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Molintonia

Libro I - Arañazos, Epílogo

Estos párrafos pertenecen al Prólogo a “El Negro de Narciso”, de Joseph Conrad.  Los he incluido al final de "Arañazos".

 ...el artista habla a esa parte íntima de nuestro ser que no depende de la sabiduría, a lo que es en nosotros un don y no una adquisición, siendo, por consiguiente, más duradero.  Habla a nuestra capacidad de alegría y admiración, se dirige al sentimiento del misterio que rodea nuestras vidas, a nuestro sentido de la piedad, de la belleza y del dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creación; y a la convicción sutil, pero invencible, de la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones: a esa solidaridad en los sueños, en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor, que relaciona cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad, los muertos con los vivos, y los vivos con aquéllos que aún han de nacer.

...obligar a los hombres absortos por el lejano espectáculo de los éxitos materiales a contemplar un momento en torno a ellos una visión de formas, de colores, de luz y de sombras; hacerlos detenerse el tiempo de una mirada, de un suspiro, de una sonrisa, tal es el término, difícil y fugitivo, y a muy pocos de nosotros concedido.  Pero, a veces, por efecto de la gracia y del mérito, hasta ese objetivo puede llevarse a cabo. Y una vez llevado a cabo -¡oh, maravilla!- he aquí que toda la verdad de la vida se encuentra en él: un instante de visión, un suspiro, una sonrisa, y el regreso a un eterno reposo.

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