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El talento por sí solo

El talento por sí solo

         El señor César Alierta, presidente del Grupo Telefónica, en la mesa redonda “Aprendiendo a sobrevivir”, dentro del XII Congreso Nacional de Empresa Familiar, celebrado en Zaragoza, los días 8 y 9 de noviembre, ha dicho, entre otras cosas, según los ecos de varios medios de comunicación:

 “El talento por sí solo no sirve para nada. Prefiero gente trabajadora y que tome decisiones, que tenga formacion y sepa trabajar en equipo.”

 Creo que el hablante no entiende qué significa “talento”.  No entiende qué significa talento dentro de la gestión de las personas.  Y es el presidente del mayor grupo empresarial español, por lo que da un poco de miedo.

 Hemos hablado varias veces en esta columna sobre qué es talento y sobre su gestión.  También ha sido tema la implicación necesaria de la Dirección General (convengamos que también de la Presidencia y de los Consejos de Administración).  Desde aquellas opiniones, duele encontrarse con uno de los empresarios más importantes del mundo fallando en la visión de un concepto tan decisivo.  Sé que no será muy grave, porque estoy seguro de que los profesionales de recursos humanos del Grupo Telefónica le harán entender la cuestión.  Y una vez explicada, no dudo de que el Presidente ya no volverá meter la pata.

 Estudiemos lo dicho:

 “El talento por sí solo no sirve para nada”.  Se suele asociar talento a una habilidad extrema, ya sea física, intelectual o artística.  Visto así, lo que no es erróneo, se justifica la afirmación, puesto que algo que no se ejercita, que no se aplica, no sirve ni en el currículum.  Una persona puede conseguir una excelente musculación en el gimnasio, pero si no la aplica a un levantamiento de pesos (por ejemplo), no tiene utilidad (aunque se crea muy atractivo).  Un tenor que no cante en público no aplica su talento…

 “Prefiero…”.  Usar el verbo ‘preferir’ significa que lo dicho antes (el talento) está en contraposición de la elección de quien habla.  Es decir, lo que viene después es una alternativa a usar con preferencia antes que la otra.  Se puede entender que se deja el talento en un plano apartado.

 “…gente trabajadora…”.  ¿Los talentosos no son trabajadores?, pregunto.  ¿Trabajadora significa con “dedicación única y exclusiva”?

 “…y que tome decisiones, que tenga formación y sepa trabajar en equipo”.  Pero todo esto, ¿no forma parte del talento?

 Existe una fuerte contradicción en esas palabras, en esas dos frases, una a continuación de otra… y es que desprecia una cualidad (el talento), y quiere sustituirlo por otras cualidades/competencias (capacidad de trabajo, formación y trabajo en equipo) que se encuentran dentro de la despreciada.  Prefiere la harina, el azúcar, la canela, antes que la galleta. 

 ¿Puede percibirse cierto prejuicio en la aceptación de las personas talentosas? No quiero interpretar que el hablante quiere decir que le sobra talento por doquier a sí mismo y, por lo tanto, no es necesario que sus colaboradores sean talentosos.

 Es alarmante que la falta de preocupación por encontrar nuevas vías de crecimiento, al basarse en paradigmas caducos o equivocados (como por ejemplo, los artistas sólo trabajan por inspiración y no por transpiración, son individualistas y creen que no necesitan formación), deja fuera de uso y aplicación a técnicas y herramientas que pueden hacernos la vida mucho más agradable y mucho más rentable.

 Quizá todo ocurrió porque la mesa de debate se llamaba “Aprendiendo a sobrevivir”, sólo sobrevivir…

(Publicado en ForoRH núm. 125, 12/11/2009)

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