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Espiritualidad en la gestión de las personas

Espiritualidad en la gestión de las personas

Recibí la semana pasada publicidad de una convocatoria que se titulaba “Management y Espiritualidad”.  Iba dirigido a  líderes que quieran construir organizaciones a las que las personas deseen pertenecer y  proponía los siguientes objetivos:

·  Tratar con nuestros propios sentimientos e inspiraciones y mantener nuestro enfoque no importa lo que suceda.

·  Capacitar a que expresen lo mejor de sí aquellos a quienes lideramos y proporcionar un espacio en el que la gente pueda vivir y trabajar con calidad.

·  Claridad y perspectiva para ajustarse a los desafíos que el mundo nos sitúa enfrente.

No son objetivos habituales en un curso de formación empresarial, ¿verdad?

Este envío me llevó a recordar otras circunstancias referidas a mi entorno profesional que pudieran tener relación con esta convocatoria.  Hace algunos años leí en la revista “Más allá” que en Estados Unidos se estaban poniendo de moda los cursos de Meditación Trascendental para ejecutivos.  Y no muy lejanas en el tiempo están las conferencias que el Dalai Lama dio a selectos grupos de empresarios. No trato de hacer propaganda o apología sobre estas actividades, pero…  En cierta ocasión, terminé una charla diciendo que lo de Recursos Humanos “es cuestión de fe”.  Y he utilizado varias veces la palabra “amor” dentro de referencias sucintas o sutiles a la gestión de las personas.

Generalmente, todas estas cuestiones nombradas se engloban en ese término tan difuso que es espiritualidad.  Aquéllos que se definen espirituales hablan de trascendencia, de vida más allá de la vida, de oración o meditación, de creencias más allá de lo puramente material, de acciones basadas en el amor a los demás…  ¿Y tiene algo que ver con el manáyeman?

Me quedo con lo último, lo de “acciones basadas en el amor a los demás”.  La gestión de empresas, y por añadidura, y nunca por separado, de personas puede estar basada en el amor a los demás, y por lo tanto, sería una práctica espiritual o, mejor dicho, llevada a cabo por seres espirituales si cumple esa condición.  Los tres objetivos de la convocatoria lo demuestran con claridad.

Hablé la pasada del coaching como una técnica que ha superado la prueba del tiempo y avanza para convertirse en un clásico de la gestión de personas.  También hablábamos de las actitudes, emociones, sensaciones y sentimientos como objeto de trabajo en una acción de coaching, cuya razón de ser queda fundamentada en la ayuda al otro, ya sea como fin o como medio…

Fin o medio, qué más da.  Me explicaré.  La empresa genera relación entre personas: clientes, proveedores, empleados, funcionarios, ciudadanos, a los cuales provee servicios (los bienes y productos concluyen siempre en un servicio), algo que les sirve para cubrir una necesidad básica, lúdica o elevada, no importa… Es decir, genera satisfacción, alegría, bienestar.  ¿No es ésta una acción de ayuda a los demás con un objetivo trascendente… y por lo tanto dentro de una expresión de espiritualidad?  He obviado adrede la compensación económica… y ahora que la nombro, aprovecho para decir que ahí radica la diferencia entre fin o medio. 

…se puede actuar para ganar dinero satisfaciendo necesidades mediante la ayuda a los demás. 

…o se puede actuar para ayudar a los demás satisfaciendo necesidades y la ganancia de dinero vendrá por añadidura.

Tanto monta, monta tanto: en las dos vías existe la ayuda a los demás para hacerles la vida mejor.  Sea o no espiritualidad, está muy bien… genera valor añadido, que es casi parecido a obtener más beneficios.  ¿Habrá que aplicarle el IVA?

(Publicado en ForoRH, 29 de mayo de 2008)

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