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Molintonia

Los Hombres Encantados

"Hay ocasiones en que la aparición de una idea debe entenderse como un rayo de frescura". Son palabras de Valero en referencia al primer panfleto que editó la tercera línea filosófica del barrio.

Toda corriente tiene su contracorriente y viceversa.  A las pocas horas de la aparición de los Hombres Razonables, nació un nuevo grupo de opinión, que utilizó el mismo método propagandístico: la octavilla.  Es necesario aclarar que octavilla viene de octavo, y octavo significa en este caso la octava parte de un folio.

La respuesta a Los Hombres Razonables rezaba lo siguiente:

"Los días y las noches tienen luz.

Firmado: Los Hombres Encantados".

Igualmente, nadie sabe quién compone esta agrupación, pero, por el contrario, nadie quiere averiguarlo.  Así como el rótulo "Los Hombres Razonables" genera morbo, "Los Hombres Encantados" empujan al misterio del romanticismo.  El barrio quiere conocer a los primeros con un deseo insistente; unos por envidia, pues los creen poderosos; otros por encono, pues querrían destruirlos.  En cambio, a los segundos, se les desea en el anonimato porque, como a los Reyes Magos, es preferible imaginarlos que conocerlos.  Sólo una niña, Charito, ha preguntado quiénes son, porque una noche sin luz -su papá era seguidor de Los Hombres Razonables- soñó que la transportaban a un eterno parque de atracciones.  Otros no preguntan, pero miran hacia las nubes en su busca.

Nadie sabe si "Encantados" es un estado o una cualidad.  Los Hombres Razonables optan por el  primer caso.

No se generó asombro por su aparición.  En un principio, parecía que todo el barrio los habría conocido desde siempre o incluso que el tal grupo era realmente el alma individual del barrio en ejercicio de expresión.  Ya después, los seguidores de "Los Hombres Razonables" se encargaron de pregonar las críticas, bastante afiladas.  Pero se quedaron solos, nadie les presentaba oposición como seguidores de "Los Hombres Encantados".  Valero intentaba conciliar posturas y su trabajo se convirtió más en moderador que en creador de filosofía.

Digamos que, aunque los partidarios de "Los Hombres Encantados" guardaban cierta reticencia a mostrar su condición, tampoco la ocultaban, por lo que era fácil identificarlos e interrogarlos.  Por lo general, estos seguidores mantenían su posición durante toda la vida, y cada día fueron mayores porque ninguno de ellos se escapó totalmente del barrio.  Si se marchaban por razones del destino, mantenían su domicilio o visitaban a los papás todas las semanas, enorgulleciéndose de pertenecer al barrio de Montemolín.

Los Hombres Encantados son muy anárquicos.  Tan pronto editan todos los días de una semana como transcurre un mes sin comunicados.  Tan pronto las publicaciones contienen una frase como es una epístola completa.  Tan pronto utilizan un estilo lacónico como se relamen en adornos barrocos.  Por ejemplo, así como Valero y "Los Hombres Razonables" tardaron poco tiempo en presentar un ideario general, "Los Hombres Encantados" esperaron a la primavera, es decir, nueve meses, período de gestación, en el cual aparecieron otras pintorescas opiniones, y alguna que otra octavilla en blanco, sólo con la firma.

El día en que publicaron su sistema ideológico, veintiuno de marzo, con un viento feroz, sus hojas se desparramaron por todo el barrio, y, aunque hubo pocos ejemplares, se leyó hasta en el último rincón:

 "El Mundo necesita que se cree un conjunto de leyes metafísicas para ayudar al desarrollo integral del ser humano.

Nadie debe inmiscuirse en las cuestiones ajenas y cada cual puede defender su idea por métodos pacíficos.

Así, nosotros instauramos las líneas de pensamiento que un día triunfarán en la Tierra.  El barrio de Montemolín ha sido la colectividad elegida.

 —La luz es patrimonio individual y reside en el alma.

—El cuerpo no debe alimentarse si no se alimenta el alma.

—Quien pretende que el alma no existe, no tiene la luz encendida.

—Es imposible eliminar la luz.

—Sólo será productivo aquello que alimente la luz.

—Las demás producciones no tienen importancia, y si desaparecieran, el Mundo seguiría siendo Mundo.

—Hagamos de la vida el camino hacia la Luz.

No todos serán capaces de entender estas consideraciones.  Nosotros no tenemos la Verdad, pero la buscamos dentro de cada ser humano.  Hagamos todos examen de conciencia y reconocimiento de nuestra alma divina.  Quien nos siga, será capaz de encontrar la Luz.  No se la entregaremos, le daremos los medios para conseguir el objetivo.

Los hombres son buenos por naturaleza.

La semilla germina en cada corazón abonado.

Firmado: Los Hombres Encantados."

 

El día de esta comunicación transcurrió sin sobresaltos.  Pareció que nada había ocurrido o que por fin alguien había dado con una opinión general.  Lo más probable es que todo el barrio estuviera reflexionando.  Unos suspiraron; otros se enojaron, pero la multitud entera esperó a que otro dijera la primera palabra.

"Los Hombres Razonables" fueron los primeros en responder al día siguiente:

 

"Seamos serios, señores.  Descúbranse ya Los Hombres Encantados para poder decirles vis a vis que su teoría es de un tenor utópico.

 

—La luz proviene hoy del sol o de la energía eléctrica.

—La energía eléctrica se produce por trabajo de turbina.

—Si no hay otra producción, la producción de luz es irrelevante.

—El alma no existe, es invención de Dios.

 

No creemos que Los Hombres Encantados vivan.  Si viven, se alojan en el reino de las nubes.  Quien les escuche morirá de inanición."

 

Los seguidores de Los Hombres Razonables quisieron avivar la polémica y, aunque el corazón les hacía cosquillas, criticaron con dureza el ideario de sus opositores.

Los seguidores de Los Hombres Encantados esperaron a que Valero preparara su mesa de consultas.

El filósofo anduvo preocupado por la cuestión y durmió intranquilo.  Se sintió obligado a contestar en público porque las preguntas se hicieron excesivamente profundas, y debía presentar una respuesta general.  Pensó detenidamente la forma de la comunicación y decidió realizarla de igual modo a como respondió al ideario de Los Hombres Razonables.  Fue una decisión diplomática, porque realmente creía que el asunto necesitaba un soporte duradero.

Encima de la mesa habló:

—Siendo consecuentes con la realidad, el hombre debe tener un camino.  Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César

Particularmente, ya había aclarado que el cuerpo es imprescindible para alimentar la luz.

El barrio volvió a la tranquilidad y los seguidores de ambos idearios se sintieron vencedores y vencidos.

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