Sobre Antes del atardecer, de Richard Linklater
En esta tarde de inefable bochorno, al abrigo del aire acondicionado (permíteme estas licencias literarias), comienzo a disfrutar de la película Antes del atardecer, la segunda de esa trilogía de encantamientos que nos regaló Richard Linklater. Es la quinta vez.
Te explico por qué la veo y reveo tanto, y así aprovecho para anticiparte una bonita noticia, al menos para mí. En la primera de la serie, Antes del amanecer, dos muchachos, del género chico y del género chica, se conocen y pasan juntos toda la noche en un vaivén maravilloso de diálogos, miradas y sonrisas. En la segunda citada, se reencuentran diez años después, cuando el chico va a París a presentar una novela en la que ha contado aquello que pasó aquella noche. Y para cerrar la corta reseña, en la tercera película, están casados y con hijos otros tantos años después. Disculpad si hay espoiler, pero no es precisamente la trama lo importante de la trilogía.
¿Y por qué pongo la segunda? Casi es obvio, por lo de la novela, porque además está teniendo éxito... Y también por esa noticia. Estoy revisando por enésima vez Nadine, l'amour, una novela muy especial para mí, comenzada a escribir en 2004 en un mano a mano epistolar con una amiga, en la que contamos, con toques autobiográficos, una profunda historia sentimental, a lo largo de cuarenta años, de dos seres sensibles que se separan y se reencuentran tantas veces como los personajes de la trilogía.
Tengo la imagen en pausa justo cuando por ¿casualidad? se reencuentran.
Nadine, I'amour estará publicada al año que viene, el de los tres doses.
Nota: hay publicada posteriormente (2025) una versión revisada de esta novela, titulada La princesa de Viola
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