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Sobre Hemistiquios

Sobre Hemistiquios

'Hemistiquios' nació como derivación de 'Silvana, la puta, y otros cuentos'.  Justamente contiene los relatos que acompañaron a la novela en su primera edición, en Editorial Lacre.  Una vez publicado, decidí realizar una segunda edición, de la novela por un lado, quitando la segunda parte del título, y de los cuentos por otra, añadiendo otros inéditos o publicados con el colectivo 3d3, que completaran esa recopilación.

Al preparar el libro, quise realizar una organización diferente, y así apareció ese título, “hemistiquios”, que son las dos partes de un verso, que pueden tener la misma o diferente extensión, y que se separan por una cesura, entendida como una pausa entre esas partes, que puede ser marcada por un signo de puntuación.  De esa manera, en el libro aparece un primer hemistiquio con seis relatos, una cesura con dos y el segundo hemistiquio contiene otros seis relatos.

PRIMER HEMISTIQUIO, con historias de pareja que saben dulce, amargo, salado, picante…

‘La pierna’ está inspirada en el relato ‘Buena gente del campo’, de Flannery O’Connor, cuya protagonista tiene una pierna de palo.  La historia es triste, con final agrio, pero en el caso de mi relato, trato de compensar la tristeza con una conclusión de esperanza.

‘El lápiz de labios’ juega con la visión narrada en presente del amor de un tímido muchacho por una compañera de clase, un muchacho tierno, soñador, que vibra cuando puede verla cada tarde en la academia donde cursan estudios de administración. Un día hay un fiesta en la peluquería de al lado, a la que ambos son invitados…

‘Nada es onírico’ nos llena de poesía en el amor, con prosa poética y versos que narran cómo vuelve a hacerse muy palpable un sentimiento que se truncó, pero que el fuego reaviva como si un rayo luminoso lo provocara.

Hay amores que marcan a fuego, sobre todo si fueron de verano y en la playa, ‘En Salou, Eva’, durante la adolescencia y bajo un amparo mágico.

¿Puede ser tan cruel un hombre para citar a su amante, perdidamente enganchada al sexo con él, a las nueve de la noche el 24 de diciembre? ‘Cita en Nochebuena lo cuenta.

CESURA, con una transición de temas envueltos de amor y humor para cambiar dehemistiquio.

Es tierno leer cómo ‘El ictus y el amor’ son relacionados como causa y efecto del descubrimiento de la capacidad de cuidado esencial que un marido tiene para atender a su esposa enferma. Sí, es un ejercicio de ternura y un homenaje.

La liturgia católica en una ‘Misa funeral’ marca la escucha de un diálogo chismoso sobre una aventura de cuernos en un barrio antiguo y pacato, donde se desvela que las cosas no eran como parecía.

 

SEGUNDO HEMISTIQUIO, que nos lleva por tramas ocultas, secretos, asesinatos, corrupción,

Los secretos familiares cobran importante relevancia en ‘La cajita de latón’, donde el narrador, tras una pregunta curiosa de su hijo, nos cuenta los entresijos que cuarenta años atrás llevaron a una mujer a huir de pueblo en pueblo por un Aragón agreste. Un notario, una herencia, un asesinato, el qué dirán…

La venganza libera más, y más si nada más tienes que hacer más que nombrar ‘La llave’. Un ser apestoso se humilla.

Un bar llamado ‘Espectros’ acoge un desquite contra unos políticos corruptos. La manera de contarlo denota el odio encubierto de quien preferiría pegarles un tiro.

Blas Carnicero se escapó de ‘La cajita de latón’ para morir en la cárcel un día de Semana Santa por ‘Causas sobrenaturales’. Es la historia de un asesino reconvertido en visionario tras un acto de contrición.

‘Sacerdotisas para morir’ está escrito con mi hijo Eduardo, un fan de los relatos de terror.  Y narra dos momentos de una ceremonia oscura, con sacrificio en un ritual

‘Animales desalmados’ narra un robo de almas, con la lucha entre dos brujas que son hermanas gemelas.

 

 

Cómo se hizo Una tal voz

Cómo se hizo Una tal voz

Leía teoría sobre narrativa breve, y me aparecieron varias entradas sobre el microrrelato, lo que se da en llamar el cuarto género narrativo, después de la novela, el cuento y la fábula, caracterizado por su intensidad, brevedad y elipsis.

He publicado varios microrrelatos en diferentes libros o publicaciones.  Estaban desperdigados y desunidos, así que, animado por esa nueva información que me llegaba con la teoría con José María Merino, Ángel Basanta, Irene Andrés-Suárez, Fernando Valls y David Lagmanovich, decidí recopilar aquellas creaciones que podían incluirse en ese cuarto género.  La revisión dio con los 33 publicados, número que me llamó la atención y así recordé aquella sociedad, 3d3, en la que escribimos varios relatos que agrupamos en cinco libros y que basamos en ese número 3 o sus múltiplos.

Siguieron dándose hechos en torno al 3 con esa selección, por tanto, avancé en su aplicación, como agruparlos de 3 en 3 y darles una extensión menos a 333 palabras, lo que busqué en un repaso y revisión de contenidos.  

La numerología me resulta tan interesante como otras prácticas que se avivan con toques de magia, intuición, observación y talento interpretativo.  En este caso, las cifras toman significados que provienen de usos ancestrales.  El número 3 se asocia a varias caracterísiticas que, personalmente, reduzco a su valor terrenal y su valor espiritual, aspectos del equilibrio que he intentando mantener en mi vida.  Tres son el mínimo de apoyos para mantener la seguridad sobre el suelo.  Tres componen también la Trinidad católica.  También me interesa el trío cuerpo-mente-espíritu y su referencia a la armonía, la creatividad y la comunicación. Son tres las etapas clásicas de la narración: presentación, nudo y desenlace, así como el ciclo del tiempo: pasado, presente y futuro.

Cada relato proviene de una historia propia que, dadas las características que se le aplican al subgénero, no conviene desvelar, con el fin de que quien los lea encuentre su significado, que dependerá de sus características como experiencia lectora, o experiencia vital, o capacidad imaginativa.  Es la magia del arte.

Aporto así esta obra que baila alrededor de ese número, Una tal voz, título de tres palabras de tres letras.

(Imagen tomada de astrolink.com)

Sinopsis de Una tal voz

Sinopsis de Una tal voz

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.  Está máxima del aragonés Baltasar Gracián es aplicable a los treinta y tres microrrelatos que contiene este libro, creados con un límite de trescientas treinta y tres palabras, agrupados de tres en tres en once capítulos, “con miradas a lo terrenal, etéreo y místico, con humor tenue que pretende liberarte de la posible presión mortificadora, sensual, esotérica o rutinaria”, según explica el propio autor.  Provocan disfrute de la literatura en esencia, como el mejor perfume para la creación con palabras.

Nota: la ilustración de portada del libro en papel, que acompaña esta entrada, es de Enric Galindo

Prólogo de Una tal voz

Prólogo de Una tal voz

Este prólogo contiene menos de 333 palabras.  En el grupo literario 3d3, dedicado al relato breve, establecimos nuestros límites de extensión entre 333 y 999 palabras.  Más allá sería relato largo; menos, daría para microrrelato.  A pesar de que la teoría literaria no ha fijado una extensión determinada para el subgénero, asumo este criterio que muestra cohesión con el contenido mínimo, y resulta divertido por su repetición de cifra.  En numerología, 333 significa equilibrio, profundización y avance, que suena muy bien. Con el 3 también tiene que ver la cantidad de microrrelatos que el librito contiene, ya que son 33, mezclados en miscelánea con miradas a lo terrenal, etéreo y místico, con humor tenue que pretende liberarte de la posible presión mortificadora, sensual, esotérica o rutinaria que aspiran a provocar estos textos. Además, desde la fecha de creación del microrrelato más antiguo (1991) al más moderno (2024) han transcurrido 33 años.

Según Ángel Basanta, eminente crítico literario, es este el cuarto género narrativo, definido por una acuciante brevedad, concentración y economía de recursos, que se sustenta en la elipsis y en la sugerencia. Augusto Monterroso alcanza su mayor éxito con el famoso “Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí”, siete palabras que han generado más estudios sesudos que cualquier novela con más de mil páginas.

Presento estas composiciones, revisadas y retocadas las que habían sido incluidas en algunos de mis libros y, por lo tanto, presentan novedades, y otras varias creadas desde nuevas perspectivas. Han llegado a esta confluencia por arte intuitivo y, queriendo buscarles un orden para la maquetación, se han agrupado de tres en tres para convertirse en once capítulos con su etiqueta a modo de título: entierra, fracaso, poder, posesión, soledad, introspección, humor, erotismo, inocencia, fantasía y esperanza. Su tránsito nos lleva desde el miedo (a la muerte) hasta el amor (nuestra esperanza).

Nota: la ilustración de portada del libro digital, que acompaña esta entrada, es obra de Emma Prades Maganto

Reseña de Una tal voz, por Piero Arias

Así valora el crítico literario Piero Arias mi libro de microrrelatos Una tal voz:

 

Para Julio Cortázar, un cuento breve es “una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios”. Si bien Cortázar escribió esto en 1969, casi una década antes de que José Emilio Pacheco acuñara el término para uno de sus libros, puede aplicarse plenamente a esta colección de 33 microrrelatos de José Antonio Prades.

Esta recopilación de 33 años de oficio literario va, según el propio autor, "desde el miedo (a la muerte) hasta el amor (nuestra esperanza)", y se estructura en once títulos que actúan como estaciones temáticas: entierra, fracaso, poder, posesión, soledad, introspección, humor, erotismo, inocencia, fantasía y esperanza. El tema unificador, se puede argumentar, es la permanente lucha del ser humano por alcanzar la perfección o la posesión de lo deseado, con sus inevitables consecuencias.

Como un experimentado escritor del género, Prades privilegia la elipsis y la sugerencia, exigiendo un lector activo en la construcción del significado. La favorecida narración en primera persona da pie a pasajes líricos y frecuentemente sensoriales donde se exponen las marcas profundas de la obsesión, el deseo y la soledad, manteniendo subyacente un sentido del humor irreverente.

El erotismo es el medio con que sus personajes intentan trascender al universo interno y confinado que están condenados a transitar, buscando una salida que en muchos casos se da a través de la violencia o la muerte, y en otros, se adivina un atisbo de esperanza.

En el caso de La Llave, el mejor microrrelato del conjunto, el lector es partícipe activo del contexto, al tratar de llenar los vacíos a las circunstancias de esta pareja en un duelo final que se da sólo a través de las palabras y el significado que pueden encerrar, con un desenlace sorprendente y que esconde un humor negro latente.

https://www.amazon.com/dp/B0G2RNCPGC

UNA MARAVILLA (reseña de Sombrerería de Quita y Pon)

UNA MARAVILLA (reseña de Sombrerería de Quita y Pon)

 

Kiny inició sus pinitos de interpretación en La Salle Montemolín, donde ya fue distinguido por esta faceta en los últimos cursos de la EGB. Al poco tiempo, formó pareja de payasos con Pepote y actuaron de seguido en el famoso OSCUS, para unirse después a Serrucho, con quien crearía Producciones Kinser. Hoy, ya retirado Serrucho, la compañía, con Jano y Silvia, hermanos entre sí e hijos de Kiny (José Joaquín García Gil), cultiva con éxito un género híbrido de espectáculo teatral, en el que conjuga técnicas de clown, mimo, magia, malabarismo y canciones con un humor para todas las edades. Kiny dirige el espectáculo comentado a continuación.

Ayer, jueves, los Kinser estrenaron obra en el zaragozano Teatro del Mercado, con texto del multifacético Raúl Herrero, que presenta una estupenda dramatización con remisión a grandes clásicos. Sin que suene a exageración, a veces parecía llenar el escenario el inefable Charlot o el gran Marcelino Orbés o la empática Lina Morgan o la graciosa Gracita Morales, con esa vis cómica que atraviesa la sala y hace el tiempo sin minutos.
Silvia y Jano interpretan a dos hermanos con nombres tan originales como Quita y Pon, hipocorísticos de Quiteria y Poncio, quienes regentan una sombrerería en la que sus productos toman vida en un alarde de personificación que les lleva a convertirse en personajes secundarios.
Piezas musicales conocidas y de nueva creación acompañan momentos de magia, de enredos, de discusiones, de reflexiones, pero sobre todo de ternura, en la que los Kinser son grandes especialistas.
Atinada escenografía, vestuario clásico con toques dickensianos, escenas sabrosas con paraguas bailarines, un teléfono con timbres de campana, unos dedos como títeres y un juego malabar con seis sombreros negros nos colocan en una historia encantada y encantadora.
Un acierto en todos los instrumentos aplicados, que funcionan mucho mejor que el reloj parado a las ocho y treinta y tres que informa a la sala de la detención del tiempo.
Varios minutos de aplausos.
Un gran espectáculo.

 

Reseña de Lucharemos juntos

Reseña de Lucharemos juntos

Te presento una novela muy interesante de una autora en progresión. 


RESEÑA DE LUCHAREMOS JUNTOS

Autora: Sofía Rodrigues 


Me sentí especialmente privilegiado por recibir la petición de presentar la segunda novela de Sofía Rodrigues.  Y lo confirmé después de leerla en un maratón provocado por el propio estilo, por su contenido y por su valor literario. Cuando la recibí, me cayó con un fuerte impacto: nada menos que 590 páginas.  Para presentar una obra, necesito siempre una lectura completa y profunda, así que empecé a calcular cuándo podría terminarla para empezar a desarrollar el guion del acto.  Me dio un mínimo de doce horas, que resultaron catorce realmente.  La fecha se había fijado para once días después.  Confluyeron varios aspectos que me hicieron mejorar las perspectivas de angustiarme: era una maquetación con amplios espacios (la versión final ha quedado en algo más de menos de cuatrocientas páginas) y el estilo ágil, vertiginoso, con una trama muy bien llevada y un contenido atractivo, me hicieron finalizar el trabajo con suficiente tiempo para preparar la charleta.

Ya van anticipadas en el párrafo anterior varias de las virtudes que presenta la novela. Pero antes de continuar para concretarlas, creo necesario recordar algunos aspectos que resalté de la anterior, titulada Lucharé por ti, que se repiten en su continuación Creo que hay que leer las dos en su orden correspondiente, casi como una sola.Esa primera novela es una historia de amor con boxeo, lo que acredita un mérito inicial para la autora por el díficil maridaje entre ambos temas, conseguido con una calificación por encima de notable.  La acción se desarrolla con vaivenes entre la ternura y la crudeza, y esta última característica no es por el boxeo, sino por los propios avatares de la aventura narrada, que se construye con fluidez. 

Aparecen recursos salpicados para crear expectación con un oficio de novelista veterana:

Un personaje secundario está tratado con una especial atención y dedicación, como el el tío Max, exboxeador marcado por una dura vida, la cual se conoce de a poco y se va haciendo de carne blanda, incluso derretida. 

Brais, el protagonista varón, se configura como un héroe terrenal, con cualidades que la mayoría de los adolescentes hemos deseado poseer.

La novela se construye por asaltos a modo de capítulos, lo que la dota de más originalidad y refuerza su relación intrínseca con el boxeo, que se convierte también en metáfora de la vida: la competición, la superación, el sufrimiento, los golpes de la existencia, volverse a levantar…

Una parte fundamental de la narrativa es la perfilación de los personajes...  Y no son sólo personas, sino también objetos, edificios, ciudades, ambientes.  En Lucharé por ti son chicos jóvenes de entre veinte y veinticinco años, que se interrelacionan entre sí bajo los criterios de esta época, pero con reminiscencias de comportamientos caducos, más habituales en otras generaciones, pero que no han desaparecido del todo.  Hay también relaciones sentimentales no convencionales, que se tratan con naturalidad. 

En Lucharemos juntos, a estos perfiles se añaden varios adultos, especialmente los padres de los protagonistas, pero también policías y traficantes.A los temas que aparecen en la primera novela:  machismo con liberación de la mujer, malos tratos físicos y psicológicos, acoso, integración versus racismo, que es bidireccional, es decir, de blancos por negros, y de negros a blancos, se unen los apegos del amor en pareja, las crisis matrimoniales por diferentes criterios, la traición frente a la lealtad, el deseo de liberación.Además de los personajes, las dos novelas comparten la repetición de un lema que aparece varias veces en las dos: “Si luchas, puedes perder; si no luchas estás perdido”, convertido en una constante referencia del argumento. Y esta mención al lema sirve para introducir otro aspecto que en Lucharemos juntos se convierte en la base más sólida para dar a esta novela otro ingrediente poderoso que añadir al deleite de su lectura: el crecimiento personal, el interior queda reflejado con pulcritud y sabiduría en todos los asaltos del combate… por la vida.

Lucharemos juntos en una novela policiaca, de trama vertiginosa y con tintes cinematográficos, que se une con una historia de amor juvenil, con sus toques románticos, eróticos y satinados de esas reflexiones indicadas antes sobre los incidentes de la relación, sus hilos con el pasado, con las anteriores relaciones, con los secretos…

También en las dos novelas se profundiza en las relaciones intrafamiliares, ya sean entre los adultos, entre padres e hijos y entre hijos, con esos matices que con toda probabilidad nos harán vernos reflejados porque algunos de ellos los hemos vivido en primera persona.  En Lucharemos juntos, la autora ha aplicado raciones de suspense, instrumentos de la novela negra y mayor introspección en las emociones y sentimientos de los personajes que presentan un crecimiento personal, generalmente de la primera juventud.  Es así mencionable, la propia evolución de la autora como narradora.

Así, los recursos más destacables son:

• Las voces narradoras surgen de los personajes principales, Yelina y Brais, que se intercambian por asaltos completos, lo que provoca un efecto de intimidad y cercanía, anima a la identificación, además de presentar dos puntos de vista, no siempre coincidentes, de los hechos, sensaciones o sentimientos narrados.  Sus sueños nocturnos, sus pesadillas esencialmente, están muy bien incluidos para transmitir indicios a quien lee.

• La narración está sembrada de frases y párrafos que muestran una profunda habilidad de la autora para definir estados de ánimo con descripciones de detalles, como por ejemplo cuando dota a Nasha, hermana de Yelina, de una excelente gestión emocional para controlar el comportamiento macarra de su pareja; o como expresa en esta frase de Yelina acerca de un personaje secundario: “me habla en un tono que no me deja interpretar si lo dice con pesar, con odio o con nostalgia”.

• La creación de antagonistas como exparejas de los protagonistas está muy bien diseñada para transmitir tensión en ese punto del argumento.

• El erotismo se muestra sin tapujos, con varias escenas subidas de tono, pero con grandes dosis de ternura.

• Aparecen dos referencias a autores consistentes.  Una es de Umberto Eco, puesta en boca del profesor de ética: “No todas las verdades son para todos los oídos”.  La otra se compone de unos versos de Pablo Neruda (“Tiene mi corazón un llanto de princesa/ olvidada en el fondo de un palacio desierto”).  Ambas tienen un desarrollo reflexivo posterior con referencias directas al momento de la historia en que son citadas.


Otros recursos destacables son:

• La precisa descripción de un personaje muy interesante con un nombre sugerente, la Viuda Blanca.

• La emocionante historia de Máximo, el tío Max, exboxeador y titular de un gimnasio donde enseña ese deporte que practicó• Ambas novelas presentan su lista de canciones, que van apareciendo entre asalto y asalto, siempre con cierta relación con ese momento, y que se recogen al final como para incitar a escucharlas repetidamente en alguna de las aplicaciones musicales.


Pueden detectarse cuatro temas relevantes muy bien tratados, de lo que incluyo ejemplos de párrafos:


 Crecimiento interior 


Reflexiona Brais: “Me miro en el espejo del baño. No me identifico con la persona que me está devolviendo la mirada, intento buscar en él algo que sigamos teniendo en común, pero no lo consigo”. 


Yelina: “La verdad es que nunca imaginé que las cosas fueran a suceder así, pensaba que había superado mi pasado, pero no fue hasta que fui capaz de exorcizar a mis fantasmas cuando sentí que la carga que llevaba se aligeraba”.


 Reflexiones personales 


Monólogo de Yelina: “Hay algo nuevo en mí, un pequeño brillo que ilumina mi mirada. Y creo que es esta nueva luz la que hace que mis monstruos se hayan replegado. Ahora sé que debo aprender a vivir con ellos, que no son únicos, porque por desgracia el mundo está lleno de monstruos iguales o peores que los míos. Y que a veces, la solución para acabar con ellos es iluminarlos porque así pierden fuerza y es mas fácil olvidar el miedo que generan ante la posibilidad de ser descubiertos. Porque una vez que dejamos de alimentarlos se debilitan y es más fácil vencerlos”.


“Porque esto es la vida, la de verdad, la que te golpea cuando menos te lo esperas, la que te hace ahogarte en un vaso de agua o te manda días de lluvia cuando estás preparada para el sol”.


 Relaciones de pareja


Yelina a su expareja: “Mi abuela Kheira, siempre decía que la gente no era mala, que eran infelices, porque la gente que es feliz no busca causar daño a los demás, no les guarda rencor. Y tú confundes rencor con amor”.
“Espero que llegue un día que podamos perdonarnos por el daño que nos hemos hecho”.


Brais a Yelina: “Contigo estoy aprendiendo a ser yo mismo”


Nasha a su hermana Yelina: “Fue una lucha de la que aprendí que hay veces que hay que luchar por lo que uno quiere, que a veces, el corazón apuesta por algo y se equivoca; y no ganamos, pero tampoco perdemos porque aprendemos para la siguiente batalla”.


 Relaciones intrafamiliares


Brais nos cuenta de su madre: “Hablamos de todo y de nada, nos reímos recordando anécdotas pasadas y mi madre se recrea pensando en todas las posibilidades de vida que podríamos haber tenido. Nos imaginamos a Samuel de médico, con su bata blanca y asustando a todos los niños en la consulta con su voz grave; a mi madre bailando en alguna compañía de ballet, recorriendo el mundo. Yo no sé qué hubiera sido de mí, pero me gusta pensar que me habría convertido en un mochilero para recorrer el mundo. Pero son realidades ajenas, esta es nuestra vida y lucharemos por ella”. 


Mayida, madre de Yelina, a Brais: “Ese es el dolor que brilla en el fondo de tu alma. Haces uso de ese dolor para seguir adelante, pero te voy a decir que el dolor no es buen compañero en las batallas, porque solo nos recuerda lo que hemos perdido; y lo perdido no se puede recuperar, aunque duela. Es mejor acompañarnos en las batallas del amor, porque nos recuerda lo que aún tenemos. Y es por lo que tenemos y debemos luchar”.  


 Relaciones de poder:  que aparecen muy bien diseñadas con los entresijos de las bandas y los policías y los infiltrados.


Y finalmente, un largo epílogo ayuda a descargar tensiones conociendo las evoluciones y destinos de los personajes.  Muy bien logrado.

La frase final surge a modo de moraleja: Luchar siempre tiene su recompensa. Condensa toda la intención de la autora con el mensaje de su historia.

En resumen, esta bilogía destaca entre las apariciones de creaciones de novelistas noveles, con un segmento muy amplio, tanto de jóvenes como de adultos, a quienes proporcionará diversas e intensas emociones en un tránsito vertiginoso, repleto de momentos en que la acción no pausa, pero en cambio invita a parar para degustar esas máximas, esos diálogos, esas ternuras, esa sensualidad que estremecen el corazón.

Maribel, abogada en la poesía

Maribel, abogada en la poesía

Este artículo, basado en una entrevista a Maribel bajo guion de Joaquín Sánchez-Vallés, se publicó en el Dossier nº 8 de la revista Imán, dedicado a Rosendo Tello, en su número 32, de junio de 2025.  Maribel es la viuda de Rosendo, abogada y filóloga.

 

Maribel Sánchez nunca quiso ser poeta ni me confirma que alguna vez escribiera un verso, si acaso una redacción en la asignatura Preceptiva Literaria, en su cuarto de Bachillerato Elemental, que le valió elogios de su profesora: “Tienes que dedicarte a escribir”.  Escribió, sí, pero textos jurídicos, demandas y defensas, en su profesión de abogada, que ejerció desde 1981, aunque entonces ya se hubiera licenciado (también) en Filología Hispánica.  Y es que Maribel era la esposa de Rosendo Tello, ese muchacho convertido en catedrático que admiraba a Gil-Albert y departía en el Niké con Miguel Labordeta y otros poetas sobre asuntos varios poéticos y similares.

Pero ella no se estrenó en la poesía con el que fue su marido: “Entré en la poesía siendo muy pequeña.  Mi padre tenía en su biblioteca Las mil mejores poesías de la lengua castellana y ahí me tenías recitando de memoria La canción del pirata, la Sonatina, Era un jardín sonriente, etcétera, etcétera, en cuanto aprendí a leer; eso por no contarte que a los nueve años les recitaba a las monjas el Romance de Antoñito el Camborio, de García Lorca.  Cuando fui ‘mayor’, leía a Antonio Machado, a San Juan de la Cruz, a Juan Ramón, a Pedro Salinas y a otros muchos poetas. Pero sí que con Rosendo conocí a los grandes poetas europeos y americanos”.

Sonríe algo pícara cuando cuenta que aquellas monjas no conocían bien la historia de Antoñito, que si no, para rato le dejan recitarlo del todo, “con lo recatadas y adictas al régimen que eran”.  Y se anima a recitar una estrofa, con un estilo personal y profundo, lo que le lleva a recordar cuánto le gustaba oír a Rosendo declamar sus poemas.

Maribel vive enfrente de la iglesia del Portillo, cuna de héroes, y cerca de dos tiendas míticas en Zaragoza, Ciclos Albacar y Ciclos Cabrera, y es que esa manzana es conocida en la ciudad por todos los niños que alguna vez soñamos con tener una bicicleta de carreras.  Es 29 de abril, día después del “apagón”, que le obligó a subir las escaleras a pie, lo que cuenta sin agobios.  Gran presencia la de Maribel, como siempre, impecable y ahora con una sonrisa que no termina de instalarse en sus labios.  Y es que vamos a hablar de Rosendo, que se convirtió en luz, o en memoria, casi un año atrás.

Con un guion que me proporcionó otro gran poeta que se considera hijo suyo, Joaquín Sánchez-Vallés, nos proponíamos en esta ocasión fijar la entrevista en la figura femenina que acompañó por más de setenta años a una personalidad como la de Rosendo Tello.

Entramos al salón, tramo corto del pasillo a la derecha y, antes de sentarnos, no sin ligero debate sobre qué lugar tomamos, me ofreció un café, lo acepté, y allí que fue a prepararlo.  Pero no me dejó solo, había puesto en mis manos el manuscrito (y nunca mejor expresado, escrito a mano, y me confesó que, como hacíamos en los primeros años escolares, pasado a limpio varias veces) de la entrevista, con la compañía de Tinita, una preciosa gatita que se acurrucó junto a mí después de que le regalara unas cuantas caricias.  Para presentármela, me contó algo de su historial, como que se la había regalado Inés Ramón, gran poeta argentina afincada en Alcañiz.

Me dio tiempo a leer algo más de la mitad del texto que había preparado, a pesar de que Tinita requería mi atención con ronroneos y alcances de sus patitas. 

Con el sabor de ese café, comenzó la charla sobre sus textos, con aclaraciones y extensiones, en un tono que empezó amistoso, para ir avanzando en calidez y profundidad, mientras marcaba en su rostro el recuerdo sereno, pero emotivo, del que fue su marido y compañero por tantos avatares de la vida.

En Maribel, al hablar de Rosendo, no se aprecia seguidismo ni pleitesía.  Desde su gran personalidad, destila amor y admiración, pero no tanto como poeta, sino como persona que fue respetuosa y entregada a una vida llena de poesía, y también de convivencia, de compartir contactos y aventuras, como aquella de su primer domicilio alejados de su origen, en Huesca, donde aprendieron a ser pareja con independencia y sin apegos:

“Huesca fue en aquellos años mi Arcadia particular.  Por primera vez, Rosendo y yo estábamos solos en una ciudad en la que no conocíamos a nadie y en la que nadie nos conocía.  Era un inicio de vida en libertad absoluta, algo que nos congratuló en gran manera.  Hicimos grandes amigos en el Instituto y nos reuníamos en nuestra casa en animadas tertulias.  Vivimos tres años que no olvidaré nunca. Como anécdota contaré que el primer año de nuestra llegada, el Ayuntamiento convocó unos Juegos Florales, y Rosendo ganó el primer premio con un librito ad hoc, titulado Elegía a la piedra, que se publicó en la revista Argensola”.

Cuando se conocieron, Rosendo había publicado en la colección Orejudín, de Miguel y José Antonio Labordeta, Ese muro secreto ese silencio, su primer libro, del cual Maribel todavía no intuyó que “constituía el exponente de una pasión vital, su propia naturaleza”.

Y expresa sobre la unión de la poesía y la música, dos pasiones:

“Es imposible imaginar a Rosendo sin un libro en las manos o sin escribir poesía o prosa.  El aprender el oficio de poeta llevaba consigo un estudio constante de formación.  Como dice en su libro de memorias Naturaleza y poesía, ‘tenía yo muy claro que el cuidado del verso es esencial para el poeta (…) El verso es el instrumento de la poesía y así como no existe musico sin dominio del instrumento, no hay poeta sin dominio del metro, medida artificial, y del verso, medida natural artística del poema’. Es cierto que la música fue su otra pasión, sobre todo interpretar al piano ya fuera a sus músicos preferidos, ya a sus propias improvisanciones.  Sin duda, sus conocimientos musicales influyeron en la musicalidad de sus versos.

Maribel no diferencia al poeta del hombre, reafirma que tuvo con esas dos figuras una relación única, y no podría haber sido de otra manera, ya que, recalca, “la poesía era su propia naturaleza”

Quizá esa consistencia en la realidad que impregna el mundo jurídico hace que no se crea haber sido una musa, “palabra que por otra parte, en este sentido, me resulta más bien cursi”.  Pero Rosendo le dedicó muchos poemas y nunca la poesía fue un motivo de conflicto, probablemente porque nunca hizo apología de su éxito ni tampoco buscó involucrarse en “capillitas en las que se encumbran unos a otros”.  Esa independencia, ese “compromiso total con la Poesía sin atenerse a ninguna corriente o moda”, con el alejamiento de las modas o novedades, es probable que le alejara de más reconocimientos que se han quedado en los cajones, más merecidos que para algunos de los poetas actuales ‘laureados’ con un menor fundamento.

Independencia que también recalca cuando responde a la pregunta de cómo la vivió dentro de su matrimonio, en una época en la que no era habitual que las mujeres desempeñaran puestos profesionales.

“Siempre he considerado que la independencia es fundamental para la mujer y, obviamente, para mí.  Desde que siendo muy pequeña vi la película De ilusión también se vive, en la que la protagonista Maureen O’Hara era una abogada, madre de Natalie Wood, sentí que mi futuro era la abogacía.  Si es verdad que existe la vocación, eso sentí yo al ver la película. Estudié Derecho y, aunque ya con nuestros dos hijos me licencié en Filología Hispánica, en cuanto finalicé esa carrera, volví a mi verdadera vocación y me colegié como abogada.  Una de las cosas mejores de nuestra convivencia es que nunca invadíamos nuestras respectivas individualidades.  Vivir con Rosendo ha sido muy fácil porque jamás él se metió en mis cosas ni el las del día a día que yo pudiera hacer o deshacer”.

Se hace muy evidente que le gusta hablar de su profesión, que fue vocacional y que ejerció con la pasión propia de alguien que se entrega.  Justo le cambió la expresión del rostro al contar esta anécdota demandada en el cuestionario de Joaquín y que enlaza su dedicación a la abogacía con la relación entre poetas, en este caso con el inefable y buen amigo de la familia, Ángel Guinda.

“Tendría multitud de anécdotas para contar, pero el despacho de un abogado, abogada en este caso, es como un confesonario con su secreto de confesión.  Cuento lo de Ángel Guinda porque él lo ha contado mil veces.  Sí, lo defendí en su juicio por supuesta blasfemia, algo, lo de la blasfemia, impensable en estos tiempos.  La principal anécdota, al menos para mí, fue que, al terminar la vista, me llamó la jueza en un aparte y me dijo: “Ay, Isabel, lo siento mucho, pero tengo que condenar a tu marido”.  La pena fue mínima, se trataba de un juicio de faltas, y cuando presentamos el recurso de apelación, la Audiencia lo absolvió y quedó libre de culpa.  A partir de ese momento, y una vez aclarado que yo no era bígama, Ángel me llamó siempre “la abogada del diablo”, espero que los dioses no me lo tengan en cuenta cuando pase a la otra orilla”.

No se siente cómoda al hablar de la última parte de la vida de Rosendo.  Castigado por un ictus y una fractura de cadera, Maribel se hizo imprescindible como compañía de su marido, a quien siguió admirando por su capacidad de trabajo, imaginación y deseo de llenarse de poesía.

“Sí, el ictus, con las secuelas que conllevó, fue el palo más fuerte que nos dio la vida.  Rosendo lo llevó con enorme fortaleza y, pese a sus numerosas limitaciones, escribió cuatro libros de poesía después del ictus; dos se los publicó Prames y otros dos Gara d’Edizions.  En cuanto a mí, me niego a volver a ese recuerdo”.

En el manuscrito, la última pregunta está respondida de forma directa, concreta y libre de emocionalidad

—¿Cómo enfocas tu vida en estos momentos?

—Mi vida en estos momentos es una línea plana, no tengo enfoque alguno.

Pero Maribel miraba a Tinita y sonreía con ternura. Estoy seguro de que escribió esas palabras en una tarde ya oscura, con poca luz, porque esa mañana primaveral, con los ventanales a pleno sol mirando al sur, aparecía una mujer plena de vida, interesada precisamente por la continuidad de la vida, llena de sabores en los que es imprescindible llegar a la dulzura con el aprendizaje del camino.

 

 

José Antonio Prades