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Molintonia

El grito de un milano

El grito de un milano

Dedicado a la recuperación de Ligüerre de Cinca (Huesca), un pueblo abandonado en los años 60 por la construcción del pantano de El Grado, que anegó sus tierras de labor, pero no las casas.

 

Las aguas crecieron por el encantamiento de la ingeniería y las gentes emigraron hacia la ciudad prometida.  Entonces, el alma del pueblo, que no es más que todas las almas de sus habitantes, se escapó.  Con el viento húmedo, los fantasmas se afligieron entre los muros abandonados porque ya nadie les rezaba.

 

Pero la roca sigue reina del valle, enhiesta y arrogante, exigiendo pleitesía al desfiladero y, a pesar de los espectros, los restos de los edificios constituyen su séquito, cortesanos envejecidos por el tiempo, por las noches, por el sol, por la nieve y por el silencio. La maleza respeta, aunque con algo de descaro, las puertas y las ventanas, pero algún ramal anudado se cuela por las verjas evocando la postura de un amante al habla con la doncella enclaustrada.

 

Desde la esquina del camino ondulado, sobre la tapia de piedras desiguales que salvaba de intrusos los huertos, el fantasma centinela ya no se asusta del renovado pululeo, incluso aguarda la ruidera de las máquinas  para olvidar los años de silencio.  La monotonía de  vagar sobre suelos rotos,  a través de paredes enmohecidas y con la com­pañía de telarañas, ratas y escarabajos se releva por la novedad de sortear las herramientas de los albañiles, de atravesar piedra lavada y de gozar hacia la medianoche de la torre fortaleza con su olor a cemento fresco y a futuro presumido.

 

La cola del pantano sube y baja por laderas y ribazos, pero nunca llega a alcanzar las aspilleras alcahuetas, y jadea, jadea con ese gemido clónico que todas las aguas regalan a los oídos que se acercan a las puertas de su entraña.  En el desfiladero resuena el grito de un milano rogando al verde oscuro del fondo que le ofrezca estelas para picotear la cresta de la onda.  El cielo se hace cada noche más azul, pierde el negro, las estrellas sonríen, y la corte se viste de gala para celebrar el nuevo rumbo que las almas nuevas dictan sobre el destino de la aventura. 

 

Y aseguro a quien descubra Ligüerre que hallará fantasmas alegres, aguas revoltosas y la torre fortaleza a modo de vigía que arrulla  con mirada protectora  la resurrección de un pueblo encantado.

(Relato incluido en el volumen I de "Tres de Tres")

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