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Sinopsis y resumen de cada cuento de Nada es como tu nombre, con opiniones de lectores

Sinopsis y resumen de cada cuento de Nada es como tu nombre, con opiniones de lectores

El impacto del amor en los enamorados diseña el vínculo para estos siete relatos, que destapan los resortes ocultos que nos empujan a la búsqueda y a la creación o destrucción de la vida en pareja, suspirando de pasión, apego, idolatría, sensualidad y ternura.

Creados con recursos del realismo mágico o de la literatura fantástica, entran y salen de un mundo rayano en lo extraordinario como proyección del amor convertido en (única) esencia de la espiritualidad.  Contienen elementos de discusión abierta como el amor en la infancia basado en sentimientos sólidos, la prostitución con valor humano y divino, la desmitificación de la madre maravillosa, las relaciones entre padre e hija, la existencia del alma gemela, la sublimación sexual para conectar con otros planos, los universos paralelos, la misión en esta vida, los deberes kármicos... la pareja como maestra.

Siete cuentos de amor y enamorados nos muestran otras realidades, que orientan y delimitan las relaciones como expresión del amor universal y su contribución a que los seres humanos comprendamos que nada está separado de la totalidad.

Había amado y, a través del amor, se había encontrado a sí mismo. La mayoría ama para perderse.

Hermann Hesse, en Demian

 

Los contenidos de cada relato son: 

1. El Zayn (el Zayn es un punto superior a El Aleph de Borges, al que incluye, porque aglutina todos los amores del mundo): el relato habla de la relación entre hija y madre, de las relaciones de pareja como enseñanzas de crecimiento, de la normalización del sexo fuera de tabúes... 

La zayn o zayin es la séptima letra del hebreo. Equivale a la letra fenicia zai. En gematría (numerología hebrea) representa el número siete.

Un mujer se dirige por escrito a su hermana, ambas distanciadas física y emocionalmente desde hace muchos años, para llamarle la atención sobre un momento delicado que está pasando la hija de la segunda.  

El relato plantea un proceso circular de la protagonista, Lola (hipocorístico de Dolores) por la tipología de relaciones amorosas, que inicia con un amor puro de infancia, pasa por el enamoramiento voraz, el desengaño, la promiscuidad, el desenfreno, la unión espiritual y culmina con el hallazgo del Zayn.

2. Alquimia de Amor: trata del amor en la infancia, de las almas afines o gemelas, de la vivencia del amor predestinado, de las herencias de deberes kármicos... 

Con tres voces diferentes, esta historia de amor está contada como una relación de amor, apego, con dolor y traición, de una pareja que así se reconocen ya desde niños, que reinician hasta en tres ocasiones, pero que no cuaja... 

Esta relación, con tres fases muy diferenciadas como intentos de crear una unión que parece predestinada, refleja que el libre albedrío dentro de la dualidad influye, en este caso negativamente, para retrasar una culminación del amor.

3. La casa de la india: presenta la prostitución como oficio y transmisión de enseñanza erótica, del sexo para conectar con otros planos... 

Un periodista se desplaza a un barrio periférico para realizar un reportaje y se encuentra con un personaje peculiar que le cuenta que allí hubo una casa de citas.  

Se plantea, más que una relación, que también la hay, una propuesta de enseñanza del sexo, evolucionando desde la búsqueda de la igualdad en el placer hasta la sublimación de la unión carnal.

4. La otra y yo: habla de los universos paralelos, el apego familiar, la liberación femenina... 

La protagonista ofrece dos relatos casi idénticos de dos realidades que parecen suceder al unísono, uno de ellos huyendo con su enamorado y otro renunciando a ese amor con la entrega incondicional al servicio de su padre.

Ambientado en un momento antiguo, podría ser entre los siglos XV y XIX, muestra el debate interno entre el amor al padre y el amor a la pareja.  Podría decirse que está creado desde El jardín de los senderos que se bifurcan, de Borges, por la protagonista que ha llegado al cruce del sendero de sus dos historias paralelas

 5. Amores largos: trata de la misión en esta vida, de los padres como maestros, del amor para siempre... 

El hijo narra lo que su padre, cerca ya de su muerte, le descubre sobre la relación auténtica que tuvo en su matrimonio. Va mostrando hechos en los que se revelan aspectos de la familia que no conocía, y que, junto a sus reflexiones, lo colocan en un inicio de misión, que finalmente comienza a reconocer.

Contiene partes reales de la historia de mis padres, llamados como los personajes, Josefina y Gregorio, así como un guiño a García Márquez, por la ascensión de Josefina (aunque no supone su muerte), como la de Remedios, la bella, en Cien años de soledad.

6. La vida en siete: presenta la pareja como maestra de vida, con la reflexión de que el exceso del conocimiento sin profundizar en la sabiduría que nos proporciona mediante la práctica diaria, no sirve para avanzar. 

Primera parte, de tres: un joven muy pedante comienza contando la perfecta relación que está teniendo con su pareja, expresando la invariable conclusión de que se ha convertido, junto a su enamorada, en los elegidos como modelo de amor. 

Segunda parte, veintiún años después: cuenta cómo ella le ha dejado, con un desgarro profundo y una decepción sangrante. 

Tercera parte, catorce años después: ella le ha enviado un mensaje para verse de nuevo y él reflexiona con madurez sobre aquella historia que vivieron y las enseñanzas de la vida que le ha dejado; parece que la relación, ahora sí, puede continuar.

7. Esther cuenta: también habla de la pareja como compañía para el aprendizaje, del tránsito a otros planos, de la declaración y reconocimiento del amor... 

Desde ya la otra vida, contándolo en modo carta a su marido, Esther hace balance de la relación, reflexionando con una visión trascendentes de los episodios que tuvieron que pasar juntos, de lo que supuso su maternidad, de sus discusiones y su aprendizaje, de sus reconciliaciones y sus enseñanzas, de su enfermedad, cáncer, que le llevó a la muerte... y cómo la vivió, y cómo le está esperando para recibirlo y acunarlo... Quizá ya esté él en ese tránsito.

Parte de mi propia historia, aunque novelada.  Esther fue mi segunda esposa, que falleció de cáncer de pulmón en 2015.  Contiene reflexiones que hicimos juntos al final de su vida, pero que están tratadas como si fueran transmitidas después de su muerte.

OPINIONES DE LECTORES

"He leído el primer relato, me ha cautivado, tienes un verbo suelto, poético, no tienes inhibiciones lo cual se agradece, lo escrito en cursiva es especial, es prosa poética, tienes una sensibilidad hacia la mujer difícil de encontrar en un hombre."

"Tienes un conocimiento del ser humano sorprendente, y una sensibilidad digna de las grandes personas. Subrayaría muchas frases en las que me reconozco."

"Se adivina que hay parte de autobiográfico, pero has añadido tu sensibilidad, muy femenina."

"Me reconozco, pero te advierto, solo los elegidos lo vamos a disfrutar. Los dos últimos relatos son conmovedores."

"ENHORABUENA, me ha gustado mucho. Es como un tesoro para guardar en nuestro interior."

"Es muy delicado el trato que le das a la mujer. Aparece siempre como maestra."

"Hace reflexionar sobre tus propias relaciones de pareja. Me ha hecho aprender."

"Muy emotivo, a veces desgarra, otras emociona. Ningún relato te deja indiferente."

"...un excelente libro, escrito con sabiduría, conciencia y Amor."

“Un viaje hacia el Amor mayúsculo, el que nos hace crecer, sentir, aprender y encontrarnos. Un libro lleno de belleza, ternura, verdad y conexión. Que energía más bonita, José Antonio”

“Ya me vine a casa el otro día leyéndolo por el camino! Tiene una vibración tan especial...que engancha de inmediato. Es muy emocional y se nota que está escrito con mucho cariño, sensibilidad y generosidad.  Enhorabuena, Jose Antonio, es un libro muy bonito!”

Reseña de Los últimos catorce años, por Fernando Gracia, en Heraldo

Reseña de Los últimos catorce años, por Fernando Gracia, en Heraldo

Los años a los que se refiere el autor son, curiosamente, los primeros catorce años de su vida, los que van desde su nacimiento a la muerte de Franco.  Pero no es una novela política, sino un ejercicio de memoria para recordar y contar a los demás lo que fue la vida de un muchacho normal y corriente, uno de esos que se mueve entre nosotros, uno que podría haber sido cualquiera de sus lectores.

Es en la verdad que desprenden todas y cada una de las páginas de este libro donde el lector encuentra el mayor de los méritos de esta hermosa novela.  Con una prosa aparentemente sencilla, el autor-protagonista se desdobla y por un lado nos cuenta sus andanzas y por otro lado –utilizando la letra cursiva- sus reflexiones.

De esta guisa podría decirse que con lo primero se convierte en narrador y con lo segundo hace literatura.  Todo ello sin ponerse demasiado exquisito, pegado a la tierra aunque nunca descendiendo a lo vulgar.

Como poeta que es José Antonio, lo que he podido comprobar en más de una ocasión, su libro destila poesía, una poesía sencilla, pero no facilona y, en todo momento, humanidad.

Su barrio, Montemolín, que ya fue el escenario e incluso el “leit motiv” de obras anteriores, está presente a lo largo de la medida duración de libro.  A la manera de los grandes escritores que reflejaron el mundo de la infancia y primera adolescencia, consigue trascender el aparente carácter localista de sus andanzas y hacer que en muchos momentos de la lectura nos sintamos identificados con el autor, a pesar de que nos puedan separar unos cuantos años de edad.

José Antonio Prades maneja estupendamente el vocabulario de la época, pone a prueba su magnífica memoria para contar cómo se vivía en aquella España de no hace tanto tiempo, y en todo momento mantiene una mirada amable, comprensiva y siempre humanista hacia un tiempo que, como dijo el poeta, constituye la auténtica patria de cada uno.

Con buen criterio coloca en la portada una hermosa fotografía de sus padres en la plaza del Pilar.  Su familia aparece retratada con precisión, sin acritud, en una palabra: con amor.  Porque en el fondo, este libro no ha parecido sino un acto de amor hacia sus progenitores, un acto que mucho podemos suscribir, porque en muchos aspectos, el leerlo es muy probable que el lector esté viendo a los suyos propios.

Reseña de Embrujo de mujer en Letralia

Reseña de Embrujo de mujer en Letralia

Amor, dominación y ser, la propuesta que José Antonio Prades hace en su novela Embrujo de mujer

Letralia lunes 5 de agosto de 2019

 

Embrujo de mujer
José Antonio Prades
Novela
Asociación 3d3 LiterArt
Zaragoza (España), 2019
ISBN: 9781074080068
310 páginas

Disponible en Amazon

 

Toda mujer ha soñado ser seducida por un don Juan, aunque sólo fuera para odiarlo después. La frase anterior es del escritor español José Antonio Prades, autor de la novela Embrujo de mujer, una historia de amor, placer y dominación, con un guiño de locura, en la que el creador evoca a la figura del don Juan en un joven que experimenta una transformación profunda durante meses, luego de quedar prendado de una mujer superior a él.

Pero, ¿superior en qué sentido? Responder a esta pregunta es, justamente, dar con una buena parte de la esencia de esta obra: la mujer en Prades es creada con toques de hechicería, con un erotismo que pasa los límites de lo común (de lo que, ahora mismo, puedas imaginar), y se convierte, entonces, en un verdadero impedimento en los objetivos del chico, el protagonista, quien a pesar de estar con once mujeres, no logra dejar de sentirse poseído por esa mujer que le robó el corazón.

¿Embrujo de mujer es una historia de amor? Confiamos en que el propósito del autor va mucho más allá, y de ahí viene el cuidado y la investigación que dedicó por años para crear esta historia en la que, con total humildad, rinde tributo a otros creadores, algunos de ellos: Gonzalo Torrente Ballester, Byron, Mozart, Molière, Tirso de Molina y José de Zorrilla.

Lee también: José Antonio Prades y la literatura desde adentro.

El autor tiene varios proyectos en desarrollo pero Embrujo de mujer fue la primera novela a la que decidió colocarle el punto final. La llevaba en mente desde hace varios años y tuvo que transitar un proceso de evolución hasta que, al fin, estuvo lista.

“Corría el año 1988 con dos antecedentes a la idea de esta novela: el relato ‘Una rubia platino’ y el artículo ‘Los gritos de un milano’, que entonces se titulaba ‘Los fantasmas de Ligüerre’”, cuenta Prades. Como novela estuvo terminada en el año 1991.

“Ocupé año y medio a estas páginas”, continúa el autor, “desde el último trimestre de 1989 hasta el primero de 1991. Mucho de ese tiempo dedicado a leerme más y más veces el Don Juan de Torrente Ballester… Ha sido una novela que ha sido trabajada y trabajada, corregida hasta la saciedad, incluso, tiene otra versión que ambienté en Madrid” (la publicada se recrea en Zaragoza, ciudad natal del autor).

 

Una novela para comprender al amor

Quien se sumerja por estas más de doscientas páginas de palabras, amor y placer, no sentirá otro impulso que leer hasta el final. El lector, desde una posición curiosa que, por momentos, podría tornarse insaciable, buscará tomar bocanadas del delirio y la entrega expuestas de forma explícita en toda la historia, respondiendo de manera positiva a las intenciones del autor, que no busca otra cosa que cautivar y explorar a sus personajes, y a quienes se dejan envolver por éstos.

Cuando lo anterior sucede, el embrujo deja de pesar sobre los hombros de un solo hombre (el protagonista) y se vuelve más un deseo grupal, algo que a todos pertenece.

“Puede ser el tránsito de cada uno de nosotros ante las luces del amor y los destellos del erotismo, ante las encrucijadas que los acontecimientos inesperados nos colocan en el camino”, expresa el autor con relación al final de esta historia.

Con Embrujo de mujer, José Antonio Prades (también autor de obras con temáticas más íntimas y a la vez históricas como Los últimos catorce años, una novela en la que narra cómo él y su familia vivieron los últimos años del franquismo en su natal España), demuestra ser un autor de múltiples facetas pero un mismo propósito claro: su capacidad para seducir y hacer reflexionar al lector.

Embrujo de mujer y otras obras del autor están disponibles para su compra en la plataforma de Amazon.

Desde esta Tierra de Letras recomendamos la lectura de la obra de este autor, quien también a nosotros ha logrado envolvernos.

Reseña de Los últimos catorce años en Letralia

Reseña de Los últimos catorce años en Letralia

La mirada más tierna del fin del franquismo se narra en Los últimos catorce años, novela de José Antonio Prades

Letralia jueves 18 de julio de 2019

Los últimos catorce años
José Antonio Prades
Novela
Editorial Adarve
Madrid (España), 2018
ISBN: 978-84-17548-64-3
222 páginas

José Antonio Prades escribe con el corazón, y admite, sin titubeos, que el ejercicio de la escritura es para él algo impulsivo, con mucho sentimiento (esto último lo agregamos nosotros).

Es natural que quien se entregue a la escritura de una forma tan entera como esta, se anime a escribir sus anécdotas, su propia biografía, pero no en un libro cuyo título podría ser su nombre y nada más, no. Él, en cambio, decidió dar vida a la novela Los últimos catorce años, una obra de pensamientos y sensaciones –como él mismo lo explica en entrevistas—, publicada en 2018 bajo el sello español Adarve.

Para el autor —el mayor de tres hermanos, hijo de un carnicero y una modista— el tema a tratar estuvo claro desde el principio: Los últimos catorce años sería el título de la novela para narrar su experiencia en los últimos catorce años de la dictadura de Franco, en España, uno de los eventos que lo marcarían profundamente no sólo a él, sino a los millones de españoles que la sufrieron desde 1939 hasta 1975.

 

Una novela que marca a todos sus lectores

Los últimos catorce años de la dictadura de Franco —que van de 1961 a 1975— fueron los primeros en la vida del autor. Con todo y que la historia está atravesada por los acontecimientos de aquellos años, mostrando cómo transcurría la niñez, la adolescencia, la vida bajo el miedo y la represión, Prades expresa en cada línea una versión más tierna de las cosas —su versión de niño—, que ha sobrevivido a los años hasta cuajar en una novela.

En cuanto al tiempo de creación, fueron necesarios tres años repartidos en dos etapas diferentes. “Al ser su contenido autobiográfico, la información venía del recuerdo, a impulsos, a veces tan fuertes, que no podía parar. Aprendí a utilizar la aplicación de notas del teléfono móvil, y ahí iba apuntando lo que me llegaba desde el fondo de mi memoria, o de mi nostalgia, para ir desarrollando después. Pregunté a mis hermanos, a mis primos, tíos y amigos y, sobre todo, a mi padre, con el cual me fui a recorrer sus lugares de infancia y adolescencia. Ese viaje nos devolvió sensaciones de mucho tiempo atrás, tanto por evocar su historia como por palpitar los dos juntos, solos, por horas y horas, en una cercanía que se llenaba de sensaciones amorosas que antes no nos atrevimos a mostrar”, contó el artista el año pasado, durante una entrevista publicada en el blog de Editorial Adarve.

José Antonio Prades prefiere evitar cualquier tipo de encasillamientos con una estrategia de creación que se esmera en cumplir a cabalidad: ser muy ecléctico y estar abierto a los cambios.

Cuando utiliza la palabra viaje, el autor no se limita a expresar lo que para él ha significado escribir este libro; también, le advierte al lector —español o no— todo el viaje de sensaciones que experimentará en cada página, y que no sólo lo llevarán a entender las costumbres, actividades y normas aprendidas en una familia para preservar su supervivencia, su estabilidad emocional, sus rutinas, sino que además el lector deberá saber que cada palabra lo llevará a sumergirse en la historia completa de un país que actualmente sigue sufriendo las heridas que el franquismo dejó.

En pocas palabras, quien desee hacer una lectura de la España de aquellos días de oscuridad, comparada con la España agitada y del primer mundo que existe ahora, podrá hacer de este libro un buen punto de partida.

La voz elegida por el autor para narrar los acontecimientos es la de la segunda persona, mientras que en esos momentos en los que el narrador no cuenta la vida de otro personaje, sino que se centra en reflexionar, cambia a la voz de primera persona y entonces la historia se vuelve aún más íntima. Todo eso es intencional, es parte del viaje del que hablábamos anteriormente.

Aunque la lectura de este libro puede hacer que el público considere a Prades como un autor de obras autobiográficas e históricas, el español prefiere evitar cualquier tipo de encasillamientos con una estrategia de creación que se esmera en cumplir a cabalidad: ser muy ecléctico y estar abierto a los cambios.

“Creo que no tengo un relato o una novela que se parezca a otro u otra, porque siempre he buscado renovarme, disfrutar creando en diferentes entornos literarios: estructuras, argumentos, tramas, recursos, intenciones”, reveló el autor en la entrevista concedida al referido blog.

Los últimos catorce años se suma a una lista de novelas más larga en la que figuran Silvana y los pederastasOficina de risaEmbrujo de mujerPronto serás mía Olor a Varón Dandy, entre otros.

Si estás buscando un nuevo autor para incluirlo en tus lecturas diarias, el trabajo de José Antonio Prades es de nuestra total recomendación.

Entrevista en Letralia sobre mí y Los últimos catorce años

Entrevista en Letralia sobre mí y Los últimos catorce años

Aunque insista en que no posee una rutina determinada para sus tareas de rutina como leer y escribir, el español José Antonio Prades deja claro que es un autor bastante dedicado, riguroso, exhaustivo, y que cuando escribe lo hace con las tripas, pues sólo de este modo consigue crear historias memorables que le permitan atravesarles la mente y el alma a sus lectores.

Leer la obra de Prades es igual a realizar un viaje por sus recuerdos, por la necesidad de escribir.

Su definición de literatura es bastante clara: literatura es aquello que está escrito “desde las tripas”, dice, “es aquella que se introduce en alguna parte del cuerpo, o del alma, o de la mente, y nos muestra sin tapujos, sea dulce o amargamente, sutil o directamente, lo que viven adentro los personajes ante los hechos que aparecen en su vida”.

Fue así como escribió su novela de tipo autobiográfico Los últimos catorce años, en la que narra desde una perspectiva bastante íntima cómo fue para él y su familia vivir los últimos años del régimen franquista, en España. El libro, publicado en 2018 por el sello Adarve, fue el resultado de un proceso de creación que se extendió por casi diez años: siete de maduración y tres de redacción plena.

“Esta novela es una introspección y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente. Hoy después de tres años de haber colocado el punto final, puedo afirmar que gracias a esta escritura empecé a poner luz cerca de mi corazón, ahora incluso más cerca”, cuenta el autor.

En una nota anterior sobre este autor, ya habíamos declarado en esta Tierra de Letras que leer la obra de Prades es igual a realizar un viaje por sus recuerdos, por la necesidad de escribir. Ahora, en esta entrevista, la principal sensación sigue siendo la de viajar pero, esta vez, el recorrido será por espacios aún más profundos.

 

En su sitio web dice que, cuando le preguntan cosas como por qué escribe usted, no suele dar las respuestas “prefabricadas” que otros autores dan. En Letralia queremos ir más allá y preguntarle: alguna vez, mientras escribe, ¿se ha hecho usted esta pregunta?, ¿cuál es su secreto para superar el bloqueo creativo?

Creo que en todo momento que escribo está latente la pregunta del porqué. Y nunca encuentro una única razón. Es impulsivo, visceral. También podría contestar (hay tantas respuestas…) que quienes escribimos tenemos una impronta irrenunciable que nos obliga a expresarnos, es decir, quizá sea determinista con esa afirmación. Puede ser. ¿Escribo porque no tengo más remedio? Buen dilema.

Y superar el bloqueo creativo… Nunca lucho contra el bloqueo creativo. Si no puedo escribir, no escribo. Paro, me detengo, me dedico a otra cosa. Soy constantemente inconstante o inconstantemente constante. Sólo necesito escribir cuando estoy escribiendo. Si no lo estoy, la necesidad se diluye… y he aprendido a disfrutar de esos momentos de paréntesis saboreando el tránsito que va del entorno al interior. Luego llegará, qué más da.

Mi novela Los últimos catorce años es una introspección, y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente.

Nos llama mucho la atención su novela Los últimos catorce años, especialmente por todo el proceso de investigación familiar y muy personal que debió realizar para concretarla. En entrevistas anteriores ha comentado que el tiempo total de creación se llevó tres años, ¿qué fue lo más difícil al momento de avanzar en la novela? ¿Alguna vez sintió deseos de parar y abandonar?

Escribí la novela después de haberla pensado durante casi siete años. No sabría decir (apelo a personas expertas en teoría de la creación literaria) si hay que incluir ese proceso preparatorio en la elaboración de la novela. Porque ahí sí tuve deseos de parar y abandonar, de duda sobre si era necesario para mí esa escritura, si era necesario para los demás, si sería capaz de atravesar el túnel, si tendría lectores… Y precisamente gran parte del proceso de escritura, que paradójicamente resultó rápida y segura, se produjo en un momento personal muy duro, que me llevó a refugiarme en lo más sagrado para la mayoría de los seres humanos, los orígenes, la infancia, las etapas del crecimiento, como terapia para sanar del dolor que no curan los medicamentos. Esta novela es una introspección, y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente. Hoy, después de tres años de haber colocado el punto final, puedo afirmar que gracias a esta escritura empecé a poner luz cerca de mi corazón, ahora incluso más cerca. Por eso me sentiría extremadamente feliz si quien se decida a leer esta novela también puede transitar por ese proceso vital de hacer despertar al ser infantil que fue y puede abundar en el descubrimiento de su esencia.

Notamos que es usted un lector apasionado a quien le gusta la investigación y el deseo de contar historias que toquen la fibra de las personas. ¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué se necesita para ser un autor que de verdad genere impacto en quienes lo leen?

No me creo dueño de recetas mágicas ni salvadoras. Cada cual escribe a su manera, y para sí mismo es la más válida. Diré cuál es la literatura que más me atrapa ahora, tras más de cincuenta años de lector, y que por lo tanto es la que a mí, y ojalá que haya más lectores así, “me genera impacto”: la que está escrita “desde las tripas”, aquella que se introduce en alguna parte del cuerpo, o del alma, o de la mente, y nos muestra sin tapujos, sea dulce o amargamente, sutil o directamente, lo que viven adentro los personajes ante los hechos que aparecen en su vida.

Así pues, mi proceso creativo es muy de interpretación empática y con muy poca planificación. Soy intuitivo, me introduzco casi a modo de posesión en los personajes y dejo que con ellos fluya la historia. Raramente, he terminado una novela o relato tal como lo había pensado, por lo cual ya dejo actualmente de generar ni siquiera raíles de dirección. Ciertamente, trabajo en profundidad previamente, pero sin anotaciones ni esquemas ni organigramas, sólo con la imaginación, la creatividad y la intuición. Si lo que imagino se posa, se ancla en la memoria, es válido, y cuando me decido a escribirlo ya no hay discusión alguna para corregirlo.

Mis lectores favoritos son aquellos que buscan una literatura que enriquezca su crecimiento interior.

Entre todas sus obras, ¿existe alguna que sea la más preferida entre otras? ¿Puede un autor querer a una de sus obras por encima de las demás?

Tengo tres hijos, tres varones maravillosos. ¿Quiere usted que les ponga preferencias? No, mon dieu. Igual me ocurre con las obras literarias… porque las he escrito con el corazón. Supongo que quien escribe a modo de cadena productiva podrá elegir entre un modelo u otro de los fabricados. En mi caso, cada novela, cada relato, cada poema ha nacido con el amor prendido que no es ni más ni menos cuantioso o profundo o transparente que el de cualquier otro escrito así.

Nos gustaría conocer su opinión en cuanto a la literatura en España y el trabajo literario que se está ejecutando actualmente (una muestra: los libros que ocupan lugares en las vitrinas y estantes de las librerías), ¿cómo es la literatura española actual? ¿Cuáles son sus lectores favoritos?

Soy poco proclive a seguir u observar modas. En España, al igual que en el panorama internacional que puedo conocer, se está creando una ola de ignorancia colectiva, entiéndase analfabetismo intelectual y emocional, que va impregnando todos los estamentos sociales, incluso los de la literatura. Esa ola se crea con un viento sutil que lleva venenos casi indetectables: el adocenamiento y la alienación, herramientas de educación que erradican paulatinamente los valores que nos hacen seres humanos más llenos de amor, léase solidaridad, fraternidad, unión, compasión, arte, cultura… y que enriquecen la convivencia entre todos. Esa ola quiere llenar la sociedad de placeres superficiales que se queden en la piel sin llegar al alma. De ahí, que cada vez más vayan siendo los libros fáciles, de entretenimiento, de trama y no de lenguaje, de hechos y no de personajes, lo que llenan esas vitrinas y estantes. No juzgo, ni siquiera valoro. Sirva lo anterior para contestar a la segunda pregunta: mis lectores favoritos son aquellos que buscan una literatura que enriquezca su crecimiento interior, sea por lenguaje rico, sabroso, artístico, y por la creación de personajes con alma y expresión profunda de los valores universales que dan sentido a existir aquí y ahora.

¿Cuál es la forma ideal en la que usted disfruta de la experiencia de leer? ¿Así como mantiene una rutina para escribir, mantiene también un ritual para disfrutar de un libro?

Siento defraudarle, no tengo ningún ritual para leer (ni rutina para escribir), y más ahora que es tan fácil hacerlo con las tabletas o los teléfonos móviles. Si acaso diré que mi ritual de lectura comienza cuando paso de la primera frase de lo que leo. Es el detonante para poner mi actitud al servicio de mi sensación. Y leo con atención, con relax, con profundidad, con arte o con ligereza… A veces, y eso es el síntoma más veraz para entender la huella que me está dejando esa lectura, llevo mi libro junto a mi pecho, cierro los ojos y repito mentalmente esa frase o revivo la sensación recibida dando millones de gracias a quien la ha escrito por provocarme tan profunda emoción.

Los libros que he leído más veces: Cien años de soledad, de García Márquez; Don Quijote de la Mancha, de Cervantes; Crónica del rey pasmado, de Torrente Ballester; La metamorfosis, de Kafka, y El lobo estepario, de Hesse.

Háblenos de sus planes para 2019 y 2020.

Cada vez estoy haciendo menos planes y me dejo llevar por el fluido del tiempo, que no deja de ser una ilusión (el tiempo, digo, no el fluido). Llevo varios meses empezando y abandonando la escritura de una historia de amor que cuenta un hijo sobre los recuerdos de un padre viudo que está ya agonizando. Llevo años empezando y abandonando una trilogía sobre el tránsito hacia la luz de un hombre que quiere dirigir a la gente de su barrio hacia un mundo mejor. Llevo aún más años haciendo espirales con el argumento de una novela que hable de un Cristo en los tiempos actuales. Y dos libros de relatos, uno sobre el amor, otro sobre la muerte… Supongo que todo esto va más allá del 2020, perdón.

¿Podría hacernos una recomendación de sus cinco libros favoritos? (esos que nunca le faltan en su biblioteca).

Debería pedirle que modificara su pregunta añadiendo un cero o multiplicando por veinte esa cifra de cinco, algo escasa. Pero voy a ser obediente y contestaré de forma algo menos rebelde, ya que no voy a poner los favoritos, sino aquellos que he leído más veces, por diferentes razones y en diferentes épocas de mi vida: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; Crónica del rey pasmado, de Gonzalo Torrente Ballester; La metamorfosis, de Franz Kafka, y El lobo estepario, de Hermann Hesse.

 

Datos biográficos para Los últimos catorce años

Datos biográficos para Los últimos catorce años

Vivo en Zaragoza (España), ciudad en la que nací en 1961.  También residí varios años en Buenos Aires y en Madrid

Cuando me marché, por motivos laborales a más de 10 mil kilómetros de mi casa, a Buenos Aires, comencé a darme cuenta de dónde venía. La añoranza remueve las entrañas y me di cuenta de lo profundo que se arraigaba mi origen, tan adentro de mi corazón: mi barrio de Montemolín, mis lugares de juego, mi familia, mis amigos… que solo echas en falta cuando no los tienes.  Así que en 1993, con 32 años, encontré mis raíces y ya no fui el mismo porque me latían sobresaltos de Aragón, la jota, el Ebro, el tomate de Zaragoza, las migas a la pastora, el ternasco y la longaniza que vendía mi padre, y ese reconocimiento con dolor de que no supe apreciar mi entorno cuando estaba tan a mano.

He tenido en mi vida muchas ilusiones, todas maravillosas, que me han hecho como soy: jugar al fútbol, mis parejas, mis hijos, los objetivos profesionales, los amigos, el descubrimiento de la consciencia, enfoques renovadores de la espiritualidad…  Mi obra literaria está muy teñida de mis vivencias personales, sobre todo a partir de 1993, lo que antes me parecía de «paleto» porque aspiraba a ser «hombre de mundo».  Y precisamente, siendo ese «hombre de mundo», volví a lo que tan provincianamente consideraba provinciano.  En Fábulas de Montemolín recreé mi infancia, en Jugué al fútbol cuento mis peripecias como futbolero de cantera, en Mujeres que llenan mis noches se remueve mi adolescencia, en Hábiles o Inútiles directivos hay autobiografía profesional y en Los últimos catorce años fluye como catarsis una tejida historia de mis abuelos y mis padres conmigo, a través de las cuatro décadas centrales del siglo XX español.

Vista nocturna de la Basílica del Pilar, Zaragoza

Vibro cuando recuerdo mi actividad como tutor de jóvenes con potencial, o como secretario general del Comité de Empresa más grande de Aragón, o como presidente de la Cátedra de Innovación Educativa Juan de Lanuza, o como vicepresidente de la Asociación del Deporte Solidario, o como integrante del grupo 3d3 Literatura y Arte…  Pero nada me hace reivindicar más mis sueños que aquellas vivencias como futbolista de cantera, como capitán del equipo, como promesa que se visualizaba con las camisetas del Real Zaragoza y de la Selección Española.  Me gusta volar porque sé aterrizar muy suave y porque aprendí a mirar el horizonte con esperanza.

Empecé tres carreras porque no sabía por dónde tirar, fui un adolescente desencantado al que le costó encontrar su ruta.  Empresariales y Derecho se quedaron a medias.  Pero con 26 años me conciencié de la necesidad de tener una carrera (hoy lo discutiría, pero en fin…) y me saqué de un tirón, mientras trabajaba, la carrera de Graduado Social, con tan buenas notas como en la EGB.  Luego, los incentivos y motivaciones profesionales me llevaron a varios máster y postgrados: dirección de empresas, dirección de recursos humanos, consultoría organizacional, gestión integrada…  Y con horas robadas al sueño y al tiempo libre, escribía.

Fui directivo en una empresa de relevancia, aprendí la gestión de las personas y de la diversidad, entendí que es mucho más reconfortante crear valor que ganar dinero —o mejor dicho, ganar dinero creando valor—.  Mi experiencia profesional me llevó a levantar la vista al modo de pájaro que visualiza horizontes de crecimiento para las personas que movilizan los proyectos.  Aprendí a amar más a la gente, a entender sus ideales y acompañarles en su avance hacia los sueños. Y de todo, lo verdaderamente importante, es que me fui reconociendo en mi interior a base de tropezones, fracasos, incoherencias, errores que me sacaban de mi zona de fatuo convencimiento de que todo iba bien.  Es cierto, iba bien tanto cuando iba bien como cuando iba mal, porque ambos resultados son la cara de la misma moneda, y precisamente las cruces te aportan mucho más que las caras.

Ahora me dedico a que nuestro entorno sea más sostenible y me reconforta mirar hacia los lados para entender, o sentir, que cuidar a mamá Tierra nos dará más satisfacciones que cubrir de plásticos y aceites los océanos. (joseantonioprades.com)

Aficiones: Me gusta observar a la gente, intentar adivinar sus sueños y sus sentimientos, así que leo y veo cine para aprender y vivir muchas vidas, camino para movilizar mi alma y escribo para buscarme, escribo, escribo, escribo.

Rasgo más sobresaliente de mi personalidad: La gente me dice que soy creíble, quizá sea porque me propongo cumplir mi palabra, tender a la constancia y transmitir serenidad.  A veces me han asignado cualidades que no me interesaban del todo y que no voy a nombrar, pero me siento especialmente orgulloso de mi capacidad comunicativa que se nutre también de mi capacidad de escucha.

Por qué decidí ser escritor: Creo que no se decide ser escritor, o en mi caso no lo decidí, fue.  Un poema sobre el Mío Cid redactado en clase de Lengua cuando tenía doce años, una redacción pastelosa para una chica, buenas notas en Redacción, un apoyo del profe de Lengua y Literatura y un certamen ganado en primero de BUP confirmaron el impulso interior para seguir escribiendo…  Mis dudas internas no consolidaron la tendencia hasta quince años después, cuando terminé mi primera novela.  Desde ahí, con diversas sensaciones, me fluye la creación literaria y cada vez le pongo menos fijación e interés, no fuerzo nada, las musas vienen y se van.  Disfruto. Ya sufrí antes.  Aprendí.

Julio Cortázar

Mis autores preferidos y por qué: Soy ecléctico, que queda muy bien llamarse así cuando eres variable/variado o no tienes referencias concretas. Supongo que mi evolución de vida me lleva a todos estos autores que voy a indicar: Julio Verne, Enyd Blyton, Emilio Salgari, Karl May, R.L. Stevenson (en la infancia), Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Antonio Machado (poetas en la adolescencia), Unamuno, Kafka, Valle Inclán, Herman Hesse, García Márquez, Cortázar y Carlos Castán.

De todos bebí por diferentes razones, pero nombraré porqués de los que más me atraparon: Julio Verne, por su fantasía; García Lorca, por su frescura; Kafka, por la tortura interior de sus personajes; Valle Inclán, por su manejo del lenguaje; Hesse, por su entrada en las filosofías orientales; García Márquez, por su magia; y Carlos Castán, porque encarna mi aspiración a transmitir sensaciones con la forma de contar más que con la historia que cuenta.

Mi obra favorita de otro autor: Hay tantas… Por salir de los autores mencionados anteriormente, nombraré dos: Belver Yin, de Jesús Ferrero y Nada, de Carmen Laforet.

Mi obra favorita de las que has escrito: ¿Quién puede elegir entre uno de sus hijos? Pues eso.  Los últimos catorce años es la que más me ha removido, la que ahora está viendo la luz, la que necesita mi atención. Recuerdo con cariño mi primer relato con conciencia de escritor: Rosa Roja, mi primera novela: El embrujo de una rubia platino; y Silvana, la puta, con la que recibí el último premio literario.

Mi estilo literario: Como soy tan ecléctico, no sé qué decir sobre mi estilo literario.  Puedo hablar de mi intención, y es que la forma de contar signifique más que el argumento o el tema de la obra.  Por eso me gusta el relato corto, incluso el microrrelato, porque elegir determinados recursos, composición de frases, elección de palabras, es fundamental para transmitir sin mostrar.

Una cita de un autor que me guste: «El tiempo es la eternidad en movimiento», de Platón.  Con ella ilustro la portada de mi web.  Para mí significa que nada es como lo vemos, que todo se concentra en el instante de ahora mismo. Tú y yo somos uno y somos eternos.

Obra en la que te encuentras trabajando en la actualidad: Estoy preparando una historia de amor. Va a ser una novela corta inspirada en mis padres, pero no biográfica, sino fabulada sobre sucesos de los que me fui enterando cuando hablaba con mi padre y con mi tía para documentarme en la creación de Los últimos catorce años, sucesos que pudieron ocurrir con ellos y que no cuajaron.  Quizá sea una forma de reescribir una vida.

Algo sobre mi manera de entender este mundo: Soy un optimista irremediable, sin vuelta atrás. Creo en el ser humano como esencia de amor, pero no ese amor meloso y romanticón o impulsivo y erótico que nos venden en los anuncios de perfumes.  El amor no se puede definir porque solo se siente, es una onda, una irradiación que se impregna en quien lo quiere recibir para darnos cuenta de que nada nos diferencia. Somos uno. El bien y el mal no existen, es un juicio sin ley determinada que nos agita de un lado a otro para que nos centremos en la bondad, en la benevolencia, en la compasión, en la solidaridad. Me gusta despedirme diciendo «te deseo paz y alegría serena». Sea ese mi estado.  Ojalá.

Mis proyectos inmediatos: Lo literario forma parte de mi proyecto personal.  Crear literatura es una forma de comunicar para dar a conocer mi mundo como compañía de quien lea mis escritos, tanto en los momentos de lectura como en la evocación de lo leído. Y es que mi proyecto personal es contribuir a que todo el mundo esté con paz y alegría serena.  Incluso yo.

Tratado de Pradesología (presentación de En medio de la vida)

Tratado de Pradesología (presentación de En medio de la vida)

La escritora Pilar Aguarón Ezpeleta leyó este texto en la presentación de En medio de la vida, el 28 de febrero de 2014, en el CC Salvador Allende, del barrio de Montemolín, en Zaragoza

"Tratado de Pradesología". (En medio de la vida)

Son 50 años de vida y 30 de escritura, desde el relato Rosa Roja, en 1981  hasta el último libro de 3d3 Tintas distintas, en 2011.

Y está visto que la cosa sigue porque ya ha editado otro libro conjunto de 3d3, Cuentos de amor, desamor y otras reacciones químicas,  está próximo a salir Mujeres que llenan mis noches, siete cuentos de amor, y una novelita que ya tiene treinta páginas adelantadas.

Es difícil encuadrar la obra de José Antonio porque es diversa quizá como su formación literaria, que así la define él mismo: ecléctica y autodidacta.  Se ha mirado en la obra de García Márquez, de Torrente Ballester, de Hermann Hesse, de Kafka, de Unamuno, de Valle-Inclán… de Carlos Castán, de Javier Tomeo..  de Vicente Aleixandre y de García Lorca…  para entrar en todos los géneros, y disfrutar en cada uno de ellos, aunque sea un narrador, esencialmente.

Sus ambientes van desde lo bucólico en torno a parajes campestres hasta lo fantástico en mundos oníricos, desde un pueblo abandonado, Ligüerre de Cinca,  hasta la megápolis de Buenos Aires, desde su barrio de Montemolín, aquí mismo, hasta las cabañas de los Andes.

Ha sido una tarea ingente reunir más de dos mil páginas, con cinco novelas, siete libros de relatos, ocho poemarios, cinco obras de teatro, casi un centenar de artículos, algunos ensayos y unas pocas canciones.  Pero estoy seguro que más aún que el esfuerzo de búsqueda, revisión, corrección, ordenamiento y estoy segura que también de destruir, adivino otro esfuerzo mayor, más duro incluso, o cuando menos con atisbos de dolores… el esfuerzo emocional de encontrarse a sí mismo o a aquellos otros joseantonios que se fueron mostrando y ocultando en cada una de las páginas ahora desempolvadas.

Pueden ser Laura, Ponciano, Carlos, Juan Lozano, el abuelo, Renato, el profesor o su amante joven, o Rafael Sarto, el entrenador… Pueden ser el ángel extravíado que nos mira desde el más allá, el muchacho futbolista que quiere jugar el Mundial, el anciano solitario que anula sus poderes,  el niño que rechaza a su madre, el político pederasta, el marido que asesina a su mujer enferma, la mujer que lega sus reflexiones en el testamento…  ¿quién de ellos es más José Antonio?

José Antonio tiene vocación de profesor, que lo es en su materia de Recursos Humanos, y alguna vez le he oído decir que le gustaría ser maestro, pero maestro al modo del anciano que se sienta en el ágora y transmite sus enseñanzas como Valero, el filósofo de sus Fábulas de Montemolín, quien transmite más preguntas que respuestas.  Y así puede encontrarse en gran parte de su obra esa intención, seguro que al principio inconsciente, pero que se va haciendo más palpable conforme la vida le va nutriendo de experiencia

Una obra de estas características siempre tiene en su interior los rastros de vida de quien la creó. Ya en su primer relato nos cuenta José Antonio una historia metafórica de una relación sentimental de su juventud (todos empezamos escribiendo al amor) que eleva a la reflexión moral.  Y sigue en Arañazos, su obra que aúna sus relatos que le pasaron de veinteañero a treintañero, un periplo existencial que transmite crecimiento interior desde el dolor.  Son arañazos en el alma: personajes perdidos, casi siempre víctimas del propio destino, al cual no saben responder… aunque en algunos sea imposible: locura, fanatismo, desorientación, desarraigo, ingenuidad, ignorancia…  Y en esa década, humor, más del habitual en lo que sigue, que recrea en el mundo oficinesco, inspirándose en sus propias vivencias y en el humorista Álvaro de Laiglesia, para ofrecernos los Arreglos para una oficina impúdica, con pasajes tronchantes para ese personaje Julián Dongracias, que termina silbando en la vía.  Después, llegaremos incluso a la carcajada con Severiano, el tenor, con el niño genio y con Gaby, uno de los amigos de Juan Lozano, oh, don Juan.  Echo en falta la risa en lo que escribiste después.

En esa década de la vida de José Antonio, que culmina con El embrujo de una rubia platino,  se atisban acercamientos a una constante literaria que ya no abandonará y que, en alguna ocasión ha dicho que  presidirá su obra más larga, aún por escribir: los mundos fantásticos, oníricos, esotéricos o espirituales que comienza a reflejar con el relato de esa rubia platino y que estalla en el libro de cuentos que inicia su periplo treintañero: Cuentos de Luz.   Juan Lozano, remedo de don Juan Tenorio, junto a la rubia platino, remedo de la monjita Inés, nos llevan al mundo universitario, desde el cual, aparecen aventuras y desventuras que nos acercan a una excelentemente resuelta apoteosis final, después de disfrutar con toques eróticos y humorísticos que dan frescor a cada capítulo.

También creó en esa década la mayor parte de su poesía, género que sólo cultivó en razón de alguna musa de amor o en momentos de desaliento, como el poemario duro titulado “Crujen los corazones”, continuación del iniciador “Sensaciones de un desencanto frustrado”.  En ese apartado de “Otros géneros” incluye letras de canciones, obras de teatro “picantes”, de vodevil o revista, que llegaron a interpretar Mariano el Corto y Javier Segarra, reseñas y otros artículos.

Sobre Cuentos de Luz, escrito en España y editado en Buenos Aires, nos informa JotaA en su biografía que sufrió el engaño del editor y la estafa del distribuidor, quizá como respuesta a ese mensaje, a veces incómodo, que rebosa en sus páginas, rayano en el surrealismo o en la iniciación espiritual.

Y entonces se nos va nuestro amigo a Buenos Aires, llevándose a su musa Esther… aunque sin ella, en los tres meses de sondeo e investigación previa del panorama porteño, escribirá Fábulas de Montemolín, por un ángel extraviado que seguramente fue su alter ego, ¿o no?  Mezcla en esta serie de relatos relacionados su querencia nostálgica hacia su barrio zaragozano y su tránsito interior hacia los mundos que no son de este mundo.  Ternuras y añoranzas.

El juego de las sillas es el título de un libro de amalgama, que va desde los treinta hasta los cincuenta, donde ha recogido los relatos, muchos de ellos inéditos, que escribió sin orden ni concierto (son sus palabras) desde los años de su estancia porteña hasta el año del fin de esta compilación.  Lo ha seccionado en cuatro partes, casi correspondientes a épocas cronológicas.  Me gustaría hacer especial mención a la segunda parte, que contiene cuatro cuentos infantiles, entre ellos Celina, la equilibrista, doblemente premiado, y una curiosidad editorial, que se vuelve a repetir con dos obras de teatro:  José Antonio nos presenta una obra inacabada, Diatán, un libro infantil a modo de Harry Potter, que duerme en el capítulo 17 desde hace ocho años, a la espera de que algún hipogrifo lo despierte.  Me dijo José Antonio que tenía intención de llamar al hipogrifo, pero no me garantizaba que pudiera despertar a los monstruos de Diatán.

En 1998, terminó dos novelas.  Hablo de la primera, porque para la segunda necesito algo de valor.  Olor a Varón Dandy es su obra más consistente, una novela ambiciosa, que transita por nuestro siglo XX a modo de expresión de la intrahistoria.  Y quizá puede entenderse que en ella, probablemente de forma inconsciente, agrupa arañazos, amores y embrujos, tres de sus temas anteriores (me falta el humor, José Antonio) en una historia escrita desde la técnica del punto de vista (tres narradores cuentan los mismos hechos desde su propia perspectiva), con una estructura compleja y un estilo sencillo, con lenguaje llano y directo, sobre todo el de la tercera parte, tierna y amorosa.  La segunda novela, Pronto serás mía, con contenido altamente erótico… y más, que nos recrea el mito de Lolita en un ambiente más mundano, un instituto que requiere nombramiento de Director o Directora en medio del escándalo de un profesor a quien se acusa de haberse acostado con una alumna menor de edad.

Salto directa y rauda a su novela autobiográfica, presentada en este mismo lugar hace cinco años, titulada Jugué al fútbol, donde con un estilo ameno, desenfadado y autocrítico nos cuenta sus peripecias como futbolista de cantera, aprovechando para regalarnos reflexiones que nos llevan a pensar sobre los avatares del crecimiento en la juventud.  Con los réditos que dejó su venta, pudieron disfrutar de un campamento de verano varios niños desfavorecidos.

Y se cierra la obra de José Antonio, con lo que ha llamado “literatura profesional”, cuatro obras con diseño literario, pero cuyo contenido está referido a su profesión en Recursos Humanos, y en las que aúna sus habilidades literarias con sus experiencias laborales para crear situaciones y personajes en los cuales siempre pone un punto de socarronería aragonesa, conjugado con críticas, sucintas o evidentes, a las actuaciones con las personas en la mayoría de las empresas.

Así son las dos mil y pico páginas que componen esta compilación, que finalizan con unos cuentitos en los que me siento partícipe, porque están escritos al calor de 3d3, nuestra asociación conjunta, y por la cual he podido conocer un poquito más los interiores de este buen amigo que tengo a mi vera.

Cómo se hizo y otros aspectos sobre Silvana y otros relatos

Cómo se hizo y otros aspectos sobre Silvana y otros relatos

Esta novela ha resultado ganadora del III Concurso Literario "El Trallo", convocado por la Comisión de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Grisén (Zaragoza), edición de 2016.

Escribí esta novela corta entre finales de 2014 y principios de 2015, aunque su idea me empezó a surgir en el año 2009, cuando conocí la historia de una muchacha nicaragüense, sobre la que a través de su madre escuchaba cómo estaba siendo seducida por un grupo de chicos mayores. Tenía doce años, ya desarrollada como mujer preciosa de ojos verdes y se llamaba Silvana. En principio, quise escribirla a modo de diario de adolescente que cuenta su vivencia del primer amor intercalando otra voz que narra la historia desde otro punto de vista, inspirado en el Diario de Ana Frank con el tono ingenuo de El niño con el pijama de rayas... pero al ponerme al teclado surgió lo que así queda.

Estuve dudando sobre el título con variaciones sobre Silvana a secas, o Silvana, la puta, o Silvana, la virgen. La razón de estos dos calificativos se descubre en el mismo párrafo de la novela y es curiosa.

Soy seguidor de un escritor de culto, Carlos Castán, y su primera novela, ‘La mala luz’, fue libro de cabecera mientras escribía mi texto.

Recibí el consejo de cuatro amigas para ir centrando el argumento, sobre todo aquellas escenas en las que para contarlas correctamente es necesario haberlas vivido. 

No suelo planificar en papel mis argumentos, así que la trama va surgiendo conforme voy escribiendo, si bien es cierto que en esos cinco años entre la idea y la culminación se van acumulando ideas que unas veces cuajan y otras se difuminan en el limbo. Confieso que me estremecí con algunos pasajes como si hubiera sido otro escritor quien me ofreciera leer la obra, porque iba apareciendo una historia atroz con esa banda criminal que lidera un sacerdote y que se cierra con dos asesinatos tapando uno de los delitos más execrables del ser humano.

Los otros diez cuentos tienen peculiaridades llamativas como el de La llave, que encierra en poco más de doscientas palabras un buena dosis de terror psicológico.  Disfruto probando voces y estructuras, no me ciño a corsés en la hechura de cada historia, por eso hay temas y extensiones variadas en ellos.  Van desde lo cómico en Misa funeral, con un desarrollo de una historia de infidelidad a la vez que se vive la liturgia católica, hasta la descripción del amor con un tono poético (poema incluido) en Nada es onírico. Aparece un toque erótico en Cita en Nochebuena, cuya tensión se marca porque en un lado se está preparando la típica cena familiar y en otro hay una espera del amante para una intensa sesión de sexo.  La cajita de latón descubre entresijos familiares, ocultos por más de cincuenta años, Causas sobrenaturales transita por una pendencia rural hasta llegar a un trasunto esotérico, Espectros es un monólogo interior de una mujer que planifica una venganza, y los tres restantes El lápiz de labios, En Salou, Eva y El ictus y el amor parten de hechos autobiográficos que me emocionaron al recordarlos mientras creaba los relatos. 

En fin, todo un collage estimulante para vivir las sensaciones que nos da la existencia en este mundo dual de amor y odio, guerra y paz, cobardía y valor, realidad y quimera, sosiego y pasión…