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Molintonia

La proactividad en los RRHH

Ser reactivos nos hace ir a la cola. Es preferir viajar en el último tren, quizá el más seguro, pero nos impide ver cuándo están llegando los primeros. Al juntarnos en la estación, ¡qué fácil es decir “no te preocupes, aquí estoy”! El último tren siempre vive en el pasado y sólo puede mirar al futuro con prismáticos. Ni siquiera podremos ayudar a bajar las maletas.

Ser proactivos nos facilita estar a la cabeza, pero en nuestra función, encajada dentro de un sistema cuyas interrelaciones no podemos controlar, la proactividad no puede ser “mirarnos el ombligo” para demostrar lo buenos que somos.

Nuestra obligación es ir un paso más allá, sólo uno, por delante de nuestro entorno, sin perder de vista un horizonte concreto, y avanzar sin pausa, mirando atrás a menudo para comprender por qué estamos ahí. No estamos tratando con tecnología ni con máquinas, sino con seres capaces de crear. Hay que medir cada decisión, sin caer en el inmovilismo, aplicando dosis progresivas para crecer sobre una base firme. En nuestro caso, un error de aplicación es mucho más grave porque trabajamos con voluntades y dependemos de las opiniones.

Si creemos en la proactividad, gran parte de nuestro tiempo debe ocuparse en prever. El sondeo del futuro se convierte en una actividad esencial para conseguir una aportación de calidad. Pero ¡atención!, las etapas y los itinerarios para llegar al futuro en cada caso no estarán descritas en ese Manual de Gestión de las Personas, que ya estará caduco antes de imprimirse. Ahí debemos insertarnos para mantener nuestra razón de existir y acallar a quienes continuamente nos están diciendo que somos esa lacra de centro de coste, que debe mantenerse porque no hay otro remedio.

Tenemos futuro, aunque me arriesgo a decir que “Recursos Humanos” es una denominación transitoria, que cambiará tardando poco. Puede que tenga razón Jac Fitz-enz, al llamarle Gestión del Valor Humano, pero apuesto por un nombre que incluya la palabra personas. “Recursos Humanos” me suena a utilitario y redundante. ¿Por qué al Director de recursos técnicos se le llama Director Técnico? ¿Y al de recursos financieros, Director Financiero? Por esta razón, al mentado ¿se le debería llamar Director Humano? Me permito adivinar: pongámosle Director del Valor de las Personas, o quizá Director para la Gestión del Talento.

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