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Libro XI - ¡Qué cosas tienes, Ceferino! (entrevista)

Libro XI - ¡Qué cosas tienes, Ceferino! (entrevista)

(entrevista realizada por Paulina Riquelme para RRHHMagazine)

“Escribir sobre el liderazgo es una tarea difícil que requiere experiencia, visión, generosidad y sobre todo sentido común, y por estas razones son pocos los profesionales españoles que han decidido iniciar un camino literario para compartir sus conocimientos utilizando sólo la tinta y el papel.

Escribir un libro sobre management es un desafío que hay que asumir con ilusión y con profesionalidad para no caer en los tópicos ni en la demagogia; desafío que ha sabido afrontar con maestría y humildad, José Antonio Prades, autor del libro titulado ¡Qué cosas tienes, Ceferino! Breve manual de Filosofía Parda en RRHH, el primer libro de la colección “Más allá de los Recursos Humanos” editado por RHM Ediciones.

A través de esta entrevista, comparte con nosotros su visión sobre el liderazgo y la función de RRHH y nos cuenta cómo un artículo para la revista AprendeRH terminó siendo el inicio de la vida de Ceferino, un personaje de ficción que le da vida a su obra homónima que, a través de sus experiencias profesionales, acerca a las personas a la función de RRHH e invita a los profesionales ligados a ella a reflexionar sobre los ’pecados’ más habituales cometidos en su gestión.

Con un lenguaje sencillo, sin tecnicismos, ¡Qué cosas tienes, Ceferino! Breve manual de Filosofía Parda en RRHH es un libro que viene a reencantar a quienes piensan que se ha escrito todo sobre management, porque es un libro vivo, alegre, práctico y muy humano, alejado de teorías y tecnicismos.

 


1. ¿En que se diferencia el libro ¡Qué cosas tienes, Ceferino! de otros libros de management empresarial?

 

Es un libro de carne y hueso. Me explicaré. Podemos generalizar diciendo que la literatura del management se encarrila en dos vertientes: una puramente técnica, donde el autor expone teorías, conceptos y visiones de nuevos enfoques o tratamientos; otra que tiende a la fábula, a la analogía, incluso a la alegoría, para invitar a la reflexión desde lo más sencillo. Bajo mi punto de pista, en los dos casos se adolece de la exposición del “pateo del terreno”.

En “¡Qué cosas tienes, Ceferino!”, he querido intercalar un nuevo estilo entre los dos citados. Un nuevo estilo que sería el equivalente a la literatura realista, casi naturalista, diría yo, de “carne y hueso”, como he dicho antes.

He intentado elaborar una visión a través de un protagonista autodidacta, que ha llegado a ser directivo gracias a su crecimiento experiencial, y que es lo que vuelca a las páginas de la obra, con un deseo implícito de que sus vivencias puedan servir para aprender desde otro punto de vista. ¡Ah!, he querido darle un toque de humor, de socarronería, porque sonreír alarga la vida… así que quien lea el libro puede tener asegurado un tiempo más entre nosotros.

 

2. ¿Cómo nace su interés por escribir esta obra dirigida a los profesionales dedicados a la función de RRHH e interesados en el management empresarial?

 

No puedo decir que hubiera una planificación, ni incluso una intención concreta para escribir esta obra. Surgió casi de la nada cuando me pedisteis colaboración para un número de AprendeRH que iba a hablar del e—learning. Sí, el primer capítulo que escribí fue Ceferino y el e—learning. Recibí buenas críticas y ánimos para seguir escribiendo sobre el personaje, por lo que ahí se unieron mis deseos de aportar un granito de arena a este mundillo con mi afición literaria, y poco a poco fue naciendo la historia de Ceferino. Pronto se unió Jorge Crespo al equipo y, junto a Raúl, crearon también a Meritorio, por lo que los dos personajes comenzaron su andadura para intentar dar frescura a las visiones de Recursos Humanos.

 

3. Podría contarnos cómo surge la figura de Ceferino, el protagonista de este libro.

 

Me puse delante de una página en blanco y decidí dejar volar los dedos… Enseguida me asaltó una imagen, la de un antiguo compañero de trabajo, con el que ni siquiera intercambié nunca ni una palabra, y me dije: éste es mi personaje.

No sé por qué este hombre andaba anclado por mi memoria. Elegí que fuera un jefe comercial porque es un rol muy adecuado para ser gestor de personas, y porque algo de experiencia personal he tenido en esa faceta. Lo demás… empatía… quise meterme en los zapatos de Ceferino y contar con su voz lo que le gustaría mostrarnos.

 

4. ¿Cuál es el objetivo de Ceferino al contarnos su experiencia profesional?

 

Enseñar desde la práctica, desde lo operativo, desde el terreno…  Las cabezas más pensantes de Recursos Humanos provienen de Consultoría o de Escuelas de Negocio. Pocos, quizá ninguno de los que ahora recuerdo, han tenido un contacto diariamente largo con lo operativo, con lo cotidiano… Son personas excepcionalmente dotadas para escuchar a los otros, para sintetizar y extraer el jugo que convierten en teoría… pero no la han vivido, no han sido actores de sus propuestas.

Ceferino sí. Ceferino es un sufridor, o disfrutador, del trabajo de diseño exquisito que los teóricos lanzan desde la “torre” y quiere tener derecho a opinar. No pretende invadir territorios de nadie, pero quiere ser oído y tenido en cuenta. Ya veremos ahora cómo le va, porque hace unos meses lo nombraron director de Recursos Humanos… y le toca ser fraile. Quizá nos lo cuente algún día.

 

5. Según su opinión: ¿cuáles son las principales virtudes y los mayores defectos de Ceferino?

 

Es una persona bregada, hecha a sí misma, que está donde está por méritos propios, por el trabajo bien hecho. Es más bien testarudo y descreído, le cuesta razonar en el cara a cara porque siempre está cuestionando lo que llega… aunque para él ha sido la única manera de crecer.

No le va mucho la conciliación familiar— profesional, pero es que no tiene familia, es soltero y siempre ha vivido para trabajar. Es adicto al trabajo, salvo para ir a misa.

Es un hombre religioso a la vieja usanza y que nadie le toque a su Virgen del Pilar, ahora bien, es respetuoso con todas las creencias, aunque no le gusta hablar de religión.

Refunfuña a menudo y se le escapan algunos gritos… pero como la ternura se le sale por los poros, todo el mundo le perdona de inmediato. Es muy fumador, y no creo que lo deje fácilmente. Fuma tabaco negro, Ducados, que es muy nacional, pero ha sabido aceptar la ley antitabaco y sólo la transgrede cuando no hay nadie a quien pueda molestar el humo. Eso sí, si todos los presentes fuman o dan su beneplácito, saca rápidamente el paquete y le daría igual estar en una plaza que en un templo… casi se come la nicotina.

¡Ah!, otra cosa y quizá la más importante para lo que nos ocupa: es un buen jefe.

 

6. ¿Qué opiniones sobre la gestión de personas comparte con Ceferino y cuáles no?

 

Difícil me lo ponéis… Debería estar bastante distanciado de Ceferino, quizá podría decir que sólo coincidiría en la mitad de sus apreciaciones, pero… Creo que tanto Ceferino como yo hemos ido cambiando de opinión a lo largo de las historias. Se ve más capítulo a capítulo, en cada tema.

Ceferino siempre es reacio a las cosas nuevas, protesta por sistema, como una herramienta de autodefensa, y en eso no me parezco nada a él. Pero poco a poco va entrando en materia, analiza, ve, siente… y aplica. Y por otro lado, ser empático con él me ha devuelto, ha desempolvado y me ha hecho revisar el mundo operativo, por lo que mi visión también se ha modificado. Tendría que revisar una a una todas las opiniones de Ceferino y reflexionar sobre qué pienso después sobre cada tema… y sería muy largo y bastante pretencioso. Quédate con un apunte: Ceferino no soy yo, pero estoy más cerca de Ceferino que antes de iniciar sus historias.

 

7. El libro: “¡Qué cosas tienes, Ceferino!”, nos recuerda la importancia que tiene el trato justo y el sentido común en el ejercicio diario del liderazgo. ¿Nos puede explicar cómo relacionar estos dos conceptos en la práctica diaria de nuestro trabajo como profesionales y directores de RRHH?

 

Cualquier persona que lidere un equipo debe basarse en estas dos premisas para llevar adelante su función. Está en juego su credibilidad y por lo tanto su labor responsable. Yo cambiaría el adjetivo justo por equitativo. En la empresa, me gusta hablar más de equidad que de igualdad, salvo para la igualdad de oportunidades. A partir de aquí, debe primar la equidad, es decir, tratar de acuerdo al mérito. El sentido común no tiene especial definición. Es axioma puro y nace como mezcla de muchas otras virtudes, que no competencias, como el respeto, la reflexión, la bondad, la coherencia, la compasión, el cuidado a la persona, la capacidad de dar. Y como profesionales de Recursos Humanos tenemos dos responsabilidades: una, liderar con el ejemplo, ser modelos dentro de nuestro propio departamento, algo que no es tan habitual, porque muchas veces “en casa del herrero, sartén de palo”; y dos, convencer y vencer los obstáculos a cualquier precio para que ese estilo impregne toda la organización.

 

8. Según su experiencia directiva, ¿cómo aprendemos a liderar?

 

Siempre en gerundio, siempre. Ahora bien, hay ayudas, e intentaré resumirlas, porque es un tema que daría para mucha conversación. Cualquier aprendizaje requiere capacidades, es decir, aunque sé que contradigo muchas teorías, para liderar hay que valer, no todo se aprende, no todas personas pueden ser líderes, y no todas quieren serlo. Una vez descubierta esa capacidad y esa voluntad, el diamante en bruto debe pulirse mediante la formación, la experiencia y el tutelaje.

Formación en habilidades de gestión, que darán el conocimiento y algo de práctica en su aplicación; la experiencia para vivir directamente las consecuencias del liderazgo y asumirlo en la justa medida para ejercerlo, pues no hay crecimiento sin esfuerzo, sin temor a lo desconocido, sin vértigo, sin sufrimiento. Y cada día se aprende, así que añadamos otro ingrediente imprescindible: la humildad que, unida a la capacidad de elección y observación de los modelos adecuados, nos da el mejor campo de aprendizaje.

 

9. ¿Cuáles son los principales “pecados” que los profesionales de RRHH cometen a la hora de dirigir a las personas?

 

Hay un pecado muy grave, gravísimo, casi diría que mortal; y es la incoherencia del mensaje con la actuación. Es necesario advertir que dentro de Recursos Humanos hay varios perfiles, y no precisamente complementarios, sino opuestos en bastantes casos.

Tienen poco que ver entre sí la gente de Relaciones Laborales, con la de Administración de Personal, y con la de Desarrollo… pero cuando se fija una política de Recursos Humanos, en la primera área que se debe cumplir es en la dirección de Recursos Humanos… Y no siempre es así.

Alguna vez he oído decir a un directivo de esta función: “Oye, que esto es para los otros, nosotros tenemos que seguir igual, nada de objetivos ni entrevistas ni motivación. Bastante tenemos con tragar lo que nos fabrican aquéllos de allí (los de Desarrollo)”. Si existe el infierno, o el purgatorio, esta persona debería pasar un buen rato por ellos. Las buenas prácticas en gestión de personas son obligatorias en la dirección de Recursos Humanos, por dar ejemplo, por coherencia, por sentido común… Y como este pecado es tan grave, ya no necesitaríamos más para una condenación.

 

10. ¿Cree que está todo dicho en management empresarial?

 

Nunca está todo dicho en nada, creo yo. El mundo está en permanente evolución, por lo tanto, siempre surgen novedades. Hay que expresarlas, y unas veces cuajarán y otras no. Ahora bien, existe una tendencia muy clara desde hace muchas décadas y que no cambia de orientación. Todas las teorías tienden al buen trato, al respeto, a la atención personalizada, a la flexibilidad… conjuntadas con la medida del rendimiento y la valoración de los méritos, del esfuerzo. No deja de ser una aplicación del Amor.  Sí, ponlo con mayúscula. El Amor se introduce en la práctica de las empresas. Se está añadiendo la emocionalidad a la racionalidad, los sentimientos a las razones, y se consiguen unas relaciones más humanas, más satisfactorias.

Generalmente, estas teorías, como son la orientación al cliente, el desarrollo de personas, la responsabilidad social corporativa, el liderazgo motivador, han sido diseñadas o divulgadas por hombres… pero si están obteniendo éxito es por la incorporación de la mujer al mundo laboral. Vosotras traéis la diferenciación que se necesitaba para cerrar el círculo de la creación de valor, no tanto como la generación del beneficio. Soy un optimista irredento, así que digo: en este caso, VAMOS BIEN.

Libro VIII - Pronto serás mía. Cómo se hizo

Libro VIII - Pronto serás mía. Cómo se hizo

Terminando la novela entonces titulada La muerte del abuelo, me surgió la urgencia de escribir la novela que sigue.  Por el hecho de que sea erótica quizá puedas concluir que era una urgencia fisiológica, pero el resultado fue literario, lo juro.  Transcurrían ya los últimos meses de mi ‘estadía” porteña y me hallaba con la inercia del esfuerzo continuado por terminar la otra novela, así que me puse a ello con enorme dedicación después de leer una noticia de aquellos días que contaba el enamoramiento de una profesora y su alumno de 15 años.   Es esta noticia la que me lleva a enmarcar la historia en un colegio, pero desvinculándola del enamoramiento para darle más fuerza erótica, que a veces raya en lo pornográfico.   Por cerrar dudas que me han planteado algunas veces, no hay ninguna inspiración ni relación con “Lolita” de Nabokov.  Supongo que se me puede tachar de poco original o reiterativo en el tema, profesor maduro con alumna adolescente, pero me arriesgué, al igual que con el mito de don Juan, buscando lo llamativo en otros aspectos.

Acababa de trabajar con varias voces narrativas en la novela anterior y me propuse continuar con esta técnica, lo que además me facilitaba la elaboración, porque cada impulso me permitía comenzar y cerrar cada pequeño capítulo de una sentada, algo muy recomendable cuando no tienes una dedicación completa al oficio de escribir.  Casi igual me había pasado con … el abuelo, pero en aquella ocasión la planificación había sido más exhaustiva.  Con Renato y Camila la historia surgió fluida, muy fluida, quizá por esa continuidad de esfuerzo comentada antes, a pesar de la gran cantidad de voces utilizada.

Me divirtió la construcción de esta novela jugando con el equívoco ante un hombre que da una imagen oscura y “boba” frente a la tentación de una menor de edad que es capaz de encenderle sus atributos.  Me gustó bucear por la mente de Renato para diseccionar instintos escondidos, tanto el sexual como el de acceso al poder.  La presenté al Premio de La Sonrisa Vertical en 1999.  Estuvo publicada durante bastante tiempo y con cierto éxito en www.yoescribo.com

 

... sobre mis escritos de la profesión (gestión de personas)

En el año 2000, resulté galardonado con el primer premio de la Asociación de Dirección de Personas (AEDIPE).  Era la primera vez que se convocaba y me presenté con un artículo novelado de título muy largo: “Ramón Huertas, director de Recursos Humanos o Una filosofía para la gestión de las personas”. 

En razón de ese premio, fui invitado al Congreso de la Asociación, que se celebró en el Palacio de Congresos de Barcelona, y la entrega del galardón se trasladó al encantador lugar rehabilitado de la estación de Francia.  Otro miembro del jurado, José Manuel Casado, contó cuánto se había reído al leer mi relato, en pleno mes de agosto, en sus vacaciones playeras, junto con otras decenas de ellos que le resultaron algo más empalagosos.  Me ruboricé bastante, no tanto por ese piropo, sino porque a mi lado se encontraba un profesor del IESE, Santiago Álvarez de Mon, a quien le habían concedido el segundo premio.

Cuando salí a recibir el galardón, me invitaron sin previo aviso a pronunciar unas palabras, y recuerdo que dije algo parecido a esto: “Hace unos años, cuando Trueba ganó su Óscar, dijo que no creía en Dios, sino en Willy Wilder; tiempo después, Almodóvar lo dedicó a unas cuantas decenas de Vírgenes españolas; ahora, más modestamente, seguiré la estela religiosa en las alocuciones de la entrega de premios y diré que la profesión de Recursos Humanos, glosada en mi artículo, es cuestión de fe. Sí, de fe, de creer en lo que no se ve, puesto que la mayoría de los resultados que pueden generar nuestras acciones, por mucho que se midan, por mucho que se lleven a los números, solamente podremos saber que son efectivas a través de la fe.  Si no creemos en ellas, mejor que nos dediquemos a otra cosa”.

 En aquel Congreso, formaba parte del comité organizador, Raúl Píriz, que fue mi anfitrión y quien me dio el cheque del premio.  Raúl creó lo que hoy ya es el Grupo RHM de Comunicación Directiva, con su web, entonces pionera y hoy vanguardista, www.rrhhmagazine.com, de la que surgieron unas spin off como la revista en papel AprendeRH o el semanario virtual ForoRH, además de blogs y redes sociales para Europa y América Latina.  Raúl confió en mí.  Desde aquel 2000 hasta hoy, no he dejado de colaborar en sus medios, publicando artículos, ensayos, entrevistas, relatos que, amablemente, ha incluido en esas páginas de sus publicaciones.  Mis abrazos también a Marta del Río (d.e.p.) y a Paulina  Riquelme que, con dedicación y paciencia, siempre han estado dispuestas a ayudarme con enorme cariño.

Es así como comencé mi Literatura de la profesión, de la que aquí va mi primer libro de relatos en esta materia, y que se titula “¡Qué cosas tienes, Ceferino!”.

Libro X - Otros géneros: poesía, canciones, teatro, reseñas y artículos

Libro X - Otros géneros: poesía, canciones, teatro, reseñas y artículos

(puedes descargar este libro en fichero .pdf desde www.3d3escritores.com/prades/obras/otros.htm y en comprarlo en formato papel desde www.bubok.es/libros/213115/Otros-generos )

Sobre Poesía...

Mi primer sueño literario fue ser poeta.  Porque como ya he contado, poesía fue mi primera obra con conciencia de creador, aunque fuera del género épico y en pareados.  Y también porque las musas del amor adolescente me chistaban al oído benditos sentimientos que quería plasmar en palabras derretidas.  Así jugué a enamorar muchachas bellas con letras ordenadas en renglones (a los que ingenuamente llamaba versos), a veces con acrósticos a modo de aparentar un manejo técnico “impresionante”.  Quizá me sirvió para algo, pero lo cierto es que ninguna me lo expresó personalmente.  Después pasé a la prosa poética, pero esa es otra línea argumental que sólo merece la pena mencionar como el inicio que me llevó a escribir ya relatos más largos, algunos tirados a la papelera por empalagosos, dulzones, harinosos…

Repasando lo escrito a modo de poemas, he podido darme cuenta que me muevo hacia ese género en sentimientos concretos; tal como he anticipado, uno de ellos es la expresión del amor, ya sea a mujer concreta, casi siempre, u onírica, soñada o deseada y no palpada, o con amor de padre.  Así los títulos,

 Color de hoja, verde mar

Mi niño, pequeño rey

La luna escapa

Por una estrella

Otro sentimiento, quizá todavía más íntimo, es el de la desazón, la expresión de un estado de ánimo de abatimiento, a veces contra mí mismo, a veces contra el mundo, aunque siempre con esperanza, con la ventana en el techo de la prisión que deja pasar de vez en cuando el rayo de sol que no tapan las nubes.  Trataba de desnudar mi alma con tanto pudor, que aun quitándome la ropa siempre me he dejado cualquier adminículo o postura que me sigue ocultando mis cosas.  Así,

Sensaciones de un desencanto frustrado

Cuando crujen los corazones

 Y por último, en La ceremonia, escrita con motivo de la boda de una amiga, Paloma, inspirado por el relato de sus preparativos y la búsqueda de textos que le proporcioné, aplico cierto estilo narrativo que nunca antes habría usado como hilo conductor de un poema.

 

Sobre Canciones...

En mi búsqueda entre carpetas amarillentas con folios olvidados, he encontrado unas cuantas octavillas, como aquéllas en las que tomé apuntes para el Epistolario…, con varias canciones escritas para Esmeralda, que actuó como cantante durante casi tres años en varios locales de la ciudad.

Sólo dos de ellas tuvieron música en acorde de guitarra y ninguna llegó a ser grabada, porque desde que fue madre ya no quiso volver a cantar.  Así, las propuestas se quedaron entre los borradores de poesías escondidas y las he rescatado para esta recopilación.  Algunas llevaban fecha y la he incluido.  Algunas llevaban título, y las que no, se lo he puesto ahora. Están ordenadas tal cual las he encontrado.

Se convierten en un homenaje especial.

 

Sobre Teatro...

En el colegio hice algo de teatro en el sentido literal del término (aunque también en el figurado).  Recuerdo que en segundo de primaria fui elegido para escribir una obrita a representar y le adjudiqué al protagonista un rifle matador que, a la postre, se materializó en la escopeta de perdigón de mi primo Luisito, quien me la prestó para la ocasión y la llevé a clase escondida en el abrigo, porque en aquellos años cuando la Policía era el “gobierno”, apetecía mucho tener un motivo para pensar en correr una aventura por culpa de su persecución.

Más tarde, leíamos obras de teatro en clase.  En una de ellas me tocó representar a Chispa, mujer soldadera en El Alcalde de Zalamea que confirma en determinado momento: “Estoy preñada”, y aún me escondo ante el recuerdo del ataque de vergüenza y las jocosas intervenciones del respetable público.

Y siguiendo con teatro clásico, en el mismo acto en el cual me entregaron mi primer premio literario, 1977, escenario del teatro de La Salle Gran Vía, interpreté a Tello, el criado de El Caballero de Olmedo, que lo encuentra muerto en la última escena de las que representábamos.  Tanto dramatismo quise darle a la interpretación, que me agaché ante el cuerpo moribundo del caballero para exclamar:

 ¡Traidores, villanos, perros;

volved, volved a matarme;

pues habéis, infames, muerto

el más noble, el más valiente,

el más galán caballero

que ciñó espada en Castilla!

Y el paquete de Marlboro que llevaba en el bolsillo de mi camisa se cayó sobre la cara de mi compañero César Casorrán, a la sazón don Alonso, el caballero de Olmedo.  Apenas pude soportar el ridículo cuando, después de cogerlo rápidamente, me tocaba elevar el brazo gritando…

 ¡Venganza, piadosos cielos!

Naturalmente, sin que se viera el paquete rojo en mi mano, aunque algunos cigarrillos quedaran sobre el escenario.

Quizá de estos hechos cómicos me vino la vena para continuar, algunos años más tarde, mi vinculación con el género teatral, y cómico a más inri.  Tomé contacto con los espectáculos de variedades a través de varios amigos, precisamente en el café Variedades de Zaragoza.   Allí cantaba mi entonces novia, Esmeralda, y el ambiente me llevó a querer participar en aquellos espectáculos jocosos y extravagantes.  Como no me atrevía a ser actor (aunque lo intenté con un monólogo que titulé El Hacetiempo, y que no incluyo aquí porque se trataba de casi no hablar, sino solamente gesticular), comencé a escribir obritas cómicas muy “ligeras de cascos”, acordes con lo que el público tardío de la transición demandaba, obras picantes, incluso escandalosas en color verde y no precisamente por ecológico, en el descenso de aquel género tan espectacular llamado revista.

Va aquí una muestra de ellas, las que más se representaron, algunas de ellas interpretadas por Miguel Ángel Tirado, a quien nombro por el buen recuerdo y cariño que me dejó, y que responde más por su personaje, Marianico el Corto, que por su apellido.

No quiero dejarme en estos comentarios a Piluca, mi prima actriz, a quien le escribí un monólogo que incluyo, y que nunca se representó porque… lo perdí entre cientos de papeles borrador y que he encontrado por casualidad mientras rebuscaba papeles amarillentos para esta recopilación.

Y finalmente, vaya mi saludo para el grupo de teatro La Peonza, de Cuarte de Huerva, población donde ahora vivo, y especialmente a su directora María Teresa Mur y a Julio Izquierdo, con quienes he vuelto a retomar ese gustillo por la actuación (como lecturas teatralizadas) convertido en un aragonés castizo con obras de Alberto Casañal.

 

Sobre Reseñas...

La junta directiva que lideró la Asociación Aragonesa de Escritores hasta 2009 incentivó a sus asociados, entre otras cosas, a escribir reseñas de libros y publicarlas en el blog de la web.  Al principio, no me provocó mayor interés, pero en mi participación en la Feria del Libro de 2008 la Asociación me regaló un libro, “Ars Mágica”, con el compromiso de hacerle la reseña citada.  Y me puse a ello, y la elaboré.  El  libro me pareció notable y me dio satisfacción que la propia autora, Nerea Riesco, a quien no conozco personalmente, la leyera en el blog y me enviara un emotivo mail de agradecimiento.

Con este precedente, quise mantener esa actividad literaria, pero otras cuestiones me apartaban de ella.  No obstante, aproveché el tirón para escribir un artículo-reseña de la novela de Mario Benedetti, “La tregua”, a los pocos días de su fallecimiento, y que publicaron en la revista virtual ForoRH, dado su contenido orientado a la gestión de las personas.  Benedetti fue oficinista algunos años, y esa novela se ambienta en un hábitat funcionarial.  No incluyo aquí esta reseña porque va en su correspondiente lugar dentro del apartado Literatura de la profesión.

Ya después, ayudando a mi socia Pilar con retoques para su novela “Hueles a sándalo” (antes “Boceto para un retrato”) le ofrecí, y aceptó, que redactara su prólogo.  Una vez terminado, quedó como una reseña de la obra, por lo cual también le dimos divulgación de esa manera.

Y cómo no, Anabel, mi otra socia en la aventura de 3d3, también aceptó ese ofrecimiento para reseñar su libro de relatos “Historias de sujetadores”, reseña que se ha publicado en varios blogs del universo cibernético.

Disfruté con todas ellas, tomando partido favorable por cada una de las obras comentadas, pero no tanto por lealtad al autor, sino más por compromiso con la buena literatura que contienen.

 

Sobre Artículos...

Al poco tiempo de publicar Jugué al fútbol…, y debido al contenido de esa novela, Inma y Miguel,  me invitaron a dar una charla en su tertulia “Fuentes de la Mentira” sobre “Literatura y fútbol”.  De aquellos apuntes sacados con bastante rapidez, se gestó después este artículo que incluyo a continuación con título Aproximaciones de la literatura al fútbol, y que se publicó en la revista “Imán” de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Aprovecho también este apartado como cajón de sastre, y añado dos artículos de opinión que escribí para mi blog (deseaba seguir con más artículos, pero ahí quedó el intento),  uno de ellos publicado por el diario Heraldo de Aragón.

Y aunque me resistía al principio, me ha costado varios meses tomar la decisión de incluir algún artículo de los que escribí en la revista sindical “Al corriente”, de ERZ, a cuyo Comité de Empresa pertenecí durante los años 1987 a 1991, siendo además coordinador de redacción de la susodicha revista.  Mi reticencia estaba en que aquellas colaboraciones no llevaban firmas y dudaba si descubrirme como autor (¡demasiado pudor!).  Como veinte años son veinte años, me ha podido la mirada nostálgica y ahí te pongo esa muestra.

 La junta directiva que lideró la Asociación Aragonesa de Escritores hasta 2009 incentivó a sus asociados, entre otras cosas, a escribir reseñas de libros y publicarlas en el blog de la web.  Al principio, no me provocó mayor interés, pero en mi participación en la Feria del Libro de 2008 la Asociación me regaló un libro, “Ars Mágica”, con el compromiso de hacerle la reseña citada.  Y me puse a ello, y la elaboré.  El  libro me pareció notable y me dio satisfacción que la propia autora, Nerea Riesco, a quien no conozco personalmente, la leyera en el blog y me enviara un emotivo mail de agradecimiento.

 Con este precedente, quise mantener esa actividad literaria, pero otras cuestiones me apartaban de ella.  No obstante, aproveché el tirón para escribir un artículo-reseña de la novela de Mario Benedetti, “La tregua”, a los pocos días de su fallecimiento, y que publicaron en la revista virtual ForoRH, dado su contenido orientado a la gestión de las personas.  Benedetti fue oficinista algunos años, y esa novela se ambienta en un hábitat funcionarial.  No incluyo aquí esta reseña porque va en su correspondiente lugar dentro del apartado Literatura de la profesión.

 Ya después, ayudando a mi socia Pilar con retoques para su novela “Hueles a sándalo” (antes “Boceto para un retrato”) le ofrecí, y aceptó, que redactara su prólogo.  Una vez terminado, quedó como una reseña de la obra, por lo cual también le dimos divulgación de esa manera.

 Y cómo no, Anabel, mi otra socia en la aventura de 3d3, también aceptó ese ofrecimiento para reseñar su libro de relatos “Historias de sujetadores”, reseña que se ha publicado en varios blogs del universo cibernético.

Disfruté con todas ellas, tomando partido favorable por cada una de las obras comentadas, pero no tanto por lealtad al autor, sino más por compromiso con la buena literatura que contienen.

 

Sobre Artículos...

Al poco tiempo de publicar Jugué al fútbol…, y debido al contenido de esa novela, Inma y Miguel,  me invitaron a dar una charla en su tertulia “Fuentes de la Mentira” sobre “Literatura y fútbol”.  De aquellos apuntes sacados con bastante rapidez, se gestó después este artículo que incluyo a continuación con título Aproximaciones de la literatura al fútbol, y que se publicó en la revista “Imán” de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Aprovecho también este apartado como cajón de sastre, y añado dos artículos de opinión que escribí para mi blog (deseaba seguir con más artículos, pero ahí quedó el intento),  uno de ellos publicado por el diario Heraldo de Aragón.

Y aunque me resistía al principio, me ha costado varios meses tomar la decisión de incluir algún artículo de los que escribí en la revista sindical “Al corriente”, de ERZ, a cuyo Comité de Empresa pertenecí durante los años 1987 a 1991, siendo además coordinador de redacción de la susodicha revista.  Mi reticencia estaba en que aquellas colaboraciones no llevaban firmas y dudaba si descubrirme como autor (¡demasiado pudor!).  Como veinte años son veinte años, me ha podido la mirada nostálgica y ahí te pongo esa muestra.

Ilustración tomada del blog de Luis Oroz "Poesía del instinto"

Libro IX - Jugué al fútbol... historia de una ilusión.

Libro IX - Jugué al fútbol... historia de una ilusión.

Para introducir esta novela, qué mejor que incluir las palabras de la presentación.  Hay párrafos que volverás a leer en el Prólogo, pero no los elimino para ser fiel al momento, en el Restaurante Bahía de Zaragoza, el día 1º de abril de 2008. Ahí van.

Empezaré por los agradecimientos.

En primer lugar, el agradecimiento es a Salvador, que se empecinó en que esta novela viera la luz… y la luz ha visto. 

También a Xavi (Aguado), porque creyó en esto desde el principio y hoy está aquí, que es la mejor manera de demostrarlo.

A José Antonio Parra, de Gráficas Parra, por su dedicación en la confección del libro.

A Sandra y a Breaking Time, por esta portada tan maravillosa.  Por cierto, que muchas personas me han preguntado si soy yo el chiquillo que aparece ahí, y no, no lo soy, pero ya empiezo a decir que sí, porque casi nadie se cree que no sea yo.

Sigo agradeciendo… a mis compañeros del fútbol, entrenadores y directivos, porque con ellos he crecido y me han dado las experiencias para contar lo de la novela y mucho más.  Especialmente, quiero destacar entre ellos a los componentes de los últimos equipos de Madrid en los que jugué, que fueron leyendo la novela conforme la escribía y me dieron sabios consejos que mejoraron el relato. 

A mi familia, que me apoya en este oficio/afición de escribir que tanto tiempo les roba…

Y seguro que de alguien me olvido, por lo que pido disculpas y alargo mi agradecimiento a todas aquellas personas que me han ayudado a ser como soy.

Esta novela ve la luz gracias a una de esas casualidades que parece improbable que sucedan.  Conocí a Salvador (Macías) en los años en los que transcurre el argumento, allá por 1975-76, más o menos, cuando su padre era presidente del C.D. Santo Domingo de Silos, y él se apuntaba como entrenador de alevines.  Ya él se marchó de Zaragoza para iniciar sus estudios, yo seguí otros caminos, y perdimos el contacto hasta que hace tres años recibí un mail en el trabajo, entonces en Madrid, en el que me contaba cómo me había localizado.  Los avatares de la vida nos habían hecho desembocar casi en el mismo camino profesional y estaba suscrito a la revista en lo que yo colaboro con artículos sobre recursos humanos y desarrollo directivo.  Inmediatamente, le llamé al teléfono que me ponía a pie de texto, y ya seguimos en contacto intermitente hasta que me invitó a una cena solidaria primero, y luego a reuniones en las que empezaba a gestarse ASDES.  En una de ellas, en el restaurante Trier, con su habitual habilidad para involucrar en proyectos humanitarios a cualquiera que se le cruce por la acera, propuso una ronda de intervenciones para que cada uno expusiéramos lo que podríamos hacer por esa causa.  A mí no se me ocurría nada, hasta que recordé que el último cajón del último armario de mi estudio guardaba el ejemplar de una novela que tenía que ver con lo que Salvador había expuesto que le gustaría que ASDES impulsara: el deporte como escuela de valores.  Así que ahí que lo lancé, Salvador lo cogió al vuelo, y Xavi Aguado, que también andaba por allí, remató la jugada como alguno de los cabezazos suyos que terminaban en la red, ofreciéndose para presentarla, como así hizo en abril pasado. 

Pero quiero irme un poquito para atrás en el tiempo y compartir con vosotros la génesis de esta novela.  Hace ya varios años, viviendo en Buenos Aires, veía en televisión una serie titulada “Ricardo Rojas, D.T. (Director Técnico)”, que narraba las peripecias de un jugador de alto nivel convertido en entrenador de un equipo base.  Hubo una escena en la cual un representante de futbolistas hablaba con un muchacho adolescente.  Después de alabarle sus virtudes, el hombre  le comunicaba:

–Mirá lo que te conseguí, ché…. que te acepten para una prueba en las inferiores de River.

Recordando mis tiempos en los que pude vivir una conversación parecida,  estuve a punto de soltar una lágrima que acompañara al escalofrío de la espalda.

Este fue el punto de partida de la novela.

También coincidía en ese momento que mi hijo Raúl comenzaba sus andanzas futbolísticas, y se mezclaron la nostalgia del recuerdo con el amor de padre para provocarme una sensación agridulce entre lo que fue, pudo ser y podría suceder.

El fútbol, su práctica, ha formado parte importante de mi vida, pero no sólo como afición y entretenimiento, sino como crecimiento y evolución en este mundo de cuerdos y locos.  No sé si me llevó hacia la cordura o hacia la locura, pero sí estoy seguro que me trajo hacia el lado donde hoy me encuentro. 

Después de aquella emoción frente a la pantalla, comencé a escribir unas líneas para dejar constancia a mis hijos de aquellas peripecias, logros y fracasos, que me dio la pelota, su gente y su entorno. 

Lo titulo “Jugué al fútbol”, porque así fue, y le añado “... historia de una ilusión” porque así lo sentí.  En la mayoría de las ocasiones, cuando vivimos el crecimiento de un sueño, es difícil percibirlo tal como se produce porque no tenemos perspectiva.  Con el paso del tiempo, se haya cumplido o no, su recuerdo se acerca más a las sensaciones que a los hechos y entonces sí es una ilusión.  Dice García Márquez, en el prólogo de su autobiografía, que la propia historia no se escribe tal como ha sido sino tal como la recordamos, que quizá no tenga nada que ver con los hechos verdaderos sino con esos sentimientos y sensaciones que hemos guardado, tan tergiversados a veces que testigos de nuestra vida serían incapaces de reconocerlas si las leen tal como las contamos. 

El fútbol, como práctica, se convierte no sólo en un deporte, es también un estilo de vida que genera formas de relacionarse, pautas de comportamiento, metas personales, valores de actuación... que marcan la evolución de una existencia.

Así, como futbolista, he vivido esas influencias que sólo son perceptibles con el paso y el poso del tiempo.  Mientras he escrito estas páginas me he preguntado: ¿sería yo de otra manera si no hubiera jugado al fútbol?, ¿cómo respondería ahora a las situaciones de mi vida si en mi época de crecimiento no hubiera jugado al fútbol?... ¿sería mejor, peor o distinta persona?  Son preguntas retóricas, no hay respuesta posible, pero gracias a ellas he sido capaz de entender esa gran influencia que hoy siento sobre mi realidad.

He aprendido del fútbol, no sólo técnicas de dominio de balón, estrategias, tácticas, reglamentos o normas.  He aprendido a situarme dentro de un equipo, a reconocer la autoridad, otorgada o no, a relacionarme con los demás en momentos de presión, a conocerme más en el esfuerzo o en la pereza, a saber discernir maneras de actuación según el momento, a ser líder ante iguales, a negociar, a dirigir.  He aprendido las sensaciones de logro, de triunfo y fracaso, de envidia, de orgullo, de pertenencia, de equidad o inequidad, de recompensa.

Fueron años que coincidieron con el despertar de una sociedad que no quería estar dormida, el salto a la democracia, a la esperanza… Momentos en los que se gestaban logros que sólo somos capaces de ver treinta años después.  José Antonio Marina, un filósofo reconocido, dice que para educar a un niño hace falta toda la tribu.  Mi tribu se configuró, entre otras influencias, con las carreras burlando a los “grises”, con los coletazos de la gente del régimen que se resistía a desaparecer, con las lecciones de democracia de los que volvían de la clandestinidad… y con mis amigos del fútbol.  Una época con campos de tierra y piedras, con equipajes de algodón y números en skay, con vestuarios precarios, con redes que había que quitar después de los partidos porque si no te las robaban, con las botas y los árbitros todos de negro… con el Zaragoza Deportiva en lunes para saber qué había pasado el domingo en la liga, porque Estudio Estadio se transmitía los lunes por la noche (no daba tiempo antes)…

En fin, es una novela que tiene un poso nostálgico como cualquiera que se adentra en los años de atrás.  Además, todas las generaciones creemos que la nuestra es la mejor, siempre decimos cuando ya no somos jóvenes “es que estos chicos de ahora…”, y no es verdad, cada época es diferente, ni mejor ni peor… pero la mía me sirve a mí y es la que defiendo, la que viví y la única que puedo enseñar a la generación siguiente.

No es una novela de hazañas deportivas ni de cotilleos de vestuario.  Leído como si no la hubiera escrito yo, encuentro una reflexión de un hombre maduro con la crisis de los cuarenta, en la que ve que pierde aptitudes físicas, se va a buscarlas en la nostalgia de su juventud y encuentra a unos cuantos maestros que le han ayudado a ser quien es… así que se lo toma como un antidepresivo para superar ese salto hacia años de menos músculo y más corazón.

Quise profundizar más en esas enseñanzas que aquella práctica del fútbol en esa época determinada me proporcionó.  Como decía antes, los años te dan una perspectiva diferente de las cosas.  Debido a mi experiencia profesional, aprendí a entresacar enseñanzas de los hechos que la vida te va presentando para que se conviertan como en un libro de texto que te hace reflexionar y acelerar tu crecimiento.

La intención de la novela fue contar a mis hijos mis andanzas futbolísticas, pero mientras la iba escribiendo, un compañero de trabajo que iba leyendo los capítulos, me aconsejó extraer “píldoras de conocimiento” que llaman los consultores para ir colocándolas conforme cada hecho de los que contaba me reportaba. Lo cierto es que vivimos muchas experiencias que sin querer nos van dejando una huella indeleble.  En mi rol de tutor de futuros directivos, siempre intentaba que los pupilos fueran buscando experiencias que les dieran enseñanzas, y trataba después de hacerles reflexionar sobre ellas, porque la verdadera experiencia, la que sirve para la vida, no se nutre de las cosas que vivimos, sino de las que reflexionamos.

Ahora tenemos un ejemplo muy reciente en Pep Guardiola, con el que dicen que ha demostrado que la experiencia no es imprescindible para ser tan excelente entrenador.  No estoy de acuerdo con quienes afirman esto, porque Guardiola es joven, pero tiene mucha experiencia, más que personas que le doblan la edad, porque estoy seguro que cada uno de los hechos que ha sabido vivir lo ha desmenuzado para aprender a sufrir y para aprender a crecer… además de otras cualidades muy deseables para ser líder, como la humildad, la constancia, y la exigencia.

Para terminar, os quiero leer otra opinión sobre este libro.  Además, me sirve para agradecer y homenajear a su autor, Javier Vázquez, que no ha podido estar hoy por aquí.  Javier ha escrito el prólogo de la novela, con un ejercicio de ternura que será calificado con Matrícula de Honor.

Prólogo

Siempre he pensado que uno de los mayores tesoros del ser humano es la ilusión, especialmente si esa ilusión la comparte con los demás.  Y es que sin ilusión no existirían los sueños y, sin sueños, no habría metas que alcanzar ni serían posibles esos pequeños logros cotidianos, esos escalones invisibles que conducen hacia la cima de un sueño.  A veces se alcanza, a veces no; pero en uno y otro caso es la ilusión la que mueve, la que da vida a la vida de cada uno.

Por eso este libro rezuma vida; porque es la historia de una ilusión, la de un sueño que se toca con los dedos.  Pero además es la historia de un sueño cercano, la aventura vital escrita en primera persona que podría cambiar de nombre y ser la de uno mismo; con sus esfuerzos, sus reveses, sus logros, sus sacrificios... 

Esta es una historia de fútbol, pero también una historia cotidiana; de sueños y de ilusiones.  De cómo el deporte se convierte en una escuela de valores para la vida y de cómo el auténtico fenómeno social del balón está lejos de las grandes estrellas mediáticas internacionales para hacerse mucho más reales en la base, en la dedicación desinteresada y la superación anónima.

Es la historia de Prades, de José Antonio; de un escritor valiente que se atreve a pensar a dónde pudo haber llegado y a dónde quiso llegar; de una ilusión que continúa treinta años después.  Una ilusión con el aroma a chocolate del primer balón de tiras de cuero; del color sepia de las primeras fotos junto a un patinete y con un balón de caucho bajo el brazo.  De los primeros fichajes; de los campos de tierra, la primera camiseta, la primera vez en la Romareda...  Una historia que habla de la pasión por divertirse con todas las caras del fútbol; de cómo un jugador puede ser entrenador, del valor del jugador en el banquillo, con su interés, con su ilusión, con el sufrimiento de la banda...  Del valor de la amistad y del trabajo en equipo, del deporte que construye sueños, sentimientos, superación, esfuerzo, coraje, iniciativa y compromiso. 

En definitiva, ésta es la historia de todos los que alguna vez jugamos al fútbol.  Pero más que eso.  Es la voz que reivindica el deporte como una escuela; como una enseñanza para la vida; como un revulsivo para volver a creer en la ilusión.

Libro VII - Olor a Varón Dandy

Libro VII - Olor a Varón Dandy

Sería la primavera del 89… Repasando El embrujo… para darle unos cuantos retoques, leí “La muerte de Iván Ilich”, de Tolstoi.  Esa angustiosa agonía intelectual del personaje, me llevó hacia la idea inicial de esta novela: escribir el rechazo de un nieto por su abuelo tirano.  Redacté apenas un folio a lápiz y la idea se quedó así registrada durante nueve años, mientras bullían alternativas creativas por mi imaginación.

Al fin, en 1998, con el estrés profesional calmado, y ganas de actividad literaria después de un paréntesis de casi tres años, decidí dar forma a esos impulsos.  En un viaje a casa por Navidad, recuperé aquel primer folio y diseñé un esquema que retoqué cien veces y apenas cumplí.  La elaboré en las madrugadas antes de salir hacia el trabajo, o manteniendo el botón del despertador activado en el fin de semana y fiestas de guardar para ponerme a escribir horas y horas antes de oír los ruidos cotidianos de la mañana.

Es una novela infinitamente revisada, infinitamente repensada, pero que al final no le ha sido infiel a la idea originaria.  Habla el nieto con un dolor profundo para abrir boca con un impacto emocional que rasga.  Continúa con su madre en un ejercicio de trasposición (la voz es la de su segundo marido, que habla cuando ella ha muerto) para enviarnos a un mundo agridulce.  Y completa la historia la abuela, en un tono antitético con el del principio, narrando su vida a un interlocutor silencioso.  Así, tres puntos de vista hilvanados con hilos de diferentes texturas y colores, dejan al lector unos caminos que debe transitar repleto de emociones para ir armando su propia impresión del personaje.

Llegué a estar tentado en elaborar una gráfica en la cual se reflejara en cada pequeña parte de la novela (es un collage narrativo) la intensidad amor-odio hacia el abuelo, de tal manera, que ese camino emocional pudiera conservar el vértigo de la montaña rusa, donde cada curva, cada descenso y cada subida son imprevisibles.  Lo deseché con horror de mí recordando al profesor de literatura anterior a Keating en el “El club de los poetas muertos”, que explica la calidad de un poema sobre un diagrama cartesiano.

En el perfil de Santiago, el nieto, incluyo algunas vivencias autobiográficas y me permito así revivir momentos dulces y amargos de mi adolescencia, incluso en algún instante con intención de crear aquello que me habría gustado tener mediante un desenlace inventado, o para denunciar lo que entonces ni entendí que debía denunciarse.  Cosas de escritor y sus fantasmas.

Conforme escribía la primera parte, me fueron surgiendo modificaciones al plan previsto sobre Carmen, la madre.  Para que el abuelo influyera aún más en el nieto y justificar el torbellino emocional, hice de ella un ser especial, con un despertar y una confirmación de misión espiritual que así continuaba la línea que había impregnado mis obras en Cuentos de Luz y Fábulas de Montemolín.  En esa elevación, entendí que resultaba muy forzada una narración en primera persona y muy alejada una en tercera, así que me decidí por crear al segundo marido para que ayude a más lectores a sentirse reflejados ante la luz de Carmen.

Y Manuela es una delicia.

Me documenté sobre la Guerra Civil en los alrededores de Belchite y sobre las andanzas de la División Azul, pero no quise marcar con ello descripciones históricas que apartaran al lector del trazado emocional, por eso los datos sobre la realidad están incluidos de forma indirecta, siempre como expresión del momento al que se enfrentaba cada personaje.  La tercera parte fue revisada por mi madre y mi tía, a quienes se la envié por correo con preguntas interpuestas para que me corrigieran los posibles errores cometidos al narrar hechos y costumbres que ellas habían vivido en primera persona.

Estuve siempre preocupado por el comienzo.  Al principio, no coloqué fechas en las cabeceras de cada extracción del diario o de cada carta, deseando que fuera el lector quien se diera cuenta de que era narrado hacia atrás… pero me recomendaron que las indicara porque desorientaba a las personas más necesitadas de cauce para la lectura.  También reduje las extensiones de los tres primeros capítulos, buscando más la esencia que la prórroga en la descripción del odio, que se hacía algo pastosa. Y me ha costado confirmar la estructura de la segunda parte, aunque nunca me he decidido a acometer su reescritura.  Hasta pensé en ir cruzando los párrafos de cada parte para generar aún más sensación de collage narrativo.  Pero la novela ya queda como está porque creo que habría sido rizar el rizo.

En Manuela apenas incluí correcciones.

No había leído “Cinco horas con Mario” antes de comenzar esta obra; había visto la representación teatral de Lola Herrera, cómo no.  Así que no sabía que su principio era una esquela, tal como empieza mi novela.  Lejos de desear eliminarlo, me sentí satisfecho al haber tomado prestado por intuición este recurso de una eminencia como Miguel Delibes.

Y su primer título fue La muerte del abuelo.  En algunas copias, coloqué delante el término Réquiem, mientras cada parte mantenía su propio título.  Al final, intentando buscar más originalidad, coloqué como título global el de la tercera parte, la de Manuela.

La han recibido multitud de editoriales y multitud de concursos (pero ésta es su primera edición).  Para uno de ellos, le di forma de novela corta independiente a la narración de la abuela.  Así nació el prólogo que aquí incluyo con leves correcciones.  También va una reseña de contratapa…

 

Libro VI - El embrujo de una rubia platino, Cómo se hizo

 

Corría el año 1988 con dos antecedentes a la idea de esta novela: el relato Una rubia platino y el artículo Los gritos de un milano que entonces se titulaba “Los fantasmas de Ligüerre”.  Tras enviar al periódico sindical de UGT en Aragón, La Voz, ese artículo, el secretario de Comunicación del sindicato, a la sazón director de la revista, me propuso publicar una novela por entregas, al modo que estaban publicando las memorias de un sindicalista histórico.  Ante la petición, las musas me llevaron a desempolvar el relato mencionado y alargarlo con historias de un donjuán a quien nunca se le acabarían las conquistas femeninas, todas ellas con enjundia cómica y cierta vis esotérica.  Empecé a trabajar en el asunto elaborando el preludio desde aquel relato inicial de la rubia, pero estaba visto que la cuestión no hacía ni pajolero encuadre con la línea de la revista y, con un silencio alargado por los siglos de los siglos, me quedé a las puertas de convertirme en un literato a golpes mensuales con historias de seducción.

Pero el empuje no se detuvo.  Igual que al protagonista le lleva hasta un destino sorprendente, a mí me transportó hasta la creación paulatina de la novela que acompaña esta introducción, titulada “El embrujo de una rubia platino… por el alma de don Juan”.  Me subyugó ese mito literario que sólo conocía de las lecturas colegiales:

 ¡Ah! ¿no es cierto, ángel de amor,

que en esa apartada orilla,

más pura la luna brilla

y se respira mejor.

 Andaba también con incursiones por temas esotéricos y me habían felicitado varias veces por mi relato cómico “¡Qué genio!”.  Así se fundieron estos ingredientes en un almirez y fue naciendo, con parto largo, mi primera criatura de la raza novela.

Ocupé año y medio en estas páginas, desde el último trimestre de 1989 hasta el primero de 1991, mucho de ese tiempo dedicado a leerme más y más veces el “Don Juan” de Torrente Ballester, de quien tomé prestado el nombre de Sonja y ese tono entreverado de realidad y ficción, así como más Donjuanes, como los autóctonos de Tirso y de Zorrilla, los extranjeros de Molière y de Byron, además del Don Giovanni operístico de Mozart.

Ha sido una novela de ir y venir por editoriales y concursos, que ha sido trabajada y trabajada, corregida hasta la saciedad, incluso tiene otra versión que ambienté en Madrid –con un par de viajes del protagonista a Zaragoza, por supuesto–, con un protagonista al que cambié el apellido por Mejía, el rival de don Juan en la obra de Zorrilla.

También quise reflejar en la obra mi admiración por Federico García Lorca y sobre todo su teatro, haciendo a Nuria, la mujer del capítulo central y más largo, protagonista de los dramas Yerma y Mariana Pineda.  Y el mismo año que finalicé la primera versión (1991), se estrenó la película “Don Juan en los infiernos”, de Gonzalo Suárez, que me animó a provocar algunos cambios hacia un tono melancólico y grotesco.

En mi deseo e imaginación incluso tuvo actores y actrices asignados a la película: Miki Molina para don Juan, Maribel Verdú para Nuria, Victoria Abril para Sonja, Charo López para Dulce, Jacqueline Bisset para Teresa y una aún más imposible, Marlene Dietrich, para la rubia…  Soñar es gratis y los sueños, sueños son.

Libro V - Arreglos para una oficina impúdica. Cómo se hizo

Libro V - Arreglos para una oficina impúdica. Cómo se hizo

(Publicada en versión revisada con el título Oficina de risa)

Empecé a escribir esta novela al poco de terminar mi relato largo Ponciano, un amigo (luego reconvertido a Epistolario de un oficinista), allá por 1984.  Continué con la diversión que me había causado esa primera obra más extensa y aquí pretendí ir más allá en la amplitud para pasar del relato largo a la novela corta.

Unas lecturas juveniles de Álvaro de la Iglesia me inspiraron para comenzar, tal como he comentado en el Preludio a esta recopilación.  Y estaba algo rodado en el tema del humor gracias a los sainetes de variedades que había escrito recientemente.

El ambiente de mi oficina, tan siniestro, tan vetusto para un joven recién incorporado, y haberme sentido cómodo con las aventuras del buen Ponciano, se mezclaron para cocinar esta obra que tiene base en episodios y en personajes de aquella oficina en la que desempeñé mi primera experiencia laboral.  Era la oficina de Facturación y en ella se repasaban las lecturas de contadores eléctricos para que no hubiera problemas en el departamento de informática a la hora de realizar la grabación de datos que permitiera emitir los recibos.  Más o menos, estábamos mitad de veteranos y mitad de novatos (o menores de 30, que algunos con esa edad ya llevaban más de 15 en la plantilla).  Nuestra entrada (fuimos seis chavales en menos de ocho meses) había supuesto aire fresco, incluida una mujer, en aquel equipo ajado, que mantenía el estilo paternalista y servilista propugnado por la cultura pseudofuncionarial de los años de Franco en la mayoría de las oficinas.  Los veteranos empezaron a tomar confianza con nosotros, no por deferencia, sino por interés personal, ya que íbamos ávidos de aprendizaje y así ellos descargaban sus  tareas en nosotros.  Tal fue en aumento esa relación que nos contaron ampliamente la vida y milagros de la corte existente en la empresa desde más de cincuenta años atrás, historias que yo escuchaba muy atento y que intercambiábamos posteriormente en las reuniones con novatos de otros departamentos.  También viví la llegada del primer terminal de ordenador a la oficina, la desaparición del sacapuntas en la oficina del jefe, de la retirada de las calculadoras con manivela, etcétera, etcétera, como acontecimientos que me hacían sonreír a lo somarda y con un poso de cariño.

Aquellos cuentitos, aquellas observaciones, aquellos comentarios, me lanzaron a escribir unos cuantos folios (más o menos la mitad de los que al final ha supuesto la novelita), que se quedaron varados por la falta de tiempo que provocó mi vuelta a los estudios universitarios.  Y ese punto de arranque es la razón para que aparezca aquí por orden cronológico de empiece, pues si por finalización fuera debería pasar al segundo lugar.

Hay personajes casi reales cuyo titular se vería reconocido en caso de leer sus peripecias, siempre exageradas, pero nunca mentirosas.  Incluso hay documentos internos en la novela, unas cartas y  unas notas, que son literales tal como se produjeron en su momento.

Me he reído muchísimo cada vez que la he leído, como igual me ha pasado al repasarla para esta compilación.  Sólo estuvo pensada para hacer reír, nada más, y es, por tanto una novela cómica en tres actos que, a falta de orquesta, presenta como instrumento al mejor silbador habido nunca en la calle San Miguel de Zaragoza.  Y silbaba, ¡cómo no!, la Marcha Nupcial.