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Molintonia

Libro II - Cuentos de Luz, Preludio, dedicatoria y cita

La Luz es difícil de ver, y a veces se ve, pero no se entiende.  A lo largo de la vida, todos los seres humanos nos vamos acer­cando a la Estación de donde sale el tren de la Luz.  Unos pasan de largo; otros entran y miran; algunos saludan a los viajeros; y pocos adivinan el destino y suben a los vagones.  Raramente la Luz se identifica como tal, es decir, la decisión no tiene nada que ver con nuestra capacidad de razonar, sino de sentir, cualidad ra­dicada por un lugar recóndito de nuestra entraña.

Ningún científico ha demostrado ni demostrará la existencia de la Luz, por lo tanto se trata de una cuestión difícilmente acep­table por los sistemas tradicionales del conocimiento.  Pero todo el mundo sabe que la felicidad no se compone de verdades (?) científicas, por ello permítanme apostar por la Luz como esencia de la felicidad.

Si alguien me pregunta "¿qué es la Luz?", no voy a poder contestarle, ni siquiera me atrevería a responder si me interroga­ran sobre "¿quién me enseñará la Luz?".  Nadie está capacitado para dar una información que descubra la Luz.  Las palabras servirían al raciocinio y, en este caso, el raciocinio no es el cami­no...  La Luz está dentro de nosotros y solamente hay que en­contrarla (quizá hasta esta afirmación sea peligrosa).  Para la bús­queda no necesitamos a ninguno de los cinco sentidos: no la veremos, no la oiremos, no la oleremos, no la gustaremos, no la tocaremos; sin embargo, la sentiremos, aunque no podamos reco­nocerla.

Estos relatos no le van a levantar el velo, debe levantarlo usted... y quizá abrir estas páginas le ayude.

 

A mis padres

 A Juanjo y su grupo de Valdefierro

 

A Ángel, Soraya,

Vicente, Pili, María, Asun

 y el grupo de los Jardines de Lisboa

 

...llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.

...la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles.  Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.

 

De "La luz es como el agua".

Gabriel García Márquez

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