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Libro IV - El juego de las sillas, Prólogo

Libro IV - El juego de las sillas, Prólogo

(Manuscrito de mi yaya, que escribió a los 98 años)

En el año 2009, recopilé varios relatos no publicados para presentarlos a un certamen de la Diputación Provincial de Zaragoza.  Entre varios títulos, mi hijo Eduardo eligió El juego de las sillas, porque un libro de cuentos puede leerse como se juega a las sillas, haciendo girar a las historias en torno a los asientos, y escoger a la que se quede de pie después de sonar la palmada.

Para esa recopilación, rescaté unas líneas que guardaba por alguna carpeta escondida y las incluí de prefacio en aquel libro, donde no estaban todos los que son, ni son todos los que estaban (los cuentos, digo). Creo que ilustran a la perfección varias de las sensaciones percibidas a la hora de reunir mi obra a los 50.  Ten, sírvete…

 Escribo estas líneas varios años después de que diera por terminada la creación de la mayoría de los relatos que siguen.

Releer es un ejercicio apasionante; siempre se descubren nuevas sensaciones que a veces son recuerdos y a veces novedades que enriquecen la memoria.  Y en esta ocasión, al reencontrarme con el mundo que yo tuve en aquellas épocas, la aventura se convierte en un viaje hacia el interior de una persona que debió ser yo en un lugar del tiempo.

Bucear por esas páginas, que escribí por intuición y sin consciencia de que volcaba con la tinta mis fantasmas tan ocultos, me lleva al pensamiento de que quizá no somos los mismos cuando el tiempo se adueña de nuestra alma.

Los escritores, raza tan difícil y tan oscura, amamos a nuestras obras como hijos bastardos que se parecen a nosotros mucho más que los legítimos.  Y son los propios hijos quienes nos enseñan que también fuimos jóvenes y que cometimos errores y herejías que nos persiguieron durante años hasta que supimos descubrirlos sin saber cómo, y entonces, como arte de prestidigitación, dejan de ser carga pesada y se transforman en objeto de divertimento –¡qué sagrado el humor!

Este libro es el jardín de infancia donde se han encontrado todos estos niños para iniciarse en el conocimiento de la vida fuera del hogar.  Entre ellos hay diferencias, distintos gustos y caracteres, porque su padre, inexperto y caprichoso, jugaba a encontrar el camino de hacer ideal el culmen de la creación.  Y todos son del mismo padre, pero sus madres son desconocidas (que no inexistentes), por lo que discrepan tanto en su evolución que algunos no se hablan, otros se adoran y el resto se soportan en un ejercicio de obediencia debida al progenitor.  Incluso algunos han nacido en otro país, en otro continente y en otro hemisferio, donde el Sol pasa por otro lado, la Luna crece al revés, las estaciones se contradicen y los astros influyen de otra manera.

Atrás han quedado espíritus sin encarnar, cópulas sin amor, ejercicios gimnásticos y ensayos en la memoria, cuyo producto fue tan generoso que ni siquiera quiso nacer.

En Buenos Aires conocí el precioso apelativo de "Maestra Jardinera", así, en femenino exclusivamente, porque parece que los hombres no estemos hechos para creer en la infancia.  Como sé que esto no es verdad, recurro a que si eres mujer, te hagas Maestra Jardinera por unas horas para que apliques ese cariño recto que necesitan los niños.  Y si eres varón, sé que el ejercicio no te va a ser tan duro como tus amigos se creen que eres.  Tómalo como un ruego.

Que os sea muy agradable.

 

Divido este libro en varias partes:

—la primera de ellas engloba los nueve relatos que escribí en 1995, muchos de ellos como ejercicio de estilo mientras leía teoría argentina sobre sus maestros en relato corto, sobre todo Cortázar y Borges; El regreso fue publicado en el boletín del Círculo Aragonés de Buenos Aires y Los guardaba por casualidad (antes El periquito) está incluido en Tintas distintas.

—en la segunda van los cuentos infantiles, que bien podrían configurar un libro aparte, pero he preferido dejarlos ahí por razón cronológica.

—en la tercera, aparecen cinco relatos inconexos, muy separados en tiempos, estilos y temáticas, que hacen de puente para llegar a las dos últimas...

—la cuarta parte: los nueve escritos expresamente para el libro de 3d3 Tintas distintas

—y la quinta parte contiene experimentos en microrrelatos

(puedes comprar este libro en www.bubok.es/libros/212905/El-juego-de-las-sillas )


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