Sobre Madres paralelas, de Pedro Almodóvar
Madres paralelas es una película irregular y valiente. No es el mejor Almodóvar ni la mejor Penélope, aunque brillan a golpes intermitentes secundados por una Aitana Sánchez-Gijón con su perfil más teatral que cinematográfico, aquí quizá justificado por su personaje.
Milena Smit está brillante.
Me ha dado la sensación de que ha habido prisa en esta película, como si el director no haya prestado la atención requerida para hacer una película redonda. Hay momentos que rechinan, que parecen impostados tanto en el guion como en la interpretación, incluso en el montaje. No mantiene el ritmo y las implicaciones en los personajes de Israel, flojo, y Pe, entre notable y aprobadillo raspado según secuencias, van y vienen en credibilidad dudosa. Es también oportunista, u oportuna en razón de quien valore las referencias del guion a la diversidad sexual o a la memoria histórica. Me empezó a interesar a la mitad, y a emocionar, unos diez minutos después. Creo que hay demasiados temas y tocados de una forma superficial que los deja cojos. Podría decirse que la obra comenzó con ambición y terminó con desidia.
Reitero mi admiración por Milena Smit, que quizá debió haber estado mejor dirigida, siendo ésta la mayor habilidad del manchego. Excelente Julieta Serrano en una breve y emotiva participación. Llena la pantalla Rossy de Palma en varias secuencias. En conclusión, el valor temático se atenúa por esa dispersión de calidad entre diferentes partes, lo que no resta méritos a una obra de autor, pero que no aumentará su currículum. Atención a la última toma, unos tres segundos cenitales con breve zoom. Llamativa.
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