicios que no se recibieron, dos mujeres (mujeres), Ofelia y Paulina, se enriquecen por arte del destino, y envuelven su sensación de menoscabo haciendo felices a personas que saben apaleadas por la vida.

Hombres crápulas, un notario vicioso, el bosnio desalmado y un tonto comunista… dan juego a contrarrestarse con un profesor de matemáticas, un padre postizo con amor auténtico o un adúltero leal hasta el fin de sus días.  Así son los varones que nos trae la novela, como la vida misma, enfrentados o confraternizados con féminas que viven en el desamor, en la maternidad impostada o impuesta, en el preclaro vaticinio del Tarot, en el bestial bandazo de la vida o junto a la verdad sin tapujos del cariño auténtico al que no saben renunciar.

Me quedo con términos suculentos como zangolotino, mandil, pellas, chaparro, economatera, zascandil y mocear para regodearme con la expresión ‘ecuación diofántica’.  Bravo por la riqueza lingüística.

Y nos damos, inevitablemente siendo una obra de Pilar Aguarón, paseos históricos por el suicidio de Juan Belmonte, torero de postín, por la guerra civil, por las persecuciones franquistas, la guerra de Ifni, los atentados de ETA, por la transición, el incendio del hotel Corona de Aragón, la guerra de los Balcanes, etcétera. Bravo por la riqueza histórica.

También podemos envolvernos de música, con referencias tan dispares, pero tan sutiles, como Janis Joplin, Quilapayun y Julio Iglesias (¡qué tierna la evocación a Gwendolyne!).  Y no olvido el cine: Regreso al futuro, Frank Cappa, Luis Buñuel, Florián Rey y Doctor Zhivago.  Bravo por la cultura, por la cultura.

Y abundemos en el arte con cada retrato de los protagonistas que la mano de Pilar, también pintora, nos añade en esta edición, como el de Irina, en la portada, que irradia toda la tristeza y la esperanza que nos transmite el personaje.

Para redondear con un sorbete de frambuesa, disfrutemos de esas contundencias que con proverbial maestría nos deleita sabiamente Pilar Aguarón:

“En la familia de mi madre, el suicidio era casi una tradición”.

“La vida está demasiado mitificada.  Tampoco hay que loarla tanto”.

“Tal vez sea cierto que seguimos un camino predeterminado y que todo ocurre por algún motivo superior a nuestra propia voluntad”.

“No hay sensación  más destructora que la soledad acompañada”

“Era como si la vida que yo quería recordar la hubiese vivido otra persona”.

“La desmemoria sólo entiende los afectos”.

Nada es como parece En la vida que vendrá.  En cambio, todo cobra sentido  porque la Virgen de los Remedios se hizo alcaldesa perpetua de Villalón y un zafiro rosa convierte en sortija un anillo para que Irina no vuelva a Bielorrusia.

 

No existe el lugar en el que puedas estar que no sea el lugar donde te tocaba estar. -John Lennon

Espiritualidad in company (AmorRHh)

Espiritualidad in company (AmorRHh)

 

“…el alma sabe que existe un orden subyacente y trata de encontrarlo.  Hasta que nos procuremos la sabia quietud del alma, seguiremos cayendo en viejos hábitos y obteniendo respuestas inadecuadas ante los nuevos retos.”

 Deepak Chopra en El alma del liderazgo (2012)

 

¿Existe espiritualidad en las empresas? Difícilmente se puede adivinar un matrimonio entre ellas.  A la empresa, como emprendimiento, se le supone, principalmente, la realización de actividades encaminadas a satisfacer necesidades materiales;  y la espiritualidad busca la satisfacción de necesidades sutiles de trascendencia.

Teniendo en cuenta que el término o concepto ‘espiritualidad‘ se contempla desde varias perspectivas, expondré aquella sobre la que quiero basar esta indagación. Entenderemos lo espiritual desde una tendencia no organizada colectivamente, es decir, alejada de instituciones religiosas o agrupaciones estructuradas.  Al observarla como individual, es asimismo inclusiva, no descarta a nadie y engloba a todas las personas que buscan darle un sentido a su vida, una misión encauzada por valores de comportamiento cuyo resultado sería un sentimiento de conexión con el todo y con todos, a través del amor incondicional.

 

▪ Tratar con nuestros propios sentimientos e inspiraciones y mantener nuestro enfoque no importa lo que suceda.

▪ Capacitar a que expresen lo mejor de sí aquellos a quienes lideramos y proporcionar un espacio en el que la gente pueda vivir y trabajar con calidad.

▪ Claridad y perspectiva para ajustarse a los desafíos que el mundo nos sitúa enfrente.

 

Estos son objetivos pedagógicos de un curso real sobre Management y espiritualidad.  En 2015, ESADE preparó un Congreso sobre Espiritualidad y Creatividad en Management donde Chris Lowney, exjesuita ahora directivo de JP Morgan, expresó que “el liderazgo es sumamente espiritual”.  No puede negarse el sentido trascendente que, desde Elton Mayo, ha ido impregnando la gestión de las personas en la empresa.  Las teorías del Management del siglo XX se llenan de intenciones que pretenden generar amor (como sentimiento de compasión, inclusión y pertenencia a un todo unido; todo lo que hago y todo lo que hacen los demás repercute en todo), que hoy se unen en la práctica de la Sostenibilidad, en relación con la Responsabilidad Social Corporativa, hasta el punto de que existe, como una referencia de reputación empresarial, la situación en el ranking del Down Jones Sustainability Indices, donde se cuantifican las acciones de empresa para conseguir un desarrollo sostenible en materia social, económica y medioambiental.  ¿No es esto una prueba de amor?  ¿No es entonces una práctica espiritual?

Una empresa espiritual buscará el bienestar de las personas con prácticas que generen valor más allá del beneficio económico, porque ya hay directivos que buscan la mayor obtención de resultados aplicando prácticas que podríamos encuadrar dentro de este concepto de ‘espirituales’.  Han propugnado los grandes gurúes del Management que atendamos bien al cliente, que nos asociemos con la competencia en lugar de destrozarnos, que busquemos alianzas con los proveedores en vez de exprimirles en la negociación, que hagamos benchmarking… y que convirtamos a la mano de obra en capital humano poseedor de talento, en personas tenedoras de competencias que aplican e invierten en la empresa para ser cultivadas y aumentadas, del mismo modo que el accionista invierte su dinero para que le genere dividendos.

Desde la función que todavía hoy llamamos de Recursos Humanos se impulsa, o se puede impulsar, la aplicación de la espiritualidad en las políticas y estrategias internas de la empresa.  Desde la esclavitud a la atracción del talento, aun a pesar de que la crisis mundial tan profunda que comenzó en 2007 ha disminuido la extensión de las nuevas formas de gestión, hemos evolucionado en el trato a las personas hasta la búsqueda, y a veces el logro, de un clima que propicie ambientes colaborativos y productivos que tienden a desembocar en una cultura espiritual, la que me atrevo a llamar la cultura del amor.

La Psicosociología del Trabajo ha tratado en profundidad el impacto que la pertenencia a empresas y organizaciones provoca en el individuo.  Y ha llegado a la conclusión de que, a través de la actividad laboral, las personas consiguen la integración en la sociedad porque cubren sus necesidades vitales.  ¿Cuáles son esas necesidades vitales? Siguiendo a Maslow, a lo largo de la historia y a través de esa actividad laboral, el ser humano ha podido ascender en la escala.  Si el esclavo solamente encontraba satisfacción de  sus necesidades básicas, hoy las empresas pueden ser capaces de proveer medios para llegar hasta el peldaño de la autorrealización.

Pero hay más, quizá una escalera hasta el cielo.  Richard Barrett, ponente en el Congreso citado, añade tres niveles más por encima del último definido por Abraham Maslow:

 

  • Abrazar una causa
  • Dejar huella
  • Ser útil

 

…los que engloba como ‘necesidades espirituales’ y asimila respectivamente a las ‘conciencias de misión, contribución y servicio’.

¿Y si a través de la actividad laboral las empresas también son capaces de satisfacer estas necesidades y favorecer así la trascendencia de los integrantes que la busquen?

Podría ser.  Quizá por medio de la Dirección por Valores, como así propugna Barrett, o con la teoría del Capital Humano, o con las prácticas de la Gestión del Talento…

El perfil del profesional que ha gestionado las relaciones internas de las organizaciones ha ido cambiando su formación y su talante (además de las características de su talento) para evolucionar desde la supervisión y el control hasta el trato humanístico.  Llegaron a esa función profesionales que entendían el valor de las personas como el ‘gran activo de la empresa’, así era verbalizado en las juntas de accionistas, y se ponían a trabajar para crear clima y cultura que cumpliera esa letanía.  Era (o es) la forma de cumplir internamente con uno de los compromisos básicos de la Sostenibilidad: el desarrollo de la cohesión social con la búsqueda de objetivos comunes.  En la actualidad, las empresas con directivos que priman (o necesitan) la supervivencia económica han apartado a estos profesionales para provocar una regresión a prácticas antiguas de gestión basadas en el miedo y en el poder, a veces salpicadas de un paternalismo que les proporcione una pátina de honestidad.  Pero por el contrario, en esa visión dual que rige la existencia humana, surgen empresas que apuestan aún más fuerte por propiciar la satisfacción de esas necesidades espirituales, ya sea con la atención a las actitudes, la consideración de las emociones, de los sentimientos… de la colaboración, del liderazgo participativo, del trabajo en equipo… de los compromisos éticos, de la conciliación y la igualdad de oportunidades, del desarrollo profesional o de la compensación equitativa…

… o incluso con la puesta en marcha de prácticas consideradas directamente como aplicadas a la espiritualidad:

 

  • Fomentar valores espirituales basados en la convivencia y objetivos comunes
  • Promover sesiones de meditación en grupo
  • Organizar charlas, conferencias y foros sobre espiritualidad
  • Favorecer la participación en acciones humanitarias o sociales
  • Crear grupos de apoyo que contengan situaciones emocionales extremas

 

Existen estudios de la Universidad de Harvard y otras entidades de impacto mundial que han encontrado una correlación profundamente significativa entre un mayor crecimiento del valor de la acción, o de beneficios económicos, o de rendimiento de las inversiones, y las compañías con culturas corporativas espirituales.

Y aún más:

-  Entendiendo que la labor fundamental del área de Recursos Humanos es encontrar lo que más les importa a los trabajadores de la empresa y facilitárselo (convengamos que se trata entonces de cubrir las demandadas necesidades espirituales)…. si eso les hace felices, no sólo conseguirá su retención, sino que los mantendrá con rendimientos elevados.

-  Los ejemplos y modelos son nuestros espejos para evolucionar; siendo las organizaciones el principal lugar donde las personas desempeñan su actividad, la cultura corporativa marcará comportamientos de sus integrantes en su accionar con la sociedad, fuera de la organización, en sus vivencias diarias. 

Deduzcamos entonces que la espiritualidad en la empresa es capaz de generar más valor y de aumentar el índice de felicidad.

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Sobre No es cierto que las madres son maravillosas

Sobre No es cierto que las madres son maravillosas

Preparé este libro en el verano de 2014, con la única meta de tener a mano los relatos que leo en los recitales de narrativa. Los revisé, los pulí, los podé... y me gustó el resultado. Posteriormente, quise dar alguna forma conjunta a los más que variados y eclécticos relatos que componen este libro.  Pensé en agruparlos por estilos o temas o sensaciones o entornos…  Trabajé varios días sobre el asunto y resultó difícil porque no responden ni a un patrón ni a una idea ni a una época en común. Finalmente, me quedaron cuarenta relatos de alrededor de mil palabras cada uno, unas tres páginas, que agrupé en cinco unidades temáticas, tituladas: Caricias, Desgarros, Ensueños, Añoranzas y Alegorías. 

Abriendo la tapa nos vamos a encontrar con cuarenta relatos agrupados de a cinco, según las unidades temáticas indicadas.  En cada una de ellas he querido incluir una cita de entrada; son versos de poemas o de canciones, frases destacadas de personajes relevantes o un diálogo de película.  Quizá cada relato pudiera pertenecer a más de una unidad, pero no se trata de clasificar, sino de unir para dar más fuerza a los impactos que suponen cada narración.


1.- El análisis transaccional nos dice que una caricia es cualquier tipo de manifestación de una persona, ya sea verbal o no verbal, que implique el darse cuenta de la existencia de otra. Son formas de reconocimiento de los demás y son vitales para sobrevivir. 

El prefacio de las Caricias se compone de dos versos del poeta mexicano Jaime Sabines,  de su poema Entresuelo, incluido en el libro Horal (1950), como preludio de una fuerza que sólo se puede transmitir como un tacto sutil. 

Mi corazón desde hace días quiere hincarse

bajo alguna caricia, una palabra.

Incluyo aquí los siguientes relatos: 

  • Que corto se me hace el viaje

  • El aura del bosque

  • A la vez que tú

  • Después de los negocios asiáticos

  • El estanque dorado

  • En San Siro

  • Esfumato

  • Sólo mira la paloma 

Esencialmente, son cuentos de amor, de un amor reencontrado, o perdido, o imposible, o raro, o surrealista.  Transitan desde el regreso del novio de la adolescencia hasta la caricia poética de una paloma; o el amor que mata, o el amor que espera la muerte, o el amor que tergiversa los sentidos.


2.- Hablando de personas, se dice que es un desgarro el efecto de dolor provocado por el apartamiento, separación o huida de la compañía de otros.  Hablando de sucesos se dice que es desgarrado aquello que causa gran pena o compasión.

El bloque dos se titula Desgarros y se ilustra con estos versos de la canción “Calles de Filadelfia”, una obra maestra del Boss, Bruce Springteen, premiada con el Óscar a la mejor canción original en 1993, ya que es el tema principal de la película “Filadelfia”.

Por la noche yo podía oír la sangre en mis venas

Así negra y susurrante como la lluvia

 

En este segundo bloque van estos ocho relatos: 

  • No es cierto (en el que se incluye la frase que da título al libro)

  • El supervisor

  • A mesa puesta

  • A tiro fijo

  • El diamante

  • El lápiz de labios

  • Pasan cosas, ya sabes

  • Ramón Luna Gutiérrez    

Estos relatos nos traen personajes que nos piden compasión porque están desgarrados: un hijo dolido con su madre, un operario explotado, una madre que sufre a un hijo violento, una muchacha destrozada por la droga, una anciana en una residencia, una novia maltratada, un muchacho dominado por su hermano y un asesino que renuncia a su condición antes de morir.

 

3.- Ensueño es la palabra que describe el proceso de soñar, y es sinónimo de sueño. Se ha comprobado que sólo sueñan los seres humanos.  Desde la mitología griega tenemos noticias del interés de la humanidad por los sueños.  Hipnos, dios del sueño, es el gemelo de la muerte no violenta, Tánatos, así como hermano de la muerte violenta, Keres, y de las diosas del destino, las Moiras.  También se le creía el hijo de la noche, Nyx, que a su vez nace del Caos.  Todo un preludio del viaje que en la historia humana nos lleva por los sueños a mundos fantásticos. Soñar es misterioso, hay tantas interpretaciones sobre el proceso de soñar.  Tiene que ver algo con lo irreal, o con lo surrealista.  ¿Qué nos quieren decir los sueños? 

Cito a Kafka en el prefacio de los Ensueños, una anotación en su tercer cuaderno en octava (apuntes encontrados tras su muerte):

La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.

Los ocho integrantes de la inmersión en los Ensueños son: 

  • El caballo de la Luna

  • ¡Qué genio!

  • Sin reflejo

  • El pajar de las afueras

  • El señor H

  • La madre

  • Los guardaba por casualidad

  • Pepa es mi amor 

Vamos a viajar por ocho itinerarios de ensueño, desde un entorno rural para el caballo de la Luna, hasta la casa de Pepa, que vive ahí encima.  Los sueños que confunden lo que los sentidos nos enseñan nos van a llevar por historias que se alejan de la razón porque ya la razón sirve cada vez menos para encontrar la realidad, la sabiduría o la verdad.

 

4.- La memoria puede ser una traidora porque nace de la mente, esa grandiosa fabricante de trampas que aceptamos para vivir la vida que queremos. La memoria mira al pasado y nos llena de añoranzas, otro dolor como los desgarros, otro dolor que sólo se cura con la redención de penas, con el carpe diem, con la sabiduría de entender que estamos inmersos en el gran teatro del mundo.

Una de las mejores películas de los últimos tiempos es “La gran ilusión”, en la que Jep es un escritor caústico y vividor, que tiene como amante ocasional a Ramona, una streaper hija de un antiguo amigo suyo y que regenta el local de prostitución donde ella actúa.  De ahí extraigo este diálogo (el guión es de Paolo Sorrentino y Umberto Contarello):

Ramona: ¿Qué tenéis en contra de la nostalgia, eh?

Jep: Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.

 

Éstas son las ocho Añoranzas que elijo para el libro: 

  • Por una esperanza

  • Niñas con abrigo

  • El grito de un milano

  • El regreso

  • Querida yaya

  • Severiano, el tenor

  • Mirando atrás

  • Volver al adiós 

Echar de menos con dolor en el alma es lo que cada voz de estos relatos siente cuando nos presenta su caso.  Una añoranza sobre tiempos mejores, o diferentes; una añoranza sobre estados de las cosas o de las cualidades que antes tuvimos y ahora ya no…  Dolor porque ellos no están o porque no los tengo… y algunos dolores tontos con una pizca de humor a modo de mejor medicamento, antes que el Prozac o el Diazepam. 

 

5.- Una alegoría es una metáfora continuada; Aristóteles dice  que una metáfora es la transferencia del nombre de una cosa a otra.  Y de su maestro, Platón, del diálogo Timeo, elijo una frase que contiene una analogía o comparación que se podría convertir en metáfora.

 El tiempo es una imagen móvil de la eternidad

Una alegoría busca generar enseñanza a través de una estimulación creativa.  No te lleva directamente al aspecto, sino que te recrea una situación que favorece su visualización. Pretende dar un encuadre diferente al concepto expresándolo en un entorno narrativo,  más didáctico.

Los relatos que califico como alegóricos son: 

  • La Casa Digna

  • Eros equivocado

  • La metamorfosis de un capullo

  • Animals

  • Cuando la Luna no quiso reinar

  • El árbol y Raúl

  • Indecisión

  • Sobre tu tumba   

Dentro de cada uno de ellos se encierra una alegoría como forma de parábola que incita a la reflexión mediante lo que se esconde entre líneas.  Puede navegarse desde una referencia a las ‘puertas giratorias’ del poder hasta la obsesión por una filia sexual, transitando por el amor, la pederastia, los símbolos psicoanalíticos de un sueño, la renuncia al esfuerzo, la cárcel en la tecnología… uuuuuu

 

Me siento cómodo en la forma literaria que supone el relato, sobre la que he indagado para buscar las diferentes maneras de acercamiento que a ella han tenido los autores universales, entre ellos Kafka y, sobre todo, Gabriel García Márquez, a quienes doy homenaje con un relato dedicado al primero y dos al segundo.  Fueron mis primeros maestros. Luego, en su tierra natal, me imbuí de Borges, Cortázar y Bioy Casares. Últimamente me he llenado de Javier Tomeo, este paisano de Quicena que unos cuantos entusiastas llegaron a proponer para el premio Nobel…

Aquí van cuarenta de mis aportaciones al relato breve, que desde la asociación 3d3, con Pilar Aguarón y Anabel Consejo, delimitamos con una extensión entre 333 y 999 palabras (no somos estrictos).  Ya después pasaríamos a los relatos cortos… y largos…  Van enmarcados en el más puro eclecticismo porque son producto de una búsqueda que aún continúa, o porque son productos de mi irredento objetivo de tender a la variedad donde me lleva la intuición, o porque no soporto la rutina.  ¿Quién sabe?  Doy cabida a un amplio abanico de gustos y recomiendo que no leas más de uno cada día, son aperitivos, no comidas copiosas, aunque alguno es denso y muy consistente.

 Estoy a tu disposición…

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