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Libro V - Arreglos para una oficina impúdica, Reseña

Libro V - Arreglos para una oficina impúdica, Reseña

(puedes descargar esta novela en epub desde https://literaturame.net/libro/arreglos-para-una-oficina-impudica/ y en formato papel desde www.bubok.es/libros/212602/Arreglos-para-una-oficina-impudica)

Empecé a escribir esta novela al poco de terminar mi relato largo Ponciano, un amigo (luego reconvertido a Epistolario de un oficinista), allá por 1984.  Continué con la diversión que me había causado esa primera obra más extensa y aquí pretendí ir más allá en la amplitud para pasar del relato largo a la novela corta.

Unas lecturas juveniles de Álvaro de la Iglesia me inspiraron para comenzar, tal como he comentado en el Preludio a esta recopilación.  Y estaba algo rodado en el tema del humor gracias a los sainetes de variedades que había escrito recientemente.

El ambiente de mi oficina, tan siniestro, tan vetusto para un joven recién incorporado, y haberme sentido cómodo con las aventuras del buen Ponciano, se mezclaron para cocinar esta obra que tiene base en episodios y en personajes de aquella oficina en la que desempeñé mi primera experiencia laboral.  Era la oficina de Facturación y en ella se repasaban las lecturas de contadores eléctricos para que no hubiera problemas en el departamento de informática a la hora de realizar la grabación de datos que permitiera emitir los recibos.  Más o menos, estábamos mitad de veteranos y mitad de novatos (o menores de 30, que algunos con esa edad ya llevaban más de 15 en la plantilla).  Nuestra entrada (fuimos seis chavales en menos de ocho meses) había supuesto aire fresco, incluida una mujer, en aquel equipo ajado, que mantenía el estilo paternalista y servilista propugnado por la cultura pseudofuncionarial de los años de Franco en la mayoría de las oficinas.  Los veteranos empezaron a tomar confianza con nosotros, no por deferencia, sino por interés personal, ya que íbamos ávidos de aprendizaje y así ellos descargaban sus  tareas en nosotros.  Tal fue en aumento esa relación que nos contaron ampliamente la vida y milagros de la corte existente en la empresa desde más de cincuenta años atrás, historias que yo escuchaba muy atento y que intercambiábamos posteriormente en las reuniones con novatos de otros departamentos.  También viví la llegada del primer terminal de ordenador a la oficina, la desaparición del sacapuntas en la oficina del jefe, de la retirada de las calculadoras con manivela, etcétera, etcétera, como acontecimientos que me hacían sonreír a lo somarda y con un poso de cariño.

Aquellos cuentitos, aquellas observaciones, aquellos comentarios, me lanzaron a escribir unos cuantos folios (más o menos la mitad de los que al final ha supuesto la novelita), que se quedaron varados por la falta de tiempo que provocó mi vuelta a los estudios universitarios.  Y ese punto de arranque es la razón para que aparezca aquí por orden cronológico de empiece, pues si por finalización fuera debería pasar al segundo lugar.

Hay personajes casi reales cuyo titular se vería reconocido en caso de leer sus peripecias, siempre exageradas, pero nunca mentirosas.  Incluso hay documentos internos en la novela, unas cartas y  unas notas, que son literales tal como se produjeron en su momento.

Me he reído muchísimo cada vez que la he leído, como igual me ha pasado al repasarla para esta compilación.  Sólo estuvo pensada para hacer reír, nada más, y es, por tanto una novela cómica en tres actos que, a falta de orquesta, presenta como instrumento al mejor silbador habido nunca en la calle San Miguel de Zaragoza.  Y silbaba, ¡cómo no!, la Marcha Nupcial.

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