Sobre Titane, de Julia Ducournau
Titane es una película diferente, arriesgada y victoriosa (creo).
Quizá en un taller de guion, clase de creatividad, nunca le hayan dado a los alumnos un implante de titanio, asesinatos en serie, sexo lésbico, baile, un cuerpo de bomberos, una suplantación de personalidad y un parto casi esotérico. De todo y algo más, se nutre la directora para crear una historia que puede parecer ridícula, pero no; patética, pero no; fantástica, pero no (un poco sí, con pincelada biónica de ciencia ficción).
Discurre por caminos resbaladizos y siempre termina de pie, con excelente caracterización de la protagonista, gran acompañamiento musical, a veces tan extraño como el guion, y muy buenas interpretaciones.
Tiene secuencias duras, algunas tarantinescas, no son para estómagos sensibles (mucho cuidado). Y se desliza por el desarraigo adolescente, la negación de la pérdida de un hijo, la búsqueda del amor paterno-filial y la generación de vida a través de la muerte.
Nada convencional, muy bien construida, ha ganado la Palma de Oro en Cannes. Merecida.
Digna de ver. No es de un gusto clásico ni fácil.
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