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Entrevista de Alberto Quezada a José Antonio Prades por "Una tal voz"

Entrevista de Alberto Quezada a José Antonio Prades por "Una tal voz"

En Editorial Harmonia han presentado esta entrevista que copio. Un lujo, un placer y un honor.

 

El periodista Alberto Quezada de la revista literaria Pegasus entrevista al autor José A. Prades sobre su colección de relatos ""Una tal voz"" cuya versión digital puede ser obtenida en Kobo, Amazon, Barnes@Noble, Google Play y muy pronto en otras cinco redes de distribución. 

¿Cómo empezó su interés por la literatura?

Por la lectura empezó con lo que en España llamamos tebeos, los cómics, en especial los de Editorial Bruguera, que preparaban versiones de los clásicos y así empecé a conocerlos. De niño, deshice por el uso un ejemplar del Quijote infantil, y de ahí pasé a Julio Verne, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson… para ir avanzando hacia los grandes autores clásicos y contemporáneos, que resultaría tedioso nombrar. Dejémoslo en ese Quijote, en Gregorio Samsa y el marqués de Bradomín, verbigracia. 

Por la escritura, todo se impulsó por un profesor de Lengua que alabó mi respuesta en versos pareados a su demanda sobre nuestra opinión del Cantar del Mío Cid. Tenía once años. Fui bien motivado luego por otros profesores, al valorar muy positivamente mis escritos, por ejemplo una “novela” como trabajo de fin de curso dos años después. Seguí escribiendo más para mí que para los demás, con el típico cuaderno adolescente que mantuve hasta los veintiún años, con poesía, prosa poética y de pensamiento. Un relato medioambientalista de mi autoría recibió el galardón literario del colegio a mis dieciseis años, impulso muy irmportante para escribir mi primer relato publicable, Rosa Roja, escrito con veinte, pero mi primera publicación (Epistolario de un oficinista) no llegó hasta los treinta y tres, cuando ya había escrito tres libros de relatos y tres novelas en esa década como veinteañero. El número tres me persigue.

 

Usted ha publicado varios libros, algunos de ellos con la editorial Harmonia. ¿Se vuelve más fácil o difícil de escribir con el transcurso de los años?

Depende de tu autoexigencia. Es más fácil conforme aumenta la edad, o resulta más fluido, como cualquier práctica que se mejora por la experiencia. Pero si pretendes conseguir una mejora continua, esa autoexigencia que comento puede convertir el hecho en un dolor o enfado por no considerar digno el nivel alcanzado por lo escrito

 

¿Es usted un escritor disciplinado o solo escribe cuando se inspira?

Seré políticamente incorrecto en esta respuesta. No creo en el esfuerzo ni en el “trabajarás con el sudor de tu frente”, que más parece una maldición de brujería que una máxima bíblica. Estimo imprescindible trabajar con alegría, disfrutar con cada actividad. Poder hacerlo así es el gran paso para ser feliz. En mi caso, sin negar momentos duros, más por impaciencia que otra cosa, para hacer caso a esa tesitura siempre he escrito por inspiración, con brújula más que con mapa, volcando esos momentos de navegación sobre las palabras que te arrastran hasta, otra verbigracia, escribir hasta dieciocho horas por día mientras el cuerpo y la mente aguanten. Me parece que lo importante es obtener satisfacción con la escritura y una vez elegida esa actividad poner la intención adecuada para conseguir un resultado que ayude a cada receptor, mientras has disfrutado del proceso.

 

La elegancia de su prosa es digna de encomio, ¿quién es su escritor favorito y cómo ha influenciado su escritura?

Muchas gracias. En cada época he tenido referentes distintos, no sé si llamarlo por evolución personal o literaria. Primero apareció Miguel de Unamuno, y casi simultánea la poesía de la Generación del 27, ambos como influencia de mi profesora de literatura en el curso preuniversitario. Después, por depurar estilo y contenido, vinieron Franz Kafka y Valle-Inclán, para llegar y detenerme durante un largo tiempo con García Márquez. A partir de ahí, podría llegar a algunas decenas de autores, de los que quiero destacar a Carlos Castán y Julio Ramón Ribeiro, cuya obra, especialmente la de relatos, conocí recientemente. Querría nombrar a autores aragoneses, como por ejemplo, Ramón J. Sender y Javier Tomeo. Hace poco leí dos novelas de Mariana Enríquez, y profundizaré más en su obra.

 

Todavía no hemos leído una novela suya, ¿tiene planes para una futura publicación?

He terminado una novela que está reposando para una revisión a distancia temporal y anímica de su momento impulsivo (como suele ser habitual en mis procesos) de su creación, en 2022. Una vez finalizada, me di cuenta de que podía dar inicio a una trilogía, así que tengo perfiladas las dos siguientes, que comenzaré a redactar en breve.

 

Usted abarca muchas temáticas o asuntos variados en sus relatos, ¿tiene usted preferencia por algún género literario en particular?

Cada género provoca un impacto en mí, según reciba ese impulso que he citado para ponerme a escribir. La narrativa, tanto en relato como en novela, me ha atraído hasta ahora con mayor fuerza, por ese deseo de contar historias y crear personajes. Pero también ahora me siento muy cómodo con el artículo de opinión y la poesía. Sobre los primeros estoy escribiendo uno semanal, y sobre la segunda, tengo tres poemarios (siempre el tres) en el cajón, listos para publicar en su momento.

 

¿Cree usted que la tecnología y sus distracciones le roban lectores a la literatura?

Habría que delimitar antes de contestar qué es la literatura y a qué llamamos distracciones de la tecnología. Si hablamos de teléfonos móviles, ordenadores, tabletas…, y el uso de las redes sociales como elemento adictivo, podríamos decir que sí. Pero creo que está ocurriendo un fenómeno importante: que crece el número de personas que leen, y entre ellas el libro digital cobra relevancia, y entraría en esa tecnología digital. Además, el libro tradicional resiste. Creo firmemente en que la literatura tiene raigambre nueva. Está incluida en esa nueva tecnología también, porque el soporte no rompe con el contenido o con la técnica. Concluyamos entonces en sentido contrario a la tesis de la pregunta: la tecnología trae lectores en otro tipo de soportes.

 

Cuando se sienta a escribir frente a la hoja de papel en blanco o la pantalla del ordenador se pregunta: ¿Qué voy a contar hoy, o ya tiene una idea concebida en su mente?

Tengo varias opciones para la creatividad. En ocasiones, las menos, quería escribir y no sabía de qué. Entonces, se abría el vacío con vértigo y se llenaba con inspiración sobre recuerdos u observaciones. En las más de las veces, la idea había salido antes de algún hecho o de alguna lectura (mis lecturas me dan gran base de inspiración), generalmente tomo algún apunte, antes en libretita, ahora en el teléfono móvil, y a partir de ahí voy desarrollando la historia, siempre con ninguna o poca planificación escrita, aunque quizá llevara días, meses o incluso años recibiendo inspiración para definir un personaje, preparar una descripción o narrar un acontecimiento, información que guardaba en la memoria. Cuando digo años, puedo poner el ejemplo de mi primera novela, entonces titulada El embrujo de una rubia platino (reeditada como Embrujo de mujer), que nació de un relato escrito tres años atrás. Los últimos catorce años tardó siete en cuajar. O Nadine l’amour, que fue escrita durante veinte años.

Y añado que siempre que he planificado más de lo habitual, me sirve de poco, porque la imaginación o la inspiración fluye sola y por caminos inesperadas en cuanto me pongo a escribir. Es decir, se acabo el mapa y debo sacar la brújula… para seguir a los personajes. Luego, la tarea de corrección es otro cantar.

 

¿Es difícil ser escritor en estos tiempos? ¿Cree usted que Cervantes se volvería a morir si resucitara y viera el entorno literario actual?

Cada época tiene sus modas y todos nos quejamos mirando atrás a lo que vivimos porque parece que cualquier pasado fue mejor. Ahora nos toca vivir el momento de lo fútil, lo fugaz, lo inmediato y lo rentable sobre lo excelente, duradero o profundo. Es muy probable que Cervantes o su avatar se esté quejando del horror literario que suponen algunas creaciones vendidas como excelentes, pero en cambio estoy seguro de que le habría gustado percibir derechos de autor y cobrar por asistir a programas de televisión o por impartir conferencias.

 

¿Cree usted que el Don Quijote de la Mancha pasaría inadvertido en estos tipos de indiferencia o apatía por la lectura?

Discrepo sobre esta tesis de indiferencia por la lectura. Nos quieren hacer creer que no se lee, quizá porque al poder le interese que se ponga de moda la incultura y el gobierno de los inútiles e ignorantes, pero lo cierto es que las estadísticas mantienen o aumentan tanto el número de lectores como la cantidad de tiempo dedicado a la lectura, y a más abundamiento el dedicado a actividades culturales. Por ejemplo, en España, ha crecido la cantidad de visitantes a museos, así como los padres que leen libros a sus hijos, entre otros entretenimientos de cultura.

Y sobre la primera parte de su pregunta, no me atrevo a opinar con contundencia. Probablemente, los críticos y filólogos independientes lo ponderarían en su justa medida. Ahora bien, no estoy tan seguro de que tuviera el impulso publicitario de un premio Planeta., pero, igual que en el siglo XVII, el boca a boca lo haría mejor vendido antes o después.

 

Los relatos La llave y El gato negro, casi oscuro, son verdaderamente buenos ¿en qué se basó para escribirlos?

Puede parecer imposible, pero ambos los escribí de tirón y apenas tuvieron correcciones. Debí disfrutar de la posesión de las musas, supongo. El titulado La llave fue inspirado en el momento de ponerme a escribirlo por una noticia en la que se comentaba que una empleada se había despedido del trabajo por los abusos de su jefe. El gato oscuro casi negro se inspira en un episodio de la serie Breaking bad en el que unos menores de edad venden droga en la calle. Ambos pretenden mostrar puntos negros de nuestra sociedad en episodios donde vencen los desfavorecidos.

 

¿Qué consejos le da usted a esos escritores noveles que sueñan con premios, fama y dinero?

No sé si llamarlo consejo, porque en mi caso he hecho poco caso de lo que me ‘aconsejaban’ hasta que no lo experimentaba y entonces recordaba aquella lección pendiente de aplicar. De acuerdo a mi experiencia y lo que he podido observar en otros colegas, para disfrutar y hacer disfrutar a los demás, que es de lo que se trata, hay que bajarse del ego, si esa es la cabalgadura, lo cual es muy difícil de reconocer y, sobre todo, de aceptar. Lo más importante es perder de vista el objetivo final una vez que lo has marcado, y gozar del proceso, del camino y de quienes van a tu lado como compañía, aprender a mirar en sus corazones y escribir sin buscar la fama, ese brillo superficial y falso que tarde o temprano nos hará fracasar, ya sea como escritor o como persona, que es aún mucho más doloroso. Si el dinero tiene que llegar, llegará, pero es mejor que lo haga más como consecuencia que como causa.

 

José, usted es un escritor con una trayectoria literaria que merece elogios. Lo felicitamos y le deseamos éxitos.

Más gracias.

 

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