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Molintonia

Convertirse en líder, ¿se hace sin esfuerzo?

Publicado en Foro RH, 7 de junio de 2007

Por norma, cuando hacen a alguien jefe nadie se preocupa del nombre, sólo de apellido. Me explico: puedo ser nombrado jefe de Algo y lo importante es el Algo y no el jefe.  Hay que “conocer”, y no en el sentido bíblico, aunque estaría muy bien, las técnicas, los sistemas, las herramientas y los presupuestos para entender el puesto de trabajo.

Sin embargo, pocos ven que en ese puesto de jefe se incluyen responsabilidades sobre otras personas que, a su vez, tienen tareas que hacer y que esperan ‘Algo’ para hacerlas bien. ¿Cuántos jefes recién nombrados han sido llamados a aprender a serlo? Y no me sirve ni eso de que “el mando se otorga...con los galones”, ni de que “es como ser padres, se aprende con la práctica”.

Por regla general, seguimos las modas, y las modas tienden a lo espectacular, pues si no lo hacen, apenas llaman la atención. ¿Cuántos éxitos de ventas en literatura “gurú” tenemos y hemos tenido con preclaras teorías... que sólo comprenden cuatro?

Suelen adornar muy bien un discurso y dotan de un gran vocabulario para exposiciones rimbombantes. Los de arriba se quedan con el sonido de los conceptos y los de abajo con el pensamiento de que “si eso se aplicara...”, pero ¿quién se mueve? Hay muy pocas personas dispuestas a impulsar o aplicar las teorías que “suenan tan bien”; aunque sólo progresamos con el cambio, estamos hechos para buscar la estabilidad. Por eso, el cambio hiere, duele o molesta. Y sobre todo, si nos lo visten de objetivos inalcanzables, con modelos celestiales y caminos rosados.

 

¿No indigna que te pongan como líder ejemplo a Gandhi o a Martin Luther King... Que te expliquen: ellos hicieron esto y lo otro y llegaron aquí y allá? En el momento de recibir el mensaje, mi primera sensación es: qué pequeño soy, cómo puedo llegar a ser así, es imposible. Las palabras magnas calan en muy poca gente... y hay mucha gente necesitada de aprender, así que esa pedagogía no sirve.

¿En algún libro, o charla, o congreso, alguno de los escritores, conferenciantes o ponentes explican qué errores cometieron o en qué se equivocaron? En muy pocos casos, ¿verdad? Estamos habituados a dar la imagen de que no hemos sufrido, de que los caminos están llenos de catapultas espontáneas que nos transportan por arte de magia a la situación que vendemos.

El marketing sólo es efectivo con sonrisas, diversión, belleza física, atracción hacia el placer.  Y esos estímulos son baldíos para provocar un esfuerzo. Estamos rodeados de publicidad, sus técnicas nos atrapan, impregnan nuestros actos, la creemos una panacea... pero todas sus herramientas están destinadas a buscar un acto compulsivo, no una modificación de hábitos.

Cambiar la manera de comportarse, ¿se hace sin esfuerzo? Convertirse en un líder, o directivo, o jefe distinto, es cambiar la manera de comportarse, no es cambiar de dentífrico, de automóvil o de jabón líquido. Por lo tanto, requiere esfuerzo. Es decir, necesita otros estímulos, otro camino, otros modelos.

Y los jefes quieren mandar bien, la gran mayoría desea servir mejor a los demás, a su gente, a sus empleados, a su empresa, a los clientes.  El potencial de buen jefe reside en miles de personas, precisamente en quienes más pueden contribuir a la gestación de los cambios que llevan al progreso. ¿Qué enseñanza deben recibir?  ¿Sinergia, alto rendimiento, modelos mentales, pensamiento sistémico, empatía, inteligencia emocional, capacidades psicosociales...? Hay que contestar que sí obligatoriamente, pero ¿vestidos de gala o vestidos de faena?  En un plato, ¿con todos los ingredientes?  El descubrimiento de la necesidad de cambiar se evidencia lentamente, se sirve a pequeñas dosis y se recogen resultados en temporadas venideras.  Las prisas son malas consejeras, las erudiciones generan rechazo, las imposiciones provocan batallas.

 

Y esas personas potencialmente buenos jefes desean ser llevadas poco a poco por un camino en el que sepan encontrar el interruptor de la lámpara.  Si lo sabemos conducir por él hasta es posible que encuentre no sólo el interruptor, sino también al genio que le otorgue su deseo.

 José Antonio Prades

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1 comentario

Sergio -

Hay líderes en una organización, incluso con "l" minúscula mejor capacitados por cualidades y formación y que aportan mucho más que muchos mal nombrados Jefes que no son sino lastres por su incapacidad y soberbia. El líder se hace a sí mismo, el Jefe en ocasiones sólo se nombra. Buen artículo, José Antonio, sigue compartiendo tu saber
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