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i-Responsabilidad

i-Responsabilidad

No voy a hablar de Steve Jobs ni de su iPod (aipod) o de su iPad (aipad).  La “i” en el título es lo que es, un prefijo que da significado contrario a la palabra que acompaña.  Pero me apetece usar algo de técnica de marketing (mercadeo) y de licencia ortográfica para llamar la atención sobre este artículo.  Exclamaré: ¡ay, Responsabilidad!

 

Unos conocidos me comentaron que en el Banco Cántabro DelMedio Ibérico, es decir en el Banco BCMI, están despidiendo a empleados con más de 56 años de edad, a los que indemnizan por encima de lo legal, por lo cual reciben una suma generosa, y les dicen que ni se les ocurra denunciar, que ya van bien servidos hasta poder optar a la jubilación. El BCMI ha presentado últimamente unos beneficios espeluznantes además de haber realizado unos importantes aportes a su dotaciones para provisión por insolvencias, impagos y otros asuntos típicos de la crisis que nos acompaña.  Y también ha dotado con unas migajas de gigante un patrocinio mediático de altas miras.

 

Fui a comprobar lo que mis conocidos me contaban, y lo encontré, más o menos en los mismos términos, en noticias y foros escondidos por Internet.

 

Desde hace varios años, está de moda el concepto Responsabilidad Corporativa, al que recientemente se añade el de Sostenibilidad (en lo económico, social y medioambiental).  Llanamente, se trata de que las empresas sean “buena gente”: que actúen con bondad, con equidad, con honestidad y con cariño en el entorno en el que conviven, ya sea para con sus clientes, empleados, accionistas, proveedores y comunidad.  La cosa vende, así que los departamentos de comunicación o de marketing se están encargando de orientar las políticas de la empresa dentro de estos códigos de buenas formas, del buen hacer, de las buenas prácticas… y se incluyen en unas y otras asociaciones, fundaciones, tendencias, oenegés o similares, que propugnen esa forma de actuar.  Después, llega el Gran Jefe (o Jefecillo a secas), que a veces no se ha enterado muy bien de lo que sus directivos han planteado por ahí, y da una orden tajante -para cualquier cosa- que contradice flagrantemente todo el ideario tan especialmente lindo, y que nadie se atreve a discutirle.  ¿Por qué?  Porque “hay que ganar más dinero”, “porque se debe engordar el balance” y “así los demás nos seguirán teniendo miedo, crecemos más en tiempos de crisis, oh, qué buenos son, dirá la competencia”.

 

En estos momentos, recibo otra información vía mail de un amigo que me cuenta cómo una sociedad cooperativa está despidiendo a varios de sus empleados que no son socios, cuando justo en marzo pasado les había propuesto formar parte de la sociedad.  También vende aspectos de “buen rollito, ¿vale?” y lleva ganancias acumuladas harto suculentas.

 

En junio del pasado año un alto responsable de una firma de inversores afirmó que la rentabilidad de las empresas socialmente responsables (según FTSE Good IBEX) aumentó un 149 % entre 2003 y 2008, mientras que la rentabilidad de las empresas del IBEX 35 lo hizo un 120% en el mismo período.

Recuerdo de nuevo el libro “Liberando el alma de las empresas”, de Richard Barret, que relata cómo varias empresas norteamericanas se pusieron de acuerdo internamente en tiempos de crisis para no despedir a nadie, para aguantar el tirón como fuera y proteger los puestos de trabajo.  A lo largo del siglo XX, lo consiguieron varias veces.  Su valor en Bolsa era de los más seguros, de los más constantes en su crecimiento, muy sostenido, hasta llegar a superar, a la vista de cien años, a todos sus competidores en porcentajes asombrosos.  Seguro que no lo llamaban así en el año 1914, o en el año 1940, ni siquiera en los 80, pero ya estaban aplicando estos conceptos hoy novedosos y “marketineros”, que se llaman Responsabilidad Corporativa y Sostenibilidad.  Eran buenas personas, buenos empresarios integrados en los valores y en los objetivos sociales de su comunidad, de su país, que con sentido común y coherencia se hacían co-responsables de los males que en ese momento le tocaba vivir a su entorno, y con su capacidad de influir en las soluciones, se comprometieron a crear valor, y no sólo a conseguir dinero.

 

Por suerte, aún quedan empresarios de tal guisa.  Apoyémoslos y tendremos algo más de luz y algo menos de crisis.

 

Publicado en ForoRH núm. 137, del 12/02/2010

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