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Molintonia

Para la crisis, ¿coaching?

Hace unos días, me sometieron a un reto… que casi fue tortura… 

—A ver, explícanos qué es eso del coaching.

Mis interlocutores eran dueños de pequeñas empresas o autónomos con personas trabajando para ellos, con una valía de gestión más basada en la experiencia que en teorías rimbombantes, lo que me obligaba a ser claro, conciso, concreto, a no andarme por las ramas y a estar dispuesto a escuchar sarcasmo, sorna o ironía.

—A mí me suena a entrenador de fútbol, ¿no? –comenzó uno.

—Sí, pero es más personal, individualizado, que se lo oí a mi hijo, como un entrenador personal de los que tienen las estrellas del cine –apuntó otro.

—Otra modernez.  Dejaos de perder el tiempo con eso.  Será una americanada.

Teniendo en cuenta estas intervenciones, pensé que sería más fácil contestarlas que lanzarles la clásica perorata de un enteradillo (a veces me sale, no puedo evitarlo) con palabrería sofisticada.

—Yo sé qué “ing” es gerundio, así que tendrá que ver con acción, supongo –apostilló el último, que parecía mostrar interés por el asunto.

No soy nada amigo de los anglicismos, y menos de los que terminan en “ing”.  Es decir, con la jerga de Recursos Humanos me reboto en numerosas ocasiones… Pero no hay otra palabra para la cuestión.  La llamamos coaching sí o sí. Y coach al que lo ejerce, más coachée (se pronuncia couchí, oh) al que lo recibe.  Qué horror.

Tenemos a esta cosita por nuestros lares desde las cercanías del año 2000, y pegó un acelerón hace unos cinco años.  De las profundidades emergieron consultorías, instituciones,  escuelas para ofrecer primero servicio de coaching (era la moda, lo que vendía) y después, formación en coaching  (entonces, me pregunto: los que hicieron aquel coaching, ¿no tenían formación? ¿era puro teatro?).  Avispados consultores empezaron a llamar así a las acciones que siempre habían hecho, de tal manera que vestirlas de moda se convertía en una buena herramienta comercial a corto plazo.  ¡Flaco favor al coaching de verdad!  También hubo que desbrozarlo de cierta contaminación del concepto de psicoterapia; primero, porque no lo es; y segundo, porque en nuestro país se le tiene tirria a esas consultas “donde sólo van los locos”.

Cuando les conté esto a la gente de mi grupito, sonrieron a rabiar, y uno soltó: “por eso no quiero ni olerlo”.

El coaching (bien hecho) es bueno.  Pero no es la piedra filosofal tampoco. Ni una sustancia administrada por dosis que va eliminando nuestras escorias internas para convertirnos en seres perfectos, angélicos o demoníacos, liberales o conservadores… duchos además en ganar inmensas cantidades de buen dinerito…  No, no es nada de eso… Porque el coaching te hace trabajar.

Un buen coach se sentará contigo unas cuantas sesiones y te acompañará en una reflexión sobre las cosas que te están pasando y las que te pueden pasar.  ¡Ojo!, esta persona no te va a dar soluciones para resolver tus problemas, no es el papá que te hacía los deberes hasta sexto.  Te ayudará a canalizar tu pensamiento (y las acciones consecuentes) en la senda más adecuada para llevarte adonde vayas descubriendo que quieres ir.

—Eso lo sé hacer yo solito.  ¿Para qué quiero a un coach de ésos?

—Según me dices, la crisis te hace perder 1000 € diarios, ¿no, Aurelio?

Aurelio recibirá hoy la visita de un coach para ver más de cerca de qué se trata.

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1 comentario

guadalupe plata -

excelente comentario yo trabaje con consultores en ISO 9000 y exactamente es igualito a los Coaching....un cliente una vez decia llamas a un coaching te pregunta la hora y te quedas sin reloj ......saludos...Guadalupe Plata ( México D.F. )
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