Sobre 40 años con Franco, de Julián Casanova (exposición, 25 abril 2015)
Visité antes de ayer con mi hijo Eduardo la exposición 40 años con Franco, coordinada por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Ubicada en dos recintos emblemáticos de la ciudad de Zaragoza, el Palacio de Montemuzo, en la calle de Santiago, cerca de la plaza del Pilar, y en la Casa de los Morlanes, en la plaza del Seminario de San Carlos, presenta una clase de Historia sobre la dictadura franquista, en formato audiovisual, basada esencialmente sobre documentos gráficos y fragmentos de películas que ilustran con arte y oficio lo sucedido en aquellos años.
Soy de una generación que creció con el régimen declinando, en su fase más tecnócrata, que a algunos historiadores les llevó a calificarlo como una "dictablanda". En mi familia no ha habido enfrentamientos ni odios ni rencores por las heridas de la Guerra Civil y sus consecuencias, lo que agradezco profundamente para ser hoy la persona tolerante que deseo ser y transmitir a mis hijos. Y mi padre podría quejarse sin fin, porque, sin justificación alguna, por caer mi abuelo en "zona roja" trabajando como ferroviario para una empresa estatal (republicana), fue marcado en sus antecedentes policiales y nunca pudo buscar trabajo en cualquier oficio o profesión que tuviera relación con el Estado.
Estos episodios, tan abundantes dentro de aquel régimen autoritario y criminal, quedan muy bien documentados en la exposición, donde lo más escalofriante aparece en la sala dedicada a la pena de muerte, con una copia fiel del garrote vil y un sonido de fondo que provoca escalofríos mientras observas ese émbolo que a rosca se incrustaba en la nuca de los condenados. No es un recorrido completo por los cuarenta años, se necesitaría mucho más espacio y documentación, pero, con un lenguaje lo más objetivo posible, sin tapujos, pero también sin exabruptos, el profesor nos lleva por cuatro fases, que coinciden con cada una de las cuatro décadas para pasar desde la espeluznante represión inmediatamente posterior a la guerra hasta la apertura de los años 60/70, amparada por los acuerdos con Estados Unidos, la llegada del turismo y los planes de desarrollo que iban sacando a España de la pobreza inmensa que la había asolado en los 40/50.
El profesor Casanova ha hecho hincapié en un aspecto del que poco se ha hablado hasta ahora: el adoctrinamiento oficial. Expone hechos y documentos que nos hablan de cómo desde el colegio los niños recibíamos mensajes llenos de sectarismo, encaminados a dirigir las voluntades hacia la adoración a un caudillo y a una patria, a los que se instigaba a venerar como a un santo padre y a una santa madre. Me impactaron los originales de cuadernos de niños de primaria, aquellos cuadernos "en limpio" donde nos hacían transcribir las consignas del Movimiento o las preguntas del Catecismo. Me impactó recordar que el autollamado Generalísimo fuera investido por el Vaticano con los honores de un obispo y usar así sus símbolos como desfilar bajo palio. Esa Iglesia tan plegada a los excesos, que se liberó de alguna manera con las actuaciones finales del cardenal Tarancón, pero que no limpiaron ni una mínima parte de la responsabilidad por ese colaboracionismo infame.
Compartí con mi hijo Eduardo, de 19 años, esta exposición, pensada, en palabras del catedrático, para que los muchachos que hoy cursan Secundaria reciban un mensaje claro y preciso sobre lo que ese régimen supuso para sus abuelos y bisabuelos. Eduardo me apuntó que las lecciones sobre Historia de esa época las recibió en un Bachillerato en el que todo se imparte deprisa y enfocado exclusivamente en cómo se iban a enfrentar a la Selectividad, con esa exigencia de nuestro lamentable sistema educativo que prima la memorización antes que el razonamiento.
Conversamos sobre las causas y consecuencias de ese régimen dictatorial, revisando por qué se produjo (otro aspecto muy mal tratado por la divulgación histórica, como aquel ambiente presionado por la URSS y la evolución vertiginosa de las dictaduras comunistas en los tiempos de la II República) y cómo esos años finales de "dictablanda", junto con las resistencias que perduraron bien organizadas en el extranjero, ayudaron a una transición tan pacífica como imperfecta y que ahora vuelve a ser noticia justo otros cuarenta años después. Conversamos sobre la necesidad de curar heridas y reconocer errores, de la importancia de la reconciliación, de la inutilidad de las guerras, del abuso del poder, de la consecuencia de los odios y de la primacía de los valores democráticos, que con sus defectos de aplicación, propios de la condición humana, nos llevan al respeto, a la negociación y a la solidaridad por caminos menos escarpados que otras formas de gobernar.
Conversamos sobre el Nunca Más.
Imprescindible para conocer o para recordar, pero siempre para reflexionar con profundidad. Revisar la Historia sirve para no repetir lo que generó muerte, dolor, pobreza, retraso o rencor colectivo... y también para saber encontrar qué nos dio avance, riqueza, solidaridad, igualdad y perspectivas de un futuro donde haya más amor.
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