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Sobre El buen patrón, de León de Aranoa

Sobre El buen patrón, de León de Aranoa

’El buen patrón’ es una película divertida y sutilmente ‘cañera’ social, con muestra explícita de un empresario manipulador y egocéntrico que, desde una fábrica heredada de su padre, domina su entorno mediante un rancio paternalismo que sólo se altera cuando corre el riesgo de ser censurado por sus pares o por su familia.  Naturalmente, ‘porque esa mala fama no será buena para la empresa’, entiéndase su ironía.

Se sale Javier Bardem en su papel, creo que incluso se le queda pequeño, a pesar de una caracterización algo burda, que no sé si es por deficiencia técnica o a posta para marcar ese tono de vodevil a fuego lento.  Sí, ritmo lento, cadencia pausada que choca con el de las comedias al uso.  Con gags inteligentes, se entrecruzan algunas tramas del guion que resultan simplonas, pero no repercuten en la visualización general de la película, que deja muy buen poso. 

Esa fábrica de balanzas es candidata a un premio empresarial, pero justo en el momento en que miembros del jurado van a visitarla para comprobar sus excelencias, un empleado despedido se propone tirar abajo mediáticamente esos supuestos méritos, mientras, por otro lado, un lío de faldas, que propicia el enredo de una forma interesante (muy bien la antagonista, Almudena Amor), dan la nota para combatir esa prepotencia que destila el buen patrón. 

Juega bien León de Aranoa con los mimbres a su servicio, un guion consistente y una soberbia interpretación de Bardem y algunas más con rango de sobresaliente (se nota la mano del director), para agitar conciencias y establecer una crítica sarcástica a ese empresariado que aún vive del paternalismo como base de sus relaciones laborales, anulando creatividades, generando sumisiones y abusando de su posición, tanto dentro como fuera de su empresa. 

Con una buena banda sonora de Zeltia Montes. 

La empresa se llama Balanzas Blanco (BB), una puntada con mucho hilo de Bárcenas.

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