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Molintonia

Visión

Escribo antes del jueves, por lo tanto aún no se ha jugado el partido de semifinales entre España y Rusia. No obstante, es comentario generalizado el éxito que supone haber ganado a Italia en cuartos de final. Se ha desatado una euforia colectiva que comparten más de diez millones de españoles (tomo el dato del seguimiento televisivo medio de los partidos de la selección).

Luis Aragonés nos habla de que nunca había sentido “el grupo” como ahora. Leo en la prensa deportiva que los jugadores tienen una serie de canciones aprendidas que, a modo de himno, cantan en el autobús que les desplaza a los partidos. Se habla de Reina, el segundo portero, como un aglutinador de onda positiva que esparce por las relaciones internas, especialmente entre Torres y Villa, pareja decisiva.

Estoy seguro de que este artículo se leerá de muy diferente manera según estemos ahora mirando a la final de Viena o al regreso a casa. En cualquier caso, se trata de mirar hacia atrás para intentar comprender por qué esta vez se han llegado a superar los resultados atascados desde 24 años ¡ha!.

Se han querido hacer muchas comparaciones entre deporte y gestión empresarial. Varios deportistas de élite son conferenciantes para contar sus experiencias enfocándolas hacia aspectos de la gestión de voluntades. Soy escéptico con una gran mayoría de esas equiparaciones, pero si estoy escribiendo sobre ello, es por la minoría que claramente está relacionada. No es lo mismo ganar una Liga que superar objetivos empresariales; ahora bien, los elementos emocionales se apoyan en idénticos resortes: la visión, el trabajo en equipo, la orientación al logro… Es decir, además de los componentes técnicos, se deben añadir, como sazón imprescindible, los componentes que priman en los sentimientos. En fútbol, es fácil, porque el forofismo no se refleja en un balance; no tanto así en la empresa, por supuesto, aunque es posible.

Los grandes proyectos empresariales no pueden entenderse sin la interpretación de un sueño equiparable al que ha contado Valdano sobre su deseo adolescente de marcar un gol en la final de un Mundial de fútbol. También deben entenderse desde aquellas declaraciones que hizo Luis Bello, un entrenador del Real Zaragoza en 1964, tiempo de Los Magníficos, algo así como: “Este equipo sólo necesita una instrucción: Señores, salgan a jugar como saben hacerlo”, porque era tal la sintonía que inmiscuirse en aquel estado de arte y eficacia con una intervención impositiva habría supuesto una injerencia nefasta.

Si existiera una máquina capaz de emitir estadísticas sobre el estado anímico de los miembros de un equipo, podríamos encontrar una relación directa entre su valoración positiva y la generación de éxitos. Y no depende de la flor de Miguel Muñoz, ni mucho menos,  ni de que salga una bolita del bombo con el número de nuestra apuesta… Hay que trabajarlo en muchos frentes, desde la selección de los integrantes hasta las palabras en el minuto anterior a la disputa del partido decisivo. Desde la perseverancia ante las críticas y las adversidades hasta la humildad en los éxitos parciales.

De haber vencido a los rusos, estaremos hablando de histeria colectiva. No quiero escribir sobre otro resultado porque también me gusta dejarme llevar por las emociones. Vistos lo visto, todos los ingredientes anteriores han servido para alcanzar la meta. Son absolutamente fundamentales los sistemas de juego, las calidades individuales, los entrenamientos, las recompensas… que configuran unos cimientos sólidos… pero con ellos llevábamos once competiciones internacionales atascados frente a los fracasos. Sólo se han superado con la química casi erótica de una visión: la copa desnuda en la mano.

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