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Libro I - Arañazos, Palabras propias de presentación

Libro I - Arañazos, Palabras propias de presentación

Palabras propias de presentación de Epistolario de un oficinista 

Lo más importante para mí en este momento es agradecer a todos los asistentes su presencia.  Muchos de ustedes serán madres o padres.  Yo también.  Para alguien que escribe, y más si es su primera presentación al público, este acto se siente como el bautizo de su primer hijo, por lo tanto, estoy seguro de que comprenderán mi emoción y de por qué he mencionado ese agradecimiento en primer lugar.  Y además es muy especial porque hoy parte de mi familia no puede estar presente por razón de la distancia, así que ver a tantos asistentes en esta sala suponga un entrañable calor de hogar.  Envío mis abrazos a mis hijos Raúl y David, a mis padres y a todos aquéllos a quienes les habría gustado estar presentes.  Igualmente, quiero hacer expresa mención a la familia Prado-Quintás, que con su hospitalidad y cariño me han acercado a esta encantadora localidad de Caseros y me han abierto el camino de esta primera publicación.

Pienso que todo escritor debe ser una persona comprometida con unos valores, ya sean éticos, sociales, políticos o espirituales, porque su obra, en el momento que sale de sus manos inicia una vida que, como la de cualquier hijo, es imposible de controlar.  Convengamos que la elaboración de una obra siempre debe tener presentes unos principios muy parecidos a los que unos padres van inculcando a sus hijos… aunque todos conocemos hijos rebeldes, ¿no es verdad?... y han sabido crecer muy bien por sí mismos.

Escribir es un oficio y se convierte en arte cuando la combinación de sus instrumentos sumerge al lector en un mundo distinto al que sus sentidos percibe.  Y ningún escritor, ningún crítico, ningún filósofo, es capaz de describir por qué se consigue.  Se puede hablar de técnicas, de oficio, de sensibilidad, de observación… pero el lector habitual, que es quien realmente siente esa sensación, no quiere entender de escuelas, estilos, ni de voces narrativas, ni de metáforas, ni de rimas, ni de ritmos…  El lector habitual lee… y le gusta o no le gusta.  Igual que el observador de una escultura o de una pintura.  Los estudiosos del arte se han permitido investigar los motivos y llegan a conclusiones verdaderamente concienzudas, pero no convencen a esa mayoría que no quiere entender del arte, sino disfrutar del arte con ese sexto sentido que nadie se atreve a buscar científicamente.  ¿Cuál es ese sexto sentido?  ¿Qué órgano lo tiene atribuido?

Carl Jung, discípulo aventajado de Sigmund Freud, hablaba de una conciencia universal a la cual, según él, todos podríamos tener acceso.  ¿Quizá los artistas son capaces de acceder a ella y toman de ahí los elementos para hacernos vibrar de esa manera?  Platón también hablaba de la teoría de las ideas.  Y todas las religiones predican la existencia de un mundo ajeno a nuestras percepciones sensoriales.

Me voy a arriesgar a filosofar sobre esta cuestión, apoyándome en la línea que predica la dualidad cuerpo—alma.  A partir de la Edad Media, las investigaciones médicas, además de intentar descubrir el sexo de los ángeles, buscaban un lugar del cuerpo donde encontrar el alma.  Todavía no se ha llegado a una solución demostrable, y creo que nunca se llegará, porque el alma no va a ser tan grosera de alojarse en un lugar del cuerpo.  Esperemos seguir pensando que nuestra alma, en definitiva nosotros, sea tan etérea que nos permita creer en volar sin aviones.  ¿Qué es el alma?  ¿Dónde está?  Si el alma, es inaprensible, inmaterial, incorpórea, tampoco pretendamos que tenga orejas, ojos, oídos o boca, por lo tanto, ¿por qué no aventurar que el artista es capaz de hablar a ese pedazo de nosotros que ni siquiera sabemos dónde lo tenemos?  Entendamos que sí, que es capaz, y de ahí que la obra de arte sea universal, porque suponiendo que todas las almas nacen y vuelven al mismo mundo, fuera de fronteras, idiomas, ideología y políticas, el lenguaje verdaderamente artístico impactará a todos aquéllos que sepan sentir, aunque sea intuitivamente, su alma.

Aparte de que estas disquisiciones puedan tener o no visos de verdad, es innegable que el artista es poseedor de un don que no es habitual entre los mortales, lo que se denomina talento.  Creo que ese talento, como cualquier otro, entendido desde el punto de vista empresarial, organizativo, político, altruista, etcétera, debe ponerse al servicio de la colectividad con el compromiso que antes aludía, compromiso consigo mismo y con su obra y su mensaje, con su significación dentro de la sociedad, ya sea exclusivamente con el deseo de entretener, divertir, meditar, enseñar.  Aunque una obra no vaya a salir de las puertas de casa del autor, es necesario que sea elaborada con ese compromiso de hacer valor una intención, intención que alcanzará mayor sentido cuando se enfoque hacia un proyecto que signifique hacer mejor la vida de los demás, aunque solamente sea distraerlos unos segundos haciéndole salir de este mundo nuestro tan complejo.

La mayoría de las veces, los autores no son capaces, al momento de terminar la obra, de analizar objetivamente cuál ha de ser el lugar que va a ocupar, y ni siquiera si va a ocupar un lugar.  Para quienes se acercan a la literatura como lectores, surge la duda de si el autor ha previsto que va a tener tal o cual repercusión.  Más en concreto, muchas veces nos preguntan a quienes nos dedicamos a esto cuál ha sido el motivo que nos ha empujado a escribir ésta o aquélla obra, el porqué de tal tema o tal estilo.  Si tuviera que contestar refiriéndome a este libro, en los cuatro primeros relatos diría que exclusivamente el deseo de llenar una página en blanco.  Todas las interpretaciones que puedan surgirme sobre cada relato nacen muy lejanas al momento en que coloqué el punto final.  Es decir, que las musas existen…

El relato que da nombre al libro, Epistolario de un oficinista, es una historia real, a pesar de lo estrambótico del personaje, quien, por sus peculiaridades, me incitaba a tomar nota de todo lo que hacía o decía en la oficina, en un principio sólo por curiosidad o diversión, después ya con intención de fijarlo en el papel.  Utilicé la forma epistolar por timidez.  Puesto que soy protagonista indirecto de la historia, diluido en los otros personajes, sentí reparo al verme incluido en ella, por lo que mediante las cartas pretendí esconderme un poco más.  Elegí un modelo estilístico prestado de Unamuno, el que utilizó en sus “Historias de don Sandalio, o un jugador de ajedrez”.

El aura del bosque surgió un día en que deseaba escribir imperiosamente, pero no sabía el qué.  Tomé un libro de Tagore, “El jardinero”, leí una poesía que me impactó, y asumí su argumento para lanzarme contra el papel sin tener ni idea de qué iba a constar mi relato.

Cuando comencé a escribir ¡Qué genio! sólo pretendía hacer reír.  Hacía poco tiempo que se había estrenado mi primera obrita cómica, y como vi que los espectadores se reían, me surgió el deseo de escribir una narración de ese estilo.

A veces los concursos ayudan a la creatividad de los escritores.  Este es el caso para … y los fusiles hablaron. Llegó a mis manos una convocatoria para un concurso de relatos relacionados con el tema del fanatismo.  Sin más motivación, agarré el bolígrafo y me apareció el fanático señor Carlos, que supongo estaría oculto por algún lugar escondido de mi cerebro.

En Las últimas palabras ya hay más intención y más compromiso.  También nace de un caso real, pero esta vez más novelado.  Forma parte de otro libro titulado Cuentos de Luz, que estoy terminando, pero Juan ha querido incluirlo en esta antología que ha seleccionado de entre mis relatos.

Tengo cierta intención motivada que engloba a todos estos cuentos, y que he querido plasmar en una carta prólogo incluida en el libro, y que quiero leeros como fin a mi intervención:

 

Querido lector:

Seas bienvenido a esta pequeña isla de la producción literaria, donde he desembarcado, casi por intuición, para ofrecerte unos cuantos pedazos de esa parte humana dentro de la cual se alojan los fantasmas y fantasías del mundo interior.

Este libro contiene palabras puestas en orden con la única meta de mostrarte un cúmulo de sensaciones que no sé expresar de otra manera.  Cada entorno, cada personaje, nace de un mundo ajeno a tu realidad, pero se inmiscuirán en ella a través de la confabulación que sepa despertar en ti.  Y nadie será tu guía, el camino para sentir reside en algún lugar escondido de tus pensamientos.

Por ello, sólo aliento esta intención: que los minutos de lectura dedicados a estas páginas hagan de tu tiempo un paseo por la libertad de la imaginación, un lugar donde tan sólo tú serás capaz de llegar.

Puedes estar seguro: este libro está escrito pensando en ti.

Gracias.

(puedes comprar este libro en  www.bubok.es/libros/212595/Aranazos)


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