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Molintonia

Liberando el alma

Ya llevo unos meses colaborando activamente con la Asociación del Deporte Solidario (ASDES, www.asdes.es), buscando socios y fondos que contribuyan económicamente a dos objetivos: otorgar becas a niños sin recursos para que puedan acceder a la práctica deportiva en clubes deportivos; y convencer a equipos del deporte cantera para que, según los goles/puntos obtenidos por ellos en su competición, ingresen determinada cantidad de céntimos en una hucha, cuya recogida a final de temporada dará fondos para financiar un proyecto de ayuda para niños en una zona desfavorecida del mundo.

Le estoy dedicando entre 10 y 15 horas al mes.

Nunca antes había prestado mi ocupación a una causa de estas características, no así mi aportación económica como socio de una ONG o con entrega directa de donativos.

La sensación es absolutamente distinta.  Requiere más esfuerzo, por supuesto, y ahí radica el punto mayor de satisfacción cuando obtienes resultados altruistas… mayor satisfacción interior (no necesitas contárselo a nadie con ostentación ni a nadie te apetece enseñar lo que has comprado con los beneficios obtenidos).

Hace años, Héctor Infer me explicó un sistema de gestión de personas, basado en valores, que había desarrollado Richard Barrett, un consultor norteamericano, sobre la pirámide de Maslow.  A sus clásicos seis escalones, le añadía tres necesidades espirituales con orientación al bien común: abrazar una causa, dejar huella y ser útil a los demás.  Y demostraba que aquellas empresas que han llegado a crearse estas necesidades (sin olvidar nutrir a las demás) han sobrevivido más tiempo y han logrado mucho más valor en Bolsa.  Incluso recuerdo que en su libro, “Liberando el alma de las empresas” (cuyo título me inspira para el de este artículo), hablaba de una empresa, situada según su análisis en estas necesidades espirituales, que incluía en su política “no despedir” y que, en las épocas de crisis, sobrevive al límite para cumplir ese compromiso (sin comentarios).

En esa misma obra, explicaba cómo varias de las empresas citadas colaboraban con obras benéficas, y otras, más elevadas aún en la escala, permitían y promovían que sus empleados colaboraran con oenegés o asociaciones sin ánimo de lucro que ayudaran a los desfavorecidos, otorgándoles entre 2 y 4 horas al mes de permiso retribuido para así motivarles e impulsar su colaboración.

Si entonces esta propuesta me atrajo con un brillo inédito, hoy, que he disfrutado en mi piel de esa sensación satisfactoria, me convierto en su impulsor a través de las líneas de este artículo… y en donde sea necesario.

Hemos hablado de valores en esta columna no hace muchas semanas atrás.  Y se sigue hablando de ellos en la sociedad.  Quien no escala en la pirámide de Maslow, termina devorado por lo que el Rey León enseñaba a su hijo como el ciclo de la vida, por la cadena alimenticia, o por sus propias depresiones ante la falta de metas.  Siguiendo a Barrett, ahora tenemos tres escalones más, que nos acercan a esa intuición humana que ha derivado en diversas interpretaciones de la espiritualidad, muy sesgadas por los dogmas religiosos.  Pero puedo atestiguar que “ser útil a los demás”, sin más objetivos, provoca motivación intrínseca y adhesión al proyecto y ¿no son éstos los medios más difundidos para conseguir la atracción y retención del talento? 

Convengamos que sí.

Y tengamos fe en la estadística que ha demostrado la supervivencia cualitativa de empresas que suman años y valor, años y valor, años y valor.

Quizá estas tres cosas (necesidades elevadas, retención del talento, permanencia y beneficios) tengan alguna relación entre sí.

 José Antonio Prades

Artículo publicado en ForoRH 28/05/2009

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