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Reseña de A las afueras del mundo, de Jesús Gil Vilda

Reseña de A las afueras del mundo, de Jesús Gil Vilda

El protagonista se llama Jesús Bernal, es profesor de Física nuclear recientemente despedido, también recientemente divorciado, con un hijo y una vida encarada hacia una más que probable desesperación.  Presencia el suicidio de un hombre y decide suplantar su identidad.  Así conoce a Lorraine, o Dorothea, también alias Dodo, con quien emprende una aventura vertiginosa por los mundos de los ideales revolucionarios.

A las afueras del mundo transcurre en una sociedad distópica (aunque sin ciencia-ficción), a pocos años más de nuestra época, y pretende ser un ejercicio de crítica social en forma de thriller que conjuga destellos de buen estilo, incursiones históricas, científicas y cinéfilas, además de reflexiones y discursos ideológicos.  Probablemente, si la lee alguien en vías de sublevarse ante la evolución de nuestra sociedad, pudiera tomarla como estandarte para arengar a sus masas, incluso convirtiéndola en referente filosófico.  Sí, la historia tiene ingredientes para esto, desde una perspectiva pesimista y derrotista, en la que para nada despunta un mínimo de esperanza.  Es así, entonces, una historia que atrapa por las sensaciones de rechazo, desprecio y defensa/ataque de/a una forma de vivir que recuerda a la expuesta en las más conocidas novelas del género, como El proceso, Fahrenheit 451, Un mundo feliz, 1984, Sueñan los androides con ovejas eléctricas (Blade Runner en cine), La fuga de Logan…

Ese contacto con la mujer a la que le lleva el navegador del coche abandonado del suicida introduce al zaragozano Bernal, residente en Londres, en las profundidades de un barrio marginal donde se han refugiado los disidentes de una sociedad violenta, manipuladora y obscena en pos del poder de las mentes.  Con algunos pasajes que recuerdan demasiado a algunos precedentes citados, entrelazados con otros que desbordan originalidad, con diálogos que remiten más a estilo de guion cinematográfico que a novelesco, el autor nos lleva por atentados terroristas, cargas policiales, resistencias pasivas que quieren convertirse en activas, personajes estrambóticos, todos con historias de derrotas a la espalda.

Siendo reduccionistas, podemos decir que la novela es una pugna entre esos dos protagonistas, Jesús (no deja de tener significado latente el nombre como el Cristo), y Dorothea, que también semeja o rememora el supuesto oficio de María Magdalena, a la sazón tenida por algunos exégetas de la historia cristiana como la esposa del hijo de Dios.  Podría ser una historia de amor, pero el tratamiento inteligente que Gil Vilda le aplica nos lleva por diferentes estados de la relación hasta finalizar en uno alejado de lo que al principio parece.  Hay momentos de discusión ideológica entre ellos cuyo tratamiento depende del conocimiento que de ambas biografías se van desvelando el uno al otro.  Aplica muy bien el recurso narrativo de mover el tiempo a través de la transcripción de una especie de diario que ella le ha legado y que Bernal lee años después.  Otros personajes secundarios nos llenan o nos llevan a la reflexión sobre momentos reales de nuestra actualidad, como el fanatismo religioso, o la crisis mundial provocada por los bancos, o la posibilidad de la intromisión en nuestras vidas a través de la tecnología, con intervenciones variopintas, quizá a veces algo forzadas dentro de la historia, lo que no tendría esta consideración si el ritmo, tanto general como de los propios incisos, fuera más pausado.  La filosofía, la ideología, la denuncia… requieren cadencia para comprender conceptos y lograr respiros que ayuden a verificar nuestra posición ante ellos.

Quiero destacar algunas de las guindas o sorpresas colaterales que el autor nos coloca a lo largo del texto, como esa visión diferente sobre el significado de la película Casablanca, especialmente sobre la famosa escena donde todos los parroquianos del Rick´s Café cantan la Marsellesa (remedo de la Internacional, según Jesús Bernal); o los apuntes históricos sobre Cromwell; o el relato sobre la consecución de la bomba de neutrones por USA antes que Alemania, debido a la torpeza investigadora de un científico con impacto sobre la trama de la novela; y, cómo voy a olvidarme de mencionarlo, un milagro…

Es también muy interesante el juego de las voces en el relato.  Se cruzan la primera, segunda y tercera persona en diferentes párrafos o partes de la narración, aunque siempre queda claro que el narrador es Jesús Bernal, quien años más tarde desde la ocurrencia de los hechos narrados plasma sus recuerdos en la novela que, hasta el epílogo, presentan varias vueltas de tuerca con novedades inesperadas.

Demuestra el autor pericia en la construcción de la trama y destacan momentos de creación literaria que se acercan a lo bello en estilo, con relevantes recursos que, a mi gusto (no es cuestión de técnica, sino de mi propia impresión personal), con un mayor reposo darían esa placidez de lectura de un buen texto que, además de atrapar (lo consigue correctamente), proporcione disfrute del arte literario, ya sea como invitación al pensamiento que favorece la sabiduría o como hermoso juego de las palabras.

Jesús Gil Vilda es un escritor zaragozano, de 44 años, afincado en Barcelona, y que ha destacado por su actividad cinematográfica como guionista, con varios premios en su haber.  En 2011 publicó su primera novela, Crisis de gran mal, donde acomete una visión del mundo empresario a través de un ejecutivo medio de una industria química, con denuncia de ese submundo que se desliza como placa tectónica bajo la bonita capa de la publicidad que acompaña a los comercialización de los productos.  Digno de que sigamos su trayectoria.

A las afueras del mundo

Jesús Gil Vilda

Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín – 2015

301 páginas

 

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