Blogia

Molintonia

Reseña de El silencio resquebrajado (Carlos Manzano)

Reseña de El silencio resquebrajado (Carlos Manzano)

Hay quien puede escapar libremente de los fantasmas de su vida y hay quien lo logra de una forma tan fluida que pareciera que el destino alfombrara el devenir para premiarle, o. quizá confirmarle, con la obtención del premio merecido, después de haber expiado cualquier culpa o haber superado (o escondido bajo sa alfombra) cualquier dolor.

Antonio es el nombre de varón más habitual en España.  El protagonista de El silencio resquebrajado, novela de Carlos Manzano, se llama Antonio, primera señal para conseguir el paso de puntillas por algún lugar, o como por ejemplo en el tránsito de la madurez a la tercera edad.  Así expone el narrador, el propio Antonio, la intención que le mueve al huir de su vida anterior tras una jubilación anticipada, después de una trayectoria laboral como cajero en un banco.  Le aparece de pronto, por encantamiento, una posibilidad de comprar una casa alejada del mundanal ruido, incluso del pequeño pueblo que la alberga en su municipio, y se lanza a por ella para cumplir ese sueño de vivir en paz, con sus libros, su música y su cine, fuera de cualquier contacto humano no deseado.

Tras conocer en la voz de Antonio su visión tan doliente de lo que pretende asumir, casi como eremita, para proyectar sus años venideros, aparece otra casita allá a lo lejos que empieza a tomar protagonismo, o mejor dicho, antagonismo, frente a las horas tranquilas llenas de Yoshimatsu, Mahler, Chaikovski, Bruckner, Beethoven, Shostakovich... o con las letras de Graham Green, de Bryce Echenique, de Stanislav Lem... soledad buscada que se trunca por los diferentes ocupantes de esa casa, especialmente una mujer misteriosa arrebatadoramente atractiva por la que cualquier hombre sería capaz de traer la Luna a la Tierra. Natalia.

Aparecen personajes que se acercan y se alejan de aquella casa y de Antonio, dejando y trayendo velada información que nos crea inquietud hasta confabularnos con el insulso protagonista para ponerle algo de sal a su vida, para empujarle a saborear lo desconocido, para sacarle de su insípido anonimato que termina haciéndose mentecato y cansino.

Es Carlos Manzano hábil en crear historias con protagonistas despreciables, de los que en lugar de crearte la imagen de héroe, la trastocas con deseos de meterte en las páginas para baquetearlo, ya sea estimularlo o abofetearlo o escupirle a la cara o pegarle un tiro. Y en torno a ellos, se incardinan otras historias de personajes que profundizan en aspectos humanos que nos desestabilizan.  Aquí Antonio se relaciona con jóvenes adolescentes que viven al límite, con un empresario pedante y prepotente, con integrantes del lumpen.

Pero toda novela que se precie contiene giros, a veces tiernos, a veces duros, a veces detestables, y aquí El silencio resquebrajado se precia atrapándote con sorpresas de trama o de voces nuevas, o de una historia que te moviliza emociones que se han ido al otro extremo de las anteriores. 

Manzano estructura su novela en capítulos que saltan en el tiempo sin avisar, que piden al lector un apreciado esfuerzo para reiniciar la acción o rellenar el hueco con la propia imaginación.  Al usar siempre la primera persona, nos convertimos en acompañantes cercanos de Antonio, como amigos, amantes, hijos... y con sus correspondientes conflictos en los que deseamos intervenir, valor que sólo puede dar un buen escritor.

El personaje más deleznable se llama Josán.  Me permito contar algo de mi historia personal, y es que en mi adolescencia mis primos me llamaron así, y así siguen llamándome.  No ha habido nada peor para el estremecimiento en la boca de mi estómago que leer y vivir cómo un tal Josán puede resultar tan infame.

Esta novela resultó finalista en el VIII premio Onuba de novela en 2012, y qué bien que La Fragua del Trovador la edite tan cuidadosamente nueve años después.

 

Noviembre 2021

José Antonio Prades

 

El silencio resquebrajado

Carlos Manzano

237 páginas

La Fragua del Trovador, 2021

Reseña de Volar alto (Jorge Sanz Barajas)

Reseña de Volar alto (Jorge Sanz Barajas)

“Esta es la historia de un hombre y una mujer que se refugian tras la derrota en una ciudad donde aún se puede volar alto si sabes con quién saltar al vacío.

...

Cuando las cartas vienen mal dadas, lo mejor es volar alto”.

—En la nota final de Jorge Sanz Barajas—

 

Probablemente, la dictadura franquista (1939-1975) sea el tema más tratado por los españoles en los últimos cuarenta y seis años.  Y lo seguirá siendo, creo, mientras no consigamos exorcizar el espíritu de una época que creó un abismo entre las dos Españas, una de las cuales ha de helarte el corazón, don Antonio Machado dixit.  Si asumes este verso, estás colocado en una de las orillas.  Y en una de ellas, quizá por convicción, quizá por casualidad o causalidad, Ciriaco Párraga y Amaya Hidalgo (nombre impostado no por razones del guion, sino de la persecución política con amenazas de torturas y muerte) se abren a la vida de nuevo, después de la Guerra Civil y la represión que les tocó, en Zaragoza.

Basada en hechos y personajes verídicos, Jorge Sanz Barajas, instigado por el olfato del periodista y escritor Antón Castro, se sumerge casi literalmente en la historia de amor y dolor de estos dos protagonistas: él, pintor especializado en retratos; ella, modista de buen estilo.  Unidos por ese azar que debemos llamar destino, escapados ambos de las vejaciones que los vencedores de la guerra aplicaron a quienes no les bailaban el agua según su ritmo, se instalan en la capital aragonesa con el miedo a las espaldas y todo un futuro por construir.

Bucea el autor con una observación proclive a los derrotados, pero siempre respetuosa con los hechos y personajes, por los primeros meses de la década de los 40, haciendo protagonista no sólo a los personajes sino a la Historia misma que comenzaba a marcar los años más duros vividos en la época contemporánea de España.  Con referencias a las tristemente famosas 13 rosas (13 jóvenes mujeres fusiladas el 5 de agosto de 1939 con una excusa inverosímil que escondía el deseo de instaurar el terror como forma de gobierno), inicio de la escapada de la “Tellito” (diminutivo del verdadero apellido de Amaya) desde Madrid a Zaragoza, y las innumerables cárceles que hacinaron a los vencidos y perseguidos, la de Bilbao, por ejemplo, desde donde llega Ciriaco, recomendado a un fotógrafo, Jalón Ángel, para ayudarle en su cometido como forma de ganarse la (nueva) vida...  Pero la buena relación de este fotógrafo con dirigentes del régimen y la fama que cobra Ciriaco como excelente retratista, coloca en una difícil tesitura al dueño de los pinceles: pintar unos retratos de Franco.

Y ese es el impacto psicológico que deja la huella para que el autor, más que en una biografía, abunde en miradas profundas a cada una de las heridas que se desprenden de esa infamante existencia a la que fueron sometidos quienes etiquetaron los franquistas como enemigos suyos, “rojos de mierda”.  Con excelente traza literaria, llena de frases y párrafos que se acercan a una prosa poética que logra encandilar, se van entretejiendo hechos reales y ficticios para atraparnos con la magia extendida de un escritor con oficio como Jorge Sanz Barajas.  Aunque amarra la historia con firmeza, aprovecha los resquicios argumentales para crear “Soy tan delgada como la tenue silueta de mi sombra”, “Amaya siente que está viva a contracorriente”, “...un rescoldo de vida aún turbia, los cuerpos encendidos de muerte fresca...”.

Y además de esas perlas salpicadas, terminaremos la novela con un buen conocimiento de las técnicas pictóricas y fotográficas, regalo provechoso que se agradece para ir encuadrando a los personajes que desfilan: el citado Jalón Ángel, el polifacético José Camón Aznar, Pilar Bayona, Federico Torralba, Antonio Mompeón Motos, Pepín Bello, Pilar Franco... y su hermano Paco, “culón, pequeñito y feo”.

Como una premonición de que finalmente todo pasa, o quizá como el refrán ‘no hay mal que cien años dure (cuarenta en este caso)’, la novela concluye en un momento propicio para la esperanza, un nacimiento, Gregorio, bautizado en la iglesia de San Miguel de los Navarros, donde sonaba “la campana de los perdidos” hacia los descampados del barrio de Montemolín, bajo la protección del arcángel Miguel pisoteando al demonio, representado por la cara del liberal Jerónimo Borao (qué anécdota tan ocurrente).

 “...los estorninos... danzan una música callada hecha de polvo, niebla, viento y sol...

—Nunca sabes adónde van o por qué giran de esa manera, pero saben que hay que acercarse a la tierra para tomar impulso.

—Son unos pájaros bastante feos.

—Quizá, pero cuando vuelan juntos, son hermosos.”

 

Parte 3, página 259

 

5 de noviembre de 2021

José Antonio Prades

Reseña de Un cuento para Petronila (Cris Bernadó)

Reseña de Un cuento para Petronila (Cris Bernadó)

ARAGÓN NACIENTE PARA SU PRIMERA REINA 

El subgénero novela histórica une dos términos que marcan un contenido especializado, a veces de trazo gordo para alguno de los dos.  Un cuento para Petronila, de Cris Bernadó, usa el nombre de la primera reina que tuvo la unificación del reino de Aragón con varios condados catalanes bajo un mismo gobierno monárquico que más adelante se dio por denominar Corona de Aragón.  Nos situamos en el Medievo, a lo largo del siglo y medio inicial de la llamada Baja Edad Media, cuando en el hoy territorio europeo salíamos del oscurantismo que siguió a la caída del Imperio Romano, 600 años nada menos.  En ese inicio, año 1035, por dar la fecha en que Ramiro I, considerado como primer rey aragonés, toma el liderazgo de tierras y gentes del condado de Aragón, agregándole los de Sobrarbe y Ribagorza por la muerte de su hermano Gonzalo sin herederos, podemos localizar el comienzo temporal de la novela de Cris Bernadó, aunque le dedica más atención a los hechos que suceden desde el reinado Sancho I (1063-1094), sucesor del anterior nombrado, en adelante (hasta 1157).  Es decir, la trama se desarrolla en los cien años anteriores a su reinado; el título precisamente hace referencia a la narración que Petronila pudo recibir como parte de su formación para vivir el difícil rol que el destino le puso por delante.  Petronila matrimonió con el conde de Barcelona, Ramón de Berenguer IV, intitulado por ello Príncipe de Aragón, de tal manera que se produjo esa unión territorial, expandida durante casi seis siglos (hasta la guerra de Sucesión finalizada en 1711) por el Este peninsular llegando más allá de la actual Grecia (esos dominios mediterráneos se repartieron entre las naciones que ayudaron a Felipe V de Borbón para ganarle el trono al archiduque Carlos).

La novela que nos ocupa es esencialmente una narración de intrigas palaciegas, disputas, guerras y conquistas en ese tiempo del Medievo, con el inusual hecho histórico en la Iberia del enfrentamiento entre cristianos y musulmanes en la llamada Reconquista.  Este argumento narrativo ha sido habitualmente protagonizado por hombres: los reyes, nobles y señores, dirigentes y dominantes de los territorios en aquella sociedad feudal.  En esta novela, siguen siendo los hombres los protagonistas oficiales de esas peripecias porque así se contó en los documentos y, probablemente, así fuera en realidad.  Además, Cris demuestra fidelidad a esa Historia para confirmar esa segunda pata del sintagma ‘novela histórica’.  Pero cuando entramos en la primera, los hombres se quedan en un segundo plano, y salen a cumplir un rol predominante las mujeres, en especial Sancha y Talesa, de existencia auténtica, y Orosia y Ava, de configuración ficticia, licencia que esa palabra de ‘novela’ concede a la autora para llenar huecos en la intrahistoria no contados en los oficialismos y que se nutren del imaginario de quien dibuja la narración.  Ahora bien, todos los personajes, incluso los supuestos antagonistas, incluso los hombres también, son tratados con un respeto máximo y delicado, estableciendo perfiles que responden, paralelamente, a investigaciones y apuntes creativos, tal cual hacen los buenos ejemplos del género.

Entrando en materia, recorremos desde una visión escrupulosamente femenina el crecimiento de los hombres que fueron llamados a protagonizar esa incipiente historia de Aragón, con sus avatares familiares, vividos como hijos, maridos y padres, y personales, más psicológicos, que siempre son mejor observados desde un balcón de mujeres, ya que saben encontrar con más profundidad las ternuras, los dolores y los amores, sin que por ello muestren ninguna de las protagonistas cobardía o distancia ante los duros hechos de gobierno o guerra que son contados en sus páginas.

Utiliza Cris Bernadó una estructura combinada de voces, principalmente de Talesa y Orosia, con una narración delicadamente omnisciente que muestra a los personajes sin dominarlos.  Talesa es sobrina carnal del rey Sancho Ramírez, y Orosia, su amiga, una dama de la Corte.  Sus puntos de vista detallados nos van relatando especialmente las intrigas de Sancha, viuda, también tía de Talesa por ser hermana del rey, que parece ser quien verdaderamente gobierna en el interior del reino, protegiendo los intereses familiares con uniones matrimoniales y ciertos actos nada glamurosos.  Acompañamos episodios de amor, maternidades truncadas y atenciones personales entre los protagonistas, que demuestran la sensibilidad de la autora para encontrar entre esos hechos bélicos y oscuros una muestra de que los seres humanos siempre somos regidos por las emociones y sentimientos hacia los allegados.

Demuestra la autora gran pericia en el manejo de los recursos narrativos que utiliza para dejar la huella que pretende: una visión diferente, propia, de un pedazo de la Historia de su tierra que ha sido contado muchas veces, pero nunca como ella nos lo presenta.

Las últimas cincuenta páginas, en voz de la entonces ya viuda Petronila, recluida en ese hoy idílico enclave gerundense de Besalú cuando su hijo Alfonso había tomado las riendas del reino, contienen una reflexión sentida y sutil  puesta en boca de aquella mujer que a los trece años se convirtió en una reina y se supo fiel cumplidora de su destino.

Noviembre de 2021

José Antonio Prades

Reseña de Ciudades dormidas (Amparo Sanz Abenia)

Reseña de Ciudades dormidas (Amparo Sanz Abenia)

Ciudades dormidas y una mujer poética

“Dentro del espíritu de nuestra poeta hay un silencio en llamas aislándola de las trampas del ruido.  Ella sabe muy bien que lejos de tráfago mundano se ponen en pie el misterio.”

—Ángel Guinda, en el prólogo a Ciudades dormidas

 

Qué delicado es equiparar la muerte a un sueño, un sueño plácido y eterno que se configura con los panteones, monumentos funerarios, nichos y losas, como ciudades dormidas, así emerge la metáfora que Amparo Sanz Abenia nos ofrece de los cementerios. Es reconfortante y tranquilizadora, circunda y sana temores, enciende esperanzas...

Es Amparo una mujer poética o, mejor dicho, un ser poético, que vive en la poesía como quien habita en un palacio o un castillo, entre esos poemas en lo que cada verso es como una ventana al sentimiento o a la comprensión del mundo, al descubrimiento de los arquetipos a través del verbo elevado, al aumento sutil de la vibración de las cosas con la declamación de las inspiraciones.  Bajando a la tierra, en la presidencia de su Asociación literaria, trabaja lo imposible para expandir la esencia de cada poema, alentando presentaciones de libros, recitales, creaciones conjuntas, viajes poéticos...  Cree ella, no sé si por razón o intuición, que la poesía hace mejor al mundo porque promueve personas libres, más sensibles, más conscientes. Me adhiero.

Regresando a las Ciudades dormidas, ahora como título de ese singular poemario que Amparo nos ofrece, con sus fotografías transidas de una naturaleza muerta que pretende envolver a los vivos, y no para llevárselos con ella, sino para darles vida, porque son naturaleza, como la Tierra, como la tierra, misma.

Pasea la autora por cinco cementerios, Torrero (Zaragoza), Salzburgo (Austria), Maguncia (Alemania) y Linz (Austria), todas ellas unidas por el reguero de grandes ríos: Ebro, Danubio y Rin, analogía imponente de los versos de Jorge Manrique:

 

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir:

...

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.

 

Además del proemio, van veintidós (número maestro) poemas de siete (número mágico) versos, cada cual con una dedicatoria, varias a sus familiares dormidos, y otras tan sentidas y profundas como ‘a los suicidas’ (Abismo, pág 37, ...En ascensión eres vapor de alma...), ‘a los ultrajados por el fanatismo’ (Holocausto, pág. 51, ...en este valle de lágrimas arden las guerras...), ‘a los que esperan en la otra orilla’ (Aleluya, pág. 57, ...brotan / en desordenadas sepulturas de aleluya... ).  Transitamos por la música de Mozart en Salzburgo, por el horror del Holocausto en Maguncia y por la cercanía de las almas propias en Torrero.

Mariana Enríquez, escritora argentina, en su libro Alguien camina sobre tu tumba, también como el de Amparo inspirado en sus visitas a los cementerios, dice que les ha dicho a sus amigos que arrojen sus cenizas sobre una tumba del elitista cementerio de La Recoleta, en pleno centro de la capital porteña.  Intuyo que lo pide para desquitarse de que la belleza funeraria de los suntuosos mausoleos sólo pueda ser de visión perpetua para una clase social, refiriéndose, quizá, a los últimos versos de aquella estrofa de Manrique.  Ciudades dormidas nos iguala en procedencia, en geografía, en alma y corazón.

Zaragoza, 31 de octubre de 2021

José Antonio Prades

Frases y párrafos seleccionados de Nada es como tu nombre

Frases y párrafos seleccionados de Nada es como tu nombre

  • Entonces la hice Cleopatra y comenzó a suicidarse poco a poco.
  • Solamente he tenido amantes imberbes.  Imberbes por inmaduros, locos de corazón, o ni siquiera locos, más bien idos o dominados por la turbia querencia de poseerme.
  • Tantos penes he tenido...  cientos, no llevo muescas como aquel Ricardo, pero supero las tres cifras en mi currículum libidinoso.  ¿Habré sido ninfómana?  ¿Lo soy todavía?  Confieso que renuncio al sexo, ya lo he agotado.  El horizonte de la ternura se ha quedado lejos, no lo he sabido alcanzar por los caminos de los besos obscenos, las pieles transpiradas, los jugos expandidos y orgasmos, orgasmos, orgasmos como alaridos de una entraña sangrante.  Penes, labios, nalgas, dedos, lenguas, flujo, saliva, semen y ellos, hombres sin nombre, rostros insulsos, siempre bellos, perfectos como yo porque mi artificio se anclaba en la búsqueda del alma gemela por la belleza, así me engañaba mi ego mientras mi alma quería llenarse de esencias equivocadas.  No existe el amor.  No existe.
  • Estaba vaciándose, arrojando sus deshechos envueltos en detritus emocionales de cada una de sus novelas anteriores, de cada uno de sus amantes utilizados, de cada uno de sus viajes interiores hacia la oscuridad. 
  • Las hechiceras del amor eterno no siempre son afables, aplican métodos que llegan a desanimar a los amantes, incluso a veces juegan con las debilidades del corazón para enseñar lecciones inesperadas.  ¡Qué crueles a veces!  Sus pócimas y encantamientos pueden atravesar la piel y alojarse en ese lugar donde no es posible alcanzar el discernimiento, y llegas a sentir dolor y pasión, tristeza y alborozo, pena y deleite, con segundos de pausa en el vacío.  Sortilegios, así es.
  • Esas hechiceras del amor eterno pueden llevarte hasta la sugestión.  Pueden hacerte pasar el dintel de la mentira, de la ofuscación o de la impostura.  Te creerás que es la verdad, que tus sentidos reciben aromas y sonidos que adornan tu camino.  Pero, ¿tienes la seguridad de que estás viviendo fuera de la cueva?  ¿No le dices a Platón que te lo explique?  Ellos dos han tardado miles de días, o de años, en darse cuenta de qué resorte les abre la puerta de esos espacios ocultos donde se acariciaban tal como soñaron en sueños de noches alegres.
  • La vida te oculta tantas cosas, nos llenamos de esas corazas porque no entendemos que el daño, si lo acaricias y lo comprendes, no regresa.  Pero ¿quién es capaz de amar el dolor para que se diluya y desaparezca?
  • Mi padre es valiente y silencioso; dicen que me parezco a él, pero no creo que precisamente lo sea por estos rasgos.  Mi padre también cree en la magia, de lo que me he enterado hace poco y ese descubrimiento me lleva a escribir estas páginas.  Mi padre merodea ahora por la antesala del limbo, esperando a la muerte, como si ya supiera el momento de la cita en el que ascienda, exento de equipaje y libre de pecados, al lugar que me ha descrito tan lúcidamente.
  • Mi madre se ancló en mi memoria amorosamente, como una mujer de muy pocas palabras, de muy pocas caricias y de un enorme cuidado con todos los seres de su alrededor.
  • Los dolores emocionales se hacen quistes en la transmisión de las sensaciones.  Colocarte frente al espejo puede provocar una catarsis, no cuando valoras tu peinado, tu piel o tu ropa, sino cuando allí detrás del cristal empiezas a buscar tu alma, y cuando la encuentras, para ver cómo está, y cuando te entiendes, para intuir su esencia. 
  • A los dieciséis años, en aquella sociedad cerrada, oscura, repleta de símbolos militares que te marcaban disciplinas y adhesiones forzadas, te queda poco espacio para sentir y pensar.  Es su estrategia para mantenerte el espíritu encarcelado, al que no logran dominar porque sólo pueden esclavizar la mente.
  • Y me siento como una piedra rota que busca el corazón entre sus despojos, que no son sino otras piedras de las que nacerán otras piedras hasta que seamos capaces de entender que todo es dolor, y piedra, y frío, porque no hemos sabido encontrar el amor. ¿Cómo puedo llegar allí?
  • ¡Mi piel se hará de llagas, se deshará en polvo enamorado para suplicarte.   El dolor es la muerte, me corroe hasta diluirme y me salva el recuerdo de tus besos o de un simple aleteo de tus cabellos.
  • El enamoramiento, así vivido, es el ingrediente de felicidad más intensa que puede disfrutar un ser humano.
  • Somos entes en busca del amor. Y de ahí ese errar a ciegas para encontrar a quien nos proporcione el hallazgo, a veces encontronazo.
  • Por eso también se sufre en el enamoramiento.  ¡Y cómo se sufre!  Sobre todo cuando aún no has alcanzado la comprensión de que tu enamorado no está solamente para llenarte de idilio y asentimiento, sino para compartir ensayos que vivimos con dolor y rendir así el examen que nos habíamos impuesto.
  • Me lo quiero contar a mí misma.  Quiero ese recorrido de memoria por mi médula.  Revivir los pasajes conscientemente desde el amor y el aprendizaje antes que por el miedo y el padecimiento.  Y no reniego de ellos.  
  • En el mundo físico, tu fortaleza mental era capaz de sobreponerse a las emociones y sabías desplegar tu ternura innata para acogerme, pero esa incomprensión que no me permitía mirar a la muerte a la cara era tu espejo para reflejar el apagón espiritual en el que aún andaba tu alma y, en cambio, mi luz en el otro plano me permitía acompañarte en esa desorientación.  Fuimos faro el uno del otro para acompañarnos en la ruta que habíamos pactado.

Reseña de Nada es como tu nombre en Heraldo, por José María Ariño

Reseña de Nada es como tu nombre en Heraldo, por José María Ariño

Los laberintos del amor

               Leer el último libro de relatos de José Antonio Prades es sumergirse en los oscuros laberintos del amor, en los vericuetos más profundos e inefables de unos sentimientos que son la expresión de otras realidades y que nos reconcilian con lo universal. Todo esto   y mucho más puede encontrar el lector en Nada es como tu nombre, último libro del escritor zaragozano, publicado recientemente con el subtítulo Cuentos inauditos de amor y enamorados. Porque es precisamente el amor el hilo conductor de siete relatos que conforman un entramado casi mágico y nos transportan al ámbito oculto de la espiritualidad y a las esferas más ocultas de la pasión y sus manifestaciones.

               Desde el primer relato hasta el último la prosa de José Antonio se desliza suave, cadenciosa, sugerente y es como un hechizo que cautiva por su sensibilidad y su aliento poético. Como un caleidoscopio sentimental, desfilan ante el lector toda una gama de sensaciones: ternura, sensualidad, pasión, idolatría, grandeza, apego y luz, esa luz interior que ilumina los sentimientos y da vida a los recuerdos más íntimos. El relato El Zayn –punto del Universo que aglutina todos los amores del mundo– anticipa las claves de los demás: los desgarros del amor y el desamor, la evocación de los sentimientos y vivencias de la infancia y juventud, el halo espiritual y esotérico, la influencia de Borges y el peso de los recuerdos de la Zaragoza de los años de la transición, desdibujados por el paso del tiempo. Precisamente la zayn o zayin es la séptima letra del alfabeto hebreo y se representa con el número siete, un número mágico y uno de los símbolos preferidos por el autor.

               La huella de Borges con su cuento El Aleph está presente en El Zayn en los amores convulsos de Lola, mujer decidida y conquistadora, cual un donjuán femenino, y personifica a la inolvidable Beatriz Viterbo, que cautivó al escritor argentino. El género epistolar y la alternancia de puntos de vista entretejen el primer relato cual un tapiz en el que confluyen alusiones literarias, evocaciones de la infancia y experiencias amorosas truncadas. Se descubren        nuevas formas de amar en Alquimia de Amor, un relato que comienza en esa “guarida de sensaciones de la Ciudad Jardín y que trenza una relación en la que los protagonistas salen de la caverna de Platón y comparten sentimientos de dolor, traición y esperanza. Los recovecos más íntimos del amor brotan del corazón de Ramón en La casa de la india, donde su relación con Rosario va más allá del encuentro sexual en un burdel. El respeto al cuerpo de la mujer, en la línea hinduista del sexo tántrico, se alía con la espiritualidad.

               El protagonismo de las mujeres es un aspecto importante en los relatos de José Antonio Prades. Así, en La otra y yo, la protagonista se desnuda interiormente y confiesa con un desdoble de personalidad su conflicto amoroso entre su padre y Darío. Las palabras de Ángela, otra de las grandes mujeres, que plasma el autor en Amores largos, uno de los mejores relatos del libro, abren un inquietante horizonte para la reflexión, la memoria, el recuerdo, la vida de la pareja y las vivencias de los padres en una época difícil: “Ángela me hizo ver que quizás nada es lo que parece y precisamente lo que no parece es la realidad”. Una realidad que se transforma en alegoría en La vida en siete, con ese simbolismo inquietante y reiterativo, y que se encarna de manera real y como eco autobiográfico en Esther cuenta, relato inquietante en el que, cual un amor quevedesco más allá de la muerte, la amada conversa con el amor de su vida desde la otra orilla y desafía a la dama del alba con serenidad y sin miedo.

               Nada es como tu nombre es un tesoro de relatos para disfrutar, reflexionar y descubrir nuevos senderos del amor, nuevas experiencias, nuevos reencuentros. Porque la vida es como un laberinto en el que el azar juega un papel esencial y el amor deja una huella profunda cual mensajero de los dioses. 

Otros planos de lectura de Nada es como tu nombre

Otros planos de lectura de Nada es como tu nombre

Nada es como tu nombre está creado para ser leído desde diferentes planos. He ido presentándote en la entrada anterior, cuento por cuento, el primer plano, referido a una estructura argumental que responde a quienes busquen el relato de una historia de pareja y con ella retornar a vivencias conocidas o anticipar aventuras por descubrir. Sería el plano del entretenimiento desde la vivencia de las tramas con la peripecias de los personajes

Voy a comenzar otra descripción, también cuento a cuento, de otro de los planos de lectura, más técnico, que será el de creación literaria, exponiendo algunos recursos aplicados para su creación y revisar la intención para cada uno de ellos. Así, podrás luego comprobar si lo he sabido conseguir.

Pero antes te cuento una visión general, que más bien está deducida y revisada, después de haber terminado los siete cuentos y que me sirvió para su reordenación y modificación de algunos aspectos, deseando dar mayor coherencia al total y más impacto a cada uno de ellos.

Ahí nació el subtítulo, Cuentos inauditos de amor y enamorados, en el que trabajé el calificativo de 'inauditos' en primer lugar; quedó elegido para hacer referencia a tres aspectos: contienen historias de amor no convencionales, están creados con estructuras poco habituales y presentan toques de magia o fantasía. El complemento 'de amor y enamorados' pretende marcar la diferencia entre el propio amor y sus integrantes de pareja, ya que una cuestión es presentar ese amor y su encuadre o tipología, y otra, relatar el mundo de los enamorados; ambas se reflejan en el desarrollo narrativo.

Cada cuento presenta una estructura diferente, ninguna tradicional, sino que juegan con el uso de voces intercaladas o cambiadas, la relativización del tiempo, el recorrido por toda una vida, la preferencia por la narración en primera persona y en boca de mujer, así como también en todos ellos el protagonismo femenino es relevante sobre la influencia y ascendente que proyectan sobre los personajes masculinos. Observan cierto tono de autocrítica y reflexión, buscando transmitirlas a quienes los lean. Pretenden ser deshinibidos, desenfadados, incluso descarados o transgresores, intentando salirse de creencias más tradicionales o conservadoras, tanto en el aspecto material como en el espiritual, reflejado este último con toques, sutiles o flagrantes, que llevan a lo mágico, fantástico o esotérico.

Hasta aquí esa aproximada visión general. 

(me gustaría haber aplicado la magia de Dumbledore y el arte de Carlos Gardel)

Sobre El Zayn...

El Zayn es la séptima letra del alfabeto hebreo. Siete como número mágico en este libro, así que no es casualidad que este relato abra el libro.

Lola es una escritora de renombre, la Borges española le decían en Argentina. Pero su trayectoria amorosa no ha sido fructífera para el final de su vida. Su tía, también escritora, nos cuenta los avatares románticos, eróticos y libidinosos de su sobrina mientras los está revelando a su hermana, la madre de Lola, que quizá se tapó los ojos y el corazón para esconderse de la verdad.

¿Qué ha encontrado Lola en el Zayn? ¿Puede ser la sanación de su dolor? ¿O es un anticipo de su despedida?

Sobre Alquimia de amor...

El segundo relato tiene una mezcla de tres voces: una como un narrador omnisciente, con cierto tinte de guía o maestría, pelín subido de tono; otra en primera persona, con modo epistolar similar al anterior relato; y una tercera, de observadora directa, que informa al lector por petición de la voz anterior. Este recurso permite repetir hechos que, como autor, quieres recalcar para consolidar determinados mensajes.

Sobre La casa de la india...

Está contado por la voz de un periodista que ha ido al barrio (de Montemolín, aunque no se indique) para escribir un artículo sobre él, llega de madrugada a un bar (el bar Didí, aunque no se indique) y se encuentra con un anciano que fue directivo (de Talleres Cima aunque no se indique) y le relata su historia de amor con la madama de una antigua casa de citas, la casa de la india, en la antigua calle Fillas (aunque no se indique). 

 Así pues, esa voz es observadora y transcribe una historia lineal desde mucho tiempo atrás. 

El periodista se limita a ser portavoz de lo escuchado, sin juzgar ni opinar, aunque quizá haya puesto algo novelado desde su imaginación.

Sobre La otra y yo...

Vuelve a ser una mujer quien da voz al cuarto relato, La otra y yo, ahora desdoblada en una "supuesta" fantasía sobre vidas paralelas, que se sustentan en la relación con su padre o con su amado Darío.

Escritos en primera persona, los párrafos se intercalan entre una y otra historia, presentando estructuras comunes con contenidos diferentes, de tal manera que podrían leerse pares e impares como cada relato independiente de esa vida, hasta llegar al último donde confluye la reflexión final de la protagonista. El lenguaje utilizado va modificándose sutilmente en razón de que las vivencias contadas hayan ido influyendo en la evolución personal de quien lo cuenta, para lo cual se incluyen poemas o extractos de famosas autorías que puedan remarcar una u otra vía de crecimiento.

El impacto de lectura se apoya en la reflexión que va fluyendo mientras se comprueba que una u otra elección va a determinar caminos muy dispares.

Sobre Amores largos... 

Lo narra un hombre, en su faceta de hijo, que descubre secretos de familia conversando con su padre en los últimos momentos de su vida.

Intercala párrafos literales de esa conversación en boca del padre, por lo que puede hablarse de dos voces masculinas que dan protagonismo a una femenina callada en el relato, la esposa y madre.

Hace un recorrido por más de 70 años de intrahistoria española, se ambienta en el barrio zaragozano de Montemolín, en el Parque Grande de la misma ciudad y en el fascinante Maestrazgo turolense, de donde toma la magia para homenajear a García Márquez, recreando un símil de la ascensión de Remedios, la bella, en Cien años de soledad.

Sobre La vida en siete...

El siete es un número mágico que se repite a lo largo del libro como mantra y sortilegio. En este caso, como cierre del ciclo de seis relatos (el séptimo tiene historia aparte, ya te contaré), un enamorado nos llena de sus sentimientos en tres etapas de su vida, separadas entre sí por múltiplos de siete años para que conozcamos su amor, su dolor y su reflexión.  Tienen estructura de monólogo interior.

Sobre Esther cuenta...

Una mujer fallecida se comunica con su marido y hace un relato de ciertos aspectos de su matrimonio, desde un punto de vista de aprendizaje y evolución: la pareja como maestra de vida, lema de todo el libro. Está creado con lenguaje que emite ternura y comprensión.

TERCER PLANO DE LECTURA

Nada es como tu nombre tiene también una intención creativa que puede configurar otro plano de lectura: el crecimiento personal, interior, de sutileza en las actitudes con la pareja como maestra de vida.

Gran parte de mi formación y experiencia se han dirigido a buscar la entrada en ese interior, o inconsciente, que se oculta ladinamente, pero que rige nuestra forma de actuar, encontrarlo y trabajar con la consciencia abierta para suprimir los sufrimientos o elevar los objetivos. De ahí, pude comprender esa ansia del ser humano por trasponer en la pareja, o su búsqueda, la mayoría de nuestros sueños, otorgándole la responsabilidad de llevarnos a ser felices. Pero descubrí que la bonanza sólo reside en nosotros mismos, en algún lugar por encontrar, si es un lugar corporal su cobijo. Y una vez comprendido, el tránsito sin plano ni brújula hacia allí es maravilloso afrontarlo con la compañía de tu pareja.

En esos siete relatos, sus protagonistas están en el camino para encontrarse a sí mismos. Quizá no saben siquiera su destino, pero el acompañamiento que van obteniendo y rechazando, pidiendo y deshaciendo, se les ofrece como referencia, como ayuda al destino, como descarga de dolores, como enseñanza y muestra de qué es el amor, hálito vital para el sendero.

En esta ocasión, no voy a detallar relato por relato los recursos aplicados para cumplir esa intención, me gustaría que los descubrieras tú; ¿cuál es el propósito del enamoramiento?, ¿puede tener causa aprovechable una ruptura amorosa?, ¿nos da más consciencia de la vida nuestra pareja?, ¿cuánto hay de verdad en que nuestro consorte nos hace de espejo para superación personal?

Cuéntamelo, por favor.

En la trastienda de Nada es como tu nombre

En la trastienda de Nada es como tu nombre

Van aquí algunos comentarios sobre el cómo se hizo, además de ciertos aspectos internos de los relatos, que no son fácilmente apreciables.

 

  • Todos los relatos abarcan un período largo, incluso varios de ellos, toda una vida.
  • Hay un empoderamiento de la mujer, ya que siempre aparece como guía espiritual del hombre.  Todos tienen voces de mujer directas o indirectas.
  • Alquimia de amor y Amores largos tienen ubicaciones concretas, en Zaragoza ambos.  La casa de la india se ambienta en el barrio de Montemolín, de Zaragoza, sin nombrarlo. Los otros cuatro no tienen entorno definido, aunque en el Zayn hay alguna referencia geográfica.
  • El bloque de relatos es de seis, más uno de cierre.  El último quedaría fuera del ciclo que se completa entre el primero y el sexto, con inicio y final de experiencias que parten de una experimentación sexual del amor y finalizan con una esperanza de reconsideración para vivir en el amor.  Ese último relato sirve como colofón porque es muy intimista y revelador de la intención general del libro: presentar la relación pareja como escuela de vida y crecimiento personal.
  • El título suena como un halago o un piropo, y puede ser usado de hombre a mujer y de mujer a hombree.
  • Son ‘cuentos inauditos’ por su contenido fuera de lo común en relaciones de pareja. Y es lo mismo ‘de amor’ que ‘de enamorados’.

Ciertas claves ocultas:

  • Zayn es el primer cuento de 7 y el Zayn es la séptima letra del alfabeto hebreo.  El último cuento del ciclo se titula precisamente La vida en siete.
  • ¿Cuántas veces se nombra Montemolín en el libro? Aparece como entorno en dos cuentos.  Directamente citado en Amores largos. Indirectamente en La casa de la india, en la que el bar donde se produce la entrevista sería el bar Didí, esquina Francisco de Quevedo con Miguel Servet.  También el barrio origen de las tres protagonistas de El Zayn sería Montemolín.
  • Otro escenario repetido es el parque Grande José Antonio Labordeta, que aparece en Alquimia de Amor y Amores largos.
  • Los nombres de los padres en Amores largos son los nombres de los míos, Gregorio y Josefina.  En la fecha de nacimiento de Josefina, he puesto la que fue de su hermana, mi tía Pili
  • La estructura temporal en tres etapas de Alquimia de Amor responde a una relación real que he tenido en mi vida.
  • En Esther cuenta uso la voz novelada de mi mujer.

Y ahora, detalles cuento a cuento de la inspiración que me llevó a contar lo que cuento:

Sobre El Zayn...

Una mujer de 83 años escribe un email a su hermana. Esa es la voz, en primera persona para dar cercanía y emotividad a la revelación de secretos sobre Lola -sobrina e hija de emisora y destinataria, respectivamente, de ese correo electrónico- y que empieza a suceder en sus primeras líneas.

Trabajé con dos recursos que me parecieron apropiados: tía y sobrina son escritoras de renombre, lo que me permitió usar un lenguaje depurado que fuera más creíble en esas voces; y la forma epistolar también permitió incluir textos de otros correos a la tía de la sobrina/hija, personaje ausente de ese flujo epistolar, siendo la protagonista.

Finalmente, recurrir a ese mito literario que es Borges y su Aleph, me proporcionó un hilo argumental sólido en homenaje a su maestría.

Hay varias historias en una que abren puertas a imaginar cómo creció Lola, cuál fue la relación con su madre, ¿y con su padre? Además, ¿quién no ha tenido o conocido esa tía que une roles de consejera, amiga y segunda madre?

Sobre Alquimia de amor...

 

Este relato marca un entorno que conocí de cerca, la Ciudad Jardín de Zaragoza, y define una relación de pareja que se produce durante cuatro encuentros a lo largo de toda una vida. Los toques mágicos se presentan en forma de predicciones y referencias a un libro que da título al relato.

 

Sobre La casa de la india...

Nos lo trae la voz de un periodista que va a realizar un reportaje sobre un barrio, y se encuentra con un anciano triste que le cuenta su gran historia de amor en la casa de la india, donde las prácticas sexuales recibían un tratamiento especial.

¿Alguien ha conocido una academia especializada en erotismo y placer? ¿Puede el contacto sexual llevarte a otros planos, a otras dimensiones?

Sobre Amores largos...

En una conversación en la comida anual de Navidad con mi prima Susana, que vive hace infinidad de tiempo en Castellote, aunque proviene de Ricla y estudió en Zaragoza, empecé a pensar en una novela inspirada en el Maestrazgo turolense, del que ella y su marido, Javier Oquendo, son fervientes divulgadores. Además, la idea se mezcló con una subtrama que quería incluir en mi futura novela Los honduras de Montemolín, basada en hechos biográficos de mis padres. Así nació lo que se quedó en relato extenso: Amores largos, corazón del libro Nada es como tu nombre.

En él, un anciano de 80 años, ya con su adiós a esa vida, desvela a su hijo secretos de familia, recreando sus recuerdos al modo de un testamento sorprendente.

Sobre La otra y yo... 

La idea del multiverso no es exclusivamente mágica. La mécánica cuántica ha sido capaz de demostrar determinadas circunstancias en las que puede ser posible. A partir de ahí, especulemos, creamos, creemos, fantaseemos. Así lo ha hecho la literatura con autores tan reconocidos como Borges, Bioy Casares, Lovecraft, Asimov... cada uno con diferente objetivo del recurso.

Una mujer nos cuenta a doble párrafo, a doble voz, dos historias propias que dice haber vivido, una escapando con su amado, otra permaneciendo junto a su padre. Dos formas de amor, ¿a la vez? ¿Cuál es la real? ¿Una, las dos o ninguna?

Sobre La vida en siete...

La vida en siete es el sexto relato de Nada es como tu nombre. El siete es un número mágico que se repite a lo largo del libro como mantra y sortilegio. En este caso, como cierre del ciclo de seis relatos (el séptimo tiene historia aparte, ya te contaré), un enamorado nos llena de sus sentimientos en tres etapas de su vida, separadas entre sí por múltiplos de siete años para que conozcamos su amor, su dolor y su reflexión.

Sobre Esther cuenta...

El séptimo relato, Esther cuenta, está fuera del ciclo que forman los otros seis porque la idea nació mucho antes, la planifiqué como novela, inspirada en Mortal y rosa, de Francisco Umbral, y en La hora violeta, de Sergio del Molino, pero finalmente, creo que por cuestiones emocionales, se quedó en el relato tal como aparece en el libro. Ya sabes que está basado en mi relación con Esther (1963-2015), mi pareja y esposa durante veintitrés años.

Toma la voz de una mujer que habla desde su desencarnación, haciendo un paseo por los recuerdos de su vida con Eduardo, su marido, pero deteniéndose especialmente en esos momentos duros de discusiones y quejas y desencantos, para expresar sobre ellos una visión diferente y creadora de superación y esperanza.

En todos los relatos, y lo confirmo en este segundo, he pretendido crear una suerte de diálogo entre narrador y lector, que va implícito en lo que se va contando, ya que el modo epistolar favorece una comunicación más fresca y directa, íntima, en el que quien lee se inmiscuye haciéndose partícipe de una información confidencial, que le genera interés por la historia y por los protagonistas.