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17º Bocadito de cine - Marlon Brando, el otro animal más bello del mundo

17º Bocadito de cine - Marlon Brando, el otro animal más bello del mundo

En este día que brilla con el calendario como un sol en la noche, hablaremos de una estrella, esta vez masculina, y de alto impacto, como fue Marlon Brando, el mayor icono sexual masculino de su época y quizá el mejor actor de todos los tiempos.

Como la anterior protagonista de nuestro Bocadito, Marilyn Monroe, tuvo una infancia difícil que le marcó para toda la vida.  Sus padres conformaron un matrimonio repleto de riñas e incompatibilidades que llevaron a su madre, en plena ley seca, a sufrir de alcoholismo agudo y a los hijos a emanciparse muy pronto. Su padre fue un agente comercial, por lo que vivieron en diferentes ciudades, antes de establecerse finalmente en una granja de Illinois.  Su madre, actriz aficionada, impulsó en sus hijos el amor por la interpretación.  De la inestabilidad infantil, Marlon, pasó a la rebeldía adolescente, y así, en contra de su voluntad, lo ingresaron a los 16 años en  una academia militar de la que fue expulsado dos años después por insubordinación.  Desde ese momento, tuvo varios empleos de baja cualificación.  Sus hermanas probaron fortuna con el teatro en Nueva York, y así, en 1943, Marlon se fue a vivir con su hermana Joselyn con la misma meta. 

Consiguió ingresar en una escuela de interpretación que sería el embrión del Actor’s Studio, donde aprendió el famoso método Stanislawski, del que se convirtió en el principal valedor.  Este método propugna que los actores deben interpretar el personaje como si ellos mismos fueran ese personaje, profundizando en sus motivaciones, en sus intereses, en sus fantasmas y en sus realidades para que, durante la interpretación, nadie pueda notar la diferencia entre actor y personaje.

El mito nace en 1951 con su excepcional puesta en escena de Kowalski en la obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo, por la que fue nominado por primera vez al Óscar.  Y su última actuación se produce en El golpe maestro, estrenada en 2001, en cuyo rodaje exigió, como capricho personal, que no le dirigiera Frank Oz, lo que fue permitido por los productores y tuvo que ser Robert de Niro, que tenía el papel protagonista, quien asumió la dirección de las escenas en las que aparecía Brando; y llegó a presentarse desnudo en el rodaje, signo culminante de su deriva mental.

Además de seis nominaciones, obtuvo dos Óscar en su carrera, el primero por La ley del silencio, en 1954, y el segundo, y con mayor repercusión, dieciocho años más tarde por su magistral interpretación de don Vito Corleone en El padrino, considerada por muchos cineastas la mejor película de la historia.   Y eso que no era el preferido de la Paramount para ese personaje, sino que fue por el empeño de Coppola que consiguió ese papel protagonista, para el cual se inventó esa forma rota de hablar y esa mandíbula pronunciada que improvisó en una humillante prueba de casting metiéndose papel higiénico en la boca. 

Después, Brando continuó una carrera salpicada de grandes éxitos y grandes escándalos.  Se convirtió en objeto sexual, dicen que de hombres y mujeres, incluso algunos biógrafos afirman que llegó a declararse bisexual públicamente y le asignan aventuras con Anna Magnani, Ava Gardner, Edith Piaf, Ingrid Bergman o Marilyn Monroe, así como con Leonard Bernstein, Tennessee Williams, Montgomery Clift, James Dean, Tyrone Power, Burt Lancaster o Rock Hudson. Lo cierto es que Brando tuvo una personalidad atormentada, posesiva y violenta en contraposición a otro lado suyo sensible y en ocasiones casi femenino.  Estas dualidades quizá le atrajeron a su vida una serie de incidentes que alimentaron su personalidad excéntrica.  Se casó tres veces y tuvo once hijos reconocidos. Su tercera mujer, tahitiana, que fue gracias a quien se enamoró de su país de origen y adquirió una isla en ese archipiélago, reveló, una vez separados después de diez años de matrimonio, las intimidades del matrimonio, donde presentaba a su exesposo como una persona egocéntrica, egoísta, celosa e infiel.

Marlon Brando  participó en acciones a favor de las etnias indígena y afroamericana y, para recibir el Óscar otorgado por su personaje de Vito Corleone, envió a una actriz de origen indígena como forma de protesta por unos incidentes que en aquel momento ocurrían sobre las persecuciones a los antiguos pobladores de América del Norte.

Una vez obtenido ese Óscar, la carrera del mítico actor se llenó de altibajos, con pocas actuaciones como protagonista, de las que podrían destacarse la del psiquiatra que trata a don Juan de Marco y algunas apariciones de pocos minutos tan bien pagadas que se llegó a hablar de salarios obscenos, como en Superman, donde encarnó a Sorel, el padre del superhéroe, o en Apocalypsis Now, haciendo de coronel Kurtz, o interpretando al inquisidor Torquemada en una de la múltiples versiones que se rodaron para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento de América.

Quizá este declive artístico pueda tener su motivo en el episodio familiar tan trágico que sufrió en 1990, cuando su hijo Christian fue acusado de matar al novio de su hermana Cheyenne e ingresó en prisión. Cinco años después, la propia Cheyenne se suicidó.

Pero según su biógrafo Darwin Porter, esas inestabilidades que le llevaron a sus vaivenes emocionales y a su obesidad mórbida, vendrían provocados por otro hecho mantenido en secreto durante más de cuarenta años.

Lo que cuenta Porter es lo siguiente:

Cuando Brando falleció, el 1 de julio de 2004 en Los Ángeles, a los 80 años, a consecuencia de una fibrosis pulmonar, sus cenizas se repartieron entre Tahití y el Valle de la Muerte, en California.  Pero lo que pocos conocen es que, antes de ser esparcidas, habían sido mezcladas con las de Wally Cox, un actor prácticamente desconocido, cuya urna guardaba Marlon Brando en su habitación desde que aquél falleció. 

Y ese motivo sería que Wally Cox fue el gran amor de Marlon Brando. 

Precisamente es hasta 1973, cuando vemos a un Brando pletórico en lo artístico, en lo personal e incluso en lo familiar, lo que culminaría con su participación protagonista en El último tango en París, el clásico de Bertolucci, cuando el actor vive su progresión meteórica para después, con el fallecimiento de Cox, caer en esa frenética montaña rusa. 

Dice Porter en su libro “Brando al descubierto” que Walix Cox pronunció estas palabras en su lecho de muerte: “Lo único que voy a echar de menos realmente de esta vida será caminar entre los árboles con Marlon.”

Este espacio cuenta con el respaldo de la Escuela de Cine Un perro andaluz y la colaboración de la tertulia Habladores de cine.

Te deseo paz y alegría serena.

Hasta pronto.

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